28 marzo, 2005

cómo avanzamos!

Por lo menos ya observamos la diferencia entre hacer un comentario a un post, y la creacción del post mismo. Saludos!!

vamos aprendiendo…

…a distinguir. Estoy viendo que el "posting" creado por Juanma aparece encima de mi homilía. Creo que así va a aparecer éste, porque usé mismo mecanismo. En cambio, pareciera que los comentarios a cada "posting", solo se indican al final de este y uno tiene que hacer clic en comments para leerlos.

Jorge

Qué sucede...??

qué sucede si hago esto??... entré en "create posting"... bueno, ya veremos qué sucede! Saludos. Juan Manuel

27 marzo, 2005

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué).

Domingo de Pascua, marzo 27, 2005.
Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8

1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muerte, sino aquí y ahora. Quizás lo más importante de nuestro desarrollo cristiano consiste, decíamos uno de esos domingos, en ir entendiendo poco a poco en qué consiste esa experiencia humana, ese proceso de transformación que el NT llama “resurrección”. Es tan importante que por eso esta fiesta de la Pascua es la fiesta principal del cristianismo. Es la celebración de la posibilidad abierta para cada uno de nosotros, de pasar de la muerte a la vida, de la vida del “hombre viejo”, como dice Pablo, del ser humano que no sabe buscar lo que él llama “los bienes de arriba” al que sí sabe buscarlos.
2. En el comienzo del evangelio que acabamos de leer se nos presenta otra maravillosa figura simbólica de lo que es nuestra propia búsqueda y nuestra propia experiencia de resurrección. Es María Magdalena la primera, después de la muerte de Jesús, que va al sepulcro. Es la primera a la que va a ser revelado en medio del vacío de la tumba y de la angustia del dolor personal, la presencia de un Jesús que vuelve al Padre. En esta mujer se simbolizan los pasos de nuestra propia búsqueda como camino a la resurrección. Es un camino que pasa por la experiencia humana total, que atraviesa incluso la pérdida y el desprendimiento de todo lo que más se amaba, y la incapacidad de comprender el sentido de lo que se está viviendo. Pero en Magdalena se muestra también como, en medio de toda esa experiencia de muerte, la gracia de Dios le permite voltearse a seguir buscando hasta encontrarla, la experiencia de una forma nueva de ser, relacionarse, entender y vivir, de la que Jesús le habla tras la expresión de “volver al padre”, es decir, de volverse a unir con lo que es la fuente de la vida, la vida del eterno. Esta es la resurrección que Magdalena experimenta y que es, al mismo tiempo, experiencia de Jesús resucitado y de su propia resurrección, de su propio inicio de nacimiento a un nivel de vida nueva.
3. Celebrar la pascua no es ponernos a discutir si el cuerpo de Jesús volvió o no a la vida. Pablo nos deja claro que cuando hablamos de resurrección estamos hablando de una nueva forma de existencia en lo que él llama “un cuerpo espiritual”. Lucas en su narración de la pascua, hace ver el sin sentido de ponerse a buscar el cuerpo de Jesús. Celebrar la Pascua por tanto es, más bien, aceptar el mensaje de que en Jesús se nos manifiesta que ya hemos resucitado y que nuestra nueva vida está con Cristo escondida en Dios. No el último día sino ya. Ni Magdalena ni ninguno de los seguidores de Jesús tienen que esperar al final de los tiempos para experimentar esta vida nueva. La gran invitación pascual es a descubrir, es decir, a ser testigos experimentales, incluso en medio de esta vida humana que vivimos hoy, de esa vida nueva en la que incluso en nuestra forma actual, estamos ya en una continua relación con la plenitud de Dios.