18 marzo, 2012

4º domingo de Cuaresma


Lect.:  2 Crónicas 36:14-16.19-23; Ef 2: 4-10; Jn 3:14-21

1.   De pequeños nos acostumbramos a ver el mundo a través de los cuentos. En ellos creíamos descubrir que en la vida, aunque hubiera peligros, -piratas, brujas, asaltantes de caminos, duendecillos malévolos...- siempre había un héroe valeroso que acababa venciendo a los malos y liberándonos a los comunes mortales de todo tipo de amenazas. Cuando crecimos, el cine y la TV nos dieron versiones más modernas, más tecnológicas y galácticas, de esa visión, pero en el fondo coincidentes en presentarnos la  batalla de la vida como una lucha a la que estamos expuestos pero de la que siempre habrá un héroe que nos llevará a la victoria, incluso con recursos mágicos al estilo de Harry Potter o del Señor de los anillos.
2.   La pena es que hallamos transferido esa visión al plano religioso y nos sigamos pensando llenos y rodeados de peligros que llamamos "pecado" y para liberarnos del cual también necesitamos un héroe, un súper hombre o mujer maravilla que venga de fuera, de otro planeta o del mundo de la magia. Nosotros nos seguimos pensando incapaces para superar nuestro problemas más hondos. Es comprensible que en el mundo antiguo, en tiempos del antiguo testamento se cayera en esa visión ingenua. Es más penoso que después del evangelio de Jesús, a él mismo, a su mensaje y a sus acciones las sigamos viendo de esa manera. Seguimos viviendo “entre tinieblas”, como dice Jn, y nos resistimos a acercarnos a la luz.
3.    Acercarnos a la luz, en términos del texto de hoy de Jn, consiste en reconocer a ese Hijo del Hombre, elevado en la cruz, como Moisés había levantado en el desierto una imagen para liberar a los picados por las serpientes. Reconocer que en Jesús se revela el hijo del hombre, el ser humano pleno, tal como fue creado a imagen y semejanza de Dios, compartiendo la vida del Eterno. Descubrir en ese Jesús lo que cada uno de nosotros puede llegar a realizar y que Jesús vivió con coherencia en las buenas y en las malas, incluso hasta su muerte a manos de quienes se sintieron amenazados por su testimonio y su palabra. La buena noticia consiste en entender que la picadura venenosa que nos afecta es la ignorancia de lo que realmente somos y podemos desarrollar. La luz que nos viene del Jesús elevado en la cruz nos libera de las tinieblas de esa ignorancia. No necesitamos ni de súper héroes externos, ni de ningún tipo de magia, para encontrar esta plenitud de Dios “en el que somos, nos movemos y existimos”.Ω

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