28 diciembre, 2014

Domingo dentro de la octava de navidad: Sagrada Familia

Lect.: Eclo 3,2-6.12.14; Col 3,12-21; Lc 2,22-40

  1. En los templos cristianos, desde hace siglos, la celebración de las grandes fiestas se prolongaban toda una semana. Por eso se hablaba de la octava de Navidad o de la Octava de Resurrección, porque la alegría de esas Pascuas se continuaba celebrando toda la semana siguiente. Esto nos lleva a los cristianos  a que no se nos acabe la Navidad el día 25 de diciembre sino que continuemos contemplando el mensaje navideño en este domingo y hasta el 1º de enero. Y por eso hoy nos detenemos en un detalle no tan pequeño de lo que significa creer en la encarnación del hijo de Dios. 
  2. Significa, entre otras cosas, creer que la manifestación de la vida divina en Jesús, se realizó también en su experiencia de una vida familiar dentro de un torno pobre y sencillo, y en una época y unas condiciones culturales no solo  muy diferentes de la nuestras, sino muy imperfectas. Era una estructura familiar, como nos lo han recordado la 1ª y la 2ª lectura, de una sociedad machista, una estructura patriarcal, autoritativa y vertical, donde la mujer estaba por completo sometida al varón, donde los hijos tampoco gozaban de autonomía y respeto para crecer con identidad y valor propios.  En ese ambiente, con esa concepción social y familiar ni posible ni deseable de imitar por nosotros, nace y crece Jesús quien, a pesar de todas las circunstancias adversas, encarna, es decir, hace real, hace tangible, lo que es una vida humana vivida por completo abierta a Dios. 
  3. Cuando hablamos de nuestra creencia en la encarnación de Dios en Jesús, lo que estamos afirmando entonces es nuestra convicción de que en la vida de amor, de servicio y de entrega de Jesús se hace tan real el ideal de vida humana creyente en Dios que, de esa manera, esa vida permite, se abre, para que Dios actúe a través suyo, sin obstáculos, continuando en él su obra creadora de vida y libertad. 
  4. No podemos ni debemos buscar recetas o fórmulas en los evangelios que nos digan cómo vivir nuestra vida familiar, o individual, nuestro compromiso social o político. No podemos ni debemos tratar de imitar formas de vida de una época y cultura superadas. Pero sí podemos y debemos sentirnos retados por ese Jesús que nos inspira, a crear hoy nuevas y diversas maneras de vivir la vida de familia, las relaciones sociales,  la política y la economía, en las cuales, como el mismo Jesús, podamos hacer transparente la vida divina contagiados y contagiando del amor que es pura generosidad y desinterés, sin individualismos ni apegos egoístas.
  5. Decía el Papa Francisco antier, a propósito de conmemorar al primer mártir, san Esteban, que la entrega y el sacrificio de cristianos como éste, despojan a la navidad del "falso revestimiento empalagoso que no le pertenece”. Creo que el ideal de familia cristiana sufre también de ese falso revestimiento empalagoso, cuando tratamos de proponer un modelo dulzón de familia de Belén, que no existió, y que no tiene nada que ver con las vicisitudes, los sufrimientos y alegrías de las actuales formas familiares, de madres solteras, de parejas divorciadas, de hijos de diversos matrimonios que conviven, de nuevas formas de pareja… Nuestro reto es sacar de nuestro interior, toda la fuerza y creatividad que nos da el Espíritu de Dios para construir, en una nueva época, nuevas formas familiares que se abran, sin obstáculos para que el amor de Dios se manifieste a través suyo.Ω 

21 diciembre, 2014

4º domingo de Adviento

Lect.:  II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Rom 16,25-27; Lc 1,26-38

  1. Decía un gran estudioso y profesor de Biblia (Carlos Mesters) que estos libros sagrados son como el coco —en Costa Rica diríamos como la pipa— que tiene una corteza muy dura, pero que si logramos abrirle agujeros y penetrarla, podremos beber un agua muy fresca y reconstituyente. Si nos quedamos leyendo la pura letra de los evangelios, por ejemplo, sin penetrar en el sentido profundo de sus símbolos, jamás podremos beber de su agua de vida. Vale la pena repetir esta idea cuando ya tenemos la Navidad a las puertas y corremos el riesgo de leer los evangelios de la infancia sin penetrar en sus símbolos. Los convertiríamos así en una especie de cuentos bonitos y tiernos, parecidos a los que nos contaban de niños antes de dormir, o a los que vemos en el cine y la TV hoy día para entretenernos.
  2. Cuando se nos habla hoy de la virginidad de María, al recibir el anuncio del ángel, ¿cuál puede ser el sentido profundo del mensaje? Si nos apegamos al significado biológico de la palabra puede que nos quedemos en la cáscara del coco, sin poder beber su agua. A lo sumo podríamos pensar en una virtud moral requerida para personas solteras, pero ni siquiera imitable por la mayoría de casados y casadas. Se estaría marginando a quienes han contraído matrimonio, contrario a la tradición bíblica y al sentir del evangelio. En las enseñanzas del Magisterio, en el concilio Vaticano II, a María se le ha presentado como imagen, símbolo de lo que debe ser la misma Iglesia, por su fe, caridad y por su perfecta unión con Cristo (LG 63). En esta perspectiva, lo que nos evoca simbólicamente la virginidad es la completa disponibilidad de María, esa que refleja su frase, “hágase en mí según tu palabra”. Es la actitud de quien se despoja de todo lo que puede impedir que la divinidad se manifieste plenamente en uno mismo, y se está libre para que Dios nazca en nosotros, o dicho de otra forma, para que cada uno nazca a la vida de Dios. En una frase muy hermosa de un escritor contemporáneo, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un ser humano”.
  3. Tener la plena disponibilidad para que Dios se manifieste en la propia vida es como nacer de nuevo, que decía Jesús a Nicodemo. Es más que eso inclusive, es como una nueva creación. La creación de un ser humano nuevo. Es probable que eso sugiera el texto cuando habla del Espíritu Santo cubriendo con su sombra a María, como cuando el libro del Génesis nos habla del Espíritu cubriendo las aguas en el momento de la primera creación.
  4. Recordar, pues, a María en vísperas de la Navidad es mucho más que un recuerdo sentimental y tierno, es querer identificarnos con su actitud de virgen, es decir, de completa disponibilidad para dejar que el Señor haga obras grandes en nosotros, en la pequeña vida de cada uno, en la pequeña contribución que cada uno de nosotros puede hacer para crear una vida más humana en nuestras familias, en el barrio, en el lugar de trabajo, en la sociedad en que nos encontramos.Ω

14 diciembre, 2014

3er domingo de Adviento

Lect.: Is 61,1-2a.10-11; Lc 1,46-54; I Tes 5,16-24; Jn 1,6-8.19-28

  1. El domingo pasado poníamos atención al hecho de que las primeras comunidades mirasen la presencia de Jesús en medio de ellos como una “buena noticia”, y de ahí la palabra evangelio. Nos fijábamos también en que la buena noticia consistía en que lo que Jesús les ofrece ahora es un modo de vida sumergida en la vida del Espíritu Santo. Es la vida que vive él, que se le transparenta, que resplandece en todas sus acciones y en su relación con los demás, la misma que inicia y sumerge a todos los que se le unen en su camino. Era algo muy novedoso, porque ante la necesidad del pueblo de un consuelo para sus sufrimientos, y un alivio para sus pecados; ante la búsqueda del favor y la bendición de Dios, Jesús ya no ofrece, como las religiones, ritos de purificación, ni prácticas de penitencia para ganarse la benevolencia de un Dios que mora en lo alto. Ofrece un camino renovador de la condición humana, ligado a  la experiencia interior de Dios, su Padre, que es la misma experiencia que sus discípulos van a descubrir como fuente y raíz de la vida de cada uno y de las comunidades. Eso se lo escuchábamos a la comunidad del evangelio de Marcos.
  2. Hoy son las comunidades discípulas del evangelista Juan las que nos reafirman y complementan esa presentación de la persona de Jesús. De nuevo, a través de la figura del Bautista que dialoga con los enviados de los sacerdotes, se deja claro que la esperanza de realización humana no hay que ponerla en un profeta reaparecido, ni en un líder religioso, sino en alguien que trae algo nuevo. Precisamente, lo que hace grande al Bautista es ser la voz que anuncia esa novedad traída por Jesús. El Bautista reconoce que él mismo se mueve todavía en el mundo de la religión, de los rituales y creencias, pero afirma que todo eso es nada a la par de lo que revela Jesús. Por eso no es digno ni de desatarle las sandalias a ese que ya está en medio de ellos y que, sin embargo, pasa inadvertido.
  3. Esta misma voz, del Bautista, es la que nos ayuda a entender para qué nos preparamos  en estas vísperas de Navidad. Por supuesto que no nos preparamos simplemente para  unas fiestas y unos días de jolgorio y descanso, aunque esto sea también necesario para nuestra supervivencia. Y tampoco nos preparamos solo para una fiesta religiosa, como se entiende habitualmente. Esa “voz” del Bautista, y de todo el evangelio de Juan, nos dice que nos preparamos a una celebración de la vida, la vida abundante de la que formamos parte y que es la misma vida de Dios. Y que debemos hacer de la conmemoración del nacimiento de Jesús la ocasión para renacer a un nuevo y más profundo nivel de conciencia de lo que significa esa vida, más allá de una mera supervivencia, más allá del ciclo de comer, dormir y trabajar. Una vida plena que es sagrada, como participación en el ser mismo de Dios. Este descubrimiento es el que nos llena de esa alegría que expresamos hoy en la liturgia eucarística.Ω

07 diciembre, 2014

2º domingo de Adviento

Lect: Is 40,1-5.9-11; Salmo 84; II Pedr 3,8-14; Mc 1,1-8

  1. "Este es el origen de la Buena Noticia de Jesucristo, hijo de Dios.” Así empieza este libro del evangelista Marcos (1,1), en el texto que acabamos de escuchar. Sencillo y, a la vez, extraordinario, aunque su fuerza la podemos perder cuando olvidamos que eso es lo que significa la palabra “ evangelio", tan repetida y poco comprendida. ¿Qué pudo ver este autor, y otros muchos de sus coetáneos, en Jesús para poner al Bautista a hacer tan notable proclamación y, luego, para hacerse sus discípulos? ¿qué les impactó de la presencia de aquel galileo para ver en su cercanía, en su modo de vida, una Buena Noticia?  En primer lugar, vale la pena destacar lo que seguramente no fue su motivación. No hablan así de Jesús porque se hubieran matriculado en una nueva religión que les inculca una doctrina religiosa sobre Jesús, o porque se los enseñara una escuela teológica eclesiástica, como podría suceder a otros adeptos, siglos después. Tampoco lo proclaman porque vean que Jesús compita  en ritos con los sumos sacerdotes, ni porque sea más convincente que los escribas al presentar las enseñanzas de la ley. 
  2. Tal como puede deducirse de las palabras del Bautista en estos mismos párrafos, lo que ve Marcos en aquel Hijo de Hombre, que le lleva a interpretar su presencia, su acción y su vida como una Buena Noticia,  es que ante la necesidad del pueblo de un consuelo para sus sufrimientos, y un alivio para sus pecados; ante la búsqueda del favor y la bendición de Dios, Jesús ofrece un camino distinto, renovador de la condición humana. Ya no ofrece ritos de purificación, ni prácticas de penitencia para ganarse la benevolencia de un Dios que mora en lo alto. Ya no necesitará ríos sagrados como el Jordán, ni Templos como el de Salomón para mostrar caminos de salvación, de liberación a los seres humanos. Lo que Jesús ofrece ahora es un modo de vida sumergida en la vida del Espíritu Santo. Es la vida que vive él, la que se le transparenta, la que resplandece en todas sus acciones y en su relación con los demás. Y es la vida en la que inicia, en la que sumerge, a todos los que se le unen en su camino. Esa es la novedad, lo que hace de Jesús una Buena Noticia. La experiencia interior de Dios, su Padre, es la misma experiencia que sus discípulos van a descubrir como fuente y raíz de la vida de cada uno y de las comunidades. Marcos lo expresa con palabras de Juan el Bautista, contrastando dos modos de vida, el del bautismo del agua, es decir, el de prácticas de creencias y ritos, de la religión; y el del bautismo del Espíritu, es decir, el de una espiritualidad viva que brota de la experiencia de Dios y alienta y transforma toda la vida humana.
  3. En el tiempo de Adviento, de preparación a la Navidad, Isaías (1ª lectura) nos habla de la necesidad de consuelo que tiene el pueblo, la necesidad de que tanta cosa torcida en la sociedad en que vivimos, se enderece, y tantas desigualdades se allanen. Y Pedro, (2ª lectura) sueña con un cielo nuevo y una tierra nueva frente tantas formas de vida perecederas, frente un “mundo de apariencias” que tiene que pasar, como decía Pablo (I Cor 7,31). Esas expectativas, esa esperanza  que también nosotros compartimos hoy, frente a la sociedad y la economía contemporáneas, bastante resquebrajadas por la injusticia y el egoísmo, son expectativas que nos empujan no a buscar una salvación externa, fuera de este mundo, sino a sumergirnos en la vida del Espíritu, cuya fuente brota de nuestro mismo corazón y salta hasta la vida del Eterno (Jn 4: 14).Ω

30 noviembre, 2014

1er domingo de Adviento

Lect.: Is 63: 16-17.19; 64:2-7; 1 Cor 1: 3-9; Mc 13:33-37

  1. Nuestro sol, cuya aparición disfrutamos disfrutamos cada mañana, igual que cualquier otra estrella tiene también un ciclo de nacimiento, desarrollo, declive y muerte. Como nos lo han recordado recientemente, a propósito del cometizaje de la sonda enviada por la Agencia Espacial Europea, nuestro sistema solar nació, se formó hace unos 4800 millones de años. Y los científicos estiman que a este sol le queda combustible para unos 7500 millones de años más, hasta que se convierta en una gigante roja y, probablemente consuma en el fuego a los planetas interiores, entre los cuales iría la tierra. Por supuesto, nada de esto sabían en la época de las primeras comunidades cristianas. Podían hacerse una idea de lo que era el final de la historia judía porque habían presenciado la destrucción de Jerusalén y del Templo. Pero pensar con objetividad en el final del planeta tierra y de la historia humana sobrepasaba las capacidades de la época. ¿Qué sentido tiene entonces esta llamada a la vigilancia, a estar atentos, en vela, que en este comienzo de Adviento nos dirige el evangelio de Marcos? Sin duda que no puede entonces entenderse como estar preparados para el fin del mundo, como podían creerlo en la Palestina de Jesús y lo continúan predicando algunos grupos cristianos trasnochados.
  2. Podría pensarse en una llamada a estar atentos a otro tipo de final de nuestro planeta, no dependiente de la evolución estelar sino del comportamiento irresponsable de la economía contemporánea que maltrata y agota los recursos naturales y la vida de la Tierra. Este final sí puede evitarse en la medida en que logremos orientar éticamente a la economía. Y no sobra entonces el llamado a estar atentos a esas amenazas que pueden acabar con la vida del planeta millones de años antes de que desaparezca nuestro sistema solar por evolución natural. Es por supuesto muy importante. 
  3. Pero el llamado de Jesús a estar atentos y vigilantes tiene también otro sentido. Nos sugiere la trascendencia que tiene vivir atentos a la riqueza, a la plenitud de la vida que ya está aquí a nuestra disposición, en medio de nosotros, esperando que la descubramos. Vivir conscientes del momento presente, poner toda nuestra atención para descubrir el frescor de cada momento, las oportunidades que nos trae de toparnos con la divinidad que se manifiesta en nuestra identidad auténtica. Es a esto sobre todo a lo que nos invita esta llamada a estar atentos. A superar nuestra actitud rutinaria, a la tendencia a vivir "en piloto automático" como dice un autor de espiritualidad, la tendencia más que a vivir, a apenas sobrevivir, a vegetar.
  4. Son muchas cosas las que nos hacen perder la atención de lo importante de la vida, que nos distraen de vivir a fondo cada momento presente y nos sumergen en recuerdos de lo que ya pasó y no se puede cambiar, o nos empachan con sueños a menudo superficiales e irrealizables, como los que nos induce el bombardeo comercial de estas semanas de "viernes negros", "ciberlunes" o compras navideñas. Vamos a dedicar estos domingos de preparación de la Navidad a reflexionar sobre las pistas que nos da el evangelio para desarrollar nuestra capacidad de atención al encuentro con la Vida plena en cada momento presente