30 octubre, 2011

31º domingo tiempo ordinario


31o domingo tiempo ordinario
Lect.:  Mal 1:14. 2:8-10; 1 tes 2: 7-13; Mt 23: 1-12
  1.  Cuando Mt escribe este texto se está enfrentando a dos problemas. Por una parte, al del conflicto que tienen las primeras comunidades cristianas con los fariseos en los años 80. Los fariseos se están fortaleciendo y reorganizando después de la destrucción de Jerusalén y expulsan a los cristianos del judaísmo como secta herética. Esto provoca las reacciones anti farisaicas en los cristianos, entre ellas críticas duras como las que pone Mt hoy, diciendo que todas las funciones religiosas que los fariseos realizan solo busca poder, destacar, ocupar primeros puestos, etc. Pero Mt también deja ver que el mismo problema está colándose en las comunidades cristianas: están empezando a sentirse atraídos por títulos de padre, maestro.. Y eso que todavía no habían aparecido los títulos más mundanos que luego penetrarían la Iglesia (excelencia, reverendo, eminencia, etc.)
  2. Con este texto nos damos cuenta del peligro que tenemos los cristianos de todos los tiempos, de perder de vista lo esencial de la espiritualidad evangélica y caer en clones religiosos que se le parecen pero que, en realidad son otra cosa muy distinta. A veces construimos instituciones y prácticas religiosas que nos dan la aparente tranquilidad de hacernos sentir "salvados" por cumplir una serie de ritos y reglas, la obediencia a una jerarquía y aceptar una serie de doctrinas. Pero, en el fondo, olvidamos eso que es esencial a la espiritualidad evangélica y que recordábamos una vez más el domingo pasado: el camino de descubrimiento de lo que somos en nuestro ser profundo, íntimamente unidos unos a otros como células de un mismo organismo y alentados por la vida de ese Dios en quien somos, nos movemos y existimos.
  3. Superar la fiebre de títulos, de cargos, de primeros puestos, de  las distinciones de estructuras de poder, como lo pide Mt hoy es importante y necesario. Nos acercaría a vivir la Iglesia de una forma más fraterna y democrática. Pero esto es solo un paso para remover obstáculos a la espiritualidad de Jesús. Queda por delante la tarea más importante: realizar el camino de la experiencia de Dios desde lo que somos más profundamente. Es un camino  personal que se realiza en comunidad, un camino que demanda trabajo y responsabilidad personal. Un camino en el que no hay que distraerse con apariencias religiosas superficiales, ni siquiera con emociones y vivencias que superan las doctrinas. Es el camino en el que podemos encontrar no privilegios, ni seguridades, ni emociones superficiales, sino vida y vida en abundancia.Ω

23 octubre, 2011

30º domingo tiempo ordinario


30º domingo t.o., 23 de oct. de 11
Lect.: Éx 22:21-27;1 Tes 1:5c -10; Mt 22:34-40

1.   El contexto en que tiene lugar el relato de hoy de Mt puede considerarse muy distinto al nuestro. En la época de Jesús una persona piadosa que buscaba ser fiel a la Ley, enfrentaba una situación complicada. La religión señalaba 613 preceptos importantes -248 prescripciones y 365 prohibiciones- recopilados a través de los años, como aplicaciones de los 10 mandamientos de Moisés. ¿Cómo decidir lo importante en cada caso? No es nuestra situación actual en la medida en que no tengamos una visión legalista de la religión. Sin embargo, también para una persona sincera y honesta que quiera vivir el evangelio se le puede presentar un problema de decisión. ¿Qué es lo más importante? ¿No faltar a misa los domingos? ¿Vivir sin vicios? ¿Creer en milagros y apariciones? ¿Encomendarse a Dios cada día para que todo nos salga bien? ¿No hacer daño a los demás? ¿Ir a peregrinaciones o a jornadas internacionales con el Papa? En resumen, entre tantas prácticas religiosas - católicas y protestantes,- ¿Qué es lo esencial para definirme cristiano?
2.   La respuesta de Jesús en el texto de hoy es, también válida para estas inquietudes nuestras, pero con tal de que la entendamos dentro de la  espiritualidad evangélica. Lo más importante es amar a Dios sobre todo y al prójimo como a nosotros mismos. Sin duda, con eso no decimos  nada nuevo. Pero lo que debe de quedarnos claro es que, más allá de la forma de expresarse, explicable dentro de la conversación con el maestro fariseo,  Jesús no está hablando del amor como de un mandato, de algo que hay que hacer porque una autoridad divina lo estableció así bajo pena de castigo. Está hablando más bien del comportamiento que surge en cada uno de nosotros cuando nos descubrimos íntimamente unidos unos a otros como células de un mismo organismo y cuando descubrimos que la vida de ese único organismo es Dios en quien existimos. Lo que Jesús llama amor es el comportamiento que surge de ese descubrimiento, de esa experiencia de unidad.
3.   Todas las prácticas religiosas son buenas y útiles en la medida en que ayudan a este descubrimiento. Pero ninguna devoción, por piadosa que parezca, ninguna celebración religiosa, ni siquiera los sacramentos podemos considerarlas conforme al evangelio, si nos apartan o nos distraen de esto que es el núcleo central de la vida y enseñanzas de Jesús. Una vez más repitámoslo: participar cada domingo en la mesa eucarística es la forma simbólica de confesar ese misterio de unidad de la vida humana que Jesús nos invita a descubrir progresivamente.

16 octubre, 2011

29º domingo t.o.


29o domingo t.o., 16 octubre de 2011
Lect. Is 45:1.4-6; 1 Tes 1:1-5b; Mt 22:15-21

  1. 1.   Tenemos aquí una de las frases evangélicas más citadas y peor interpretadas. Hagan Uds. Mismos la prueba. ¿Qué creen que significa eso de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios? Pensemos y recordemos un momento. Con mucha probabilidad lo hemos oído citar cuando ha habido una discusión pública sobre la Iglesia pronunciándose sobre temas de la vida política y económica. Ahí se suele citar para decir: Zapatero a tus zapatos. "iglesia no te metas en el campo del Estado." ¿Cierto? Pero resulta que el texto no tiene nada que ver con esa visión liberal moderna. Primero, porque el César no era el representante del gobierno judío, sino el símbolo de un poder extranjero que había ocupado al pueblo de Israel. No se le está preguntando entonces a Jesús si es lícito pagar impuestos, sino si es correcto pagárselos a un poder invasor y opresor. Por añadidura un poder que se auto proclamaba "divino", como lo decía la inscripción de la misma moneda.-  Además en aquella época y lugar, no había separación entre lo político y lo religioso, como existe en el mundo moderno. En tercer lugar, no hay que olvidar que el episodio relata no una discusión sobre política y religión, sino un intento de líderes religiosos judíos por tenderle una trampa a Jesús, para desquitarse de lo que había dicho de ellos en las parábolas que leímos en domingos anteriores. Lo que Mt quiere subrayar es esa mala intención de los fariseos y la habilidad de Jesús para salir de la trampa.
  2. 2.   Pero, eso aparte, hay algo más de mensaje que se nos ha perdido por esa errónea lectura del texto. Detrás de la frase "den a Dios lo que es de Dios" podemos descubrir una doble afirmación acorde con el pensamiento de Jesús. Primera, la manera indirecta de decir que demos a Dios todo, porque si Dios es Dios, no hay ningún campo de la vida humana y de la creación que no sea parte de la vida de Dios. Todo lo tenemos por la gratuita generosidad de Dios. También de manera particular la vida económica y política que no pueden considerarse ajenas a la vida de Dios.  Y así como aquellas monedas romanas tenían la imagen, la efigie de su propietario, así el ser humano tiene impresa la imagen de Dios, es decir, puede vivir todas  las dimensiones de su vida espiritualmente, vivirlas en Dios. Aunque lo contrario es  también posible y suele pasar más: se puede vivir lo económico y lo político a partir de los intereses de nuestro ego nada más pretendiendo ciegamente separarlos del sentido que tienen para construir vida y vida en abundancia para todos.
  3.     El domingo pasado terminábamos diciendo que  lo esencial de nuestra vida en el mundo es descubrirnos formando parte de una gran mesa común, fraterna, en la que superamos nuestro aislamiento individualista, nuestras discriminaciones y todos aquellos comportamientos que generan brechas de desigualdad y enemistad entre nosotros. Podemos complementar ese mensaje con el texto de hoy porque al reconocer que todo es de Dios, y reconocer  su imagen impresa en cada uno, podemos descubrir con más facilidad por qué estamos llamados a vivir la vida como comensales de una mesa común.

09 octubre, 2011

28º domingo t.o.


28o domingo, t.o., 9 octubre de 2011
Lect.: Is 25: 6-10 a; Flp 4:12-14;19-20; Mt 22:1-14

1.   Para Mt (4:17), como para los demás evangelistas, está claro que el reino de Dios ya ha llegado, ya está en medio de nosotros. Eso quiere decir que si nos lo representamos, como hace el texto de hoy, como un gran banquete de bodas, estamos hablando, no de la promesa de algo que sucederá al final de los tiempos, sino de una realidad de la que YA formamos parte. Ya, aquí y ahora hemos sido todos invitados a sentarnos en una mesa común. A formar parte de una gran comunidad única, de una realidad unitaria, sumergidos en la realidad divina en la que somos, nos movemos y existimos. Sin negar que, por nuestra condición humana, puede que estemos ciegos ante esa maravillosa realidad; o puede que la veamos, pero que pretendamos acercarnos a esa mesa persiguiendo los mejores puestos, sin conciencia de lo que acontece a los demás comensales, conservando una manera egoísta, apegada a nuestros pequeños apetitos, que nos impide participar en la alegría y el disfrute que proporciona la fraternidad de la mesa.
2.   Descubrir esta realidad de la que ya formamos parte es la tarea fundamental de nuestro crecimiento espiritual. Si de algo sirven las religiones es para apoyarnos en esa tarea. Por eso, no es casualidad que en el centro de las prácticas y tradiciones cristianas se encuentre la celebración eucarística, como una forma simbólica de recordarnos que lo esencial de nuestra vida en el mundo es descubrirnos formando parte de una gran mesa común, fraterna, en la que superamos nuestro aislamiento individualista, nuestras discriminaciones y todos aquellos comportamientos que generan brechas de desigualdad y enemistad entre nosotros.
3.   Cuando Pablo dice, en la 2a lectura de hoy, que sabe vivir en la pobreza y en la abundancia, que está entrenado en todo y para todo, parece sugerirnos cuál es la actitud básica requerida, cual es el "vestido de bodas" exigido para tomar parte en la mesa común de todos los bienes materiales y espirituales del Reino. Esa actitud es la del desapego. Un desapego al que se puede llegar sin buscarlo, en la medida en que vamos creciendo progresivamente en la conciencia y experiencia de ser un solo cuerpo, miembros unos de otros, inmersos en la realidad de un Dios que es todo en todos.

02 octubre, 2011

27º domingo t.o.

Lect Is 5:1-7; Flp 4:6-9; Mt 21: 33-43

1. El domingo pasado terminábamos con una expresión de lo más fuerte, violenta incluso, de Jesús a los sacerdotes del Templo y a las autoridades religiosas, cuando les dice que las prostitutas y cobradores de impuestos para los invasores romanos, les llevan ventaja en experimentar el reino de dios. En el texto alegórico de hoy en Mt nos queda claro el por qué de tanta dureza de expresión. No es que Jesús nos hable de un Dios airado y castigador. Más bien lo contrario. El Dios de Jesús es un Dios enamorado de su pueblo, de la comunidad humana de la que Israel era tan solo imagen. Para el Dios de Jesús la comunidad humana era como el terrenito querido, la finquita en la que había sembrado su vid, su planta más esplendorosa y fecunda, Is 2:21 cepa selecta, toda entera de simiente legítima.  Por eso se identifica por completo con ella. Es una Imagen de mucho cariño, de relación estrecha, todo requiebros, todo piropos,  si la regaña es para volver al amor. Nos recurra a campesinos que hablan de su tierruca, su cafetalito, de la que depende su vida y la de su familia, y a la que dedica sus cuidados. Invierte en ello todo lo que tiene.  Una vez más queda claro que el Dios de jesús no ve al ser humano como su rival, sino que se identifica plenamente con la comunidad humana.
2. Entonces, contra qué polemiza este texto de mt hoy? contra las actitudes que intentan distorsionar este tipo de relación amorosa única entre Dios y su pueblo,  construyendo estructuras religiosas que están por encima de las personas, el hombre al servicio del sábado. Y¿A quiénes se dirige este discurso de Jesús? En lo inmediato contra los sacerdotes del templo y autoridades de Israel que habían pervertido la  religión de Moisés. Pero va más allá, y se dirige  Contra quienes se afincan en ese tipo de visión religiosa que pervierte las intenciones de Dios y tratan de manipular a Dios para beneficio de sus intereses particulares. No es un peligro que tengan solo un grupo de personas, -aunque no cabe duda de que quienes ejercemos ministerios y cargos religiosos podemos padecerlo más-pero se trata en lo profundo de una tentación que también existe en cada uno de nosotros, de cada uno de los que nos decismos creyentes y religiosos. Dentro de cada uno existe el peligro potencial de ser un viñador homicida, como dentro de cada uno está la tensión permanente entre trigo y cizaña, de ser o no semilla fecunda. Es decir, todos enfrentamos el peligro de intentar privatizar la religión, de tratar de manipular a Dios y de olvidar que la viña somos toda la comunidad humana y que es al bien común, y ala plenitud de vida de todos sus miembros, a lo que debemos aspirar.
3.  Ya desde las primeras páginas de la Escritura, hallamos la Idea del sentido de la labor humana en el mundo, com una tarea de administrar la creación y de llenarla, de labrar y cuidarla, según Gén 2:16. lo contrario de lo cual es expoliarla, tratar de excluir a otros de sus beneficios,  ... Esto que desde siempre, en el pensamiento bíblico es criticable en lo material, en el pensamiento de Jesús lo es más aún cuando se refiere a lo religioso en donde toda  práctica e institución debe estar al servicio de la viña con que Dios se identifica, la comunidad humana, y a cuya plenitud apunta toda la acción de Dios. Se marca así la vocación de las iglesias, de toda organización y práctica religiosa para apoyar a que todos los seres humanos podamos llegar ser plenamente humanos.