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Mostrando las entradas con la etiqueta falso yo

2º domingo de Cuaresma

Lect.:  Gén 15:5-12, 17-18; Flp 3:17–4:1; Lc 9:28-36 A menudo algunas personas, quizás incluso entre nosotros, se extrañan de textos evangélicos que parecen raros, increíbles porque narran hechos que no son lo que reconocemos como normales. Para una mentalidad moderna, —y no solo la de los jóvenes—, el caminar sobre el agua, o multiplicar panes y peces, por mencionar un par de casos, no solo despierta escepticismo, sino que hace preguntarse sobre qué credibilidad pueden ofrecer entonces los evangelios en su conjunto si incorporan este tipo de relatos. Entre ese tipo de pasajes cae, también, el texto de Lucas que acabamos de oír. Pareciera un espectáculo de luz y sonido, fantástico, producto de imaginación primitiva . ¿Qué pensar de este relato? Las dificultades u objeciones pueden provenir de la no comprensión de la naturaleza del texto: Debe entenderse que se trata de un texto simbólico . Muchos de los pasajes evangélicos no son relatos histórico...

7º domingo t.o.

Lect.:    Lev 19,1-2.17-18; I Cor 3,16-23; Mt 5,38-48 Hemos dedicado varios domingos a reflexionar sobre el Sermón del Monte, programa de la misión de Jesús. Aún así, para textos como el de hoy se necesitarían bastantes más días, porque en él confluyen muchos temas. Saltan de inmediato a nuestra consideración preguntas sobre la venganza, el rencor, qué hacer ante la violencia en uno mismo y ante la que nos rodea con frecuencia, y ante eso otro tan desconcertante como "el amor a los enemigos". Cada uno de estos temas nos reta a dedicar buenos ratos de reflexión sobre nuestras actitudes prácticas y nuestro modo de relacionarnos con los demás. Solo quisiera proponerles esta tarde un aspecto para meditar , uno que quizás no entraba en la mente de Jesús y de su época, pero que surge al leer el Evangelio en nuestro contexto actual. Expresémoslo con una pregunta, ¿existen de verdad nuestros “enemigos” o es algo que nos fabricamos? Hay situaciones específicas que pueden ...

27o domingo t.o.

Lect.: Hab.  1, 2-3; 2, 2-4;  II Tim 1, 6-8. 13-14;   Lc 17, 5-10 Muchos de los comentarios y homilías sobre este texto de Lc acaban en una oración para pedir a Dios que nos aumente la fe. Es la misma actitud de los apóstoles. Aparentemente frustrados porque no han tenido éxito en algunas actividades de su misión, le piden a Jesús que les acreciente su fe. Lo curioso es que pasemos por alto que Jesús no parece seguirles la corriente. No les da la razón en que necesitan aumentar la fe. Más bien les cambia de "onda". La cosa no es de cantidad. Bastaría que su fe fuera tan pequeña como un grano de mostaza para vivir en una realidad nueva. No es cosa de cantidad sino de calidad. La fe no es, como a veces suponemos, una acumulación de creencias, y que cuantas más tengamos, con menos dudas, más fe tendremos.  La fe es algo cualitativamente distinto. La fe no es creencia sino una actitud nueva, una nueva forma de existir que nos permi...