12 mayo, 2013

Ascensión del Señor


Lect.  Hech 1, 1-11    Ef 1, 17-23;   Lc 24, 46-53

  1. Por la manera como hemos venido comentando los textos evangélicos, creo que todos vamos cayendo en la cuenta de que una cosa  es la experiencia  espiritual que vivieron los primeros discípulos, y otra, la forma en que expresan esa experiencia. Una cosa es experimentarse participando en la resurrección de Cristo y otra, la manera como pueden transmitir esa experiencia de resurrección. La manera de expresarse está siempre limitada por la mentalidad de la época y, más aún, por lo trascendente de esa realidad experimentada.
  2. Esto sucede también en lo que los cristianos hemos llamado la "ascensión" del Señor. En realidad se trata de afirmar que tras el recorrido de nuestra existencia histórica  como decía Pablo en la carta a los Colosenses, "nuestra vida está con Cristo escondida en Dios". Lo está ya definitivamente. Eso es lo que transmite esa idea de la "ascensión". Pero, claro, para expresarlo, tienen que usar el vocabulario y las ideas de su época. Para la mentalidad de entonces, el mundo tenía, por así decirlo, tres pisos: uno, el de nuestra vida terrena; un segundo, el piso alto, residencia de los dioses. Y otro, el subterráneo, el inferior, donde habitaban los espíritus malignos. Dentro de esa manera de ver las cosas, tiene sentido hablar, por ejemplo, de "subir al cielo" o de "bajar a los infiernos".  Traducida la "ascensión" a nuestra mentalidad de hoy, entonces, Jesús no "sube" a ninguna parte, sino que se cumple en él, en plenitud lo que ya era, donde él estaba. Ahora de manera definitiva, por encima de la muerte, toda su humanidad está plenamente en Dios.
  3. Visto así, este texto de hoy viene a ser el punto final y el resumen de todo lo que hemos venido reflexionando en este tiempo pascual. Recordémoslo brevemente: a) desde la última Cena, les había anunciado aquello tan extraordinario: "En ese día ustedes comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes". b) Con la resurrección no es que Jesús "vuelve a la vida", porque ya estaba en la vida que es Dios. Es que al concluir su etapa terrena, se manifiesta en Él plenamente esa vida. Ha nacido de nuevo como lo anunciaba a Nicodemo, a un nivel o dimensión profunda de la vida que antes estaba velada a la percepción sensible. c) Esta experiencia de la resurrección los discípulos la experimentan en lo más cercano que tenemos en nosotros, en su propia fuerza vital, para generar vida y, sobre todo, para llevarla a la plenitud, más allá de los meros niveles biológicos, vegetativos. d) Conforme las comunidades cristianas crecen en madurez, dan un salto y ponen el énfasis en las relaciones de amor, como el lugar privilegiado en el que se experimenta a Jesús resucitado y a nosotros y a Dios en él. Por eso para ellos Jesús era una ventana abierta al descubrimiento de lo que somos los seres humanos y, a través de ello, al descubrimiento de Dios en el que nos encontramos y al que hemos "ascendido" según el lenguaje de la época.
  4. para los primeros discípulos "estar sentado a la derecha del Padre” o "ser glorificado",  les permitía expresar su fe en que este triunfo, de la plenitud de la vida humana, no tiene ya marcha atrás y ni la muerte puede oponérsele. Para nosotros, se trata de la invitación a que, con plena confianza, dejemos manifestarse en cada uno,  la experiencia íntima de vida plena, de Jesús resucitado,  es la invitación a dejar que cada momento de nuestra vida cotidiana pueda ser vivido como vida de resucitados


2 comentarios:

  1. Hay varias frases que refuerzan este punto de vista tan valioso de cómo expresaban sus experiencias los discípulos respecto a sus vivencias y visiones sobre lo alto y lo profundo. Me gusta sobretodo en Lucas 1:78 (Zacarías dice)"... Con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas..."

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  2. Efectivamente, Carlos. Lo curioso es que con demasiada frecuencia no nos planteamos el carácter de metáforas, símbolos o expresiones literarias que tienen algunos textos, ni cómo reflejan la mentalidad del momento en que se escriben. Se supone que los católicos somos menos fundamentalistas que otros grupos cristianos, pero seguimos sin leer inteligentemente los textos, incluso los evangelios. Gracias.

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