21 diciembre, 2014

4º domingo de Adviento

Lect.:  II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Rom 16,25-27; Lc 1,26-38

  1. Decía un gran estudioso y profesor de Biblia (Carlos Mesters) que estos libros sagrados son como el coco —en Costa Rica diríamos como la pipa— que tiene una corteza muy dura, pero que si logramos abrirle agujeros y penetrarla, podremos beber un agua muy fresca y reconstituyente. Si nos quedamos leyendo la pura letra de los evangelios, por ejemplo, sin penetrar en el sentido profundo de sus símbolos, jamás podremos beber de su agua de vida. Vale la pena repetir esta idea cuando ya tenemos la Navidad a las puertas y corremos el riesgo de leer los evangelios de la infancia sin penetrar en sus símbolos. Los convertiríamos así en una especie de cuentos bonitos y tiernos, parecidos a los que nos contaban de niños antes de dormir, o a los que vemos en el cine y la TV hoy día para entretenernos.
  2. Cuando se nos habla hoy de la virginidad de María, al recibir el anuncio del ángel, ¿cuál puede ser el sentido profundo del mensaje? Si nos apegamos al significado biológico de la palabra puede que nos quedemos en la cáscara del coco, sin poder beber su agua. A lo sumo podríamos pensar en una virtud moral requerida para personas solteras, pero ni siquiera imitable por la mayoría de casados y casadas. Se estaría marginando a quienes han contraído matrimonio, contrario a la tradición bíblica y al sentir del evangelio. En las enseñanzas del Magisterio, en el concilio Vaticano II, a María se le ha presentado como imagen, símbolo de lo que debe ser la misma Iglesia, por su fe, caridad y por su perfecta unión con Cristo (LG 63). En esta perspectiva, lo que nos evoca simbólicamente la virginidad es la completa disponibilidad de María, esa que refleja su frase, “hágase en mí según tu palabra”. Es la actitud de quien se despoja de todo lo que puede impedir que la divinidad se manifieste plenamente en uno mismo, y se está libre para que Dios nazca en nosotros, o dicho de otra forma, para que cada uno nazca a la vida de Dios. En una frase muy hermosa de un escritor contemporáneo, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un ser humano”.
  3. Tener la plena disponibilidad para que Dios se manifieste en la propia vida es como nacer de nuevo, que decía Jesús a Nicodemo. Es más que eso inclusive, es como una nueva creación. La creación de un ser humano nuevo. Es probable que eso sugiera el texto cuando habla del Espíritu Santo cubriendo con su sombra a María, como cuando el libro del Génesis nos habla del Espíritu cubriendo las aguas en el momento de la primera creación.
  4. Recordar, pues, a María en vísperas de la Navidad es mucho más que un recuerdo sentimental y tierno, es querer identificarnos con su actitud de virgen, es decir, de completa disponibilidad para dejar que el Señor haga obras grandes en nosotros, en la pequeña vida de cada uno, en la pequeña contribución que cada uno de nosotros puede hacer para crear una vida más humana en nuestras familias, en el barrio, en el lugar de trabajo, en la sociedad en que nos encontramos.Ω

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