29 enero, 2012

4º domingo t.o.


Lect.:  Dt 18:15-20; 1 Cor 7:32-35; Mc 4:21-30

  1. 1.    Dos amigos acaban de morir de cáncer en estos últimos días. Uno de ellos, después de batallar algo más de un año con un tumor en el cerebro, le decía, en diferentes momentos, a los que lo rodeaban:  “El tiempo de la enfermedad ha sido una escuela donde hemos ido aprendiendo las últimas lecciones de la vida.”; “No tengo pena por lo que no he hecho. Otros lo harán.” “En la enfermedad soy consciente de que el Señor me acompaña, aunque con mucho silencio. Sé que Él está ahí. Así que vosotros tranquilos, tranquilos…” Admirable, ¿verdad?, Esto es hablar con autoridad. No se dice esto si no sale desde muy adentro., desde esa experiencia humana profunda, donde uno se encuentra con Dios. Dice hoy Mc que Jesús enseñaba con autoridad y no como los letrados. No se trata de decir con esto que no tienen valor los libros, o lo que se aprende en la escuela. Lo que se quiere decir es que en las cosas trascendentes para la propia vida, Jesús hablaba desde su experiencia humana profunda, en la que encontraba la presencia de Dios. Por eso decíamos que la buena noticia es una invitación a zambullirnos en lo humano para identificarnos con Jesús en su experiencia de Dios.
  2. 2.    Quizás algunos de Uds.  Se habrán quedado pensando, ¿Y cómo se zambulle uno en lo humano? ¿Dónde queda esa piscina? Es una manera de hablar, por supuesto, para expresar la necesidad de aceptar lo que somos integralmente: material y psicológico, carne  y espíritu, fortalezas y debilidades... Zambullirse en lo humano nuestro es, en primer lugar, aceptar esa realidad que somos, esa criatura que somos, con todo el amor y confianza por algo que salió de las propias manos de Dios y en ellas permanece. Aceptarlo sin nerviosismos, sin lamentaciones, con la seguridad de que si esa naturaleza humana fue asumida por el mismo hijo de Dios, con eso se nos quiere decir que es ahí donde encontramos nuestra participación divina.
  3. 3.    Pero parte de nuestra debilidad es que dentro de nosotros mismos se pueden encontrar cosas que nos distraen de lo que somos, e incluso cosas que destruyen nuestra calidad humana. Nuestra mayor debilidad, quizás, es el estar divididos, fragmentados interiormente. Con frecuencia, al querer vivir lo humano intensamente nos surgen obstáculos: actitudes de apego, de egocentrismo, afanes de no perder seguridades, ... Esos obstáculos son los que la gente de la época de Jesús llamada "demonios", son fuerzas o poderes nuestros que debemos ordenar y subordinar para que no se constituyan en lo central en nosotros. Están también dentro de nosotros pero, no son nuestro verdadero centro, lo que nos constituye de forma más auténtica, ahí donde nos habla Dios.
  4. 4.    Vivir y hablar desde la experiencia de  ese centro de nosotros mismos es lo que hacía que Jesús hablara con autoridad. Cuando nos escuchamos a nosotros mismos con sinceridad y transparencia también podemos descubrir la presencia de ese maestro interior que desde dentro nos habla con autoridad y podemos discernir voz. Aprender a afinar nuestro oído para captarlo es un proceso de aprendizaje, que vamos realizando comunitariamente, que tendrá que pasar incluso por enfermedad y sufrimiento. Pero el primer paso, que sin duda podemos dar ya, es caer en la cuenta que Él está ahí, que ese maestro interior que es Dios nos habla desde el centro de nuestra humanidad.Ω

22 enero, 2012

3er domingo t.o.




1.   El domingo pasado veíamos a unos discípulos del Bautista preguntando a Jesús "dónde vive", es decir, interesados en saber cómo vivía, cómo es esa vida espiritual de  Jesús, cómo es esa experiencia de Dios que tiene Jesús que  hizo a Jesús ser como era. Y vimos también que Jesús les hace ver que no hay otra forma  de descubrirlo que experimentando por sí mismos lo que él vivía y experimentaba. No mediante libros, doctrinas o intermediarios, sino mediante la experiencia personal. Pero, podemos preguntarnos, ¿Experiencia de qué? De la vida de Jesús, sí, pero ¿Cómo tener esa experiencia?
2.   A lo largo de la historia los cristianos han dado diversas respuestas a ese interrogante. Hay dos especialmente frecuentes. Una, es pensar que para experimentar la vida de Jesús hay que huir del mundo, buscando un lugar apartado para que ahí, libres de todas las preocupaciones del mundo material, Dios se les manifieste. Otra consiste en pensar que como seres humanos la mayoría de los cristianos tenemos que seguir inmersos en la vida material ordinaria, familiar, laboral, económica, política..., pero que debemos reservar un trozo de nuestra vida, de nuestras ocupaciones, de nuestro tiempo, para dedicárselo a las prácticas religiosas en las que se supone que vendríamos a experimentar la vida de Jesús. Estaríamos así viviendo, como quien dice, en dos niveles, al mismo tiempo. En el que llamamos "profano", que consume la mayor parte de nuestro tiempo, y en el que llamamos "sagrado", que consiste en unos pocos ratos por semana de oración y ritos sacramentales.
3.   Pero, como dice Mc desde el comienzo de su escrito, la buena noticia que nos trae Jesús nos dice que la experiencia que él tuvo de Dios la tuvo viviendo la vida humana normal, pero viviéndola a plenitud, en profundidad;  que el reino de Dios, es decir, el encuentro con Dios que todos anhelamos está cerca, a mano, dentro de cada una de las actividades normales de nuestra vida. No hay que huir de lo humano y material para experimentar la vida de Dios. Hay que zambullirse más bien en lo humano, como lo hizo Jesús, para experimentar la vida divina que nos sostiene y nos libera. Esta es la buena noticia, que en el idioma original se traducía con el término "evangelio".
Pero, como dice Mc, para confiar en esa "buena noticia" hay que convertirse, es decir "cambiar de mentalidad", porque estamos demasiado influidos por siglos en los que se nos cultivó una desconfianza de lo humano, a pesar de que con la boca confesábamos que Dios se había hecho hombre. Hay que convertirse, cambiar nuestro modo de ver lo que somos, y distinguir entre lo que construye lo humano, que nos abre a la experiencia de Dios, y lo que destruye lo humano, que nos bloquea a la experiencia de la vida divina. En este sentido, además, ser "pescadores de hombres" no equivale a ser reclutadores, proselitistas, sino que podemos interpretarlo como "recuperadores de lo humano" en cada uno, "despertadores" de lo divino que hay en cada ser humano. Esta conversión de mentalidad es en la que confiamos en avanzar en este año nuevo si lo descubrimos como un tiempo oportuno, único para realizar algo trascendente para nuestra vida.Ω

15 enero, 2012

2º domingo t.o.


Lecturas: I Samuel 3, 3b-10.19; 1 Corintios 6, 13c-15a.17-20; Juan 1, 35-42

1.   Como de costumbre, lo que llamamos domingos del tiempo ordinario, no celebran ningún evento especial. Simplemente la liturgia nos ayuda a meditar sobre nuestra caminata humana, cristiana, acompañados por la meditación de la propia caminata de Jesús, - este año, según la narración de Mc y algunos textos de Jn.
2.   Pero si nos ponemos a reflexionar sobre nuestra caminada, el texto de hoy empieza con una pregunta clave, la que hace Jesús a los dos discípulos del Bautista que se ponen a seguirlo: "¿Qué buscan?" es la pregunta respetuosa, inteligente, indispensable. No se trata de seguir a Jesús por curiosidad, por rutina, por tradición católica o "por hacer pelota", porque la mayoría va por ahí. Por eso Jesús no se entusiasma porque empieza a tener seguidores. No es lo que le interesa. Le preocupa más que quienes le siguen lo hagan de manera consciente y libre, porque tienen una búsqueda personal y ven en Jesús una buena noticia.  Es penoso darse cuenta de que mucha gente, quizás nosotros también, ha perdido ya el sentido de búsqueda en todo: en lo político, en lo social y en lo religioso... Y se han vuelto conformistas con lo que existe. Siguen en el mismo partido político, en la misma iglesia, en la misma práctica laboral, sin cuestionarse lo que buscan, dejando que la institución eclesiástica, el partido o las tradiciones piensen por ellos. Lo fundamental para vivir una vida humana adulta, para caminar cristianamente, es empezar por preguntarnos: "¿Qué es lo que estoy buscando? ¿Hacia dónde quiero dirigirme? ¿En torno a qué propósito esencial estoy construyendo mi vida?"
3.   Los dos discípulos, ante la pregunta de Jesús, van al grano. No le responden que están buscando riquezas, ni nuevas doctrinas, ni una organización religiosa a la cual afiliarse. Lo que les interesa es saber dónde vive Jesús, es decir, cómo vive, qué estilo de vida es el el que le hace ser como es, el que le permite ser como el "cordero de Dios", signo de liberación y de vida plena, desde la salida de Egipto. Quieren saberlo de primera mano. Y Jesús, de manera coherente, les dice: vengan y vean, vengan y experimenten. Y les deja venir a compartir con él su forma de vida por unos días. No perdamos esto de vista: no les da doctrinas y libros acerca de Dios. No les remite a intermediarios para que vayan a que les expliquen. Les dice: vengan y experimentemos juntos esta vida nueva.  No perdamos esto de vista. Si alguien está interesado en conocer un lugar en el que nunca ha estado, uno no le regala mapas del lugar para que lo conozca. Ni siquiera es suficiente darle una guía turística. Lo importante es tener la experiencia directa del lugar. Si lo que están buscando estos dos discípulos es conocer al Dios que hace a Jesús ser como es, no hay otra forma que de experimentar por sí mismos lo que Jesús vivía y experimentaba.
4.   ¿Tenemos inquietud de búsqueda de una vida de más calidad, -para nosotros y para nuestro país- o estamos medio aguacalados en la rutina de siempre que nos hace aceptar las cosas como si no se pudieran cambiar? Y si estamos buscando en serio conocer cómo vivió Jesús la vida de Dios en sí mismo, ¿Estamos trabajando por aprender a experimentarla también en cada uno de nosotros mismos o nos conformamos con que otros nos hablen de esa vida nueva? Ojalá no nos quedemos estudiando mapas sino que nos adentremos, por nosotros mismos, en ese territorio nuevo de la vida de Dios, como la experimentó Jesús y todos los hombres y mujeres espirituales que toman la vida en serio. Dios, como el amor, o la amistad, no son para estudiarlos, sino para descubrirlos en la vida cotidiana, en la que se nos harán evidentes si aprendemos a ver y a escuchar.

08 enero, 2012

Fiesta de Epifanía (y del Bautismo de Jesús)


Fiesta de Epifanía
Lect.: Is 60: 1-6; Ef 3:2-3 a.5-6; Mt 2:1-12

1.   Las figuras de los Magos de Oriente, como los pone el evangelista y como los decora la leyenda posterior, son un gran símbolo de la universalidad del mensaje de Jesús. Es decir, que la Buena Noticia (evangelio), se refiere a todos los seres humanos. Y esa Buena Noticia, la expresa el relato de esa otra fiesta que tradicionalmente se celebraba también estos días, el bautismo de Jesús. En ese episodio se subraya que Jesús, viviendo su condición humana en profundidad, experimenta la presencia del Espíritu de Dios. Esa es la buena noticia acerca de la condición humana de todos sin excepción.
2.   Por debilidad de nuestro entendimiento y por nuestros  intereses particulares, hemos distorsionado esa idea de universalidad. A menudo hemos asimilado formas de vivir lo religioso, españolas, italianas, alemanas u otras, como si fueran las únicas, de validez universal. Ya pasó en el siglo XVI cuando los conquistadores ligaron el mensaje cristiano a la cultura europea de la época. Pareciera que es un problema inevitable porque todos los pueblos tienden a considerarse, de alguna forma, el centro del mundo. Incluso los mismos  indígenas o los ticos contemporáneos. Por eso es que a los católicos nos cuesta también descubrir que la Buena Noticia es acerca de todos los seres humanos. Preferimos decir, y nos creemos por eso universales, que nuestro mensaje religioso, es "para" todos, en vez de decir que es "acerca de lo que todos los seres humanos somos". Nos creemos universales, católicos, porque nos sentimos abiertos a que todos vengan a nuestra manera de entender y vivir, pero no estamos abiertos a reconocer que la buena noticia dice que todos los seres humanos, en su diversidad, pueden vivir como Jesús, su condición humana en profundidad, en esa vivencia en que se descubre el Espíritu de Dios. Y que, por eso, todos podemos aprender de todos y descubrir en todos el Dios que a todos nos habla y nos realiza.
3.   La figura de los Magos y el bautismo de Jesús pueden ser para nosotros el comienzo de una transformación de actitud. Llevará tiempo. Por lo pronto, darnos cuenta de que necesitamos esa transformación ya es un buen comienzo. Dos relatos pueden ilustrar esa necesidad de cambiar de actitud. Uno es la noticia de hoy de que CR es el país de AL en donde ha crecido más la desigualdad, relativamente, en los últimos diez años.  http://www.elfinancierocr.com/ef_archivo/2012/enero/15/economia3024987.html , No somos lo mejor del mundo, ni del continente; no somos la Suiza centroamericana. Ni debemos ser tan cristianos, si toleramos esa situación. El otro es un relato sobre una estudiante alemana, que muestra cómo las formas de discriminación, de negación del universalismo, se disfrazan de apariencias de apertura. http://www.elpais.com/articulo/ultima/negro//20050517elpepiult_2/Tesp , El universalismo como actitud cristiana sigue siendo un reto para alcanzar.Ω

01 enero, 2012

Fiesta de Año Nuevo


Lect.: Núm. 6:22-27; Gal 4:4-7; Lc 2:16-21

1.   ¿Por qué nos felicitamos el año nuevo? Pregunta sencilla que puede parecer incluso tonta. Pero no lo es. No puede ser que nos felicitemos porque nos estamos haciendo más viejos, aunque sí por haber llegado vivos hasta este momento. Tampoco creo que hablemos de un año nuevo feliz, porque estemos convencidos de que en 2012 se van a acabarlos problemas que nos agobian: a nivel internacional la crisis generada por el sector financiero; la violencia del narco y la corrupción de las mafias; el alto desempleo y los recortes en salarios y pensiones... O, a nivel local, la inseguridad, la violencia doméstica, la desigualdad creciente y la pobreza... Seríamos soñadores irrealistas si pensáramos que el 2012 va ser más feliz porque todos esos y otros problemas serios van a desaparecer mágicamente, como  con un clic del ratón de la computadora.
2.   ¿Qué es entonces lo "nuevo" que nos estamos deseando, de manera realista, porque de hecho ya está ahí, aun en germen? Creo que lo que todos nos deseamos es la capacidad de ver en profundidad, de descubrir cómo detrás de la hoja de calendario de este 1 de enero, por fuera tan parecida a la de tantas otras fechas similares anteriores, existe un nivel de realidad que nuestros lentes fotográficos normales no captan, pero que la reciente celebración de navidad nos permite ver, como un momento único de oportunidad para vivir más plenamente. En el portal de Belén María podía percibir un cuadro de lo más ordinario: los pastores, los animales, el mal olor del corral, el comedero del ganado donde tuvo que colocar al niño para abrigarlo... Pero dice Lucas que María no se quedó en eso que veía, sino que todas estas impresiones las guardaba y luego las meditaba en su corazón. Y con ese recogimiento interior pudo mucho después reconocer el misterio de Dios gestándose en ella. Igual los primeros cristianos, saltando de su visión normal, a lo que meditaban en lo escondido de su corazón, pudieron descubrir también después el misterio de la presencia de Dios gestándose en ellos, en medio de las mayores estrechces de la realidad.
3.   Este tipo de felicidad es la que nos deseamos hoy en 2012. La que nos puede dar el descubrimiento de Dios gestándose en nosotros. Este descubrimiento sí hará de este un año verdaderamente nuevo. Una manera nueva de ver las cosas y a nosotros mismos, para reconocer el ser nuevo que puede enfrentar con esperanza todas cosas, actitudes y prácticas viejas y negativas en las que aún estamos inmersos.Ω