29 julio, 2012

17º domingo t.o.


Lect.: II Reyes 4,42-44, Ef 4,1-6, Jn 6,1-15

  1. Por distraídos que estemos en misa, nos sorprenderá que, de repente, sin ninguna fiesta especial de por medio que lo justifique, se interrumpa la lectura continua del evangelio de Marcos —tan concreto y aterrizado en el seguimiento de la vida de Jesús— y se sustituya por un texto de Juan, —que no deja de ser complicado, con símbolos no fáciles y distantes culturalmente. Más sorprende que este remplazo se haga durante cinco domingos seguidos. Si queremos preguntar la razón a liturgistas, —al menos, vía internet— no encontraremos más que dos aparentes razones no muy convincentes: que el evangelio de Marcos es muy corto y no da para “rellenar” cuatro o cinco domingos del ciclo ordinario de este año; y que a veces se recurre a otro evangelio cuando hay que explicar o ahondar “un poco más en un tema”, —como si cada evangelista no hubiera tenido su propósito propio y de su comunidad, al escribir lo que escribió y como lo escribió.
  2. Uno podría sospechar, más bien, que a los liturgistas romanos les interesaba insistir durante cinco semanas en el “milagro” —Juan dice “signo”— de la multiplicación de los panes y el discurso que se le relaciona, para conectarlo con la práctica eucarística. Sea como sea, estos 71 versículos del capítulo 6 de Juan aportan elementos para encuadrar la celebración eucarística en una realidad como la que se vive hoy internacionalmente. Mejor que una “razón litúrgica” está la exigencia de la vida real: ¿qué sentido tiene hablar de “multiplicación de panes” a sociedades, como la costarricense donde la desigualdad sigue creciendo? ¿o en sociedades como la española donde uno de cada cuatro trabajadores activos está desempleado? ¿o, en general, a una economía minada por la especulación financiera e incapaz de crecer en la producción de bienes y servicios reales que lleguen a todos?
  3. No es cuestión de introducir economía y política en la predicación, sino de no excluir la celebración central de las comunidades cristianas del contexto en que están inevitablemente insertas. Y de no “jugar” con signos y símbolos religiosos, espirituales que pueden resultar hirientes, por contraste, con situaciones de extrema necesidad que afectan hoy a grandes mayorías. En este primero de los cinco domingos que introducen el tema de los panes, hay un primer mensaje que puede resumirse así: el pan se presenta como símbolo del don de la vida, junto a otros pasajes joánicos, donde ofrece a la samaritana el agua, y a los invitados a  las bodas de Caná, el agua y el vino como don de vida. El regaño a aquellos que siguen a Jesús, solo por interés material, no contradice que todo el signo y el discurso quieren subrayar que la vida que Jesús ofrece es la vida plena que incluye y trasciende la dimensión corporal, y la dimensión  religiosa. Como lo señalan comentaristas, “limitarse a eso sería quedarse en la superficie del texto: el «hacer» de Jesús no se detendrá en el prodigio, sino que incluye el signo contenido en el milagro: para que la multitud tenga vida, Jesús dará mucho más que unos panes maravillosos, no sólo las palabras que ha oído del Padre, sino su propia persona a través de la muerte”.
  4. Y pareciera que de eso se trata el releer la celebración eucarística en esta época de crisis financiera, económica, política y ecológica. De preguntarnos  a los cristianos si cada vez que “partimos el pan” “en memoria suya”, estamos dispuestos al don de nosotros mismos para contribuir a reconstruir una sociedad en la que no unos pocos, sino “toda la muchedumbre” alcance esa plenitud de vida prefigurada en este signo.Ω

22 julio, 2012

16º domingo t.o.


Lect.: Jeremías 23,1-6; Efesios 2,13-18; Marcos 6,30-34

  1. 1.     Hoy tenemos un pasaje más bien cotidiano, sin simbolismos mayores, en el que a propósito de un par de detalles del episodio se muestra el modo de ser normal, espontáneo, en el comportamiento habitual de Jesús. Un comportamiento de gran riqueza humana. Los discípulos regresan de la tarea que les había encargado. Se ve que sienten que les fue bien porque quieren contarle enseguida a Jesús los resultados de la misión. Y la reacción de Jesús, más que de someterles a una “rendición de cuentas” es la de invitarles a descansar un poco. Nota que vienen fatigados, se da cuenta de que la gente no les deja tiempo ni para comer, y su primera preocupación es que se repongan.
  2. 2.     Y cuando salen ya para disfrutar del descanso en una zona apartada, ¡sorpresa!, la gente se les ha adelantado. Siguen en su busca, porque “andaban como ovejas sin pastor”. La gente que sigue a Jesús y a los discípulos no solo padece enfermedades corporales y mentales. También son víctimas de dirigentes políticos y religiosos corruptos o indiferentes ante sus necesidades. Esto tiene al pueblo en el desamparo y en la desorientación, y esto preocupa a Jesús. La primera lectura de hoy es una buena evocación de la pésima calidad de dirigentes que anteponían sus intereses a los del pueblo. Consciente de este problema, y con gran compasión. Jesús interrumpe su planeada “excursión” de descanso con sus discípulos y se dedicó a conversar con la gente de manera calmada.
  3. 3.     Viviendo como vivimos en una época donde nos come el tiempo y el estrés nos tiene que resultar muy revelador ese par de gestos de Jesús que por encima de las propias exigencias de planeamiento y descanso antepone las necesidades y la situación de la gente, de los otros, de los que padecen males muy serios o simplemente la fatiga de la dedicación a  sus compromisos. Es una cuestión de sensibilidad humana profunda, sobre la cual podremos construir nuestros proyectos válidos. Pero que, sin ella, nuestros discursos sobre lo que hay que hacer para mejorar el mundo, se queda en ideología vacua o incluso, como en el caso de algunos dirigentes políticos y religiosos, en enunciados demagógicos. Se reafirma en estas actitudes de Jesús lo que veíamos el domingo pasado: que al Reino de Dios y a la Buena Noticia acerca de lo que somos los humanos, se le anuncia, no con predicaciones morales y doctrinales sino, ante todo, con un modo de vida, de sentir, de relacionarse.Ω

16 julio, 2012

15ª domingo t.o.


Lect.: Amós 7, 12-15, Efesios 1, 3-14, Mc 6: 7 – 13

1.     Varias cosas llaman la atención del pasaje de Mc de este domingo. La primera, la capacidad de Jesús no solo para no desanimarse, sino para que los aparentes fracasos los tome como un mayor estímulo para continuar con su proyecto. El domingo pasado lo veíamos rechazado en su patria chica, por su propia familia y sus conocidos. Tiene que estar muy convencido y animado por una fuerte esperanza para no echar para atrás y decidir expandir su misión, recorriendo otras aldeas y llamando incluso a los doce a compartir su tarea.
2.     El segundo detalle que llama la atención es el contenido y la forma como envía a los apóstoles a anunciar el reino de Dios. Es llamativo porque no les da instrucciones sobre los contenidos de la predicación, no les indica cuáles verdades deben enseñar, ni en cuáles principios morales deben insistir. Todo el énfasis está en cómo deben presentarse y en cuáles sus actitudes con la gente. Pareciera que quiere dejar claro que el reino de Dios, el Evangelio, se anuncia, ante todo, con un modo de vivir y no como una colección de doctrinas, discursos y mandatos. Para Marcos, el evangelio es la buena nueva del Dios que actúa y salva, y este Dios se muestra en la vida misma de Jesús y de su comunidad de discípulos.
3.     Y el modo de vida que trasluce esa Buena Noticia, se caracteriza, en esta descripción de Marcos, por la sencillez, el desapego o libertad de toda atadura, la confianza mutua y la práctica comunitaria de la predicación. Este estilo de vida es el que da “poder”  para eliminar todo “espíritu impuro”, todo “demonio” o fuerza negativa que somete y destruye al ser humano. Es el que da salud, en el sentido más profundo. La sencillez y desprendimiento se asocian en este texto con el modo de vestir y con la despreocupación por el dinero y la acumulación de medios. Se relaciona también con la confianza en que van a ser acogidos, en que hay un modo de dar que genera entrega por parte de los otros. El carácter comunitario de la misión, —significado en el envío de dos en dos—  excluye prácticas individualistas, de francotiradores. Supone también otra forma de confianza mutua, y de sugerir que nadie tiene monopolio del mensaje.
Quizás el paso de los años, de los siglos para la Iglesia, y con ello la influencia exterior de sociedades que privilegian el poder de dominación económica y política, ha hecho desvanecerse este claro instructivo del evangelio de Marcos y nos ha hecho creer a los cristianos, que el reino de Dios, el evangelio se puede construir por la fuerza, por imposición, con apoyos políticos y jurídicos y con una participación en el éxito económico. Nada más erróneo. Equivale a caer en la trampa de no solo no poder expulsar los “espíritus malignos” , las fuerzas del mal, sino más bien, ser atrapados por ellas. Bienvenido este texto de Marcos que nos permite recordar de manera fresca lo que significa evangelizar.Ω

09 julio, 2012

14º domingo t.o.


Lect.: Ez  2, 2-5, 2 Cor 12, 7-10, Mc 6: 1 – 6

1.     Tres pasajes de Marcos, en tres domingos sucesivos, nos muestran tres escenarios de la actividad de Jesús: “la otra orilla”, —tierra de paganos—, la “orilla de los judíos” donde encuentra gente de la institución religioso-política —Jairo  y su hija— y a excluidos de la misma institución —la mujer considerada “impura” por sus flujos de sangre. Y ahora, la “patria chica” de Jesús, su lugar natal, donde tiene que encontrarse con los “suyos”, en sentido cultural y geográficamente más propio y cercano. Pero es aquí, de manera llamativa a primera vista, donde la reacción es peor. Hasta tal punto que “no pudo hacer allí ningún milagro”, y “se sorprendió por su falta de fe”.
2.     De este episodio se ha derivado como dicho popular, al menos en nuestra lengua hispana, aquello de que “nadie es profeta en su tierra”. Pero, ¿a qué se debe en el evangelio de Marcos y en la liturgia de hoy ese rechazo del profeta propio? ¿Cómo es posible que el propio Jesús —a quien la teología posterior diviniza al punto, a veces, de olvidar su profunda humanidad— sea subestimado por quienes le conocían de siempre? Podríamos, más bien, pensar que la cercanía con el Jesús de la historia nos hubiera arrastrado a cualquiera de nosotros a su seguimiento. Más de uno, incluso, en algún momento habrá pensado en lo dichosos que fueron quienes conocieron a Jesús personalmente, suponiendo que eso les habría facilitado creer en él. Sin embargo, Marcos deja claro que la cosa no fue así. El evangelista destaca que familiares y amigos de Jesús, que reconocían su sabiduría al enseñar y que veía incluso sus milagros, no solo eran incapaces de tener fe, sino que incluso tendían a desconfiar de él. ¿por qué?
3.     Pareciera que la primera razón que da Marcos, tiene que ver con la imposición que de ordinario hacía en esa época el clan familiar a todos sus miembros, determinando sus patrones de conducta, los valores que debían adoptar, las reglas que debían guardar y hasta el tipo de vida al que podían aspirar. Jesús rompía todos esos esquemas y eso no solo era inaceptable, sino que por serlo, hacía imposible que, sobre todo, los familiares y supuestos amigos descubrieran la presencia de Dios en aquel miembro de su grupo. Saltando, sin abusar, los siglos que nos separan de esa Palestina de entonces, podemos pensar que todo grupo social, —en cualquier parte, por supuesto en Costa Rica misma—, corre siempre el grave peligro de quedar prisionero, atrapado, de sus propias tradiciones, de sus propios prejuicios, de sus creencias sobre lo que debe y puede suceder en su pueblo. Corre el peligro de intentar cortar las alas a toda persona o grupo que muestre caminos nuevos, visiones renovadas y frescas de la realidad, porque entonces, se tambalea la seguridad de la mayoría.
4.     Pero hay todavía una segunda razón sugerida en Marcos y subrayada con las otras dos lecturas de hoy, en especial en la carta de Pablo. Es la enorme desconfianza que tenemos de nuestra propia debilidad humana, el terrible temor que nos inspira nuestra condición de criatura, que nos mueve a menudo a fabricar héroes o personajes cuasi sobrenaturales para que nos dirijan. Temor y desconfianza que son alimentados por una parte por el endiosamiento de supuestos dirigentes políticos, económicos y religiosos y, por otra, con la aspiración social dominante de construirse un yo poderoso, individualista y egocentrado, para tener éxito sobre los demás.  Jesús, para aquellos, no podía ser presencia de Dios entre ellos , no podía avivar su fe en sí mismos y en Dios porque, para ese ambiente, era uno más, el hijo de la María, con hermanos que todos conocían, con quien seguro habrían jugado y traveseado de pequeños y, un simple carpintero, con quien habrían trabajado y al que le habrían hecho más de un encargo. Demasiado corriente, demasiado humano.
5.     Pero Marcos es contundente: ese desprecio por lo humano, conlleva un desprecio por Jesús y, en definitiva, muestra una completa falta de fe. Una vez más vemos que solo en lo auténticamente humano, nos topamos con la divinidad que nos habita.  Y, por si quedara duda, Pablo nos deja esas  frases impactantes sobre lo que es la condición cristiana: “Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad." Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. (…) cuando soy débil, entonces soy fuerte.”Ω

01 julio, 2012

13 domingo t.o.

13 domingo t.o. 
Lect.: Sáb. 1: 13-15.2:23-24;2 Cor  8:7-9.13-15; Mc 5, 21-43


1. Jesús está de vuelta en "la orilla" de los judíos. En medio de los "suyos". Pero se destaca su encuentro con personajes representativos de determinados grupos sociales. Jairo es un funcionario público, no estrictamente religioso,  que está con su hija, representan los sometidos a la institución religiosa y política, pero que únicamente se toma la libertad de acercarse a alguien no aceptado por la institución para buscar la salud de su hija.  En ese sentido, está violando formalmente la ley. Y la mujer que padecía flujos de sangre que representa a los marginados y excluidos de la institución, por una interpretación ultra legalista de la Religión, que la consideraba impura. También viola la ley, y lo hace literalmente, al acercarse y tocar a Jesús. Ambos necesitan tomar esos riesgos buscando de alguna manera, salvación, la liberación en Jesús.
2. Importante mirar lo que Jesús les ofrece y cómo lo hace.  Como de costumbre, al leer a Marcos, nos fijamos en los rasgos que quiere destacaren Jesús  y que el propio evangelista ha experimentado en Jesús y quiere que también nosotros experimentemos. No es un Jesús protagónico. No se parece en nada a muchos dirigentes religiosos y políticos de nuestra época que quieren atraer la atención sobre sí mismos. No se presenta como alguien que trae poderes especiales y que hace promesas de salvación y, menos aún, poniendo su seguimiento como condición para darles beneficios. Tampoco se presenta como un curandero milagroso, con poderes cuasi mágicos, poseedor de rituales  esotéricos, exclusivos en efectividad.

3.  Llamativamente, este Jesús de Marcos pone como protagonistas a los propios Jairo y a esa mujer anónima. En los dos casos, Jesús destaca una cualidad de ambas personas: la fe. Lo que podríamos llamar "fe - seguridad", "fe - convicción", "fe-confianza", pero en un sentido distinto de la palabra "confianza". Es esa cualidad, esa actitud de ambos personajes, lo que se convierte en motor que pone en marcha la curación-salvación, de la enfermedad y de la muerte. En "la otra orilla" la de los paganos, Jesús había mostrado la fe ligada al poder sobre "espíritus negativos" y sobre peligros de tribulaciones simbolizadas en la tormenta. Ahora muestra la posibilidad del poder sobre el sometimiento a la institución y de la exclusión de esta, que son los peores obstáculos para sentirse sano, vivo y liberado. Y, de nuevo, se trata de un "poder" que no tienen los de "poca fe" como recriminó a los apóstoles en el lago. 

4. ¿A qué se refiere esa fe? La mujer enferma, al acercarse a tocar a Jesús, cosa que tenía prohibida, no solo muestra su  confianza en Jesús, sino en sí misma,  al punto que actúa con valentía y se siente segura como para quebrantar los legalizamos religiosos del Templo. Jairo también muestra seguridad al decidir que la salud de su hija es prioritaria, sobre la posible condena por acercarse a un mal visto por el Templo; Jairo, símbolo de alguien sometido la institución, no encuentra salida en la propia religión y la busca en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes.  Ambos se liberan porque tienen en sí esa "fe" que les da poder sobre  fuerzas negativas que los dominan. Pero repitamos la pregunta, ¿En qué consiste esa fe? Es, simultáneamente una fe en sí mismos y en el Dios que les da poder dentro de ellos mismos. Para decirlo como lo desarrolla el pensamiento de un gran espiritual del siglo XX, es una fe en sí mismo que no es lo mismo que "confianza en sí mismo". Esta última es de orden psicológico y se refiere al ánimo que uno tiene sobre sus propias fuerzas en un momento dado. Puede ser objetiva, acertada o no.  A veces responde meramente a una actitud optimista frente a la vida. La fe en sí mismo, en cambio, va al orden profundo de mi ser, de lo que soy, en mi identidad auténtica, no importa por cuáles momentos esté atravesando.  No se trata de creencias, sobre supuestos más o menos mágicos o esotéricos acerca de mi persona. Es fe que "ve" , que experimenta, en lo profundo del propio ser, ahí donde se une con Dios, con "aquél que está en mí y solo puedo encontrarlo en mí pero que es más grande que yo."
5. Aquí topamos con "milagros" en un sentido distinto del usual. No se ven como acciones extraordinarias que vayan en contra de las leyes de la naturaleza, sino como un dejar, un  facilitar que actúe  libre nuestro ser más auténtico para desarrollar su potencialidad sin las trabas que ordinariamente le ponemos los humanos con todos los obstáculos que surgen del egocentrismo, de nuestro falso yo, de eso que llamamos "pecado". La fe - seguridad en sí mismo desata  procesos que quitan lo que obstruye nuestras  fuerzas y las fuerzas que nos rodean y que están a nuestro favor. 
6. Marcos, en resumen, nos presenta a un Jesús del que "sale" una gran fuerza, la fuerza que al revelarla en él nos  la revela presente en cada uno de nosotros, puesto que estamos en él y él en el padre, formando una "realidad mayor" que nuestro pequeño yo. Es significativo que el evangelista muestre que  es la mujer la que pone en marcha esa energía que "sale" de la humanidad de Jesús al que ella físicamente toca. Y es significativo también que a la hija de Jairo Jesús no la levanta, sino que le dice que se levante. Jairo y la mujer anónima muestran cuál es el resultado de una vida de fe porque, como lo dice un comentarista, nos muestran a personas humanas "liberadas de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana". Podemos añadir, de toda forma de opresión. Un tipo de persona  humana "que puede empezar a ser lo que es en sí misma, que aprende  a valorarse porque se siente valorada. (fray Marcos).  Qué mayor milagro que ese.