24 julio, 2011

17o domingo t.o.

17o domingo t.o.
Lect: Reyes 3:5. 7 - 12; Ef 4: 1 - 6; Mt 13: 44-52


1. Para gran parte de la mentalidad contemporánea es difícil captar el sentido de estas dos pequeñas parábolas. Comparar el encuentro con Dios con el hallazgo de un gran tesoro en un lote que uno tiene, o con una perla de gran valor entre otras con las que comercia un Mercader, no solo puede parecer exagerado sino incluso sin sentido. Para la mentalidad contemporánea hablar de Dios puede resultar poco atractivo e incluso anacrónico. La culpa, si cabe hablar, así, no es de mundo moderno sino de la misma manera como todavía se sigue presentando a Dios en muchas iglesias y en ambientes supuestamente religiosos. Si se sigue hablando de un Dios, por ejemplo, que premia y castiga, que anda metiendo las narices en la vida privada de cada uno, que te hace aparecer el placer corporal al menos como sospechoso de pecado, en fin como un Dios rival del ser humano en todo lo que a este le gusta,... Entonces el encuentro con ese Dios no puede causar nada parecido a la alegría, el entusiasmo y la apertura de perspectivas que produce el hallazgo del tesoro o la joya más valiosa. Es más, si Dios es así, prefiero no encontrarlo, mejor cambio de acera.
2. Pero Jesús tenía otra experiencia de Dios. Para Jesús Dios era como un ama de casa que madrugaba para amasar el pan para su familia, como un señor que organiza un banquete nupcial al del que quiere que todos participe, como una mujer que valora mucho una moneda perdida, o un pastor que es capaz de salir a buscar la oveja extraviada, aunque tenga un rebaño de 99 que no se pierden... Es Alguien que reparte la lluvia igual sobre buenos y malos... En definitiva el Dios que Jesús experimenta es el padre amoroso que sale a esperar el hijo que marchó hace tiempo, y, de manera más sorprendente, ese Dios y Padre está en él mismo, unido de tal manera que lo puede experimentar como una sola cosa. Yo y mi padre somos uno, dice Jesús, hablando un poco en nombre de todos nosotros. "Yo vivo en mi padre, ustedes viven en mí y yo en ustedes," dice en el evangelio de Juan. Y Pablo dice que hemos sido predestinados a ser imagen del Hijo.
3. Tener esa experiencia de Dios, como la tuvo Jesús, eso sí que es un tesoro, que nos puede llenar de felicidad. No solo conlleva cambiar de manera de hablar de Dios, sino también de mentalidad y de practicas religiosas, y nos libera de la obsesión de ver lo religioso como una práctica de la ley mandamientos. Nos libera también de esa miopía que nos hace creer que lo humano, lo material, lo natural son enemigos de Dios cuando en realidad son expresiones suyas.
4. Como Salomón que recibió del señor un corazón sabio e inteligente, lo fundamental que pedimos en esta Eucaristía es también la luz para redescubrir a Dios en nosotros mismos y a nosotros mismos, lo que somos más auténticamente en Dios.

3 comentarios:

  1. Hola Padre Jorge:
    En efecto muchas veces se nos presenta un Dios alejado de esos aspectos que le dan "felicidad" al hombre (especialmente al joven actual), sin embargo en ese sentido, es más utilizado el pasaje bíblico que nos dice "no acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre..." (mt 6:19)el cual comprendemos observando que el tesoro de este mundo es vulnerable a que se pierda, lo roben o lo destruyan y que por eso nuestro corazón debe verse atraído hacia el valor de lo eterno. Sea bajo el enfoque de descubrir un tesoro (de las prábolas comentadas)o bajo esta cita, cómo explicar entonces este enfoque para que el joven lo comprenda a cabalidad, cuando hay libros y predicadores que enfocan lo contrario??
    Me queda claro en su comentario de este domingo pero me gustaría profundizar y más en el sentido de los jóvenes.

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  2. Gracias, Carlos, más tarde te comentaré un poco en torno a lo que preguntas. Por ahora, solo referirme a lo de los jóvenes. No es tarea fácil. Hay en ellos por una parte, un condicionamiento de su propia edad que les limita en sus horionte y no les permite descubrir y jerarquizar diversos nveles o dimensiones de su vida. Aunque, por otra,su sensibilidad, entusiasmo por grandes causas puede abrirles una ventana para mirar por el tesoro y la perla. Sigo más tarde.

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  3. Una segunda parte referente a tu comentario o, más bien, a esclarecer puntos de la homilía. El texto de Mt que citas, admite varias interpretaciones. Claro que, si leemos literalmente parece oponer la obra del creador (la tierra y nosotros dentro de ella), al mismo Dios creador. Sería absurdo. Sería suponer que Dios falló en la creación y que esta le salió mala o que fue tan deficiente que el ser humano pudo dañársela. Pero podemos interpetar lo de la homilía y las dos parábolas, y lo del texto que citas, pensando más bien que el Reino, el encuentro con Dios es el único gran tesoro que debemos descubrir y aprender a vivir en esta tierra y en esta vida que son los que tenemos. Lo contrario, el "mundo" en sentido negativo es cuando dejamos que los bienes de la tierra y nosotros mismos vayan en sentido opuesto al encuentro con Dios. Así una observación breve, que podemos seguir ampliando.

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