15 marzo, 2009

3er domingo de Cuaresma

3er domingo de Cuaresma, 15 mar. 09
Lect.: Ex 20: 1 – 17; 1 Cor 1: 22 – 25; Jn 2: 13 – 25


1. El relato de hoy, tal como lo narra Jn, es mucho más radical que lo que a menudo se interpreta. Suele verse como una reacción fuerte de Jesús ante los vendedores del patio del Templo. Pero si uno examina el episodio a la luz de muchos profetas del AT se puede caer en la cuenta de que el ataque de Jesús apunta a todo el sistema religioso que había sido construido por el pueblo judío y del que es emblemático el Templo. Desde los profetas hasta Jesús se hace ver cómo el Templo, que debía servir a la oración del pueblo y para su encuentro con Dios, se había convertido en un mecanismo de violencia y explotación sobre el pueblo y, con mayor razón, sobre otros pueblos vecinos de los judíos. En el AT leemos cómo el Templo se construyó a base de saqueos, de botines de guerra contra otros pueblos. Y leemos a los profetas criticando a sacerdotes y funcionarios del Templo por servirse de este para acumular privilegios y riquezas. En otros momentos hemos recordado cómo en época de Jesús las familias sacerdotales, saduceas, eran de las más ricas y aristocráticas de la época en Palestina. Era un grupo poco numeroso de ricos comerciantes y grandes hacendados del campo que controlaban los principales productos olivo, trigo y uva. A algunos de ellos además los romanos les concedieron el monopolio del cobro de los impuestos. El mismo poder político judío estaba sometido al poder religioso, sobre todo al Sumo Sacerdote. Este ejerce el poder en nombre de Dios, por medio de la Ley de las tradiciones religiosas. Es contra esta terrible deformación de lo religioso y lo espiritual que Jesús, como buen y sincero creyente judío, reacciona. Por eso valora mucho más la limosna de la viuda que a todos los poderosos del Templo.
2. Hay dos preguntas que surgen de este hecho, ¿cómo es posible que la religión se pervierta de esta manera? Y, lo que pasó en aquella época, ¿podrá repetirse entre nosotros? Si la liturgia nos coloca este tema como 3º en esta cuaresma tiene que ser por una buena razón. El peligro de distorsionar e incluso pervertir lo religioso siempre nos amenaza a los seres humanos. Pablo tiene aquella frase en la que dice que somos portadores de un gran tesoro, pero que lo llevamos en vasijas de barro. Son temas para dedicarles mucho más atención, pero mencionemos al menos un par de elementos, típicamente humanos, de los cuales debemos cuidarnos. En 1er lugar, la vivencia espiritual auténtica es tan importante, tan fuerte para un creyente sincero, que es difícil no sobrevalorar también todo aquello que nos ha ayudado a acercarnos a la vida del Espíritu: una devoción, una persona, un santuario, un libro, una tradición. Si no nos cuidamos, fácilmente nos resbalamos y acabamos tomando lo que no debería pasar de ser un medio, un camino, y dándole tanta importancia como si se tratara de lo esencial, del punto de llegada, de Dios mismo. Por supuesto, a esto se une la fuerza de la rutina, la burocratización de lo religioso y la tendencia perezosa al mínimo esfuerzo. Si ya tenemos una rutina de misa, devociones y sacramentos, tendemos a poner esto como lo esencial y renunciamos peligrosamente a hacer de nuestra vida una esforzada búsqueda de descubrimiento de Dios. Y al cabo, se nos olvida qué era lo importante y nos quedamos con la afición a lo que en un momento dado sirvió como instrumento (por ej. misa en latín). Por supuesto, lo vemos en el caso del Templo judío, pero en la historia del catolicismo se ha dado también, otra peor perversión que consiste en hacer de lo religioso una fuente de dinero, prestigio y poder. Lo hemos visto en programas de tele-evangelistas, o en maneras de ejercer ministerios para trepar socialmente, o en priorizar el lujo en construcciones, por encima del servicio a los pobres.
3. Jn presenta a un Jesús que nos recuerda que el verdadero templo es el cuerpo de Cristo, la vivencia personal y comunitaria de la vida en Cristo resucitado. Vivir la vida en Espíritu y verdad es lo que es verdadero culto a Dios. Todo lo demás es importante si ayuda a esta vivencia.Ω

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