Lect.. Hechos 10,25-26.34-35.44-48; I Juan 4,7-10; Juan 15,9-17 El domingo pasado Juan nos ayudaba a entender que Dios y nosotros, que Cristo y cada uno de nosotros no somos dos realidades separadas. Somos como la viña, o la mata de chayote, en donde raíces, tronco y bejucos, forman una sola unidad, alimentada por una misma savia, —la vida divina es esa savia que nos alimenta y nos mantiene vivos. Pero también nos insistía Juan que es preciso permanecer en esa identidad, para que no nos pase como al sarmiento, a la rama o al bejuco que si se desprenden de la mata se secan. Creo que podemos entender que lo que nos quiere advertir el evangelista es que ninguno de nosotros podemos ser, existir, sin estar pegados a esa mata que es Cristo, recibiendo la savia de la vida divina. Pero sí es posible, —y por desgracia, demasiado frecuente— pasar por la vida sin darnos cuenta de esta realidad, —lo que él llama “estar en las tinieblas”, no estar consciente de nuestra identidad con Dios y con ...
Reflexiones a partir del texto evangélico de la celebración eucarística de cada domingo, considerando su estudio exegético y leído desde algunos de los retos del entorno de nuestra vida actual. Bienvenidos los comentarios.