26 mayo, 2013

Fiesta de la Stma. Trinidad 2013


Prov 8:22-31; Rom. 5:1-5; Jn 16:12-15

  1. Todas estas semanas hemos visto que los primeros discípulos, después de la Pascua, no se ponían a hacer doctrinas, grandes reflexiones intelectuales, teológicas sobre la resurrección. Más que todo, lo que compartían era su experiencia del resucitado en sus vidas, y en esa experiencia de Jesús la experiencia de Dios. Dicho de otra manera, vivían a Dios, así como vivían la resurrección de Jesús viviendo como resucitados. No trataban de ponerse a analizar qué es Dios, o cómo es, porque, como ellos eran muy conscientes en la tradición judía, a Dios no se le podía conocer, ni representar no solo con imágenes, sino tampoco con conceptos. Dios no puede expresarse ni como un objeto, ni como un ser humano u otro, porque si lo concibiéramos así de limitado, ya no estaríamos hablando de Dios.
  2. Los discípulos hablan entonces de su experiencia de Dios, de cómo lo vivían. Pero, ¿ qué queremos decir cuando decimos que los discípulos "vivían" a Dios? Quizás una de los textos más elocuentes del NT sobre esta experiencia sea aquel de la predicación de Pablo, cuando dice, Hechos 17:21-29. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 
  3. A pesar de estas palabras tan contundentes, luego vinieron esfuerzos de pensadores por hacer más comprensible para su época el misterio de Dios, y vino eso de hablar, por ejemplo, de la stma. Trinidad y las formas de representarla que conocemos. esos esfuerzos de reflexión pueden distraernos de lo fundamental: vivir a Dios. En todo caso, para entender la relación de esa vivencia con esa expresión trinitaria me gusta la manera como lo expresa un predicador dominico que leo a menudo. Dice así: Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez y sin contradicción: Dios que está por encima de nosotros (Padre); Dios que se hace uno de nosotros (Hijo); Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu), o Dios que nos mueve e impulsa desde dentro. O también, es inspiradora la frase de un gran espiritual francés del siglo XX, que decía "hay en mí una realidad  que no puede separarse de mí, pero es infinitamente superior a mí, que me trasciende. Y a ese lo llamo Dios."
  4. Así como los primeros discípulos experimentaron en la vivencia del amor que estaban participando de la vida del resucitado, igualmente en la experiencia del amor experimentaban la presencia de Dios. Por eso Juan insiste en que Dios es amor y en que sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Es decir sabemos que hemos resucitado, que estamos en Dios, por nuestra práctica de amor. En esta fiesta, este domingo, nos comprometemos a seguir abiertos a esa práctica de mor que el Espíritu impulsa en nosotros.Ω

19 mayo, 2013

Pentecostés 2013


Lect.:  Hechos 2:1 - 11;    I Cor 12,3b-7.12-13; Juan 20,19-23

  1. Terminábamos nuestra meditación de seis semanas de Pascua diciendo que se nos estaba haciendo una invitación a que, con plena confianza, dejemos manifestarse en cada uno,  la experiencia íntima de vida plena, de Jesús resucitado,  es la invitación a dejar que cada momento de nuestra vida cotidiana pueda ser vivido como vida de resucitados. Lo que llamamos en la tradición cristiana "Pentecostés", es la proclamación  de lo que es esa nueva realidad de resurrección de la que todos participamos. Lo que proclaman los evangelistas y los primeros discípulos es nuestro enraizamiento, de cada uno y de toda la creación, en una sola y misma fuente de vida y del ser, el Espíritu de Dios. En él todos y todo compartimos una sola y única realidad, integramos una sola unidad, aun cuando esta se manifieste en una maravillosa pluralidad de seres e individuos. Experimentar esta realidad es el principal fruto de la resurrección, del que vamos siendo progresivamente conscientes.
  2. Los textos asociados a esta fiesta de Pentecostés usan diversas expresiones para recalcar los rasgos de esa nueva realidad que vivimos: se traspasan las fronteras incluso del lenguaje, cada uno hablando en su propia lengua puede comunicarse con los demás que hablan en la suya, las mismas lllamaradas de fuego que simbolizan la presencia del mismo Espíritu se manifiestan sobre todos y cada uno de ellos, y no solo sobre los apóstoles; Toda la diversidad de dones y de funciones y servicios brotan de un único y mismo espíritu y operan para el bien común... Somos parte de una única y maravillosa realidad, de un solo cuerpo, dirá Pablo,  y el salmo lo expresa poéticamente diciendo que todos tenemos un mismo aliento, es el mismo viento, el mismo espíritu el que nos crea, nos mantiene en el ser y en la vida; y celebraciones como la de hoy nos ayudan a tomar conciencia de que esto es lo que auténticamente somos, aunque las distorsiones de nuestra mente nos confundan continuamente sobre nuestra realidad.
  3. Caminar a esa nueva conciencia es caminar también, evidentemente, hacia un nuevo modo de relaciones entre nosotros y con todos los seres de la creación.  No se trata ya de solo relaciones de mera convivencia pacífica, menos aún de sola tolerancia. Ni siquiera es suficiente decir que se trata de relaciones de justicia, aunque éstas son muy importantes. Caminamos hacia relaciones de cuidado amoroso de unos por otros, como lo expresa la metáfora de miembros de un mismo cuerpo, que usa Pablo, y de todos por los demás seres vivientes  y por toda la naturaleza. Nuevas relaciones que surgen no de lo que mande la ley, sino que brotan de la fuerza de la vida que nos empuja. Este es el mundo que recreamos ya en el único Espíritu que nos alienta a todos.Ω

12 mayo, 2013

Ascensión del Señor


Lect.  Hech 1, 1-11    Ef 1, 17-23;   Lc 24, 46-53

  1. Por la manera como hemos venido comentando los textos evangélicos, creo que todos vamos cayendo en la cuenta de que una cosa  es la experiencia  espiritual que vivieron los primeros discípulos, y otra, la forma en que expresan esa experiencia. Una cosa es experimentarse participando en la resurrección de Cristo y otra, la manera como pueden transmitir esa experiencia de resurrección. La manera de expresarse está siempre limitada por la mentalidad de la época y, más aún, por lo trascendente de esa realidad experimentada.
  2. Esto sucede también en lo que los cristianos hemos llamado la "ascensión" del Señor. En realidad se trata de afirmar que tras el recorrido de nuestra existencia histórica  como decía Pablo en la carta a los Colosenses, "nuestra vida está con Cristo escondida en Dios". Lo está ya definitivamente. Eso es lo que transmite esa idea de la "ascensión". Pero, claro, para expresarlo, tienen que usar el vocabulario y las ideas de su época. Para la mentalidad de entonces, el mundo tenía, por así decirlo, tres pisos: uno, el de nuestra vida terrena; un segundo, el piso alto, residencia de los dioses. Y otro, el subterráneo, el inferior, donde habitaban los espíritus malignos. Dentro de esa manera de ver las cosas, tiene sentido hablar, por ejemplo, de "subir al cielo" o de "bajar a los infiernos".  Traducida la "ascensión" a nuestra mentalidad de hoy, entonces, Jesús no "sube" a ninguna parte, sino que se cumple en él, en plenitud lo que ya era, donde él estaba. Ahora de manera definitiva, por encima de la muerte, toda su humanidad está plenamente en Dios.
  3. Visto así, este texto de hoy viene a ser el punto final y el resumen de todo lo que hemos venido reflexionando en este tiempo pascual. Recordémoslo brevemente: a) desde la última Cena, les había anunciado aquello tan extraordinario: "En ese día ustedes comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes". b) Con la resurrección no es que Jesús "vuelve a la vida", porque ya estaba en la vida que es Dios. Es que al concluir su etapa terrena, se manifiesta en Él plenamente esa vida. Ha nacido de nuevo como lo anunciaba a Nicodemo, a un nivel o dimensión profunda de la vida que antes estaba velada a la percepción sensible. c) Esta experiencia de la resurrección los discípulos la experimentan en lo más cercano que tenemos en nosotros, en su propia fuerza vital, para generar vida y, sobre todo, para llevarla a la plenitud, más allá de los meros niveles biológicos, vegetativos. d) Conforme las comunidades cristianas crecen en madurez, dan un salto y ponen el énfasis en las relaciones de amor, como el lugar privilegiado en el que se experimenta a Jesús resucitado y a nosotros y a Dios en él. Por eso para ellos Jesús era una ventana abierta al descubrimiento de lo que somos los seres humanos y, a través de ello, al descubrimiento de Dios en el que nos encontramos y al que hemos "ascendido" según el lenguaje de la época.
  4. para los primeros discípulos "estar sentado a la derecha del Padre” o "ser glorificado",  les permitía expresar su fe en que este triunfo, de la plenitud de la vida humana, no tiene ya marcha atrás y ni la muerte puede oponérsele. Para nosotros, se trata de la invitación a que, con plena confianza, dejemos manifestarse en cada uno,  la experiencia íntima de vida plena, de Jesús resucitado,  es la invitación a dejar que cada momento de nuestra vida cotidiana pueda ser vivido como vida de resucitados


05 mayo, 2013

6º domingo de Pascua


Lect.: Hechos 15, 1-2. 22-29; Apoc 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29
  1. Para las comunidades cristianas reunidas en torno al evangelista Juan, Jesús no era simplemente un líder al cual seguir, ni un maestro del cual aprender. Mucho más que eso, era una ventana abierta —“la puerta”— al descubrimiento de lo que somos los seres humanos y, a través de ello, al descubrimiento de Dios. Se trata no de un descubrimiento teórico, sino de compartir, en la vida de cada uno, la misma  experiencia íntima de Jesús resucitado. Resucitar con Jesús, como decíamos hace una semana, fue para ellos descubrir que su ser auténtico los llevaba a la práctica del amor desinteresado, a la superación del egocentramiento, el descubrimiento de que cada uno de nosotros no es un ser aislado, sino que está imbricado con los demás, ... En el texto de hoy, el evangelista nos hace ver con más claridad la raíz de esta nueva manera de experimentarse y que es la raíz de donde brota la práctica del amor. Se trata de otro descubrimiento, de una experiencia más profunda, la más radical y que constituye la esencia de lo que somos, es la experiencia de Dios que habita en nosotros. El amor es el efecto y la raíz de esta vivencia profunda. Es la señal de que ya hemos resucitado.
  2. Alcanzar este nivel de experiencia no se da de la noche a la mañana. No es compatible con una vida superficial, "light". Es el fruto de un continuo trabajo -por eso Jesús, hablando con Nicodemo, lo comparó con un nuevo nacimiento, con un parto; aunque, al mismo tiempo, como sugiere también el texto de hoy, es un fruto que quien lo produce, a través de nuestro trabajo, es el mismo Espíritu de Dios quien nos lo enseña todo y nos permite entender, recordar correctamente lo que Jesús enseñó.
  3. A menudo, nosotros que nos decimos creyentes, nos planteamos preguntas que nos causan preocupación e incluso nos desestabilizan. Unas preguntas son sobre Dios, como por ejemplo,  qué sucede cuando me aparto de Dios? ¿Mis pecados lo alejan de él? ¿Cómo encontrarlo de nuevo? Y otras inquietudes se refieren a nuestro futuro, ¿qué hay después de la muerte? ¿Adónde voy cuando muero? Son preguntas  naturales formuladas dentro del mundo de las formas materiales porque solo aquí existe el espacio - tiempo.
  4. Pero en la medida en que vayamos avanzando en esa experiencia de Dios en nosotros o, mejor dicho aún, de cada uno de nosotros enraizado en Dios,... Es decir, en la medida en que avancemos en participar de esa experiencia de Jesús resucitado, muchas de esas inquietudes perderán sentido. Nos daremos cuenta de que no tenemos que ir a ninguna parte para buscar a Dios, ni él tiene que venir de ninguna parte. Porque ya estamos en él y, como decía un predicador hoy, más que huésped El es la raíz de lo que cada uno de nosotros es. E iremos viendo incluso de manera distinta la   misma muerte. Ni la muerte es el final, ni el nacimiento fue el principio, porque nunca en realidad nos salimos  de Dios, fuente de la vida. Un espiritual hindú escribió hace varios siglos:  ¿Por qué investigar, pues, qué hay más allá de la muerte?; indaguemos más bien quiénes somos realmente aquí y ahora y, entonces sí, descubriremos la respuesta real a todas nuestras dudas".
  5. Por todo esto no es extraño que participar en esta experiencia de Cristo, nos dé la paz, pero no como la da el mundo, sino en el sentido más completo;  y que con esta profunda vivencia, no temblemos ni nos acobardemos ante todos los conflictos de esta sociedad.Ω