31 julio, 2011

18o domingo tiemo ordinario

18º domingo t.o. 31 de jul. de 11
Lect.: Is 55, 1-3, Rom 8, 35.37-39, Mt 14, 13-21

1. Quizá muchos de Uds. han leído o visto en tv las noticias de las ultimas semanas: el hambre está azotando a los países que forman parte del llamado "cuerno de África" (Somalia, Eritrea. Etiopía y otros vecinos como Kenya), afectando a más de 10 millones de personas, la mayor parte niños. Para acercarnos un poco más a nuestro país, también se nos informaba de que en Guatemala, el 54% de los niños menores de 5 años padecen desnutrición. Nos queda de tarea para esta semana verificar las cifras para CR. (Solo adelantemos una: ... )
2. Si uno ve y escucha esta realidad, y lee el relato de hoy, de manera literal y fundamentalista, uno tendría derecho a orar para que Dios intervenga y repita la multiplicación de los panes. Pero, con atención, podemos descubrir que este relato no es una crónica histórica sino lo que los estudiosos d la íBiblia llaman " una parábola en acción ". Se trata de un relato cargado de símbolos y metáforas, con el que el evangelista quiere comunicarnos un mensaje. Limitémonos a dos puntos de este mensaje. El primero se puede encontrar en la reacción de los discípulos ante las necesidades de la gente (manda a la gente para que vaya a comprar su comida). El segundo, la respuesta de Jesús: no hace falta, ... Denles Uds. de comer.
3. El problema del hambre y de las hambrunas hoy día no es que no haya suficientes alimentos en el planeta, o que la economía no esté generando suficiente riqueza . Buena parte del problema tiene que ver con que esas riquezas están muy desigualmente distribuidas y que el precio de los alimentos se dispara como efecto de juegos especulativos de grandes empresas, haciendo inaccesibles los alimentos básicos para grandes sectores de la población.
4. Las causas de todo esto son bien complejas y no es una homilía el lugar para analizarlas. Pero el mensaje ético general del relato sí podemos verlo claro: denles Uds. De comer, no le pidan a Dios un reino fácil caído del cielo en el que milagrosamente todo el mundo tenga sus problemas resueltos. La cosa es que, podríamos objetar, ¿cómo resolver nosotros este problema donde las causas están a niveles muy técnicos de la economía? Mejor preguntarse, ¿Qué podemos hacer nosotros a nuestro nivel? Lo que el relato de Mateo señala podemos resumirlo así: ante todo, como Jesús, dejarse mover por la compasión (que significa ?padecer con", sentir el problema como propio y no decir como los discípulos, "que cada palo aguante su vela". que cada cual vea cómo se las arregla. En segundo lugar, empapar nuestras relaciones familiares, laborales, sociales de un espíritu que busca compartir, aunque solo sean unos pocos panes y peces. Educar a nuestros hijos de manera que vean esa actitud de compartir como una cualidad humana fundamental, que me permite ser más plenamente humano.
5. Para terminar, recordemos que este relato, como los paralelos, tiene un recordatorio eucarístico: la eucaristía es el momento semanal para despertar nuestra conciencia de la unidad que somos, avivar el sentimiento de padecer con los que sufren y de comprometernos en acciones que contribuyan a ir cambiando las cosas.

24 julio, 2011

17o domingo t.o.

17o domingo t.o.
Lect: Reyes 3:5. 7 - 12; Ef 4: 1 - 6; Mt 13: 44-52


1. Para gran parte de la mentalidad contemporánea es difícil captar el sentido de estas dos pequeñas parábolas. Comparar el encuentro con Dios con el hallazgo de un gran tesoro en un lote que uno tiene, o con una perla de gran valor entre otras con las que comercia un Mercader, no solo puede parecer exagerado sino incluso sin sentido. Para la mentalidad contemporánea hablar de Dios puede resultar poco atractivo e incluso anacrónico. La culpa, si cabe hablar, así, no es de mundo moderno sino de la misma manera como todavía se sigue presentando a Dios en muchas iglesias y en ambientes supuestamente religiosos. Si se sigue hablando de un Dios, por ejemplo, que premia y castiga, que anda metiendo las narices en la vida privada de cada uno, que te hace aparecer el placer corporal al menos como sospechoso de pecado, en fin como un Dios rival del ser humano en todo lo que a este le gusta,... Entonces el encuentro con ese Dios no puede causar nada parecido a la alegría, el entusiasmo y la apertura de perspectivas que produce el hallazgo del tesoro o la joya más valiosa. Es más, si Dios es así, prefiero no encontrarlo, mejor cambio de acera.
2. Pero Jesús tenía otra experiencia de Dios. Para Jesús Dios era como un ama de casa que madrugaba para amasar el pan para su familia, como un señor que organiza un banquete nupcial al del que quiere que todos participe, como una mujer que valora mucho una moneda perdida, o un pastor que es capaz de salir a buscar la oveja extraviada, aunque tenga un rebaño de 99 que no se pierden... Es Alguien que reparte la lluvia igual sobre buenos y malos... En definitiva el Dios que Jesús experimenta es el padre amoroso que sale a esperar el hijo que marchó hace tiempo, y, de manera más sorprendente, ese Dios y Padre está en él mismo, unido de tal manera que lo puede experimentar como una sola cosa. Yo y mi padre somos uno, dice Jesús, hablando un poco en nombre de todos nosotros. "Yo vivo en mi padre, ustedes viven en mí y yo en ustedes," dice en el evangelio de Juan. Y Pablo dice que hemos sido predestinados a ser imagen del Hijo.
3. Tener esa experiencia de Dios, como la tuvo Jesús, eso sí que es un tesoro, que nos puede llenar de felicidad. No solo conlleva cambiar de manera de hablar de Dios, sino también de mentalidad y de practicas religiosas, y nos libera de la obsesión de ver lo religioso como una práctica de la ley mandamientos. Nos libera también de esa miopía que nos hace creer que lo humano, lo material, lo natural son enemigos de Dios cuando en realidad son expresiones suyas.
4. Como Salomón que recibió del señor un corazón sabio e inteligente, lo fundamental que pedimos en esta Eucaristía es también la luz para redescubrir a Dios en nosotros mismos y a nosotros mismos, lo que somos más auténticamente en Dios.

17 julio, 2011

16º domingo tiempo ordinario

16º domingo t.o., 17 de julio de 2011
Lect.: Sab12: 13.16-19; Rom 8: 26-27; Mt 13, 24-43

1. Preliminar: recordar la importancia y riqueza del lenguaje en parábolas, de ahí el error de amontonar tres en la meditación de un solo domingo. Debemos escoger una. Lo otro: recordemos que hay que distinguir en parábolas como esta, la parábola original de Jesús y el comentario explicativo, catequético, de algunas de las primeras comunidades, que es la seunda parte hoy.
2. Vamos a centrarnos en lo que nos inspira la primera parábola, la de la cizaña y el trigo. Está tan sabiamente formulada por Jesús, que de inmediato nos interpela, pone el dedo en algunas llagas de comportamientos frecuentes hoy día. "señor, ¿de dónde sale esta cizaña? ¿quieres que vayamos a arrancarla? A uno le parecería lógica esta actitud, pero el Dios de Jesús, representado simbólicamente en la parábola, rompe esa lógica . Los criados impulsivos no pensaron que las hierbas buenas y malas se pueden confundir entre sí, ni pensaron que las raíces de unas y otras pueden estar tan entrelazadas que al arrancar una, la de a la par podría también arrancarlas.
3. Pero no estamos en clase de agricultura. Jesús quiere hacernos ver que también en la vida cotidiana confundimos lo malo con lo que es simplemente distinto. Por ejemplo, la discriminación contra extranjeros, inmigrantes, muchas veces se explica así. O la discriminación contra los discapacitados, o contra los homosexuales, o con negros o indios, u otros casos. son distintos de lo que estamos acostumbrados, tienen formas culturales distintas, opciones de comportamiento sexual distinto, o por limitaciones o rasgos físicas distintos, y realizan sus actividades de maneras distintas. Nuestra tentación inmediata es pensar que por ser distintos probablemente tienen algo malo que hay que arrancar y que debemos ayudarlos a arrancarlo o ¡arrancarlos a ellos mismos de nuestra convivencia, si fuera posible! Y para disfrazar nuestra intolerancia decimos, por ejemplo, que lo que pasa es que muchos nicas y colombianos son delincuentes, o que negros e indios son vagos, o que los gays son corruptores de niños, etc.
4. Y hay algo más contenido en la parábola, además del respeto a los diferentes. Parecido a lo que decíamos el domingo pasado, cuando explicábamos que tierra buena y menos buena no se refiere a distintos tipos de personas, sino a distintas dimensiones o aspectos de nuestra propia vida, de nuestro interior. También podemos decirlo en este caso de hoy: buena y mala hierba hay dentro de cada uno de nosotros y no hay que buscar responsable fuera de tendencias que nosotros mismos llevamos dentro.
4. Pero quizá lo esencial que está detrás de la enseñanza de Jesús es lo que expresa al decir que esta confusión y esa coexistencia entre buena y mala hierba se va a dar así "hasta el momento de la siega, de la cosecha", es decir, mientras estemos en este mundo. Mientras seamos criaturas humanas sometidas a crecimiento, a desarrollo. Uno no bota una semilla porque todavía no es una matita, ni desprecia una matita porque todavía no es un árbol, y sin embargo son imperfectas si las comparamos con lo que llegarán a ser. Las criaturas somos inacabadas, estamos en proceso, y debemos aprender a vivir con lo que es imperfecto en nosotros mismos y en los demás y aprender a construir sobre la base de lo que somos para avanzar hacia la plenitud a la que estamos llamados. Esto no es alcahuetería. No, se trata de reconocer la condición humana y dejar abiertas sus posibilidades de crecer.
Porque no es un reto fácil de asumir solos, nos apoyamos en la comunión eucarística para fortalecernos unos con otros.Ω

10 julio, 2011

15º domingo tiempo ordinario

15o domingo t.o., 10 de jul. de 11
Lect. Is 55:10-11; Rom 8: 18 - 23; Mt 13: 1-23



1. La realidad que vivimos a diario, probablemente, nos hable mucho de dificultades parecidas a las mencionadas metafóricamente en esta parábola: terrenos pedregosos que dificultan nuestro bienestar, montazales espinosos que nos hieren al querer avanzar, calores ardientes que secan y abrasan nuestros tímidos esfuerzos iniciales por cambiar de vida, ... Todas son metáforas de lo complicada que es la vida diaria, y de como incluso en el seno de la familia y de nuestros círculos cercanos a menudo sentimos tropezar y empantanarnos sin poder avanzar.
2. Pero de hecho, la intención de la parábola no es ponernos a pensar en lo difícil que es el camino espiritual. Es un primer error de interpretación leer así el texto. Mas bien, el intento es positivo: ayudarnos a descubrir que junto con todas esas dificultades, en nuestra vida hay otra dimensión mayor que nos permite enfrentar esos retos y cualquier otro que se presente. La intención de la parábola es, ante todo, hablarnos de la abundancia del amor de Dios, de su derroche de vida, del exceso de su donación de amor gratuito. Es como un sembrador, que no escatima en lanzar su semilla de vida, fecunda, que hace germinar cosas maravillosas en toda parte, y en todas las personas, gratuitamente, como sugiere la primera lectura. Cobrar conciencia de ese derroche es el primer paso para caer en la cuenta de lo divino que nos habita y que sigue actuando en nosotros, realizando su creación de forma permanente en nosotros. Y de ahí, un segundo paso, liberar las energías espirituales, mas auténticamente humanas que hay en cada uno.
3. Un segundo error de interpretación de esta parábola como de otras, es pensar que nos habla de diverso tipo de personas, cuando en realidad nos habla de diversas dimensiones o de diversas tendencias dentro de cada uno de nosotros. Es en mí mismo que hay pedregales, zonas resecas y montazales —parte de mi condición de criatura—, y que si me quedo en esas zonas de mi personalidad no voy a dar casi ningún fruto o solo efectos negativos. Pero es en mí mismo también en donde hay energías espirituales, donde hay zonas de vida intensa que me unen a Dios y a mis semejantes. Es mi responsabilidad despertar mis energías espirituales para vivir la vida a plenitud. Soy irresponsable, en cambio, si me quedo enredado en las zarzas, en los pedregales, en los aspectos negativos que me topo al actuar, echando siempre la culpa a otros de lo que me pasa, de mis fracasos en la relación de pareja, en la baja calidad de mi trabajo... O buscando soluciones mágicas, milagreras a los problemas.
4. Dichosos los ojos que descubren esto y que oyen y entienden este mensaje, dice Mt. Los verdaderos problemas de la vida no son las limitaciones que esta tiene, sino que no sepamos asumirlos desde estas energías espirituales que están dentro de nosotros, dentro de todos a quienes nos han sido dadas, como dice Pablo, las "primicias del Espíritu ".

03 julio, 2011

14º domingo del tiempo ordinario

14o domingo tiempo ordinario,
Lect.: Zac 9: 9-10; Rom 8: 8-9. 11-13; Mt 11: 25-30



1. En la sociedad actual vivimos, cada vez mas en un mundo de expertos. Bueno, al menos de nombre. Hay expertos que, realmente se han quemado las pestañas aprendiendo las nuevas técnicas, las nuevas especialidades científicas; y también los "expertos" de mentirillas, los que en materias nuevas se aprovechan de la ignorancia de la mayoría para dominar en ese campo, apenas con tres o cuatro conocimientos medio aprendidos a la carrera. Vivimos entonces, en un mundo de expertos, verdaderos y falsos (= bateadores creídos). Pero como sea, esto nos acostumbra a quedar en manos de otros, a depender para solucionar la mayor parte de los problemas de la vida cotidiana. En parte esto es necesario y bueno. Tenemos que depender unos de otros porque nadie puede tener todo el conocimiento humano en el plano científico y práctico.
2. Pero el problema es que esto nos pasa también en la vida espiritual. Para actuar en este campo se nos ha hecho creer que o bien tenemos que estudiar mucha teología y otras materias, o bien tenemos que preguntar a los "expertos", para cualquier avance. Sin embargo, ante esta creencia aquí viene Pablo hoy a decirnos que para ser de Cristo hay que tener el Espíritu de Cristo. Es decir, que para vivir la vida espiritual no se necesita de otros expertos que nos controlen; tampoco es indispensable contar con muchos cursos y títulos. Cada uno puede llegar a ser “experto” porque lo prioritario no es lo doctrinal sino lo vivencial: tener una relación viva, vivificante con el espíritu de Cristo que habita en nosotros, el mismo que hizo vivir a Jesús una vida nueva, de resucitado. Esta relación nadie la puede vivir en nombre de uno. Solo uno mismo puede llegar a tenerla. Así quien llega a descubrir esta dimensión de la vida es el que goza de la sabiduría de Dios. Estos son los que paradójicamente Mt llama los "sencillos", como Jesús, los “mansos y humildes de corazón”, porque no son "expertos" en religiones y no tienen la actitud prepotente de quienes se creen dueños del conocimiento y de la verdad, únicos que pueden dársela a los demás. Son, mas bien, los que saben que todo lo que tienen es don de Dios, empezando por el don del Espíritu que habita en nosotros y el don de poder relacionarse vivencialmente con él. Con esta sabiduría es que los cansados, los agobiados, los pobres y marginados recobran toda su dignidad, su esperanza, su capacidad de vivir con fuerza, como ser humano pleno. Se trata de una experiencia liberadora y no de una dependencia infantilista de Dios.
3. Como se trata de un don, esa sabiduría espiritual no la podemos construir por propias fuerzas, ni estudiar en ninguna escuela. Solo podemos disponernos personalmente a recibirla y desarrollarla con una actitud de sencillez, de desprendimiento y de gratitud. Una actitud que nos haga menos creídos, menos apegados a nuestras formas de pensar, nuestras costumbres incluso religiosas que, a menudo, nos llenan tanto que no dejamos espacio para la novedad de la gracia de Dios. En una eucaristía como esta, donde cobramos conciencia de la diversidad del cuerpo de Cristo, de la comunidad de la que formamos parte, tenemos la oportunidad de pedir que el Señor nos colme de esta sabiduría de los sencillos y no de la de los expertos religiosos.Ω