19 noviembre, 2017

33º domingo t.o.:Ser productivo según el evangelio

Lect.: Proverbios 31:10-13, 19-20, 30-31; I Tesalonicenses 5:1-6; Mateo 25:14-30

  1. De nuevo tenemos delante, en el evangelio de hoy, una parábola que ha generado múltiples interpretaciones y ha desatado controversias entre estas. Pienso que si su lectura no nos sorprende es porque estamos muy influidos, y quizás hasta “formateados”, para entenderla de manera superficial, desde el punto de vista de predicadores que, sin ahondar en ella, se limitan a hablar de lo que parece obvio: que todos tenemos diversas dotes y que de lo que se trata es de que las pongamos a producir, independientemente de la cantidad y calidad de nuestra dotación. Pero, leída con más atención, la parábola transmitida por Mateo, y su variante por Lucas, plantea problemas que no han sido históricamente fáciles de responder. Vale la pena, para nuestra formación en la fe, que consideremos y reflexionemos sobre algunos de esos problemas, —solo mencionaremos dos o tres de los principales—, aunque no podamos dar solución a todos ellos.
  2. Una de las controversias gira en torno a la comparación utilizada por el evangelista. ¿Está legitimando la parábola el afán de lucro, a toda costa? Los premiados son los que multiplicaron el dinero solamente. Y no solo eso, se reafirma y legitima que “ ¡a todo el que tiene se le dará y le sobrará ¡Pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará!” Por añadidura, pudiera interpretarse que si lo importante era la ganancia, se estaría pasando por alto el cómo se obtuvo esa ganancia: quizás con intereses abusivos, e incluso con explotación de personas. No solo estudiosos bíblicos han levantado este cuestionamiento. Es famosa la crítica de un gran escritor y dramaturgo alemán, Bertolt Brecht quien, en una de sus obras más conocidas, pone a uno de sus personajes acusando a Jesús por haber permitido que desde los púlpitos se predicara por muchos siglos  esta parábola  dando lugar a que “ Si la codicia de un capitalista y los métodos -presumiblemente poco amables- de sus agentes para multiplicar por cinco o por diez las ganancias se convierten en parábola del reino de Dios, la consecuencia puede ser que estos métodos y la idea de lucro subyacente quedan minimizados y justificados por ser el símil de la actuación de Dios. Dios degenera así en un Dios de los ricos y los avisados, porque hace como ellos”.  Uno de los actores de la obra se pregunta desde la perspectiva de los pobres, ante la enseñanza de Mateo, “por qué multiplican los unos sus talentos y los otros su miseria.”
  3. Otro problema surge en torno a la imagen de Dios representada por el Señor de aquellos siervos o esclavos, según lo ve el que había enterrado su talento. Lo presenta como un amo de los que buscan ganancias abusivas, al que hay que temer, severo, que  «siegas donde no sembraste» o «recoges donde no esparciste». Lo serio del caso es que el texto no intenta modificar esa imagen del Señor. Unido a lo anterior, se estaría transmitiendo una imagen de Dios que está en el extremo opuesto del Padre misericordioso de Jesús.
  4. Las protestas, pues, contra esta parábola, van dirigidas tanto contra el relato en sí como también contra su aplIcación a Dios. Vale la pena poner atención a estas críticas, al menos, por dos razones: para que sigamos acostumbrándonos a una lectura inteligente de la Sagrada Escritura, alejada de todo fundamentalismo que meramente repite lo escrito y, más en concreto, para que no dejemos de esforzarnos por buscar el sentido original que Jesús intentaba con sus comparaciones. De hecho, como observan algunos estudiosos, así leían los evangelios en las primeras comunidades. En este mismo caso, se pueden descubrir indicios de que ya la narración generaba malestar en algunos de los oyentes de aquella época. En la versión de Lucas, alguien protesta de que al que no había producido ganancias se le quitara lo poco que tenía y se le diera al que más había producido.
  5. Sin simplificar la seriedad de las críticas, sin embargo, hay observaciones que se pueden y debemos hacer, y que también son pedagógicas. En primer lugar, recordemos otras parábolas que pueden resultar problemáticas si nos quedamos meramente en las imágenes utilizadas. Así por ejemplo, la del mayordomo o administrador sagaz,  (Lc 16, 1 - 8), lo que Jesús valora es su sagacidad en un trance difícil, y no sus trampas. También en el caso del juez inicuo, o incluso en el de quien encuentra un tesoro en el campo (Mt 13: 44), de quien alaba su perspicacia para valorar lo descubierto, y no el que pudiera quedarse con el tesoro, al margen de lo que la ley establecía.  Jesús es capaz de discernir también en los comportamientos, el “trigo” de la “cizaña”, rescatando la conducta valiosa aunque fuera en alguien no tan ejemplar.
  6. En el caso de este relato de los “talentos”, o de las “minas”, como lo pone Lucas, es probable que Jesús estuviera tratando de infundir a la comunidad el “coraje para tomar riesgos” y no solo tomar decisiones por miedo. Y vio en ese comportamiento de los siervos en el manejo de los dineros, un buen ejemplo de enfrentar riesgos, aplicable luego, en otro plano, a quienes  se les plantean dificultades y no se animan a trabajar por el Reino de Dios, por las seguridades que pueden perder.
  7. Finalmente, reconociendo que la parábola ha dado lugar a malos entendidos a lo largo de la historia, una exégesis crítica plantea la necesidad de señalar como marco indispensable para su correcta interpretación lo que Jesús compartió como experiencia suya de Dios, un Padre que nos ha dado la vida y nos ha regalado todo lo que somos y tenemos. Al mismo tiempo, como parte de ese marco, la referencia al amor como mandamiento supremo: los “talentos” o “minas” han de utilizarse siempre al servicio de ese amor y de la comunidad que de ahí surge, y es solo dentro de esa perspectiva como puede considerarse “productiva” la vida de cualquiera de nosotros.Ω

12 noviembre, 2017

32º domingo t.o.: Vivir despiertos

Lect.: Sabiduría 6:12-16; I Tesalonicenses 4:13-18; Mateo 25:1-13

  1. Al acercarnos al final del año litúrgico, y de la lectura del evangelio de Mateo, este evangelista nos propone  un tema clave para la espiritualidad evangélica, el tema de la vigilancia y lo ilustra con tres parábolas; una, sobre el dueño de casa preparado por si llega un ladrón (24, 42 - 44), la segunda sobre el administrador al que el señor durante su ausencia encarga el cuidado de sus bienes y empleados (24, 45 51), y la parábola de hoy, sobre las muchachas que formarían la comitiva nupcial para acompañar al novio a casa de la novia (25, 1 13).  En los evangelios y en las cartas de Pablo, a veces se usa el término vigilar y, a veces, estar en vela, o estar despierto. Sea cual sea la palabra de entonces, se refiere a un tema central, básico para vivir la vida cristiana, que hoy podríamos enunciar como: la actitud de vivir con plena conciencia cada momento de nuestra vida, no vivir superficialmente, dejando que los acontecimientos nos caigan encima o nos pasen por delante.  En parte esta actitud de vivir despierto,  es parte de ese concepto de sabiduría del que nos habla la 1ª lectura de hoy.
  2. ¿Vivir con plena conciencia de qué? A lo largo de la historia en las iglesias se le ha dado diversos sentidos a esta llamada de Jesús a estar despiertos, conscientes. Quizás Uds. lo han oído más veces referido a estar preparados para la “segunda venida” o para el “juicio final”. Incluso acompañado de tonos amenazadores.  Sin embargo, probablemente, el sentido original que tenía en labios de Jesús era otro. Como se ve más claramente en la parábola de hoy, usar el símbolo de una comitiva de bodas con las diez muchachas,  se trata de una toma de conciencia que produce gran alegría. Se trata de estar alerta, despierto, consciente de que cada momento de nuestra vida puede ser un momento de mucho disfrute, porque es el momento del encuentro de Dios con cada uno de nosotros, es la llegada del reino de Dios a nuestra vida. Por eso, cuando con estas parábolas se nos llama a estar vigilantes, a estar despiertos, se trata de una llamada a  que vivamos desarrollando una actitud vital para descubrir ese hecho que nos provoca gran alegría: el encuentro con el Dios del amor en cada situación. el que no esté preparado se puede perder este momento único de alegría!
  Porque cada momento de nuestra vida es un momento irrepetible que no hay que desaprovechar para encontrar a Dios al encontrarse a uno mismo. Es como una fiesta de bodas, según la parábola de hoy.
  • Cuando vivimos vigilantes, despiertos, conscientes, es cuando nos conocemos a nosotros mismos y podemos tomar conciencia de nuestra responsabilidad ante nuestros semejantes (24, 45-51), porque tenemos los ojos abiertos para reconocer nuestros lazos profundos de fraternidad; es cuando podemos capacitarnos para utilizar los talentos recibidos (25, 15-23) porque nos reconocemos como meros administradores de nuestras mejores cualidades y de lo que continuamente heredamos y recibimos de nuestros familiares y de muchas otras personas; estar despiertos nos permite amar a los hermanos más humildes, marginados, excluidos (25, 31-43) porque nos reconocemos en sus propios rostros, en sus necesidades y sufrimientos. En definitiva, «vigilar», vivir nuestra vida con conciencia, vivir “sabiamente”, para el evangelio  implica una relación con el Cristo viviente, del que formamos parte, y al que estamos llamados a continuar haciendo presente en todos los ámbitos de la sociedad. Frente a los riesgos de superficialidad que caracterizan a tantas actividades, publicaciones, espectáculos y actitudes del mundo actual, la celebración eucarística vivida en serio y no por rutina también  nos permite blindarnos con una actitud de vigilancia y conciencia.Ω

  • 05 noviembre, 2017

    31º domingo t.o.: ¿Fraternidad dentro de estructuras de poder?

    Lect.: Malaquías 1:14--2:2, 8-10; I Tesalonicenses 2:7-9, 13; Mateo 23:1-12

    1. Dicen algunos estudiosos bíblicos que en este texto de hoy, inicio del capítulo 23 de su evangelio, Mateo  lo que augura , a lo que apunta como ideal utópico, es a  una Iglesia sin un arriba y un abajo, una Iglesia coherente con su misión de  servicio, una Iglesia de iguales, de hermanos solidarios...  Para Mateo, “la paternidad única de Dios no sólo excluye en la Iglesia otros dioses, sino también excluye a los “patri-arcas” humanos (los varones que por ser “pater familiae” pueden decidir por toda su familia), y el magisterio único de Cristo excluye a otros ‘maestros’ y ‘señores humanos’ ”. En la Iglesia de Cristo no puede haber un dominio sagrado, una «arquía» entendida como dominio de unos hermanos sobre otros, sino únicamente la “autoridad” que da el servicio recíproco.” 
    2. Aunque veamos esta afirmación no como algo real en el presente, sino como un hermoso sueño de futuro, como una utopía para cuya realización todavía no se tienen condiciones, de todos modos, nos plantea un serio interrogante: ¿cómo caminar hacia ese ideal de comunidad cristiana, donde nadie pretenda dominar sobre otros hermanos? Y esto nos lleva, a su vez,  a otra pregunta, ¿como caminar hacia una auténtica iglesia fraterna, viviendo inmersos en una sociedad  que está atravesada por estructuras de poder, jerárquicas, no solo religiosas, sino familiares, económicas y políticas? La misma Iglesia de Cristo no puede librarse del influjo y la presión de esas estructuras jerárquicas de poder en las que estamos sometidos, ni de la tentación de tener poder como dominio sobre otros, o como usufructo de privilegios, o como formas de destacar sobre los demás. La historia de veintiún siglos de cristianismo da innumerables testimonios de pequeñas comunidades y de personas comprometidas en la línea del servicio. Pero también atestigua no menos numerosos casos en los que las Iglesias se han dejado arrastrar por la tentación del poder y obispos y cardenales han vivido y se han comportado como “príncipes” seculares. Incluso el entorno del sucesor de Pedro, el Papa, ha funcionado como una “corte” análoga a la de reyes y gobernantes. Esto último explica, parcialmente las dificultades que encuentra el Papa Francisco para realizar una reforma de la Curia Romana.  
    3. Las dos preguntas señaladas son interrogantes que no podemos responder hoy por hoy. Cualquier respuesta implica poner el mundo “patas arriba”, cambiar toda la sociedad de manera radical, porque la sociedad en que vivimos está organizada en torno al poder de unos sobre otros. Como pocos momentos antes, en la historia reciente, al menos, hoy se hace más transparente que la dinámica internacional depende de una minoría que ostenta el poder económico, que ha secuestrado el poder político y que contamina la cultura, el imaginario popular, las religiones. De ahí que nos topemos con enormes dificultades, no solo por parte de la resistencia de las instituciones, de las organizaciones que existen sino porque nosotros mismos, Uds. y yo, a pesar de ser cristianos que queremos vivir la fraternidad cristiana, sin embargo, aunque sea a pequeño nivel, siempre estamos afectados por esa misma tentación del poder, del dominio de unos sobre otros. Mandar en algún espacio, imponer nuestro punto de vista, que nos reconozcan como personas destacadas, siempre son tentaciones reales, más o menos disfrazadas.
    4. Aunque no podamos tener respuestas claras y completas para decir cómo realizar el sueño utópico de Mateo, creo que podemos pensar, al menos, en algunas actitudes sencillas que nos pueden ayudar a ir descubriendo otros caminos más complejos y radicales para alcanzar una Iglesia nueva y una sociedad nueva. En los mismos textos litúrgicos de hoy se nos dan algunas pistas. Son actitudes y acciones realizables que pueden, progresivamente, ayudarnos a descubrir estrategias de transformación profunda. A mí me han impactado las frases de Pablo hoy en la carta a los cristianos de Tesalónica. Dice, “Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño de sus hijos.”  Y luego añade, “De esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser, porque habíais llegado a sernos muy queridos.” Es impactante: quiebra la imagen del apóstol, del evangelista, del sacerdote u obispo que habitualmente se tiene. Por una parte, toma la opción, —sin ningún machismo— de comparar su relación con los fieles con el trato de una madre amorosa. Por otra, prioriza como más importante que ir a enseñar una doctrina, a entregar un libro de verdades o unas enseñanzas de salvación, algo de otro orden: el poder dar a los demás su “propio ser”, darse a sí mismo.
    5. La otra pista para caminar hacia una Iglesia nueva y una sociedad nueva nos la da el mismo Mateo cuando dice: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”. Nos permite adivinar en estas frases que la acción decisiva en lo  inmediato se puede realizar sin esperar a que cambien las estructuras y sistema de poder vigentes. Lo decisivo es que quien tiene alguna forma de poder, familiar, social, cultural, económico, político o religioso, lo ponga al servicio de los más humildes, de los descartables, como dice Francisco, para que estos puedan levantarse de su situación humillante, de su situación de excluidos. Se nos está invitando a cualquiera de nosotros a que si tenemos alguna forma de poder, familiar o social, económico o político, que al menos lo usemos para el bienestar de los demás, para ir preparando el terreno para una sociedad nueva. Eso nos puede ir acercando a esa iglesia nueva que soñó Mateo, a esa sociedad nueva, de la que habla la Buena Noticia, en donde todos, entonces sí,  seremos verdaderamente hermanos.Ω

    30 octubre, 2017

    30º domingo t.o.: Ladrillos para construir una comunidad de amor

    Lect.: Éxodo 22:20-26;  I Tesalonicenses 1:5-10;  Mateo 22:34-40

    1. Asumir este tema del mandamiento mayor de la Ley puede interpretarse, en el contexto en que lo ubica Mateo, como un intento más de los fariseos por ponerle zancadillas a Jesús, en un proceso de persecución que se aproxima a la condena final que lo llevará a la cruz. Pero también, —creo que nos resulta de mayor interés—, podemos ubicarlo en nuestro mundo de hoy, como una inquietud concreta de quienes nos confesamos cristianos. En esta perspectiva, preguntarse por el mandamiento mayor equivale a preguntarse por cuáles son las prioridades del Evangelio que deben guiar nuestro comportamiento práctico. La respuesta unánime, en la línea de Mateo, y de Juan y de los demás evangelistas y de Pablo, no admite duda, el principal mandamiento son dos: el amor a Dios y al prójimo, al semejante. Y de esos dos dependen todos los demás mandamientos que se encuentran en la Biblia y en la tradición de las Iglesias. Es decir, cualquier otro mandamiento vale en la medida en que concrete y ayude a construir el amor.
    2. Pero así de breve y de fácil como resulta esta enseñanza, también puede convertirse en repetición de “más de lo mismo”, y quedarse en una afirmación muy general que no aterriza y que no pasa de un discurso doctrinal bonito. Cada época, y así también la nuestra, debe preguntarse y contestarse, en qué tipo de prácticas se concreta ese doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Incluso, podemos limitarnos a preguntar qué es lo que concreta el amor al prójimo, pensando en aquella afirmación del evangelio de Juan, de que el que no ama al prójimo a quien ve no puede decir que ama a Dios a quien no ve.
    3. Para concretar entonces, el amor al prójimo a quien vemos, tenemos que empezar por preguntarnos cuáles son las necesidades y urgencias de aquellos próximos que nos rodean. Empezar por nuestro barrio, nuestros vecinos, nuestra ciudad, nuestro país. Responder a esas necesidades, en lo que está a nuestro alcance, son formas de aterrizar el mandamiento del amor a Dios en el amor al prójimo.  Como una inspiración para nuestra búsqueda personal y nuestro examen de conciencia de lo que debemos hacer, voy a tomar, una vez más, la posición del Papa Francisco. Ayer, en la clausura de la Conferencia internacional sobre la necesidad de reconstruir Europa, Francisco estableció las siguientes prioridades. Para él, la reconstrucción de la persona y la comunidad en Europa necesita de cinco ladrillos, estos ladrillos se llaman diálogo, inclusión, desarrollo, solidaridad y paz”.  Me sugirieron sus palabras una manera de contestar de manera concreta los ladrillos que también pueden construir, más en general, no solo en Europa sino entre nosotros también, las relaciones del amor al prójimo y del amor a Dios en el prójimo.
    4. De manera breve veamos algo de lo que Francisco pone en cada uno de esos “ladrillos”: Primero, “se da diálogo, sincero y constructivo al mismo tiempo, cuando todos los protagonistas tienen la misma dignidad”. Y debemos establecerlo en todos los campos, en particular, en el campo interreligioso y en el fundamental de la política. “Sobre todo en la política, lamentablemente, se nota demasiado a menudo cómo esta se transforma más bien en un lugar de choque entre fuerzas opuestas. Los gritos de las reivindicaciones sustituyen a la voz del diálogo.  Los cristianos están llamados a favorecer el diálogo político, especialmente allí donde está amenazado y prevalece el enfrentamiento. Los cristianos están llamados a dar nueva dignidad a la política, entendida como máximo servicio al bien común y no como una ocupación de poder”. 
    5. El “ladrillo de la inclusión”: “se es auténticamente inclusivo cuando se saben valorar las diferencias, asumiéndolas como patrimonio común y enriquecedor. Un caso específico e importante, en esta perspectiva, es el de saber incluir a los emigrantes.
    6. Pero, además,  trabajar por una comunidad inclusiva significa edificar un espacio de solidaridad. Ser comunidad implica de hecho que nos apoyemos mutuamente y, por tanto, que no pueden ser solo algunos los que lleven pesos y realicen sacrificios extraordinarios, mientras que otros permanecen enrocados defendiendo posiciones privilegiadas”.  “La solidaridad, que en la perspectiva cristiana encuentra su razón de ser en el precepto del amor (cf. Mt 22,37-40), no puede ser otra cosa que la savia vital de una comunidad viva y madura”. 
    7. En cuanto al “ladrillo” del desarrollo, dice Francisco, hay que entenderlo como lo entendió Pablo VI : «Para ser auténtico, el desarrollo debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.” En el lenguaje de la época, está claro que se refiere a todos los varones y mujeres.  Ciertamente al desarrollo del hombre contribuye el trabajo, que es un factor esencial para la dignidad y la maduración de la persona. Se necesita que haya trabajo y se necesitan también condiciones adecuadas de trabajo.
    8. Finalmente, ser trabajadores de paz (cf. Mt 5,9) no significa solamente trabajar para evitar las tensiones internas, trabajar para poner fin a numerosos conflictos que desangran al mundo o llevar alivio a quien sufre. Ser trabajadores de paz significa hacerse promotores de una cultura de la paz. Esto exige amor a la verdad, sin la que no pueden existir relaciones humanas auténticas y búsqueda de la justicia, sin la que el abuso es la norma imperante de cualquier comunidad. Para construir esa paz se exige también creatividad.”
    9. “Ladrillos” como estos son los que nos permiten aterrizar en la realidad el mandamiento mayor del amor a Dios en el prójimo.Ω

    15 octubre, 2017

    28º domingo t.o.: Lo que está en el rechazo a una invitación

    Lect.: Isaías 25:6-10; Filipenses 4:12-14, 19-20; Mateo 22:1-14




    1. Con esta de hoy se completan las tres parábolas con las que Jesús , como dice un estudioso biblista, “ajusta cuentas” con la dirigencia de Israel. Con una visión religiosa y una práctica por completo diferente e incluso opuesta a la oficial, enfrenta la manera de interpretar y vivir la religión de los sumos sacerdotes y las demás autoridades del Templo. Esto le llevaría al conflicto en que se jugó la vida.
    2. Aunque originalmente en este texto, como en las dos parábolas previas,  el escenario es el de la  controversia entre las primeras comunidades judeocristianas y  la dirigencia judía, su contenido más hondo trasciende ese escenario y mantiene sentido en la actualidad, independiente de la controversia judía. Mateo presenta negativamente la actitud de los supuestos amigos del Rey —en alusión a Dios y a los sacerdotes del templo—  que rechazan una invitación a participar en la gran fiesta del Reino por las bodas del Hijo. Aun tratándose de una parábola cabe  preguntarse qué razón puede darse para perder la oportunidad de una buena comida y diversión. No podía ser porque no les interesaran los ricos platos y el entretenimiento. Como subrayaba el Papa Francisco en su homilía esta mañana, el rechazo de la invitación proviene de otra razón: sus prioridades. Les interesaban sus tierras y sus negocios más  que implicarse en la vida y la misión del Hijo, Jesús, simbolizados por el banquete. Como dice el Papa, estaban más absorbidos por sus cosas, que por compartir con los demás. Es el peligro de la acumulación de riquezas ante lo que el evangelio siempre lanza su alerta.
    3. Pero hay todavía otro aspecto importante que podemos descubrir en el texto, si lo vemos en conjunto con las otras dos parábolas conectadas, leídas los dos domingos anteriores. El rechazo de la invitación nos permite ver el peligro en el que habían caído los dirigentes religiosos de Israel, peligro que tenemos todos cuando asumimos una actitud de cómodo conformismo con nuestra pertenencia formal a la Iglesia y nos encontramos muy seguros de que es suficiente con la práctica religiosa que tenemos actualmente, sacramentos y devociones, supuesto respeto al nombre de Dios, lecturas de la Biblia, el cumplimiento de ciertas obligaciones, realizado todo por interés en  garantizarnos la salvación. Esa actitud de confortable conformismo no dispone favorablemente a la escucha o recepción de algo nuevo, así sea una “Buena Noticia”, si eso amenaza con desestabilizar nuestra tranquilidad actual. Cuando se nos anuncia que el seguimiento de Jesús no es el conjunto de prácticas religiosas en las que estamos instalados o, al menos, no se reduce a eso, tal vez ponemos cara de extrañados y nos cerramos, volvemos la espalda a la oportunidad de redescubrir una nueva y fecunda manera de relacionarnos con Dios. Porque, en el fondo, en esto está el problema, como lo recordaba Francisco esta mañana, el Dios de la vida quiere con nosotros una relación viva; el Dios del amor quiere una relación de amor. No le agrada una mera relación formal, de leyes y rituales y de discursos supuestamente ortodoxos. Pero quizás seguimos en eso por rutina y comodidad. [El Papa no lo dijo, pero podía haber hecho referencia a quienes en la misma Curia Romana, incluso entre cardenales, sacerdotes y en autoridades de órdenes religiosas, dan la espalda al anuncio que el propio Francisco hace de una iglesia que quiere estar más cerca de las necesidades del pueblo, de los sufrimientos y aspiraciones de las personas concretas, para descubrir en la práctica misma el sentido actual de la Buena Noticia.]
    4. Finalmente, así como el domingo pasado Mateo establecía como criterio de vida evangélica, dar frutos de amor, hoy subraya con la invitación a los que estaban en los caminos, buenos y malos,  lo que siempre habíamos visto practicado en la vida de Jesús: su amor por los pecadores, las prostitutas y otros marginados, con los que compartía la mesa, y su preferencia por los pobres. En contraste con los absorbidos por las preocupaciones por sus tierras y sus bienes, estos desposeídos y marginados pueden estar más abiertos a descubrir esa relación viva y amorosa con Dios. Y para ellos, como para nosotros este tipo de relación es la que hace posible que generemos una actitud y una práctica de dar buenos frutos


    08 octubre, 2017

    27º domingo t.o.: la familia de Dios no es ni una etnia ni una iglesia "elegidas"

    Lect.: Isaías 5:1-7; Salmo 80:9, 12-16, 19-20; Filipenses 4:6-9; Mateo 21:33-43

    1. Por la forma como nos han acostumbrado a leer los evangelios no es frecuente que nos paremos a pensar en el trasfondo de los relatos y de los mensajes que estos nos transmiten. Sin embargo, esto es importante porque, como todo producto cultural, de una época y un lugar determinados, los evangelios pueden reflejar conflictos sociales, políticos y económicos y en contradicciones del momento que influyen en los transmisores del mensaje. Así, cuando este evangelio de Mateo es escrito, la comunidad cristiana mateana en cuyo ambiente se produce, estaba integrada sobre todo por personas provenientes del judaísmo, y no por convertidos del paganismo. No es extraño, entonces que se produzcan conflictos entre los judeo-cristianos y los grupos de fariseos y otros judíos que están reconstruyendo la comunidad judía, que había sido muy afectada por la invasión de los romanos, y la destrucción de Jerusalén, y del templo, en el año 70.  Tener esto en cuenta ayuda a entender por qué en esta parábola se mezclan afirmaciones muy fuertes contra los judíos, y, al mismo tiempo, otras que todavía subrayan su carácter de pueblo elegido. Fijémonos cómo, de manera simbólica, la parábola sugiere que los poderes religiosos y políticos de Israel mataron anteriormente a los profetas y recientemente al propio Jesús. Y, junto  a ello, contrasta el ser un pueblo elegido con su ingratitud con Dios. Luego concluye con serias amenazas de destrucción no solo de las autoridades del Templo sino, también, del pueblo de Israel.
    2. Un lector contemporáneo, como nosotros, tiene que hacer esfuerzos para rescatar el mensaje sustancioso de la parábola, en medio de textos tan polémicos que, por lo demás, a nosotros, que vivimos en otro contexto muy distinto, ya no nos resultan significativos. Si no hacemos este esfuerzo, nos veremos atrapados en medio de un conflicto de aquella época en el ámbito judeo – cristiano. Por un lado, acusaciones que dieron lugar al feroz antisemitismo que se desarrolló posteriormente en la Iglesia. Y, por otro, a quienes siguen creyendo en ser parte de un “pueblo elegido” generan un nacionalismo judío a ultranza, que había sido implacable en sus guerras con pueblos originarios que ocupaban la tierra palestina. Así lo recuerda el salmo 80, que se reza hoy en la eucaristía, en el que, sin pestañear alaba a Dios porque para “plantar su viña”, —Israel— expulsó a las naciones que habitaban la tierra “prometida”. Ambas posiciones han tenido trágicas consecuencias hasta nuestros días. Así como la primera llevó al holocausto de la segunda guerra mundial, la segunda ha conducido también a la actual ocupación de Palestina y al despojo y maltrato de su pueblo.
    3. En medio de esos textos tan complicados, ¿cuáles podrían ser las enseñanzas que nos entrega Mateo que podemos encontrar útiles y valiosas para nuestra vida espiritual y nuestra visión religiosa? Voy a mencionar dos. En primer lugar,   es de mucho valor para purificar nuestra comprensión del evangelio el hecho de que en este texto, por primera vez encontramos la explicación de que la muerte de Cristo no proviene de la decisión de un Dios, que nos aparece duro y despiadado, que entrega a su hijo para satisfacerse con su sangre como precio por nuestra salvación. Este texto nos libera así, ciertamente en forma de parábola,  de una teología y una predicación que ha solido presentar la obra redentora como un sacrificio sangriento exigido supuestamente por la propia justicia divina, casi enfrentando e ignorando la sensibilidad de muchos creyentes que ven en esa explicación una contradicción con el mensaje neotestamentario que se centra en un Dios que es amor. Sin embargo, claramente, aunque de forma simbólica, dice el relato que el dueño de la viña, —refiriéndose a Dios—, envía a su hijo para tratar de convencer a los viñadores arrendatarios de que entreguen los frutos que le correspondían. Son esos viñadores —simbolizando a los dirigentes y a gran parte del pueblo de Israel— los que toman la iniciativa de asesinar al hijo, lo cual comprensiblemente indigna al padre. Se refleja aquí la convicción de la comunidad mateana de que Jesús, a quien ven representado por el hijo del dueño de la viña, ha sido víctima de la conspiración de las autoridades del Templo, mientras que el Padre más bien envía a su hijo como un acto de acercamiento y confianza con los arrendatarios, es decir, con el pueblo.
    4. En segundo lugar, lo más importante en este texto, es que la comunidad también expresa su manera de interpretar su propia llamada, su vocación. Se distancian de la anterior creencia en ser pueblo elegido, al darse cuenta de que lo que al final distinga el trigo de la cizaña, no será ni la pertenencia a una etnia, ni a una institución, ni la ortodoxia doctrinal que se profese, sino la respuesta a una llamada para producir frutos. No es que Dios rechace a Israel en su calidad de pueblo elegido y ahora lo sustituya por la Iglesia, —como también lo pensó alguna corriente teológica en la historia del cristianismo, hablando del “segundo Israel”—, sino que ahora la comunidad nueva, la nueva familia, la viña amada de Dios, no es ni el pueblo de Israel, ni una Iglesia nueva,  sino que está compuesta por todos los que den frutos conforme a la voluntad de amor del Padre, sin límite de fronteras.  Esta enseñanza será recogida de nuevo por Mateo en la parábola del juicio final, del capítulo 25 de este evangelio.
    5. Discerniendo así este texto de hoy, superamos el contexto conflictivo judeo cristiano original en que fue escrito, y nos queda clara la llamada que se nos dirige a cada uno de nosotros mismos para despojarnos de formas distorsionadas de religión. Es una manera de decirnos que no nos atengamos al hecho de haber sido bautizados en una iglesia que consideramos como verdadera, ni a la creencia en que Jesús tuvo que padecer dolores extremos y sangrientos y que eso nos eximió del castigo por nuestros pecados. Lo que nos hace familia de Dios y administradores honestos de su viña es solamente la práctica del amor. Este traduce y es prueba de la autenticidad de una fe cristiana.Ω