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Mostrando las entradas con la etiqueta morar en Cristo

20º domingo t.o.

Lect.: Prov 9,1-6; Ef 5,15-20; Jn 6,51-58 La repetición rutinaria de palabras y de ritos, es decir, la repetición mecánica, por costumbre, sin pensar en el significado de lo que decimos o hacemos, puede dar al traste con muchas cosas importantes en nuestra vida, tanto en la vida familiar, como en nuestras relaciones, o en nuestras prácticas religiosas. Algo así puede estarnos pasando con este extraordinario discurso del pan de vida, del cap. 6 de Juan que estamos meditando estos cinco domingos, pero que hemos leído muchas veces y automáticamente tendemos a relacionarlo con la eucaristía . A los primeros discípulos les resultó chocante y no dudaron en murmurar diciendo que Jesús usaba un lenguaje duro , que no se podía escuchar . Esta reacción de aquellos discípulos nos debería plantear un primer cuestionamiento sobre nuestra lectura de este discurso de Jesús . ¿Por qué a nosotros ya no nos escandaliza? ¿por qué ya no nos resulta duro, chocante? Quizás sea, ...

6º domingo de pascua

Lect.. Hechos 10,25-26.34-35.44-48; I Juan 4,7-10; Juan 15,9-17 El domingo pasado Juan nos ayudaba a entender que Dios y nosotros, que Cristo y cada uno de nosotros no somos dos realidades separadas. Somos como la viña, o la mata de chayote, en donde raíces, tronco y bejucos, forman una sola unidad, alimentada por una misma savia, —la vida divina es esa savia que nos alimenta y nos mantiene vivos. Pero también nos insistía Juan que es preciso permanecer en esa identidad, para que no nos pase como al sarmiento, a la rama o al bejuco que si se desprenden de la mata se secan. Creo que podemos entender que lo que nos quiere advertir el evangelista es que ninguno de nosotros podemos ser, existir, sin estar pegados a esa mata que es Cristo, recibiendo la savia de la vida divina. Pero sí es posible, —y por desgracia, demasiado frecuente— pasar por la vida sin darnos cuenta de esta realidad, —lo que él llama “estar en las tinieblas”, no estar consciente de nuestra identidad con Dios y con ...

5o domingo de Pascua

5º domingo de Pascua, reflexión anterior retomada el 10 may. 09 Lect.: Hech 9: 26 - 31; 1 Jn 3: 18 - 24; Jn 15: 1 - 8 1. La fuerza de la rutina, en buena parte, en los discursos, en los sermones, en las prácticas religiosas, es la causante de que muchas palabras del evangelio pierdan su novedad, y muchos de sus mensajes se distorsionen en meras repeticiones de frases hechas, cajoneras, sin mayor fuerza que la que pueden tener los pensamientos de calendario o incluso, las recomendaciones de los horóscopos. Así pasa, por ejemplo, con una palabra y un mensaje que nos trae el texto de Jn de hoy. La palabra es “permanecer” o “morar”. Y el mensaje, en su primera parte, es “permanezcan, o pongan su morada, en mí y yo en ustedes”. En su segunda parte: el que permanece o tiene su morada en mí, ese creará fruto abundante, se creará lo que pida y será creado como discípulo. 2. Si pudiéramos hacer el esfuerzo de despojarnos de la carga de la rutina, en primer lugar, escucharíamos estas pal...