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Mostrando las entradas con la etiqueta enfermedad

6º domingo t.o.

Lect.:  Lev 13,1-2.44-46; I Corintios 10,31-11,1; Marcos 1,40-45 Cuando leemos un texto como el de Levítico hoy, podemos horrorizarnos y pensar que aquellas sociedades antiguas, como la judía del A.T. era cruel y salvaje por la forma como trataba a muchos de sus enfermos. Por lo menos a los que padecían lesiones en la piel, los sacerdotes, con la autoridad de Dios, los declaraban impuros, los expulsaban de la población, y los obligaban a andar harapientos, despeinados y auto proclamándose como impuros, para que nadie se les acercara. Encima de su padecimiento físico tenían que soportar el vivir aislados, sin tener siquiera el consuelo de asistir a un lugar donde escuchar la palabra de Dios. Sí, es cierto, ya lo comentábamos el domingo pasado, eran pueblos que, en general, no tenían nuestros conocimientos sobre la salud y la enfermedad. Pero habría que preguntarse si nosotros, en la época moderna, somos mucho más humanos y civilizados que aquellos. Toda sociedad to...

5o domingo t.o.

Lect.: Job 7,1-4.6-7;  I Cor 9,16-19.22-23; Mc 1,29-39 Marcos continúa mostrando cómo con Jesús queda claro que el Reino de Dios ya está cerca, ya ha llegado a nosotros. O dicho de otra forma, que nos encontramos inmersos en la presencia de Dios. Ya el evangelista nos avivó el domingo pasado nuestra convicción de que, por más que experimentemos impulsos y fuerzas negativas dentro de nosotros mismos,—lo que llamaban entonces "espíritus malignos"—, nuestra fe da lugar a que solo el Espíritu de Jesús sea el que lleve el timón, el control de nuestra vida. Eso es lo que mostraba la “ actividad exorcista ” de Jesús. Hoy nos presenta otra faceta de la actividad de Jesús que reafirma también la cercanía del reino de Dios, Jesús como “sanador del poder absoluto de las enfermedades” . Para entender lo que quieren decir estos relatos de “curaciones milagrosas” recordemos que la mentalidad de las gentes del siglo I estaban a distancias inmensas de nuestra manera de entender l...

2º domingo de cuaresma

Lect.: Génesis 12,1-4ª; II Timoteo 1,8b-10; Mateo 17,1-9 Qué difícil nos resulta descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos! Dicho de manera más general, que   incluya también a quienes no son creyentes, qué difícil descubrir la presencia del Bien en medio de experiencias que consideramos negativas, de destrucción, de perdidas, de enfermedad o de muerte. Nuestra actitud humana normal, cuando estamos en un apuro, en un sufrimiento, en el dolor de una separación o de lo que vemos como un fracaso, es la de gritar del fondo de nuestro corazón pidiendo auxilio, y en la actitud cristiana, pedir que Dios nos libre de este mal que nos ahoga. Es lo normal. Lo que se nos hace difícil en esas circunstancias, es descubrir la luz en medio de la oscuridad, la verdad a través del error, la paz, el amor en medio de conflictos o tensiones. Ciertamente, nuestra percepción de las cosas es corta, muy inmediata y muy limitada. Cuando nos topamos con este relato del evangelio, que no...

23º domingo t.o., 9 septiembre de 2012

Lect.:  Is 35, 4-7 a; Sant 2: 1-5; Mc 7, 31-37 En la clínica donde estoy en tratamiento nos encontramos unos 200 pacientes por secuelas de lesiones cerebrales y medulares. Extraoficialmente se dice que hay una lista de casi 6000 solicitudes de ingreso, de los cuales un poco más de 200 son niños pequeñitos. Resultan inimaginables las cifras que pueden alcanzar, solo pensando en España y en Latinoamérica, de afectados similares a los que la medicina convencional no pasa de juzgar “sin remedio” y, en extremos, como candidatos a permanente vida vegetativa.  Las secuelas en cuestión impiden no solo capacidad de movimientos, sino un arcoíris de nombres poco conocidos de raras afecciones del oído, el habla, la vista, orientación, conocimiento, memoria, voluntad, interés… Si el propósito del evangelista Marcos con el relato de hoy fuera proponer a Dios como gran médico principal o suplente, por medio de Jesús, los discípulos del Maestro tendrían trabajo par...

7º domingo t.o.

Lect.: Is 43:18-19.21-22.24b-25; 2Cor 1:18-22; Mc 2:1-12 1.    Llama la atención, aunque quizás lo hayamos pasado por alto muchas veces, ver que Jesús relaciona la salud del paralítico con la liberación de su  sentido de culpa. En la vida moderna vamos aprendiendo a ver la relación en un círculo estrecho, de problemas de salud física, con problemas mentales,  con problemas religiosos. Muchas veces sufrimientos internos, psicológicos, realmente llegan a enfermarnos y resultan peores, cuando sentimos que esos sufrimientos vienen como una especie de castigo de Dios, por pecados cometidos. Es en la vida moderna que vamos aprendiendo de ese círculo destructivo en que se asocia una imagen de dios castigador, con  desequilibrios psicológicos y enfermedades físicas. Lo llamativo es que jesús lo intuyera ya en esa época. Su visión era muy distinta de la del A.T en la que, de manera parecida a creencias populares que todavía subsisten, se creía que enfermed...