25 diciembre, 2016

Fiesta de la Navidad: vivimos inmersos en la vida de Dios hecha carne, tierra, agua, vida humana y naturaleza

Lect.: Isaías 52:7-10; Hebr 1:1-6; Juan 1:1-18

  1. Hay que reconocer que, hoy por hoy, en el 25 de Diciembre se juntan tres celebraciones distintas, aunque a propósito de un mismo acontecimiento: la mercantil, la familiar y la religiosa. La más invasiva y que ha logrado popularizarse más, es la celebración mercantil, la de la estrategia de  ventas del comercio, que cada día empieza más temprano, —al menos dos meses antes de la navidad. Estadísticas de internet muestran cómo las búsquedas de villancicos pop son estacionales: todos los años se disparan en diciembre. Sin embargo, “si se centra la atención en el momento donde empieza a levantar el gráfico y no en el pico, la cosa está clara: desde mediados de octubre, ya hay usuarios escuchando ciertos villancicos”. Estudios de prensa nos muestran quelas tiendas se visten con luces y adornos más pronto cada año, los artículos navideños se exhiben en las estanterías prácticamente el día después de Todos los Santos, (Halloween) y por la televisión se emiten anuncios de juguetes meses antes de que Santa Claus o los Reyes Magos dejen los regalos en nuestras casas”. Lo que no quiere decir que no haya discusiones entre los expertos en marketing sobre conveniencias e inconvenientes de una campaña de ventas tan prolongada. Sea como sea, el caso es que esta “celebración” de mercado llega a sobreponerse en la mente de muchas personas que replican con mucha anticipación  el ambiente navideño en sus propias casas, pasando por alto el tiempo litúrgico de adviento, por ejemplo.
  2. La Navidad como fiesta familiar es la que vivimos en nuestra infancia, la que está llena de recuerdos y celebra la reunión de la  familia, que goza de los momentos de hacer juntos el portal, de poner y decorar el árbol, de recibir con ilusión los regalitos que nos traía el Niñito, según antes se nos decía piadosamente —y ahora los trae un empleado comercial, el “agente de ventas” Santa Claus.
  3. La tercera fiesta, la que de hecho dio origen a todas, la festividad religiosa que conmemora el nacimiento de Jesús a menudo pasa a segundo plano o es secuestrada por la comercial. A veces se queda superficialmente como la fiesta del cumpleaños de Jesús. Tal vez sea la forma sencilla adecuada para explicársele a los niños. Pero los adultos sabemos que, en el fondo, es mucho más que eso. En el nacimiento de Jesús sabemos que se conmemora lo que la Iglesia ha llamado el “misterio de la Encarnación” que dicho más en sencillo se refiere al misterio de la presencia divina en toda la vida humana y en toda la naturaleza, tierra, plantas y animales, que son el regazo del que nace y se nutre la vida humana.
  4. La conciencia de que esa presencia divina se da en todos los humanos y en todo lo que nos circunda, la vamos desarrollando los cristianos al descubrirla manifestada en toda la vida de Jesús, en sus acciones cariñosas y compasivas, en sus palabras de comprensión y afecto con todos. Los cristianos creemos que Jesús es manifestación de lo que es el ser humano pleno en cuya plenitud se encuentra el Dios que nos creó. Es por eso que, si lo entendemos así, tratamos de convertir esta fiesta en una fecha para alimentar nuestros sentimientos de fraternidad, de aprecio por todos, porque vemos a todos como expresiones  de un único Dios presente en la humanidad. Por eso también tratamos de vivirla como un momento de reconciliación y construcción de paz con todos aquellos de los que, por debilidades humanas, podamos habernos alejado pero que no dejan de ser parte nuestra.
  5. La fiesta religiosa y la fiesta familiar son fáciles de unir, y de hecho están unidas en todo lo que ponemos de nuestra parte para compartir cariño, amor, unión, alegría y apoyo mutuo, inspirados en el espíritu de Jesús y expresados de diversas formas. Más difícil, en cambio, es saber enfrentar la fuerza de la dinámica mercantil que ha secuestrado la fecha, muchos de sus símbolos, sus villancicos y hasta algunos de sus relatos. Personalmente no creo que esto pueda ya combatirse, por mucho que predicadores de diversas confesiones se esfuercen en criticar. Es un esfuerzo insignificante ante el volumen de las campañas de mercadeo de muchas empresas, fuertemente motivadas por sus perspectivas de ganancia. Por eso, más que combatirla de frente, pienso que la mejor manera de superar la mercantilización ya realizada de la Navidad y recuperar su significado religioso y familiar está en mostrar con todo nuestro comportamiento, con nuestro estilo de vida, especialmente los papás,  nuestra convicción reflejada coherentemente en lo cotidiano, de que vivimos inmersos en la vida de Dios hecha carne, tierra, agua, vida humana y naturaleza

18 diciembre, 2016

4º domingo de Adviento: El protagonismo de una mujer frente a una sociedad patriarcal

Lect.: Isaías 7:10-14; Rom 1:1-7; Mt 1:18-24

  1. Estos textos son muy ricos, aunque la rutina nos los haga ver como muy sabidos. Afortunadamente, siempre hay personas de fe estudiosas, que nos ayudan a descubrir nuevas perspectivas, nuevos ángulos en este relato, en los que quizás nunca antes nos habíamos fijado, o no habíamos valorado lo suficiente. Personalmente, entre quienes nos ofrecen semanalmente comentarios bíblicos, esta vez dos de ellos nos dieron datos interesantes de estudio del texto y de contexto histórico de sus contenidos, que nos inspiraron para este comentario. [i]Así, podemos descubrir en este relato dos detalles que me parecen muy iluminadores para nuestra vida espiritual. Ambos tienen que ver con este escrito evangélico de Mateo que vamos a estar meditando este próximo año.
  2. El primer gran detalle se refiere a lo que la tradición de la Iglesia ha llamado “la concepción virginal de María”. Imagino que nosotros adultos, que hemos tratado de reflexionar y vivir nuestra fe cristiana por muchos años, ya no nos quedamos en una mera discusión biológica del relato. Los evangelistas no intentan ponernos a considerar posibilidades o imposibilidades de la biología. Tampoco intentan enfrentar las acusaciones de adulterio o violación posible, como surgió después en alguna producción literaria. Aparte de que la idea de “virginidad” pueda simbolizar un desprendimiento total, una entrega completa en una vida dedicada a Dios, hay lugar, también para otras interpretaciones. Sabemos que detrás de símbolos y comparaciones implícitas con episodios similares del A.T. lo que hay es el intento de transmitirnos un mensaje profundo para nuestra vida. Pero, ¿cuál es ese mensaje qué se quiere expresar con estas formas de hablar?  Consideremos lo siguiente. Mateo nos está narrando el nacimiento de aquel a quien las primeras comunidades cristianas reconocían como “Mesías”, liberador, salvador prometido. ¿Cómo es posible, entonces, nos hable de semejante evento narrándonos un nacimiento que era “irregular” desde la perspectiva de la Ley  y de la cultura patriarcal. Al hacerlo, ¿no estaba, más bien, manchando la “hoja de vida” tanto de la madre como del hijo? Sin embargo, en vez de mostrar la irregularidad y de tildar negativamente a esa mujer que concibe de esa manera, el evangelista y su comunidad más bien muestran a María como espacio de presencia  y acción del Espíritu de Dios. Es decir, aseveran que Dios confirma que en María, una mujer irregular para la tradición judía, Dios hace presente su obra liberadora. Así desliga la liberación humana de la cultura patriarcal, nacionalista, general en la época y región, en la que el varón era siempre la figura principal y dominadora. Además, en particular, en el caso de Israel, con María Dios desliga la salvación, de la pertenencia formal, según la Ley al pueblo elegido, para convertirse, María y su hijo Jesús, en una presencia de salvación universal para todos los seres humanos, donde el principio de salvación se liga tan solo con la plenitud de la condición humana tal como fue creada por Dios. El propio José, al aceptar a María y a su hijo, supera también el viejo orden patriarcal y se abre al horizonte de la gratuidad divina.
  3. Y esto conecta con el segundo pequeño gran detalle del relato de Mateo. Es notable que en este evangelista el propio nacimiento de Jesús es narrado, más bien, consignado, de la manera más simple y breve que uno podría pensar. En versículo y medio se cuenta que, después de que José escucha en sueños el mensaje de un ángel que le dice que no tema recibir a María como esposa, “al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús”. Cualquiera diría que esta no es la forma de narrar un acontecimiento de importancia extraordinaria, acerca de alguien a quien se acepta como Mesías liberador. ¿No merecería su nacimiento una caracterización un poco más llamativa? ¿un poco más rodeada de milagros, al menos, conforme a la mentalidad de la población de entonces? Por el contrario, el cuadro que pinta Mateo refleja una situación humana de completa normalidad, la venida al mundo de un hijo en una familia pobre. No hay nada que lo diferencie de millones de nacimientos similares en la historia.  No hay, siquiera, otros detalles con los que, por ejemplo, Lucas sí quiso resaltar la importancia del nacimiento de Jesús. No hay, en el relato de Mateo, ni pastores, ni ángeles cantando gloria, ni luces celestiales. Solamente se trasluce la expresión de fe en que la presencia y acción liberadoras de Dios se ven manifestadas en lo sencillo, en lo corriente, en lo ordinario, por medio del amor completamente gratuito. Pero esto no era perceptible  para la visión normal.
  4. Todo esto no es solo una confesión acerca de lo que era Jesús de Nazaret para aquellas primeras comunidades judeocristianas. Es, también, un mensaje para cada uno de nosotros, y para nuestras familias y comunidades, un llamado para que continuemos abiertos a la expectativa de que esta es la forma como Dios viene o, mejor dicho, continúa viniendo, manifestándose en este mundo, —no ligado a un pueblo, o institución ni menos reducido a roles del género masculino. Lo divino viene desde lo hondo de nuestro ser, ahí donde nos sostiene en la existencia, y se expresa en los acontecimientos y acciones más ordinarias de nuestra vida humana, dándonos la capacidad y fuerza, así como lo fue en Belén, para hacer de la historia de cada uno de nosotros, —hombre o mujer sin distinción—, y de nuestros esfuerzos colectivos una historia de liberación, de salvación, de camino hacia la plenitud de vida para este mundo en que vivimos.Ω




[i] Xavier Pikaza, “Así fue la generación de Jesucristo” http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/12/17/p393370#more393370
David Lose,  “La versión de Mateo de la Encarnación” (Matthew’s versión of Incarnation)  http://www.workingpreacher.org/craft.aspx?post=2961

11 diciembre, 2016

3er domingo de Adviento: ¡el desierto florece!

Lect.: Isaías 35:1-6, 10; Santiago 5:7-10; Mt 11:2-11

  1. Sigue el profeta hablándonos de sus sueños de futuro,  de  su utopía, y también Jesús se hace eco de los mismos. Nos hablan ahora  del desierto y el sequedal que se llenan de torrentes y de flores; y ante esta transformación, el cojo salta como ciervo, y la lengua del mudo lanza gritos de júbilo.  Este fenómeno, en los tiempos actuales, se da literalmente en el desierto de Atacama, el más árido de toda la región, al norte de Chile, que cada cierto número de años, recibe unas lluvias y se cubre de flores de maravillosos colores. Isaías, por supuesto, no lo conocía y en la imagen simbólica, tan imposible, de un desierto que florece y de donde brota agua vio una expresión del poder transformador de la gloria de Dios cuando se manifiesta en la vida humana. En nuestro comentario del domingo pasado decíamos que Isaías, como todos los auténticos profetas, es capaz de penetrar con su visión lo más profundo de la realidad y de la vida humana, y descubrir lo que se mueve por debajo de las apariencias, de la superficie de los acontecimientos, y que se nos oculta a nuestra miopía, a nuestra cortedad de vista y nuestra ignorancia. Si en Atacama, bulbos y los rizomas se mantienen latentes, subterráneos, en este árido lugar, Isaías ve que el resplandor de Dios, su fuerza, se extiende sosteniendo la historia humana.
  2.  Ese futuro, aunque parezca imposible y contradictorio con mucho de lo que nos rodea, ya está aconteciendo y lo descubrimos con esta mirada de fe cuando, en medio de hechos de dolor y sufrimiento, aquí y allá aparecen pequeños pero fecundos brotes de una vida nueva. Añadíamos hace ocho días que la razón por la que nos narra Isaías sus aparentes sueños utópicos, es para que tengamos ojos para ver lo que hay que cambiar, para descubrir y experimentar las capacidades que tenemos, quizás escondidas, para realizar los cambios y para que nos llenemos de esperanza al caer en la cuenta de que la ciencia del Señor nos inunda y nos conduce en medio de la adversidad.
  3. La utopía del reino de Dios, de una sociedad con nuevas formas solidarias, justas, de relacionarnos entre todos no es un milagro que va a suceder de repente, de manera completa, como por arte de magia. Más bien, como lo dice la carta de Santiago hoy, se parece mucho más a la actividad  agrícola, donde el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Comentábamos también el domingo pasado, a propósito de la tragedia de Upala, cómo habían salido a la superficie muchos actos de entrega y generosidad, de servicio y amor por las víctimas del huracán. Actos de muchos particulares, actos de funcionarios públicos, empezando por el Presidente de la República que, no se quedaron en discursos, sino que salieron de sus despachos para apoyar con un enorme esfuerzo organizativo al pueblo que anfrentaba los golpes del huracán. Esta semana sabemos que todos los gestos solidarios de la gran mayoría de costarricenses no se limitaron a los primeros días de los eventos. Todavía, hasta hoy, se han continuado recogiendo donaciones que han alcanzado muchos millones de colones. Todo esto es manifestación, de alguna manera, del desierto que florece y en el que surgen fuentes que fecundan la tierra. Los sentimientos de una gran mayoría han empezado a cambiarse de la aridez a la fecundidad. Y lo extraordinario es que las variadas formas de colaboración, no solo la entrega de dinero, han brotado del corazón de todos los que, sin dudarlo, sin razonarlo, de inmediato se sintieron impulsados a colaborar. Estas actitudes, este desprendimiento, esta solidaridad, son ya signos de hombres y mujeres nuevos, dispuestos a construir un país nuevo, como lo sueña Isaías.  Esas capacidades, esas actitudes y compromisos ya estaban ahí latentes, se han disparado con ocasión del huracán Otto pero, una vez puestos de manifiesto, no tienen por qué ocultarse de nuevo. Tendremos que trabajar en adelante para que estos sentimientos no solo no desaparezcan, sino que se fortalezcan y crezcan. Pero ahora lo haremos sabiendo que construir esta fraternidad es algo que podemos hacer también en otras circunstancias de la vida cotidiana.
  4. Decía el Papa Francisco esta mañana en su oración del Angelus, que la alegría a la que nos invita el Apóstol Pablo en este tiempo de Adviento, de preparación de la navidad (Flp 4,4-5: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca.) no es una alegría  superficial o puramente emotiva, y mucho menos esa alegría mundana del consumismo.  Se trata de una alegría más auténtica, de la cual estamos llamados a descubrir su sabor. Es una alegría que toca lo más íntimo de nuestro ser
  5. Estoy seguro de que todos los que nos hemos solidarizado, en mayor o menor manera, con las víctimas del huracán Otto, nos sentimos invadidos por ese gozo al que se refiere Francisco, porque vemos que hemos podido colaborar a suavizar el dolor de las víctimas, a darles a ellas un poquito de más alegría en medio del sufrimiento. Y nos hace alegrarnos también al experimentar que en cada uno de nosotros se cumplen los signos que Jesús le dio al Bautista para reconocer su presencia: la curación de las heridas, la sanación del mal interior, la vida plena, el anuncio de la Buena Noticia a los pobres. Sí, un mundo nuevo se está gestando, aún en medio de muchas malas noticias políticas, económicas, militares,… que se producen internacionalmente, Aceptar ser “parteros” de ese mundo nuevo, de esa nueva forma de establecer relaciones humanas y con el planeta, es lo que puede hacer que la Navidad que se aproxima sea realmente feliz para todos.Ω

04 diciembre, 2016

1º y 2º domingos de Adviento: ¿Realizar la utopía?

Lect.: Isaías 2:1-5; Romanos 13:11-14; Mateo 24:37-44
Isaías 11:1-10; Romanos 15:4-9; Mateo 3:1-12

  1. Los textos de Isaías de estos dos domingos de Adviento nos presentan un mundo utópico. Por un lado, en la naturaleza misma, se acaban las prácticas depredadoras: Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.- La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja.
Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.- Por otro lado, la guerra y la violencia, el daño sinsentido contra otros, desaparecen.“Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.” Un sueño maravilloso, sin duda, expresión simbólica de lo que queremos para cambiar la sociedad actual. Pero, ¿qué sentido tiene soñar así? ¿solo para imaginar, por contraste, todo lo que nos hace falta y que no podemos lograr? ¿para aumentar nuestra frustración o nuestros deseos escapistas?
  2. Isaías, como todos los auténticos profetas, es capaz de penetrar con su visión lo más profundo de la realidad y de la vida humana, y descubrir lo que se mueve por debajo de las apariencias, de la superficie de los acontecimientos, y que se nos oculta a nuestra miopía, a nuestra cortedad de vista y nuestra ignorancia. Y hay tres cosas que caracterizan un proceso que está teniendo lugar y que el profeta descubre en medio de las tribulaciones que vive el pueblo: primero, que de lo viejo puede surgir algo nuevo, alguien nuevo, gente nueva —de un viejo tronco un vástago, un retoño—; segundo, que, de hecho, sobre un nuevo vástago, nuevos retoños,  reposará el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y tercero, que, también es un hecho para Isaías, la tierra estará llena de conocimiento, de la ciencia de Yahveh, como cubren las aguas el mar.  La utopía, aunque parezca imposible y contradictoria, ya está aconteciendo en diferentes lugares, esfuerzos y gentes.
  3. A pocas semanas de la tragedia de Upala y de la zona Norte, cuando todavía no se han limpiado completamente el barro y los destrozos traídos por el huracán, ya hay, sin embargo, otras cosas extraordinarias que están saliendo a la superficie: actos de entrega y generosidad, de servicio y amor de los lugareños y de otros que, sin conocerlos personalmente son capaces de ir a darles lo mejor de sus esfuerzos, para ayudar a reconstruir lo destruido. En varios reportajes de periodistas esta mañana en "La Nación", se narran relatos emotivos de entrega de gente del lugar, de gente ordinaria que el periódico califica de "héroes",  que ayudaron a rescatar vidas. Tal pareciera que es así como se va cumpliendo la profecía de Isaías. En efecto, en toda la tierra, todas las personas estamos llenas de la ciencia de Dios y somos capaces, en el momento necesario, de ayudar a transformar una realidad destruida por huracanes, inundaciones, terremotos, con solo dejar salir de nuestro interior los mejores sentimientos e impulsos que la presencia del Espíritu mantiene en cada uno de nosotros. No seremos "héroes", simplemente humanos que queremos vivir a plenitud. Pero no es solo a los efectos de  las fuerzas descontroladas de la naturaleza a los que podemos enfrentar. Esa ciencia de Dios que todos tenemos nos da la capacidad para enfrentar y transformar los efectos destructivos de obras humanas mal conducidas, en el campo de la política, de la economía, de la cultura. Cada vez que unimos esfuerzos para cambiar prácticas que generan pobreza, desigualdad y conflictos sociales, estamos haciendo realidad la utopía del profeta.
  4. Para eso nos narra Isaías sus aparentes sueños utópicos, para que tengamos ojos para ver lo que hay que cambiar, para ver las capacidades que tenemos quizás escondidas para realizar los cambios y para que nos llenemos de esperanza al caer en la cuenta de que la ciencia del Señor nos inunda y nos conduce en medio de la adversidad. Esta es la “venida” —el Adviento— de Cristo que se produce continuamente.Ω