16 julio, 2017

15º domingo t.o. un modo de sembrar que desconcierta


Lect.: 55:10-11; Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23

  1. Este domingo y los dos siguientes la liturgia dominical católica incluye textos evangélicos del capítulo 13 de Mateo. Se introduce así en el rico mundo de las parábolas de Jesús. Populares, muy conocidas y leídas por los creyentes que asisten regularmente a la eucaristía pero, no por eso, leídas siempre de manera adecuada  Por ejemplo, no es raro, al leer esta parábola del sembrador, que caigamos en la tentación de tomarla como una clasificación moral de personas, pensando en  que la maleza, el pedregal, o el polvo de la superficie del camino se refieren  a diversas categorías morales de personas opuestas o cerradas a vivir una vida conforme a la palabra de Dios. Diversos tipos de “mala gente”, por así decirlo. Una tentación peor, en la lectura de este texto, es pensar que la “tierra buena” somos los católicos o cristianos y que todos los demás  son “tierra mala”, encharralada o llena de piedras. En fin, desde el otro polo de los protagonistas de la narración, se da otra tentación, que conduce a una mala lectura, la de pensar que se apunta aquí a malos predicadores que no saben esparcir la palabra adecuadamente.  Ambas me parece que se pierden el sentido profundo del mensaje. Pero, ¿cuál sería, entonces, una manera más adecuada de leer esta parábola?
  2. Recordemos que las parábolas propiamente no pueden propiamente “traducirse” nunca, porque son formas literarias utilizadas por Jesús para hablar “de lo que no se puede hablar”, para dar un pellizco en el corazón a quien escucha y que el conjunto de las imágenes usadas en la pequeña historieta nos muevan a pensar en algo que supera la superficie de la realidad, que quiebra nuestra manera habitual de ver las cosas. Aunque no se las pueda “traducir”,  propiamente, como sí sucede con el lenguaje alegórico, considerando el contexto más amplio de los evangelios y de la predicación de Jesús, del evangelio, podemos atrevernos a compartir algunas líneas de interpretación del mensaje de cada una. Con esa salvedad, podemos  sugerir, unos criterios para captar el sentido de esta parábola que nos toca hoy. Así, lo podemos entender, en primer lugar, como un recordatorio de la universalidad de la presencia de Dios en toda la humanidad. Esa imagen del sembrador lanzando “despreocupadamente” la semilla, “al voleo”, es decir,  arrojando la semilla a puñados y esparciéndola al aire no es tan torpe como puede aparecer de primera entrada. Sin meternos en la práctica agrícola correspondiente, la parábola evoca que el sembrador, que es el propio Dios, “lanza” —deja— su semilla en todos sin excepción. No solo en un grupo de selectos, no solo en cristianos, sino en todos. Por parte de él, su presencia queda así asegurada en  nosotros, para acompañarnos e impulsar nuestra aspiración a vivir la vida humana plenamente, independientemente si se expone al pedregal, a la superficie del camino o al charral. Como lo recuerda la primera lectura, la palabra, la presencia de Dios que empapa toda la tierra, es fecunda y nunca vuelve vacía, sin haber realizado lo que pretende Dios en nosotros; siempre hace germinar para producir alimento.
  3. En segundo lugar, podemos entender que la parábola nos empuja a descubrir en el interior de cada uno, tanto lo que tenemos de tierra buena, las potencialidades  o capacidades que tenemos para alcanzar esa aspiración, como los obstáculos para lograrlo: los pedregales, los matorrales, las arideces que también podemos tener dentro de nosotros y con los que nos ponemos nosotros mismos zancadillas en nuestro camino. Los diversos tipos de terreno no aluden a diversas categorías de personas, sino a diversas “zonas” o facetas de nuestro interior.
  4. Leída de esa manera la parábola, como todas las parábolas, es una invitación, a entrar en nosotros mismos, conocernos mejor y atrevernos a asumir, con ese mejor conocimiento de lo que uno es, una toma de posición ante el mundo que nos rodea, ante las relaciones con las demás personas y, en particular, ante nosotros mismos, aceptándonos con nuestras limitaciones y nuestras cualidades.  Un cambio de visión y una toma de posición para decidirnos a avanzar haciendo crecer el Reino de Dios con todo lo que somos y hacemos, con la garantía de la fuerza de la divinidad que nos habita. Esos son los frutos o el fruto a los que se refiere la parábola y no una acumulación de “buenas obras”.Ω

09 julio, 2017

14º domingo t.o. Alivio de la carga de la manipulación religiosa

Lect.: Zacarías 9:9-10; Romanos 8:9, 11-13; Mateo 11:25-30
  1. En estos últimos días, en Hamburgo, Alemania, se han reunido los gobernantes del grupo llamado G - 20, los veinte países más ricos del planeta. Y ahí se han reunido también muchas organizaciones para protestar contra las políticas que están llevando a cabo esas naciones y, en particular, contra las decisiones del presidente Trump, que constituyen una amenaza para la sobrevivencia del planeta. Como habrán visto en las noticias, gran movilización de fuerzas policiales dispersaron a los manifestantes, organizaciones ambientalistas, feministas, y otras de la sociedad civil..-  Es lógico. A los oídos de los gobernantes los planteamientos de los que protestaban resultaban, de seguro, hirientes. Sin embargo, no serían muy distintos de la carta que el propio Papa Francisco envió a esta reunión, y en la que pide, ante los problemas de la economía actual,  buscar "soluciones progresivas y no traumáticas"  y les recuerda que "en cada una de las fases de la aplicación de medidas políticas es necesario dar prioridad absoluta a los pobres, a los refugiados, los que sufren, los evacuados y los excluidos, sin distinción de nacionalidad, raza, religión o cultura, y rechazar los conflictos armados.”   Por supuesto que a la carta de Francisco no podrían rechazarla como indeseada, pero, en cualquier caso uno puede imaginar lo mal que se sentirán los poderosos cuando sus políticas y decisiones y sus actitudes son cuestionadas.
  2. Saltándonos 21 siglos atrás, en un lugar y época muy distantes, podemos imaginar como se sentirían los poderosos, los líderes religiosos y políticos de entonces al escuchar a Jesús alabando a Dios porque  ha ocultado estas cosas, es decir, el reino de Dios, a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños.  En los cuatro versículos anteriores al pasaje de hoy de Mateo, Jesús hacía ver a quién se refería cuando hablaba de los que se creían sabios e inteligentes y por qué la revelación del reino se le ocultaba el Padre del cielo. Hablaba de cuatro de las principales ciudades de palestina. Y la razón era clara: los poderosos y los líderes estaban tan seguros de lo que pensaban y de lo que hacían,  se sentían tan seguros de que lo que planteaban era lo que debía ser, que rechazaban la predicación y los milagros de Jesús, porque ésos expresaban un mundo nuevo y distinto, unos valores y una visión de las cosas, opuestos a los de quienes dominaban la sociedad de ese tiempo.
  3. Para Jesús, su padre Dios se comunica con los pequeños y sencillos. Es decir, con los que no son autosuficientes, ni engreídos y codiciosos con lo que tienen y con lo que creen saber. Los pequeños y sencillos a que se refiere esta alabanza de Jesús, son los mismos a quienes declara bienaventurados en el sermón del monte, y les confirma que el reino de Dios, es decir, la comunión y participación en la vida de Dios es suya. Pequeños y sencillos son los que no han construido muros de separación entre ellos y los demás, al contrario de muchos de los poderosos que buscan aislarse de sus semejantes.
  4. De los tres “dichos” de Jesús que se reúnen en este pasaje de hoy, en el tercero y final Jesús promete a quienes están fatigados y sobrecargados, que  él les dará descanso.  Y luego les invita, a cambio a tomar sobre sí el yugo que él mismo lleva, porque es suave y liviano. A menudo, la piedad popular, reflejando tantos sufrimientos de los pobres y humildes, ha interpretado esas “cargas” como una referencia a cualquier dolor, enfermedad o penalidad. Algo parecido a como, decíamos hace unas pocas semanas, que interpreta lo de “llevar la cruz”. Sin embargo, en el contexto original el sentido es mucho más preciso y refleja la tremenda situación de los pequeños y sencillos. 
  5. En otros textos evangélicos el Maestro había aclarado a cuáles cargas se refería. Recordemos aquel otro texto en el que Jesús lanza serias acusaciones a fariseos y maestros de la Ley del Templo porque “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.  Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres (Mateo 23: 4-5). Cuando habla ahora de quienes están “sobrecargados y fatigados”, está pensando, sobre todo, en la opresión experimentada por el campesinado y los pobres de la región, víctimas de los maestros de la ley y de la religión, que imponían a la gente sencilla la carga de sus interpretaciones de las Escrituras, de que se servían para mantenerlos sumisos bajo el dominio de los dirigentes religiosos y políticos, que les presentaban sus doctrinas y leyes al pueblo como algo más sagrado que la propia palabra de Dios.  No era la carga de la Ley recibida de Dios por Moisés lo que era criticado por Jesús sino la utilización de la autoridad sagrada para mantener los privilegios de la élite de espaldas a las necesidades de la gran mayoría de la población. La Buena Nueva de Jesús es la promesa de liberarlos de esa sobrecarga. A cambio el “yugo” de Jesús al que invita a los que sufren de esas formas de opresión, no es en realidad un yugo, es un enlace, una unión fuerte con él, que nos abre a la experiencia de Dios como Padre, asumiendo como “carga” los valores de misericordia, de compasión, de justicia y de solidaridad. Ese es el espíritu que da vida y no la letra de tradiciones humanas, culturales, que conducen a la muerte. Creo que este es un mensaje muy actual también para nosotros.Ω



Recomendación: leer la Carta del Papa Francisco a la Canciller de Alemania, Angela Merkel, con ocasión de la Cumbre del G – 20, Hamburgo 7 – 8 de julio 2017. - https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/07/07/mens.html

02 julio, 2017

13º domingo t.o.: aceptar el evangelio, un inevitable conflicto

Lect. I Reyes 4:8-11, 14-16; Romanos 6:3-4, 8-11; Mateo 10:37-42

  1. Si nuestra reflexión del domingo pasado nos hacía concluir que el anuncio del evangelio no es para generar aplausos, en el texto de hoy Mateo nos lleva un paso más allá para afirmar que el evangelio de Jesús genera necesariamente enfrentamientos. Esto no implica ninguna contradicción con otras afirmaciones en las que se presenta el mensaje de Jesús como mensaje de amor y de paz. No hay contradicción porque él no está hablando de cualquier interpretación sentimental del amor, ni de una paz que pretenda construirse cerrando los ojos ante las injusticias.
  2. Jesús habla y practica un amor radical, es decir, que pretende sanar las raíces de los males de este mundo. Pero al colocarse en este nivel, Mateo reconoce que es inevitable que se enfrenten con el mensaje y la práctica cristianas quienes no quieren que se toquen las raíces del sufrimiento que acompaña a la injusticia,  la pobreza, y la desigualdad. Para quienes lucran con la situación existente, con una sociedad que, a pesar de todos los discursos “bonitos”, “políticamente correctos”, no está realmente construida para crear condiciones que permitan a todos y todas alcanzar la plenitud humana y con ellos la vida de todo el planeta.  Quienes lucran de la situación existente, lo más que pueden admitir de las iglesias son llamadas a dar pequeñas ayudas a los pobres y excluidos, o que realicen obras de beneficencia para acoger a las víctimas y descartados del sistema. Pero no toleran que las Iglesias denuncien las raíces de los problemas y den pasos serios para eliminar los mecanismos generadores de pobreza y desigualdad.
  3. La radicalidad del mensaje de Jesús aparece planteado en este capítulo 10 del evangelio de Mateo, aunque no es el único lugar de los evangelios donde se deja claro. Pero llama la atención este capítulo por las formas tan chocantes de hablar que pone aquí en labios del Maestro. Formas chocantes a las que quizás por la rutina, por el peso de la costumbre, o por la ritualización de las lecturas bíblicas en la liturgia, las hemos despojado de toda su fuerza. Hay que volver a leerlas con otros ojos para dejarse impactar por ellas. Por una parte, el anuncio de que los enfrentamientos pueden darse incluso al interior de las propias familias, entre padres e hijos; y, por supuesto,  al sugerir el enfrentamiento entre el evangelio y los intereses individualistas que solo piensan en salvar la propia vida.  Esta ruptura del reino de Dios con el “mundo”, no es algo que Jesús plantea teóricamente; él la vivió en su propia historia: ruptura con su propia familia e incomprensión de parte de sus parientes; renuncia a su estabilidad dentro del clan al que pertenecía, a los bienes y tradiciones sociales. Y es el seguimiento en este conflicto con el “mundo” a lo que llama a sus discípulos a continuar.
  4. Es igualmente radical el anuncio de que discípulo suyo es quien está dispuesto a compartir su mismo destino, hasta un final simbolizado con la cruz, y que para la comunidad de Mateo, treinta o cuarenta años después de la muerte en el calvario no cabía la menor duda de lo que quería decir.  Generaciones posteriores y lenguaje semi religioso popular han banalizado la “cruz” como sinónimo de cualquier dolor o sufrimiento, de enfermedades o incomprensiones. Pero no es ese el sentido en los evangelios, en particular en ese capítulo 10 de Mateo. Aquí se declara que el símbolo de cargar la cruz y seguirlo es sinónimo de la disposición para abrazar ese compromiso de vida por las víctimas de la injusticia, que conlleva el riesgo de concluir con la pérdida de la vida como la perdió Jesús, a raíz de un choque continuado con las autoridades políticas y religiosas de Israel que veían en la práctica y la predicación de Jesús una amenaza a su poder y privilegios.
  5. Predicar esa radicalidad no puede interpretarse como asumir  un llamado a tomar medidas revolucionarias, de lucha política como suelen entenderse a menudo ni, por la vía pacífica luchar por puestos de poder para realizar cambios, y mucho menos el recurso a la violencia. Tampoco equivale, en el otro extremo, a limitarse a cambios interiores en la intimidad de la vida personal, a las dificultades que conlleva la lucha por despojarse del dominio del yo, aunque esto esté incluido en la transformación evangélica personal. Tomar la cruz plantea el debate real, el enfrentamiento con quienes quieren seguir manteniendo el poder y privilegios que impide una estructura de relaciones fraternas y solidarias en la sociedad.
  6. Si no se trata de esas rutas de acción, ¿a qué apunta la radicalidad de Mateo, leído desde nuestra realidad actual? Pienso que nos abre a la consideración de vivir la radicalidad cuando entramos en comunión con las necesidades e intereses de los pobres, los excluidos, los descartados, las víctimas del sistema. Se trata de realizar el reinado de Dios, no con los medios poderosos y espectaculares de este mundo, entrampados con su misma lógica,  sino con “una transformación que se inicia voluntariamente y desde abajo, cuando un pueblo se organiza pacíficamente [de mil maneras y por muy diversas vías] confiando en Dios para compartir sus escasos recursos, y aceptando a [el modo de vida y compromiso de] Jesús en su medio”. Ciertamente la radicalidad evangélica puede estar presente cuando damos pasos firmes, por pequeños que sean, al alcance de cada uno, según el ambiente en que cada uno se mueve y la ocupación que cada uno tiene, en la construcción o adhesión a redes y espacios de fraternidad y solidaridad con los descartados, los excluidos. Este esfuerzo de comunión auténtica y concreta, animado por el Espíritu, por la vida nueva a la que, como nos lo recuerda Pablo hoy en la segunda lectura, es a la que hemos resucitado, es la que terminará por derrocar a los poderes de ese mundo construido de espaldas a la plenitud humana.Ω

25 junio, 2017

12º domingo t.o.: el anuncio del evangelio no es para generar aplausos

Lect.: Jeremías 20:10-13; Romanos 5:12-15; Mateo 10:26-33

  1. El texto evangélico de hoy contiene el final de las recomendaciones que hace Jesús a los Doce apóstoles cuando los envía “a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. No es todavía el mensaje que les dará cuando los envía a anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos (Mt 28:19), pero tiene un contenido parecido. Los versículos  finales  del texto, que son los que leemos hoy encierran  la convicción de Mateo de que la predicación y, con ella, el discipulado de Jesús, traen consigo necesariamente el sufrimiento ligado a la persecución de la que serán objeto. Este pasaje evangélico, como todo el capítulo 10 de Mateo, ha sido tema de muchas discusiones a lo largo de la historia sobre su significado y su aplicación, sobre todo para épocas posteriores a su redacción, como la nuestra.  Y en nuestra vida práctica es posible que no acertemos a la primera, sobre lo que quiere decirnos a nosotros. ¿A qué “persecuciones” y “sufrimientos” se refiere? Sería evadirnos de lo esencial si tan solo pensamos en épocas lejanas en el tiempo como, por ejemplo, la época del imperio romano cuando, inicialmente, se perseguía a los cristianos porque atentaban contra la unidad del Imperio. O si pensamos, en nuestro propio tiempo, pero distantes geográficamente, en la persecución de ISIS, el llamado “Estado Islámico”, en Iraq y Siria, que ha tenido muchas víctimas de grupos cristianos muy antiguos, pero que son asesinados como otros no cristianos, incluso muchos musulmanes, porque estorban a los intereses de dominación política y militar de ese “Estado Islámico”. En concreto, para quienes vivimos en el mundo occidental, en un país como Costa Rica, ¿A qué “persecuciones” y “sufrimientos” se refiere?
  2. Para aproximarnos a una respuesta, debemos tener en cuenta los criterios que nos da el propio Mateo. Para el evangelista, la persecución deberá venirnos inevitablemente porque “el discípulo no es mayor que su maestro”. En la medida en que hagamos nuestra la misión de Jesús, y nos identifiquemos con su compromiso esto generará oposición, al menos, e incluso persecución de parte de quienes no comparten ni simpatizan con esa misión de Jesús.  El compromiso del Maestro es el de una vida  de servicio e identificación con los pobres, los excluidos, los descartables.  Es un compromiso que llama a las iglesias cristianas a una vida de mayor sencillez y desapego, de renuncia al poder —político, económico y religioso—, y a una mayor distancia de los poderes financieros, dominadores del mundo, y de la violencia que generan sobre los más débiles, al producir mayor pobreza y desigualdad.
  3. Un caso que ilustra la oposición y persecución que se genera por parte de esos poderes de este mundo hacia los que abrazan con sinceridad la misión comprometida de Jesús, podemos verlo en las críticas que golpean hoy en día al papa Francisco, incluso desde dentro de sectores eclesiásticos con demasiado apego a prioridades muy distantes de los valores que proclama el Papa. El pasado 13 del presente mes de junio, Francisco dirigió un mensaje a toda la Iglesia preparándonos para realizar la Jornada mundial de los pobres. El Mensaje es un buen reflejo de lo que Francisco asume como prioridades para la Iglesia, conforme a su lectura del Evangelio. Y nos permite entender fácilmente el por qué de los ataques que recibe desde dentro de sectores clericales de la Iglesia. Con esta Jornada el Papa, nos lo dice con claridad, intenta, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionemos contra la cultura del descarte y del derroche, y hagamos nuestra una cultura del encuentro.
  4. Al mismo tiempo, el Papa invita a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Francisco nos recuerda que “Dios creó el cielo y la tierra para todos; y que son los seres humanos, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna”.  Es comprensible que, con este mensaje de Francisco que, en definitiva llama a construir un ser humano nuevo y una sociedad nueva distinta de la que han construido los intereses de acumulación del dinero, se provoquen críticas y oposición a la línea de Francisco, que no es otra que la del evangelio de Jesús. Lo mismo nos pasará a nosotros si tenemos el valor y la audacia para hacer nuestra esa línea de Francisco y del evangelio. Las persecuciones y conflictos se desprenden de este tipo de opción y no de una mera adscripción formal a la Iglesia Católica, ni de una comprensión “aguada” de lo que significa ser cristiano, reduciéndolo a prácticas rituales, piadosas o, incluso, de un énfasis meramente moralista, que no añade nada específico al mensaje de Jesús.
  5. Para nosotros, entonces, si tomamos la decisión de asumir, de hacer nuestra la misión de Jesús, como forma de vivir el cristianismo, sí cabe la posibilidad de toparnos con posiciones contradictorias que nos generen conflictos, críticas y persecuciones de algún nivel. En ese caso, nos deberán resonar las palabras de Jesús en el texto de hoy de Mateo: “no les tengamos miedo a quienes por esto nos persigan”.  El ejemplo del papa Francisco nos da ánimo. Mons. Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador y recién nombrado Cardenal, nos dice del papa Francisco: “aunque sufra una "crítica feroz" por algunas de sus decisiones "totalmente revolucionarias", ha puesto "sus pasos en las huellas del Señor", y toma los reproches que le llegan "con un grandísimo sentido del humor”. Es una forma simpática de expresar la fuerza que da el seguimiento de Jesús, hasta el punto de relativizar las dificultades que se encuentran en el camino.Ω