01 enero, 2012

Fiesta de Año Nuevo


Lect.: Núm. 6:22-27; Gal 4:4-7; Lc 2:16-21

1.   ¿Por qué nos felicitamos el año nuevo? Pregunta sencilla que puede parecer incluso tonta. Pero no lo es. No puede ser que nos felicitemos porque nos estamos haciendo más viejos, aunque sí por haber llegado vivos hasta este momento. Tampoco creo que hablemos de un año nuevo feliz, porque estemos convencidos de que en 2012 se van a acabarlos problemas que nos agobian: a nivel internacional la crisis generada por el sector financiero; la violencia del narco y la corrupción de las mafias; el alto desempleo y los recortes en salarios y pensiones... O, a nivel local, la inseguridad, la violencia doméstica, la desigualdad creciente y la pobreza... Seríamos soñadores irrealistas si pensáramos que el 2012 va ser más feliz porque todos esos y otros problemas serios van a desaparecer mágicamente, como  con un clic del ratón de la computadora.
2.   ¿Qué es entonces lo "nuevo" que nos estamos deseando, de manera realista, porque de hecho ya está ahí, aun en germen? Creo que lo que todos nos deseamos es la capacidad de ver en profundidad, de descubrir cómo detrás de la hoja de calendario de este 1 de enero, por fuera tan parecida a la de tantas otras fechas similares anteriores, existe un nivel de realidad que nuestros lentes fotográficos normales no captan, pero que la reciente celebración de navidad nos permite ver, como un momento único de oportunidad para vivir más plenamente. En el portal de Belén María podía percibir un cuadro de lo más ordinario: los pastores, los animales, el mal olor del corral, el comedero del ganado donde tuvo que colocar al niño para abrigarlo... Pero dice Lucas que María no se quedó en eso que veía, sino que todas estas impresiones las guardaba y luego las meditaba en su corazón. Y con ese recogimiento interior pudo mucho después reconocer el misterio de Dios gestándose en ella. Igual los primeros cristianos, saltando de su visión normal, a lo que meditaban en lo escondido de su corazón, pudieron descubrir también después el misterio de la presencia de Dios gestándose en ellos, en medio de las mayores estrechces de la realidad.
3.   Este tipo de felicidad es la que nos deseamos hoy en 2012. La que nos puede dar el descubrimiento de Dios gestándose en nosotros. Este descubrimiento sí hará de este un año verdaderamente nuevo. Una manera nueva de ver las cosas y a nosotros mismos, para reconocer el ser nuevo que puede enfrentar con esperanza todas cosas, actitudes y prácticas viejas y negativas en las que aún estamos inmersos.Ω

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