14 enero, 2018

2º Domingo t.o.: Con sinceridad, ¿qué buscamos en Jesús de Nazaret?

Lect.: I Samuel 3:3-10, 19; I Corintios 6:13-15, 17-20; Juan 1:35-42

  1. Independientemente del origen de este pasaje (ver nota # 1), la sencilla narración nos ofrece dos elementos que nos piden poner nuestra atención en temas centrales del mensaje de Jesús. Uno es la pregunta del Maestro a los dos discípulos de Juan que le siguen: ¿qué buscan? , les interpela al verlos venir tras él.  Y cuando ellos le manifiestan que quieren saber dónde vive aparece el otro elemento importante: “Vengan y vean”, responde Jesús, y ellos fueron “y vieron donde vivía y se quedaron con él todo aquel día”.  Podemos preguntarnos, ¿por qué  un diálogo tan sencillo contiene elementos centrales del mensaje evangélico?
  2. Para un predicador que está empezando su caminata, el hecho de que le aparezcan dos seguidores que, además, eran hasta ese momento discípulos del Bautista, debía ser motivo de satisfacción y no de andar aclarando “detalles” sobre su motivación. Si hoy, en clima electoral, a un candidato le surgen unos cuantos adherentes, no se va a poner a andar con esclarecimientos: votos son votos, dirá. Y eso pasa también, no solo en lo electoral, sino también en lo ideológico, para quien espera seguidores en su línea de pensamiento. Pero no sucede así en Jesús. Él no anda haciendo proselitismo y si alguien le sigue a él le importa que ese alguien se aclare, ante todo, qué es lo que está buscando, en su propia vida y en el momento de seguirle. No todas las motivaciones para seguir a Jesús son buenas, e incluso no todas las buenas dan lugar a una correcta relación con él. Sabemos, —porque la vida diaria nos da testimonio de ello—, que hay búsquedas de Jesús que son para nada espirituales, y sí muy interesadas e incluso manipuladoras. Autoimponerse la etiqueta de cristiano, de católico, puede servir a algunos para abrirse cancha en ciertos medios sociales. Volviendo a lo político - electoral. algunos ondean bandera cristiana  y de seguimiento de ciertas causas de la Iglesia, porque eso les puede dar réditos, cierta aparente reputación y conseguir adeptos que se traducirán en votos. Añadamos a esto que muchas veces se nos cuela, “por la puerta de la cocina”, la distorsión de nuestra búsqueda de Jesús, con intenciones poco rectas, como el interés simplemente en la salvación final, o en lograr el éxito individual en la vida, y no en abrazar la misión de Jesús de servicio a los demás .
  3. El segundo elemento, que nos proporciona la pregunta de los discípulos, ¿dónde vives? completa la idea anterior sobre la motivación correcta para seguir a Jesús. En el lenguaje y el simbolismo del evangelista Juan, la pregunta de los dos discípulos apunta a querer entrar no en la casa material, en el espacio físico donde habitaba Jesús, sino en el ámbito de luz y vida en el que él se movía. Quieren conocer cómo es que vive Jesús, cuáles son sus prioridades, su misión, sus valores, y eso es lo que les interesa abrazar.
  4. Y la respuesta de Jesús, Vengan y vean,  les dice cómo lograrlo. No se trata de darles un folleto informativo, ni una serie de libros explicativos. Vengan y vean es la pista para decirles y decirnos que es la experiencia directa, el compartir y ver la vida misma de Jesús lo que nos puede vincular verdaderamente con él. Hace pocos días decía el nuevo arzobispo de París, que el catecismo nos puede enseñar a hablar de Dios. Pero que lo importante, más que eso, es aprender a hablar con Dios, a relacionarse con él. Y eso se aprende de quienes lo viven, como él lo aprendió de su propia madre (Ver nota # 3). Solamente cuando descubramos por nosotros mismos, y en nosotros mismos, en nuestra propia interioridad, y en el testimonio de quienes lo viven, cómo es vivir como Jesús (ver nota # 2),  podremos traducirlo en nuestras acciones y en nuestras relaciones con los demás y con todos los seres de la naturaleza entera, y entonces, solo entonces podremos tener la convicción de que estamos respondiendo de manera auténtica al llamado de Jesús.Ω


Notas:

Nota # 1: Cuando nos ponemos a estudiar el evangelio de san Juan, en especial el origen del texto, podemos darnos cuenta de que muchos de los textos que aparecen referentes a Juan el Bautista son textos introducidos posteriormente al primer autor, de carácter “apologético”, es decir, de defensa de la figura de Jesús frente a grupos y a un movimiento de discípulos del Bautista que consideraban la figura de éste como superior a la de Jesús. Esos grupos seguían existiendo bastantes  décadas después de la muerte de Jesús. Incluso, ¡aunque nos sorprenda!, en nuestros días en supervivientes de la antigua religión de los mandeanos, que habitaban en Irán e Irak antes de la represión de Sadam Hussein primero y, ahora, del Estado Islámico, se sigue considerando esa superioridad de Juan el Bautista sobre Jesús. A los aficionados de la novela esto les recordará una referencia a este particular en “El Código Da Vinci” de Dan Brown y el cuadro de Leonardo, “La Virgen de las Rocas”, del que el autor realizó dos versiones, en una de las cuales es el niño Juan el que aparece bendiciendo al Niño Jesús.

nota # 2: Un gran hombre espiritual del siglo XX, Marcel Légaut escribe: “¿Cómo podrían los hombres pasar, de la creencia en un Dios todopoderoso, cuya existencia ya no es evidente, a la fe en un Dios que ya está presente en lo más íntimo de ellos mismos y que, sin ser propiamente causa, actúa, pero no por encima de sus acciones más personales sino en  ellas?   (Un hombre de fe y su Iglesia, AML, pgs. 35 – 36).


nota # 3: Ver resumen de la entrevista al Arzobispo Michel Aupetit en la página de Facebook del CEDI (Centro Dominico de Investigación).

08 enero, 2018

Fiesta de la Epifanía: universalidad de revelación de Dios a los pueblos

Lect.: Isaías 60:1-6; Salmo 72:1-2, 7-8, 10-13; Efesios 3:2-3, 5-6; Mateo 2:1-12


  1. Así como la palabra “Navidad”, celebrada el 25 de diciembre, nos resulta cercana y comprensible, la palabra  “epifanía”, que da el nombre a la fiesta del 6 de enero, a mucha gente le puede sonar extraña. Y, sin embargo, designa la más antigua fiesta del Señor Jesús, después de la Pascua. Se comprende, en parte, este contraste porque, como hemos dicho en domingos anteriores, la celebración navideña ha crecido en torno a la imagen del niño Jesús, y a los relatos legendarios del “Evangelio de la infancia”, que aunque  tienen un gran contenido simbólico y cristológico para presentar a Jesús con el trasfondo de grandes personajes del Antiguo Testamento, como Moisés, llevan al predominio de un tono tierno, familiar, ingenuo, que toca más nuestros sentimientos. A esto se añade, en países de tradición hispánica, con villancicos de raigambre popular, y con festejos y comidas incorporadas a las culturas locales, que han conducido a configurar una fiesta inseparable, cada vez más, de los ritmos anuales de nuestras sociedades.
  2. La fiesta de  Epifanía, en cambio, es más “conceptual”, “teológica”, por decirlo de alguna manera y esto dificulta su popularización, (salvo cuando se la trasviste y reduce a la “celebración de Reyes” y caravanas de repartición de regalos para los más pequeños). Pero epifanía significa “manifestación”, “revelación”, “iluminación” y su celebración pone el énfasis en un aspecto distinto, aunque complementario de la Navidad. Se quiere contemplar la revelación de la divinidad en Jesús de Nazaret, en toda su humanidad, nacimiento, vida y muerte. Un mensaje de impacto sobre nuestra propia vida humana, releída a la luz de esa vida del hijo del hombre, cuya plenitud es la participación en la vida divina. Lo que se celebra es el hecho de que esa plenitud humano – divina se haya revelado, se haya manifestado y, en primer lugar, a personajes no judíos, a “paganos” se decía. En la segunda lectura de la liturgia de esta fiesta, san Pablo (carta a los Efesios) nos sorprende aún más, al llamar a este hecho, el gran “misterio” que le fue revelado y que era desconocido a las generaciones anteriores (de judíos, en particular), el que los “gentiles”, o “paganos”, sean verdaderamente miembros del mismo cuerpo de Cristo y coherederos de la misma Promesa.
  3.  Esa manifestación la liturgia la celebra asociada sobre todo a varios momentos especiales, a la adoración de los Magos de Oriente, al momento del Bautismo de Jesús en el Jordán y al de las Bodas de Caná. Pero la principal es la llamada, por antonomasia, “fiesta de epifanía”, que es la fiesta de hoy y que tiene de especial y, —en su momento original, de impacto novedoso—, el hecho de poner la figura de unos Magos como protagonistas de la Epifanía. A partir de ahí luego se puede considerar la proclamación de la apertura la universalidad del mensaje cristiano. Quienes aparecen en el relato llamados al encuentro con la divinidad en un niño de un pueblo distante y casi desconocido, representan, ya no al pueblo de Israel, sino a todas las naciones, a todas las etnias del mundo. Aún más, al presentarles como Magos, lo que en la época es equivalente a astrólogos, se está haciendo referencia a que se trata de  estudiosos de unos conocimientos distintos de los judíos, las tradiciones orientales. Estos magos representan a pueblos que no buscaban encontrarse con la divinidad a través de los libros y tradiciones de la Biblia, sino conforme a sus propias tradiciones y culturas. Lo que simbólicamente se está expresando es una afirmación de gran importancia aunque, al mismo tiempo, innovadora: que todos los hombres y mujeres del planeta tienen a su alcance en sus propias vidas, conforme a sus propias creencias y culturas, la posibilidad del encuentro con Dios, de ser iluminados por la luz del Cristo universal, de la Palabra que estaba en Dios desde el principio, como decía en su Prólogo el evangelista Juan. Es la apertura a esa Palabra que es luz y es vida, lo que da la oportunidad  a todos y a todas de alcanzar la plenitud de la propia vida, la realización humana completa, la redención o salvación de las tinieblas.
  4. Por supuesto que el significado de este relato, independientemente de si tiene o no verosimilitud histórica, desde las primeras comunidades cristianas, supuso un cambio de visión. Ya no se trataba, como habían creído hasta entonces, de un solo pueblo elegido, al que el Dios verdadero le hablaba, y de una luz asociada solamente a unos libros sagrados. Simbolizados en esos sabios de tierras lejanas de la Palestina, se trataba más bien, de la posibilidad de experimentar al máximo la vida espiritual, por una diversidad de caminos, más diversos aún que las representaciones de los magos de Oriente del evangelio de Mateo. No deja de ser ilustrativo, en la línea de esa diversidad, que el relato no dice de cuántos magos se trataba. Durante gran parte de la Edad Media se habló de 12 y más y hasta alrededor de 70. No importaba aquí tampoco, la factibilidad histórica, sino la referencia a la gran diversidad de los seres humanos. Y a dejar claro que la Buena Noticia proclamada por Jesús se refiere a la salvación, redención, iluminación de toda la humanidad que llega a encontrar en la profundización de su propia identidad humana, la experiencia de la presencia de Dios.
  5. Para nosotros, católicos en la Costa Rica pluricultural de este siglo XXI, este horizonte nos permite entendernos mejor y entender mejor nuestra propia vocación en este mundo. No somos un grupo de privilegiados, exclusivos receptores de la manifestación, de la Epifanía de Dios. Por el contrario, el encuentro con la divinidad en nosotros mismos, nos permite entender que debemos encontrarlo también en todas las otras personas que cultivan su propio llamado para la iluminación y liberación plena, —aunque no sean cristianos, aun sin ser religiosos, incluso ateos o agnósticos y, lógicamente, con otras costumbres e interpretaciones éticas.  Si la palabra “católico” significa ser “universal”, el simbolismo de la fiesta de la epifanía, con el hijo de Dios manifestándose a no – judíos, a estudiosos de otras creencias, tradiciones y costumbres, nos da la medida de esa universalidad, desde la perspectiva del evangelio. De manera consecuente, solo seremos de verdad católicos cuando trascendamos toda discriminación y estigmatización de otros grupos sociales, religiosos, culturales y, aceptando la riqueza de nuestra enorme diversidad, lleguemos a reconocer esa presencia del Cristo Universal  en todos los grupos humanos. Ω

31 diciembre, 2017

Fiesta de la Sagrada Familia: valores evangélicos en instituciones que cambian

domingo siguiente a navidad
Eclesiástico 3:2-7, 12-14; Colosenses 3:12-21; Lucas 2:22-40

  1. Nos encontramos hoy, de nuevo, —como en el caso de la fiesta de Cristo Rey— con una fiesta devocional, que no surge como parte  del mensaje evangélico, sino que se origina por iniciativa de la jerarquía eclesiástica para responder a problemas de una época específica. En este caso, aparece a finales del siglo XIX y se extiende, sobre todo, en Canadá, ante el temor de los obispos de que la secularización amenazara la vida cristiana de la familia de la época.
  2. El tema de lo que podría llamarse  “familia cristiana”, en sentido positivo y directo, no forma parte de la predicación de Jesús ni de las primeras comunidades, ni puede fundamentarse en hechos narrados en los evangelios. Más bien, se cuestiona la institución familiar cuando se pretende anteponerla al trabajo por el Reino de Dios. A pesar de ello,  esta devoción nos ofrece la oportunidad de profundizar una dimensión clave del mensaje navideño. En domingos anteriores y, sobre todo, en la fiesta de Navidad hace una semana, hablamos de Jesús, con su humanidad plena, como fuente de la luz y la vida. Se rompía así la tradición anterior de pensar en la Ley de Moisés como fuente de iluminación. El evangelio nos enseña que la luz de Dios brilla no en libros y doctrinas, sino en la vida de la persona humana, en especial en la de Jesús y en la de quienes viven el mismo compromiso de vida de Jesús. Y esa luz es vida que viene a nosotros para que la tengamos en abundancia. Con esta fiesta de la Familia de Nazaret ese mensaje adquiere mayor concreción, se aterriza más. Nos recuerda algo evidente: no basta decir que el hijo de Dios se hizo hombre, que en la humanidad se da la plena manifestación de la vida divina Al poner a ese hijo de Dios, hijo del hombre en una época y en un lugar concretos, en un hogar, en un medio cultural y religioso determinados, nos damos cuenta de que la luz de Dios se puede  transparentar en un hijo de carpintero, en un muchacho de barrio, marcado como estaba con las costumbres de la Palestina de entonces y que crece en un entorno familiar, en un tipo de familia muy distinto del nuestro.
  3. Sabemos que en aquella época no se vivía en familias nucleares —pareja de papá, mamá y chiquitos—, sino que se vivía en un clan, en un conjunto de familias, de la misma “cepa”, por decirlo así. Tías, abuelos, primos y más parientes vinculados. Cuando José desposa a María y se la lleva “a su casa”, no está hablando de que le había construido ya un “ranchito” o una vivienda cómoda. Por “casa” se debe entender el conjunto de la gente de su clan. María pasa a integrarse en el clan, en la familia grande de José. A lo largo del tiempo, el arte cristiano piadoso nos ha hecho imaginarnos una imagen idealizada de la sagrada familia de Nazaret, con José, María y el niño, en un espacio cerrado cargado de virtudes. La realidad es que Jesús crece al lado de sus padres, ciertamente, pero insertos en las múltiples relaciones de la gran familia que era el clan. Por eso, en los relatos del evangelio de la infancia o del nacimiento no podemos decir que se nos proponga un modelo de familia, sería rarísimo que se nos propusiera vivir, de nuevo, en un clan, —y hace muchos siglos que no vivimos en clanes en la mayoría de los pueblos. Es más, después de aquella época de Jesús los cristianos se adaptaron al modelo familiar romano y, posteriormente a otros modelos a lo largo de la historia, según la región y la cultura donde se encontraran.  Pero lo que sí se transparenta en los relatos evangélicos es el convencimiento de lo importante que es para la persona humana la dimensión social, el nacer y crecer en comunidad, en familia, en clan, en diversas formas de convivencia. La devoción de la fiesta nos permite reconocer que el hijo del hombre, Jesús, es fruto de múltiples relaciones sociales, como lo somos todos los seres humanos. Y que se nos invita a vivir esa dimensión social conforme a los valores cristianos, encarnándolos de muchas maneras, aún en diversas formas de vida familiar y comunitaria. Esto es lo importante, no la idealización de creer que para la tradición cristiana solo hay un modelo de familia y de convivencia. Esto lo desmiente la historia.
  4. A esta reflexión que nos da esta fiesta de hoy, se añade otra dimensión muy importante En el texto de Lucas de hoy al bendecir el anciano Simeón a María, le anuncia que el niño será signo de contradicción, para caída y elevación de muchos y para María una espada le atravesará el alma. Años después, Jesús ya un hombre joven, hará realidad ese doble anuncio, cuando llega el momento de abandonar su clan y a sus padres para llevar a cabo su misión.  Esa decisión de Jesús fue tan transgresora de las costumbres de la época que sus parientes llegaron a considerarlo loco, “fuera de sí” (Mc 3: 21). Era impensable y constituía un tremendo irrespeto que alguien abandonara su clan, el cual representaba los valores y tradiciones de sus ancestros y determinaba la identidad de cada miembro. Si Jesús relativizaba esa familia ampliada, solo era posible, creían los parientes, porque había perdido la razón. Esto probablemente hizo      que María se sintieratraspasada en su corazón. Más aún cuando le oyó decir que “su madre y sus hermanos eran todos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
  5. Por eso prolongar nuestra reflexión navideña con esta devoción de la sagrada familia nos abre horizontes pero, al mismo tiempo, nos presenta retos. En un país como Costa Rica, durante los últimos 30 años, los tipos de familia se han diversificado disminuyendo sensiblemente el llamado “modelo tradicional”: mamá, papá e hijos. Esa “familia nuclear” pasó de estar presente en un 51,2 por ciento de los hogares nacionales, en 1984, a estarlo en un 41,8 por ciento en el 2011 (datos del INEC). Entre las composiciones familiares que aumentaron sobresalen aquellos formadas por un padre o madre sin pareja pero con hijos. Las familias monoparentales pasaron de un 8,6 por ciento, en 1984, a un 13,8 por ciento en el 2011. De esos hogares monoparentales en Costa Rica, el 89 por ciento (151.569 del total) son jefeados por una mujer.
  6. Todo esto nos hace pensar en que, como Jesús, debemos vivir los valores del Reino de manera encarnada, culturalmente, en nuestro tiempo y lugar. Y, al mismo tiempo, esta “encarnación” de la vida divina en cada uno de nosotros nos exige el desprendimiento suficiente para adaptarnos a la evolución de los tiempos y para descubrir formas de vivir el los valores del evangelio en nuevas situaciones históricas, en nuevas formas familiares, en nuevos tipos de sociedad. 

26 diciembre, 2017

Navidad 2017

Lect.: Isaías 9:1-6; Tito 2:11-14; Lucas 2:1-14


  1. En gran parte del mundo, y vamos ahí incluidos quienes habitamos Costa Rica, esta fecha que conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, se ha arraigado como un día de celebración muy emotiva, entrelazada con reuniones familiares, felicidad en especial para chicos y chicas que en nuestras casas sueñan con algún regalo, y nostalgia por quienes ya se fueron. La música de los villancicos, los tradicionales portales y las fiestas de fin de año, contribuyen a reforzar ese ambiente de buenos sentimientos y muestras de cariño.
  2. Pero ha alcanzado tal arraigo esta forma de celebrar el tiempo navideño, que el origen y significado religioso cristiano de la fiesta puede diluirse bastante. Sobre todo, por el aire festivo y de descanso, como que no hay tiempo o talante para detenerse a reflexionar los mensajes que nos transmiten las lecturas de las eucaristías dominicales y del propio 25 de diciembre. Algunas de las ideas centrales que conviene no perder, las hemos incluido en estos pasados domingos de Adviento. Hoy parece de gran importancia fijarnos, sobre todo, en el texto evangélico de la misa del Día y vamos a subrayar esquemáticamente algunas de las líneas fundamentales que nos transmite ese llamado “Prólogo” del Evangelio de Juan que, en realidad, más que eso, viene a ser una síntesis de todo ese libro de la comunidad joanina y clave para entender todos los relatos que este incluye sobre la vida y predicación de Jesús.
  3. Así como en el cuarto domingo de adviento se subrayó el gran símbolo de la luz ligado a la persona de Jesús, hoy podemos  entender mejor que esa luz es el don de la plenitud de vida. La luz proviene de la vida vivida a rebosar, y no al revés, como si la vida requiriera ser iluminada desde fuera (de la Ley, por ejemplo, como dijimos que creían los rabinos del Antiguo Testamento). Cuando dice el Prólogo que en la Palabra, (el Verbo, o el Logos) estaba la vida y vida que era luz, nos está marcando un enfoque para la vida cristiana.  Está afirmando que lo que, desde nuestra perspectiva de fe, es el gran “Proyecto” de Dios (el término griego logos, tiene el doble significado de palabra y proyecto), no es, ni más ni menos, el que todos los humanos y humanas alcancemos la condición humano - divina. Ese es el término final que completa la obra creadora. Por eso, ya para las primeras comunidades cristianas el Dios, padre de Jesucristo, en quien confiaban no era un Dios legislador, castigador y dador de premios, sino el Dios que quiere que tengamos vida y en tal abundancia que sea, verdaderamente, una participación en la vida divina.  Un dios legislador estaría todo el tiempo celoso de su ordenamiento jurídico, vigilando el cumplimiento de su voluntad impuesta. El Dios creador y dador de vida, en cambio, apoya e impulsa para que el ser humano muestre su vitalidad iluminadora, con su capacidad creativa, que supone el ejercicio de la plena libertad. No hay que esforzarse mucho para darnos cuenta de que aquí se escinden dos formas prácticamente antagónicas de entender el mensaje evangélico.
  4. Con esta perspectiva que se nos presenta, no por casualidad, en la fiesta del nacimiento de Jesús, podremos leer a lo largo del año, todos los relatos de predicaciones, milagros, curaciones, la búsqueda de justicia  para los pobres y los excluidos… como muestra constante de su ejercicio del proyecto de Dios de dar esa vida plena humano divina (qué conveniente sería que quienes hoy día se auto proponen como “defensores pro vida”, releyeran todo el evangelio desde esta óptica de Juan donde la vida plena no queda reducida a la de los no nacidos).
  5. También de esta manera de presentar Juan la Buena Noticia se deriva el reconocimiento de que lo sublime de Jesús, de su misión y ejemplo, no es la calidad extraordinaria de sus enseñanzas, sino la de sus acciones. Las obras que él realiza, y no la ortodoxia doctrinal, son las que atestiguan que es el Padre el que lo ha enviado (Jn 5: 36). No hay el menor resquicio para un reduccionismo intelectualista del Evangelio.
  6. Permítaseme concluir esta breve reflexión (breve en comparación con la riqueza de este prólogo de Juan), con una cita de destacados estudiosos bíblicos: “Toda la obra de Jesús en el evangelio consistirá en capacitar al hombre, por el don de la vida-amor, para que pueda realizar en sí mismo el proyecto de Dios, la semejanza con el Padre.” Precisamente porque esta es la finalidad de la vida cristiana, no debe sorprender que Jesús les dijera a los discípulos: “El que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores” (Jn 14:12). Nada más alejado de prácticas religiosas, pseudocristianas, que fomentan un sentimiento de inferioridad y de infantil dependencia, sobre todo, en el laicado.Ω
  7. 25 de Diciembre: mantengamos las tradiciones sencillas y alegres, enzarzadas con las necesidades cotidianas de fiesta y descanso, con que se celebra el nacimiento de Jesús, pero vamos más allá a recuperar para esta fecha la celebración de nuestro propio nacimiento a esa vida nueva que nos revela la Buena Noticia del evangelio de Juan.Ω

24 diciembre, 2017

4º domingo de adviento: Quiénes son la madre y hermanos de Jesús

Lect.: I Samuel 7:1-5, 8-12, 14, 16; Romanos 16:25-27; Lucas 1:26-38



  1. Si el protagonista del texto evangélico el domingo pasado era el Bautista, hoy lo es María, la madre de Jesús. Y probablemente el rasgo que más la define está expresado en su frase, “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra”. Pero quedemos claros, al presentarse como “esclava del Señor” evoca no una actitud servil y de subestima sino la de la absoluta entrega a la vida de Dios que la habita y la realiza plenamente. Por eso Lucas, en este texto de hoy no se queda en el hecho biológico de la maternidad de María sino que, a partir de esta, se fija en el simbolismo espiritual profundo de esa maternidad, tal como lo pone en labios del propio Jesús, unos capítulos más adelante, cuando dice: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8, 19-21). Es por esta total disponibilidad de María para realizar en su vida el plan de Dios que Lucas la llama “la llena de gracia”, la que ha la que ha recibido todo el favor de Dios, y por lo que podemos verla, comola presenta el mismo evangelio, como un modelo al que ha de ajustarse la  condición del verdadero discípulo de Cristo”. (Lc 8,19-21; 11,27-28; Hech 1: 14). Esto queda expresado también en el pasaje en el que en una ocasión en la que Jesús enseñaba a las gentes, una mujer sencilla de pueblo, le grita un piropo diciendo, “—¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!” Pero él repuso: ¡Dichosos, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica!” no es el hecho biológico de la maternidad, sino vivir su simbolismo espiritual lo que hace de María y de cada uno de nosotros “llenos de gracia”.
  2. Si el domingo pasado el Bautista presentaba a Jesús como la luz, desconcertando a aquel auditorio judío, por considerar Juan que la luz de Dios brilla no en dogmas y doctrinas, sino en la vida de la persona humana, en especial en la de Jesús y en la de quienes viven el mismo compromiso de vida de Jesús, detrás de la figura de María en el pasaje de hoy y en los otros referidos a él que hemos citado, Lucas nos desconcierta también a nosotros, al definir nuestra identidad humana plena considerándonos a cada uno de nosotros como madre y hermanos de Jesús, en la medida en que en nuestra propia vida concebimos, damos a luz, la palabra de Dios y la ponemos en práctica.  Suena raro, pero puede decirse con el evangelio, que somos madre y hermanos del Verbo, de la Palabra de Dios, en la medida en que el Padre lo engendra en nuestra vida, cuando somos coherentes con la dinámica de su generosidad y misericordia. El Verbo se hace carne en nosotros, con nuestra disponibilidad como la de María, para hacer real en cada uno de nosotros, el objetivo divino de salvación, de liberación, de realización plenamente humana.
  3. Esta disponibilidad es la que puede cambiar nuestra sociedad, nuestro mundo. Es la luz que brillando en nuestra vida puede derrotar a las tinieblas de las ideologías políticas y económicas que, a menudo solapadas tras un lenguaje pseudo religioso, coartan la libertad humanaΩ.