25 marzo, 2012

5º domingo de Cuaresma


Jer 31:31-34; Hebr 5:7-9; Jn 12:20-33

1.   En ciertas visiones religiosas, un poco lúgubres, oscuras, casi masoquistas, se subrayaba el mensaje y la vida de Jesús como una invitación a un camino de sufrimiento, pero entendiéndola como si el dolor y el sacrificio por sí mismos "produjeran" la santidad. O también, como si el Dios de los cristianos fuera un dios sediento de sangre que exige su derramamiento para perdonar nuestras faltas. Con esta visión no es de extrañarse que muchos hayan visto a la Iglesia como una institución sombría, enemiga de la alegría, del placer y, en el fondo, de la vida humana tal como es.
2.   Muy diferente es el enfoque de Jesús y muy diferente el Dios de Jesús. La invitación del evangelio es una invitación a crecer, a no oponer resistencia a la fuerza que nos viene de dentro, del Espíritu que llevamos en nuestros corazones y que nos empuja a dejar caer, a perder capas de la forma de semilla en que nos encontramos, para convertirnos en el fruto que potencialmente somos. Dejar la forma de nuestro yo actual para dirigirnos a la vida más plena que podemos desarrollar. Esa es la buena noticia, como lo dice Jeremías hoy, caer en la cuenta de que no somos eternos niños, a los cuales hay que enseñar y conducir, sino adultos en cuyos corazones Dios mismo ha escrito su voluntad. Esto es lo que hay que descubrir y para lo cual hay que crecer.
3.   Posiblemente todos los que estamos aquí conocemos el cuento de Peter Pan, ese personaje que quiso quedarse eternamente niño y se negó a crecer. Y sin duda que todos también recordamos el nombre de Michael Jackson, quien decía de sí mismo que él era Peter Pan, con rasgos infantiles provocados, con un narcisismo y rasgos de inmadurez conocidos. Habría que preguntarse  si no tenemos en muchas ocasiones algunos de esos rasgos, si no es que pretendemos ser cristianos eternamente infantiles, que esperan que el sacerdote o el obispo les digan siempre lo que hay que hacer; que evitan el esfuerzo de emprender un camino de descubrimiento de una vocación y de una identidad que nadie más puede vivir por nosotros. En definitiva, que no quieren crecer y quieren, como Peter Pan, quedarse en la "tierra de nunca jamás".
4.   Ser un cristiano adulto, maduro, en camino de encontrar su propia realidad interior conlleva crecer, y crecer supone un cierto dolor, ciertas renuncias y sacrificios. Crecer significa en cierta manera morir a cáscaras de la semilla que todavía somos. Significa asumir la vida con responsabilidad y madurez, todo eso duele, implica hacer de cada momento de la vida un momento de entrega gratuita al amor, a la solidaridad, al servicio. El propio Jesús, nos dice el autor de la carta a los hebreos que acabamos de escuchar, tuvo también que aprender este proceso y lo aprendió con sufrimiento. Pero ese aprendizaje hace que nuestras vidas, como la de Jesús, sean fuente de la misma vida del eterno.Ω

18 marzo, 2012

4º domingo de Cuaresma


Lect.:  2 Crónicas 36:14-16.19-23; Ef 2: 4-10; Jn 3:14-21

1.   De pequeños nos acostumbramos a ver el mundo a través de los cuentos. En ellos creíamos descubrir que en la vida, aunque hubiera peligros, -piratas, brujas, asaltantes de caminos, duendecillos malévolos...- siempre había un héroe valeroso que acababa venciendo a los malos y liberándonos a los comunes mortales de todo tipo de amenazas. Cuando crecimos, el cine y la TV nos dieron versiones más modernas, más tecnológicas y galácticas, de esa visión, pero en el fondo coincidentes en presentarnos la  batalla de la vida como una lucha a la que estamos expuestos pero de la que siempre habrá un héroe que nos llevará a la victoria, incluso con recursos mágicos al estilo de Harry Potter o del Señor de los anillos.
2.   La pena es que hallamos transferido esa visión al plano religioso y nos sigamos pensando llenos y rodeados de peligros que llamamos "pecado" y para liberarnos del cual también necesitamos un héroe, un súper hombre o mujer maravilla que venga de fuera, de otro planeta o del mundo de la magia. Nosotros nos seguimos pensando incapaces para superar nuestro problemas más hondos. Es comprensible que en el mundo antiguo, en tiempos del antiguo testamento se cayera en esa visión ingenua. Es más penoso que después del evangelio de Jesús, a él mismo, a su mensaje y a sus acciones las sigamos viendo de esa manera. Seguimos viviendo “entre tinieblas”, como dice Jn, y nos resistimos a acercarnos a la luz.
3.    Acercarnos a la luz, en términos del texto de hoy de Jn, consiste en reconocer a ese Hijo del Hombre, elevado en la cruz, como Moisés había levantado en el desierto una imagen para liberar a los picados por las serpientes. Reconocer que en Jesús se revela el hijo del hombre, el ser humano pleno, tal como fue creado a imagen y semejanza de Dios, compartiendo la vida del Eterno. Descubrir en ese Jesús lo que cada uno de nosotros puede llegar a realizar y que Jesús vivió con coherencia en las buenas y en las malas, incluso hasta su muerte a manos de quienes se sintieron amenazados por su testimonio y su palabra. La buena noticia consiste en entender que la picadura venenosa que nos afecta es la ignorancia de lo que realmente somos y podemos desarrollar. La luz que nos viene del Jesús elevado en la cruz nos libera de las tinieblas de esa ignorancia. No necesitamos ni de súper héroes externos, ni de ningún tipo de magia, para encontrar esta plenitud de Dios “en el que somos, nos movemos y existimos”.Ω

11 marzo, 2012

3er domingo de Cuaresma


Éx 20:1-7; 1 Cor 1:22-25; Jn 2:13-25

1.    El fondo del mensaje de este texto evangélico de hoy está ligado a esa frase explicativa de Jn cuando, al preguntarle por lo que estaba haciendo y diciendo, Jesús dice que estaba refiriéndose a su cuerpo. Es decir, que sus actos al enfrentarse a los mercaderes y sus palabras relativas a la destrucción del templo los hace y dice con la autoridad de quien está convencido de que el verdadero templo, el verdadero lugar del encuentro con Dios está en su persona.
2.    Para entender el alcance de esta afirmación hay que recordar otros textos de este mismo evangelista, donde habla de ver a Dios y de dar culto a Dios. Empecemos  por el prólogo cuando dice que la palabra de Dios se ha hecho carne y que si a Dios nadie lo ha visto jamás, el hijo lo ha dado a conocer. Luego, cuando le dice a Nicodemo que los que han nacido de lo alto son los que pueden ver el reino de Dios. Y de manera contundente le responde a la samaritana que los adoradores verdaderos son los que adoran en espíritu y en verdad y que no hay un lugar específico para adorar a Dios. Todos estos textos podríamos calificarlos de revolucionarios para el lugar y la época, porque para el pueblo de Jesús el Templo, junto con la Ley y el sábado eran tres cosas sagradas, intocables, signos de la presencia de Dios. Demasiado innovador y valiente Jesús no solo para enfrentar esa creencia, sino, además, para atreverse a poner ahora la presencia de Dios en el ser humano.
3.     Me pregunto si para nosotros, para nuestra vida religiosa, esta actitud y este mensaje hoy resultan igualmente revolucionarios. Para nosotros que no somos judíos y vivimos en una época y un ambiente muy distintos de la de entonces. Pero yo no puedo responder estas preguntas en nombre de Uds. Cada uno debe respondérselas. Por mi parte, sí pienso que estos textos siguen siendo innovadores y que pueden representar una fuerte sacudida a nuestra manera de vivir lo que consideramos nuestra religión. Porque queda claro que la respuesta a dónde y cómo encontrar a Dios no tiene respuesta geográfica o de confesionalidad religiosa. Hay detrás de estos textos una invitación a cambiar de enfoque, a relacionar nuestro encuentro con Dios con el proceso de búsqueda de nuestra propia identidad, de lo que cada uno es. Una invitación a desarrollar como Jesús, toda la potencialidad de lo que humanamente somos y en ese desarrollo encontrar a Dios, al encontrarnos a nosotros mismos. Les invito entonces esta semana a profundizar estas enseñanzas y a preguntarse si también cada uno se siente sacudido por estos textos. Por supuesto que no hay costumbre ni forma para que Uds. Puedan luego compartir aquí los resultados de su reflexión. Pero será bueno si los comparten entre Uds., con su familia o amigos. Y los que tienen la dirección de mi blog en internet o mi correo electrónico son bienvenidos a enviarme sus reflexiones, que me enriquecerán mucho, sin duda. Lo importante es que en esta 3a semana de Cuaresma, nos preguntemos con seriedad cómo interpretamos y cómo nos afecta personalmente esta sustitución que hace Jesús del Templo, como lugar de encuentro con Dios.Ω

04 marzo, 2012

2o domingo de Cuaresma


Lect.: Gén 22:1-2.9 a.15-18; Rom 8:31b-34; Mc 9: 1-9

  1. Habitualmente, el descubrimiento del lenguaje simbólico en los evangelistas nos resulta muy rico para captar el mensaje que nos transmiten las primeras comunidades. En el texto de hoy esto es notable. Probablemente el grupo de discípulos de Mc encontró en fuentes religiosas judías y no judías el uso de ese hermoso símbolo de las vestiduras blancas relucientes y en el del cielo que se rasga para dejar oír una voz, una forma de expresar el proceso de maduración espiritual que iba recorriendo Jesús, un proceso de profundización en su interioridad que iba marcando un proceso de descubrimiento y transformación de su identidad más profunda.
  2. Como auténticamente humano Jesús va creciendo, en gracia y sabiduría, según lo anunciaban ya los evangelios de infancia. Y con los símbolos de este episodio de la que llamamos "transfiguración" , la comunidad de Mc parece evocar aquellos momentos del proceso de Jesús en que él dio pasos adelante en el conocimiento de sí mismo, de su vocación, de la misión por la que estaba optando. Pasos que le permiten trascender las limitaciones  que todos los humanos encontramos al querer avanzar hacia nuestra propia realización. Las vestiduras luminosas y el cielo que se abre para dejar oír la voz, simbolizan esa profunda realidad personal de Jesús , que no es apagada ni por el sufrimiento, ni por la muerte.
  3. El autor de este evangelio  incluye  en este cuadro a unos de los discípulos cercanos. Es como si nos recordara que esa experiencia espiritual de Jesús no es para él solo, sino que es para todos los que queremos seguir este camino de descubrimiento y transformación para realizar lo que somos auténticamente. A todos se nos invita a un camino de interioridad desde el cual vivamos todas nuestras experiencias de vida. Como decíamos el domingo pasado, se Trata de superar la falsa imagen egocéntrica, interesada, que tenemos de nosotros mismos y de descubrirnos en una maravillosa comunión con los demás, con todo el universo incluso, y en lo que consiste nuestra experiencia y encuentro con Dios. Ese es nuestro ser profundo expresado hoy con esos símbolos de las vestiduras luminosas y del cielo que se abre para proclamarnos hijos de Dios, lo que se da aquí y ahora, en nuestra realidad material y espiritual sin diferencia, sin fronteras que separen lo divino de lo humano.
  4. Este avance en nuestra interiorización es el que queremos apoyar con nuestro entrenamiento cuaresmal.