18 febrero, 2018

1er domingo de Cuaresma: Tres atracciones fatales

Lect.: Génesis 9:8-15; I Pedro 3:18-22; Marcos 1:12-15


  1. El relato de Marcos de las tentaciones de Jesús es mucho más breve que en los otros evangelios. Pero, aun así, presenta de manera sintética un rasgo esencial de toda la vida de Jesús, que lo es también de la de cada uno de nosotros. Al momento de iniciar su misión en los pueblos de Galilea, con lenguaje simbólico, el evangelista señala cómo desde el inicio y a lo largo de toda sus caminatas en tierras palestinas, Jesús estará siempre confrontado con la tentación de cambiar el rumbo de su vida, de volver la espalda a aquellos a cuyo servicio había sido enviado. Bajo la imagen mítica de Satán, se representa la tentación  de seguir una meta de vida humana  que es el reverso y es lo contrario al ideal del Cristo, del Reino de Dios.
  2. Como lo explicitan los otros evangelistas sinópticos, Mateo y Lucas, “Satán” representa y personifica tres poderes negativos presentes en la historia humana: el culto de los bienes materiales (pan), la idolatría del poder (reinos) y el de la manipulación ideológica religiosa (milagros espectaculares)[1]. Son tres  fuerzas negativas que poderosamente  nos atraen siempre a los seres humanos, —poseer, dominar, exhibir superioridad religiosa—, aunque conducen, paradójicamente, a la destrucción del hombre y con la del hombre la destrucción del reino de Dios. El rechazo que hace Jesús del tentador,  va unido a su opción por una vida de compromiso con hombres y mujeres para que puedan ser más plenamente humanos,  vivir en libertad, desarrollarse con salud, desplegar el poder de su existencia. También simbólicamente lo expresarán luego los exorcismos. Jesús rechaza lo diabólico, entendido como todo aquello que al hombre le impide realizarse en transparencia, lo que lo ata, lo empequeñece, lo que le impide comunicarse con los demás, lo que lo enajena, lo que lo saca de sí mismo y lo deja sometido a otras fuerzas que no le permiten ser en plenitud.  Todos los actos de la práctica liberadora de Jesús se expresan simbólicamente en las curaciones, en los exorcismos, en su mezclarse con los excluidos, en todo lo que constituye signos de la fuerza de Dios que salva.
  3. Es importante notar que el evangelista no reproduce aquella visión primitiva, presente en muchos pueblos antiguos, en la que se representa una especie de guerra cósmica entre el bien y el mal, entre espíritus malignos antagonistas de Dios y Dios mismo y “los suyos”. No hay nada que hable de una “guerra espiritual”, expresión usada por algunos grupos neopentecostales evangélicos y que ha empezado a conocerse  en estos días en Costa Rica, asociada con la participación electoral de esos grupos. Lo que, en el lenguaje de su tiempo nos expresa, es que existe una continua batalla dentro de nosotros mismos. Una batalla que ya había vivido Jesús, al ver el enfrentamiento entre dos formas de vida que se presentan a su elección: una, en el servicio al amor, en la construcción de una comunidad libre e igualitaria de hijos e hijas de Dios.  Y la otra forma de vida, que ambiciona el poder y d la acumulación excluyente de riquezas, para satisfacción del propio ego, pero que acaba destruyendo lo humano.
  4. También, de relevancia en el ambiente de Costa Rica hoy, hay que recalcar cuáles son las tres fuerzas de pecado sobre las que nos advierte el Evangelio, como especialmente peligrosas. Los peligros para la vida del cristiano vienen, primero, de la distorsión que se da en el ámbito de la economía, por la codicia del dinero y de las posesiones. Segundo,  por la distorsión en el campo político donde aparece una lucha por el poder no para servir sino para tener dominación política e imponerse sobre los demás. Y, tercero, en la distorsión de lo religioso, presentándolo como espectáculo para lograr impresionar y atemorizar a la gente y así alcanzar el control ideológico religioso de las conciencias. Llamará la atención, quizás a algunos, que sean estos para los evangelistas las tres fuentes de lo demoniaco en nosotros y no se mencione, siquiera, la temática sexual, algo que obsesiona a ciertos grupos hoy día, católicos y evangélicos neopentecostales, como si todo el mensaje cristiano girase en torno a esos temas.
  5. Al iniciar la Cuaresma, la preparación a la Pascua, más que una voz de alarma y de temor, el relato de Jesús venciendo las atracciones de esos poderes amenazadores, nos da una palabra de ánimo y de esperanza. Podemos confiar en que con el recorrido de estas semanas que vienen, se va a fortalecer nuestra buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo, como dice la Carta de Pedro hoy. No hay poderes  que puedan derrotarnos porque, añade, Él está a la diestra de Dios, y todos los poderes le están sometidos.Ω




[1] Pueden leerse los relatos de las tentaciones en Mateo 4:1-11, y en el pasaje paralelo de Lucas 4:1-13, para recordar las imágenes literarias que evocan esos tres poderes negativos: la invitación a transformar piedras en panes, a obtener el control de todos los reinos del mundo y a hacer una exhibición de poder sobrenatural.

11 febrero, 2018

6º domingo del t.o.: De leprosos, de impuros… y de grupos de excluidos en Costa Rica

Lect.: Levítico 13:1-2, 44-46; I Corintios 10:31--11:1; Marcos 1:40-45
  1. El domingo pasado hacíamos ver cómo la misma redacción de los evangelios está influida por la visión que otros pueblos de la época —como egipcios y griegos—tenían de la vida humana como de un escenario, en el que espíritus de ese mundo invisible incidían en hombres y mujeres y algunos de esos espíritus eran responsables de males, incluso de eventos naturales, que nos afectaban a los humanos. Hoy el texto nos nos hace ver cómo Israel también fue influido por esos otros pueblos en su manera de discriminar alimentos, animales y personas, clasificándolos en puros e impuros. Y cómo, en el caso de las personas, ser clasificado de esa manera conducía a su inmediata expulsión de la sociedad religiosa y civil. Tanto en la lectura del domingo pasado, y sobre todo en la del actual, nos presenta a Jesús enfrentando y empezando a desmantelar  esa visión discriminatoria que, con una egoísta y cómoda visión, clasifica a las personas en puras e impuras, en buenas y malas y, lo peor de todo, cómo dicha visión excluía de los beneficios de vivir en la comunidad humana a quienes tachaban negativamente. No solo los catalogados como “leprosos” no podían vivir en las ciudades, sino que tenían que ver cómo se las arreglaban para sobrevivir, sin esperar ayuda de los demás. El contacto con ellos hacía también “impuras” a las personas que se les acercaban
  2. No podemos equivocarnos al leer este evangelio. Marcos no está hablando principalmente del problema de las enfermedades de la piel. Está hablando del problema de fondo ya mencionado: la discriminación y la exclusión de las ventajas de vivir integrado socialmente. Por eso Jesús, no se conforma con declararlo “limpio”, sino que le manda ir a presentarse al sacerdote y a presentar su ofrenda, porque de esto dependía que pudiera ser “oficialmente” reconocido de nuevo como “puro” y reintegrado a la vida común del pueblo judío. Al colocar el evangelista también este episodio en el inicio de la misión de Jesús, quiere llamar nuestra atención sobre cómo ya desde sus primeros pasos, Jesús va a pisar terreno de conflicto con los maestros de la ley y con el grupo considerado más religioso en la época, el de los fariseos. Unos y otros, habían hecho de la religión “cordón sanitario para expulsar a los "distintos”. Jesús, en cambio, rechaza toda forma de discriminación, de degradación y de sometimiento a los grupos de personas socialmente vulnerables.
  3. No podía actuar de otra manera. El Hijo del Hombre había venido a anunciar y a iniciar el reinado de Dios. Este no era otra cosa sino una nueva forma de convivencia humana, en la que no caben las exclusiones, en la que todos, igualmente pecadores, somos igualmente aceptados porque nuestra existencia y nuestra condición humana son fruto de la gratuidad, de la gracia de Dios. Delante de esta gratuidad divina, nadie puede presumir de una cualidad superior a la de otros y, menos aún, hacerlo para despojar a los otros, a los “distintos”, de ningún derecho o beneficio. Jesús rescata a su pueblo de las influencias de tradiciones negativas de otros pueblos primitivos, para ofrecerle incorporarse a la “nueva Alianza”, en ese reino de gracia. Lo que ahora vale, no es “lo que viene del exterior”, ni las “apariencias”, ni los efectos de “clasificaciones humanas”, sino lo que procede del corazón, de la libre voluntad y conciencia de cada uno, como lo veremos de forma más explícita en otra controversia más amplia con los maestros de la ley en el capítulo 7 del mismo evangelio. Pero este esfuerzo por rescatar a los excluidos tiene su costo, él mismo se hace, —para los adversarios— impuro y, en adelante, continuarán los fariseos y maestros de la ley acechándolo hasta el punto de que ya no puede entrar abiertamente en las ciudades sino que ha de habitar en despoblado (Mc 1:45). Al final, correrá la misma suerte de los leprosos y otros “impuros”: será echado fuera de Jerusalén, donde le crucificarán.
  4. A la luz de esta perspectiva del evangelista Marcos, uno tiene que sentirse desconcertado con lo que pasa ahora en Costa Rica. En ámbitos que se dicen “cristianos” sigue sobreviviendo esa actitud de hacer de la religión un “cordón sanitario para expulsar a los "distintos”. Una línea  divisoria entre puros e impuros, entre salvados y no salvados. La actitud que subyace al intento de  privar de sus derechos a algunos sectores, —como la población LGTBI— e incluso a establecer esta concepción discriminatoria en el ámbito de las estructuras políticas. Como lo analizan los estudiosos bíblicos, el texto de hoy de Marcos se dirige, no solo a los marginados, para que experimenten la compasión de Jesús, que es la de Dios, sino también a aquellas comunidades que aíslan a parte de sus miembros. Para que esas comunidades y sus dirigentes recapaciten y vuelvan a abrirse  la integración de todos. No es difícil reconocer en el trasfondo de este episodio la advertencia que se había hecho a los responsables de Israel que ni aceptaron a Jesús ni reconocieron los signos de su misión divina.Ω

04 febrero, 2018

5º domingo t.o.: ¿Expulsar demonios? ¿Una "guerra espiritual"?

Lect.:   Job 7:1-4, 6-7;  I Corintios 9:16-19, 22-23; Marcos 1:29-39

  1. A menudo, cuando leemos el evangelio con atención y de manera reflexiva, caemos en la cuenta de hasta qué punto estamos lejos de la mentalidad palestina del tiempo de Jesús, y qué poco comprendemos  la forma como se entendían a sí mismos, cómo veían entonces lo que hoy llamamos “nuestro planeta”, cómo interpretaban la vida humana, las relaciones sociales y, de manera particular,  cómo se veían influidos por la existencia de un mundo que consideraban invisible pero real, poblado de espíritus buenos y malos. Por eso, es probable que no entendamos de buenas a primeras, qué es lo que quiere expresar Marcos cuando en los primeros párrafos en que presenta la actividad de Jesús, lo ve realizando curaciones y expulsando “demonios”. Hoy por ejemplo, Marcos habla de cómo cura a la suegra de Pedro que estaba con fiebre, y a continuación cuenta que “curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios”.  No podemos en este espacio  adentrarnos en detalle en lo que quiere decir el evangelista por esta aparente “posesión diabólica”. Tomemos conciencia, por hoy, de que la misma redacción de los evangelios está influida por la visión que otros pueblos de la época —como egipcios, persas y griegos—tenían de la vida humana. Los judíos reciben de esos pueblos el cuadro de un escenario en que espíritus del mundo invisible incidían en hombres y mujeres y en su mundo. Incluso pensaban que algunos de esos espíritus eran responsables de males físicos, eventos naturales como terremotos o inundaciones, que nos afectaban a los humanos. En el mundo antiguo de esas otras grandes civilizaciones se concebía, prácticamente, un “duelo cósmico” entre los principios del bien y del mal.
  2. Pero cuando el movimiento cristiano se va afianzando y cuando ya una gran población pagana se convierte al cristianismo,  son llamados a transformar la visión del mundo que habían tenido hasta ahora y que predominaba en sus pueblos de origen. Al nuevo convertido y bautizado se le pedía la confesión y el reconocimiento de que el poder de Dios, presente en Jesús de Nazaret, no dejaba lugar para la presencia de otras fuerzas negativas, malignas, paralelas a la divina. Se acaba, dentro de la visión evangélica, la idea del “duelo o guerra cósmica” entre los principios del Bien y del Mal. Sin embargo, la transformación de los modos de pensar no es automática. Los cambios culturales son lentos. A pesar de esta nueva visión positiva que les transmite la Buena Noticia, y que resalta la presencia salvadora divina en toda nuestra vida, y que además permite entender las catástrofes como naturales, siempre queda algo —y en algunos sectores cristianos— de la influencia del pensamiento pagano que sigue creyente en las “malas influencias demoniacas” aunque ahora las ven asociadas, ya no a eventos naturales sino al orden moral, es decir, son utilizadas para explicar los conflictos personales y de grupos que nos afectan a todos.  Esas reminiscencias del pensamiento pagano pasaron, a lo largo del tiempo, a algo peor, y muy poco cristiano. Para “cristianos extremistas” y fundamentalistas, que ya no podían responsabilizar a seres invisibles, de la presencia del mal, y tampoco podían darle entidad y sustancia a ese mal, era fácil caer en la tentación de “materializar” esas fuerzas del mal en los “otros”, los que, para ellos, “no estaban del ‘lado  de Dios’ ”, los que no se habían “convertido”. De ahí la tendencia a demonizar, a satanizar a todos aquellos que ven como oponentes, como rivales a lo que los cristianos defienden como valores. En un momento esos rivales serán los judíos, luego, específicamente, los fariseos, después los no cristianos y siglos después, tras la Reforma, para Lutero los “demonios” serán el papa de Roma y sus seguidores. Lo contrario, lo será para el lado católico. En el fondo, ha sido la reaparición o supervivencia, dentro de las iglesias mismas, de tendencias humanas muy profundas y muy primitivas que se dejan arrastrar por la tentación de ver a los otros, a los que nos aparecen como diferentes de nosotros, como peligrosos e incluso como malos y dañinos para nuestra identidad.
  3. Saltemos a nuestros días. En esta reciente campaña electoral en Costa Rica, que acabamos de terminar, uno de los hechos más llamativos y, hasta extraños que se produjeron, fue la utilización de argumentos religiosos y, particularmente morales, para  apoyar a determinados candidatos y, de manera indirecta, desautorizar a otros. Hasta ahí uno podía hablar, simplemente, de  un uso indebido de la religión, como lo señaló el Tribunal Supremo de Elecciones. Pero, en realidad, había algo más que no podía ser captado por la sola legislación electoral. Cuando los argumentos de los partidos “evangélico – católicos” apuntaban a afirmar que solo los valores éticos “nuestros”—los suyos—  eran los verdaderos y aceptables, era fácil caer, de nuevo, en la trampa de demonizar, de satanizar a todos “los otros”, que somos muchos, que tenemos valores éticos sinceros, pero que los entendemos, quizás, de manera distinta a como los han interpretado las actuales jerarquías de las iglesias católica y evangélicas neopentecostales. (Ver nota).
  4. Si volvemos a leer en los evangelios cómo fue la actividad de Jesús, siempre lo descubriremos en la línea de devolver la salud, de ejercer el perdón y la misericordia, como signos de la presencia de Dios y nunca con actitud condenatoria y deslegitimadora de aquellos que pensaban distinto. Es de esa actitud de Jesús de la que los cristianos debemos empaparnos para construir paz y auténtica comunión en una sociedad cada vez más diversa como la actual sociedad costarricense, pero en la que podemos buscar coincidencias con quienes, independientemente de la etiqueta confesional que tengan, también prioricen lo que es valioso para todas las personas y está respaldado por los derechos humanos. Ω.


NOTA:

Lo serio del caso es que esos grupos “evangélicos” se guían por su convicción de que es necesario organizar y mantener una verdadera “guerra espiritual”, contra quienes son realmente sus “enemigos” porque atacan la mente, la lengua, los “territorios estratégicos” del cuerpo físico, las finanzas y a través de personalidades humanas. Para estos extremistas “cristianos”, "Satanás  ha  organizado  sus  fuerzas  para  un  plan  de  la  batalla  total.  Gobernadores  de  las  tinieblas  son  asignados  a  cada  nación,  cada  hombre,  mujer  y  niño,  para  ponerlos  en  esclavitud”. En esa perspectiva se comprenda su participación en partidos políticos para apoderarse de los puestos hoy ocupados por los “gobernadores de las tinieblas” . Puede verse más desarrollado esta línea de pensamiento en el libro  Estrategias Espirituales: Un Manual Para La Guerra Espiritual”, Harvestime International Institute .Instituto Internacional Tiempo de Cosecha.

28 enero, 2018

4º domingo t.o.: nuestro voto del próximo domingo y el Reino de Dios

Lect.: Deuteronomio 18:15-20; I Corintios 7:32-35; Marcos 1:21-28


  1. Tomar una decisión de voto para elegir a un presidente de la república y un congreso de diputados siempre es algo difícil. No es fácil liberarse de los bombardeos de las propagandas abiertas de los partidos y de las más o menos disimuladas que transmiten los medios de comunicación, –periódicos, radios y canales de TV—. En la actualidad unos y otros utilizando recursos técnicos más sofisticados.  Pero esta vez la decisión, para muchos en Costa Rica, se torna más difícil porque en el escenario público se han mezclado argumentos religiosos con la política electoral. Ciertamente, en alguna medida esto se dio otras veces en el pasado, pero en esta ocasión ha sido un argumento más persistente y pegadizo, probablemente por tres razones: primero porque uno de los candidatos a la presidencia y varios de los que aspiran a curules de diputados, son pastores o predicadores de grupos cristianos neopentecostales; segundo, porque a estos se han asociado los obispos católicos y, en fin,  porque la mezcla religión - política, ahora se relaciona con temas que causan mucha inseguridad y temor en gran parte de las personas: temas relacionados con la identidad sexual y con la estabilidad del matrimonio tradicional.
  2. Una homilía o reflexión sobre las lecturas de la liturgia no son el lugar para hacer un análisis socio político de esta situación, pero sí para intentar, —a partir del mensaje que contienen los textos, es decir, desde un punto de vista bíblico -teológico—, clarificarnos sobre la validez del uso de argumentos religiosos para resolver temas como los electorales.
  3. En la primera lectura de hoy, tomada del libro del Deuteronomio, el Dios del pueblo de Israel, al prometer que después de Moisés siempre suscitará profetas que transmitan sus palabras hace, al mismo tiempo, una severa advertencia: “si un profeta tiene la arrogancia de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir, (…) ese profeta morirá.»  Más allá de la dramática amenaza, el texto interesa mucho porque constata, desde entonces, lo que muchos otros pasajes bíblicos posteriores narrarán, la existencia de “falsos profetas” o dicho menos radicalmente, la posibilidad que siempre existe de que quienes tenemos el encargo de predicar la palabra de Dios, caigamos en el error, —por ignorancia o por malicia— de presentar como “palabra divina” lo que no es más que expresión de nuestros intereses materiales, o de nuestros prejuicios ideológicos.
  4. De manera positiva, en la tercera lectura Marcos nos presenta hoy  un pasaje luminoso que marca, desde el inicio del evangelio, toda la actividad de Jesús de Nazaret. La curación de “un hombre poseído por un espíritu inmundo”, provoca que “todos los presentes en la sinagoga se queden pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!” Quedan sorprendidos porque estaban acostumbrados a escuchar las enseñanzas de los escribas o maestros de la ley, que se limitaban a interpretar y comentar los libros y las tradiciones del pasado. Más de lo mismo. Jesús, en cambio, habla por autoridad propia, no la de documentos, con una autoridad que le sale de dentro, habla de algo nuevo, de su experiencia del reino de Dios en su propia vida. Lo que Jesús habla no son meramente palabras muy bonitas y piadosas, o discursos políticamente correctos; lo que él habla, viene de su propia vivencia y es, además, refrendado por su acción poderosa que nace de esa vivencia de lo trascendente, de lo divino. Erradicar el mal que hace daño a las personas, a los enfermos, a los pobres, a los excluidos es, entonces, lo que da a conocer a quienes lo escuchan y lo ven que el reinado de Dios en la vida humana ha llegado en él.
  5. En la Buena Noticia, en el evangelio de Jesús, nunca encontraremos ni directa ni indirectamente, ningún argumento para votar por un candidato o candidatos pero no por otros. Porque, como dice san Pablo, “Después de todo el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo. El que sirve a Cristo de esta manera es agradable a Dios y goza de la aprobación de los hombres. Busquemos, por lo tanto, lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”(Rom 14: 17 - 19). Modernizando la expresión de Pablo, podemos decir, que el Reino de Dios no es política, ni economía, ni sexología,… sino la desinteresada construcción de la justicia, la fraternidad y la solidaridad en esos y en todos los ámbitos. El reino de Dios es una aspiración suprema, de plenitud humana, indescriptible, a la que Jesús nos invitaba a convertirnos, a sumergirnos en ella y a experimentarla, como él la experimentó, y desde ahí podemos empezar a vivir en la construcción de una nueva convivencia humana.Ω


Nota:

Una destacada teóloga estadounidense, Kathryn M. Schifferdecker, Profesora Asociada de Antiguo Testamento, en Saint Paul, Minn., comentando el texto de la primera lectura de hoy, Deuteronomio 18:15-20,  narra su experiencia enseñando en un Seminario en Addis Abeba. Uno de los estudiantes, pastor de mediana edad, con mucho sentido de sabiduría, le preguntó como distinguir los “verdaderos” de los “falsos profetas”. La pregunta representaba una inquietud urgente porque, decía, hay mucha gente en las diversas iglesias etíopes  que pretenden ser “profetas”, y quienes los escuchan necesitan criterios para saber si estos individuos son confiables o no. (Parecido a como se necesita en situaciones confusas como lo son las coyunturas político electorales). La Dra. Schifferdecker, comenta ¿Quién habla en nombre de Dios? Hay montones de gente que se presenta “hablando en nombre de Dios”: teólogos de la prosperidad, gurús de auto ayuda, predicadores de radio y televisión, blogueros religiosos de la abundancia, e incluso el predicador que proclama la palabra domingo tras domingo en un lugar y momento concretos.”  Basada en muchos testimonios proféticos de la Sagrada Escritura, la profesora señala, al menos, cinco criterios para discernir quién es de verdad “profeta”, quién comunica la palabra de Dios. 1º El verdadero profeta no busca ser profeta.  [Esto me recordó cuando hace poco una niña estudiante le preguntó al papa Francisco si él quería ser Papa. Francisco respondió que él no había querido ser Papa porque, a su juicio, si una persona quiere ser Papa es que no se quiere mucho”. Dios no la bendice]. 2º El verdadero profeta no busca ni la auto promoción, ni ganar bienes y riqueza; 3º El verdadero profeta busca discernir la palabra de Dios y no mezclarla con la suya propia; 4º El profeta habla nuevas palabras en situaciones nuevas. El Espíritu Santo lo mueve a lo nuevo, por caminos inesperados. Finalmente, tanto el verdadero como el falso profeta se dan a conocer por sus frutos.   Puede verse: http://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=2353