10 diciembre, 2017

2º domingo de Adviento: Entre la espera activa de un mundo nuevo y la nostalgia de viejos privilegios

Lect.: Isaías 40:1-5, 9-11; Salmo 85:9-14; II Pedro 3:8-14; Marcos 1:1-8

  1. El texto de Marcos de hoy, ya en los tres primeros versículos comunica tres mensajes breves con implicaciones impactantes. El primer versículo que dice, “PRINCIPIO DE LA BUENA NOTICIA DE JESUCRISTO HIJO DE DIOS”, es, como lo comentan la mayoría de los estudiosos, el título del libro. Lo que quiere decir que todo ese libro que conocemos como el “evangelio de Marcos”, con todos sus relatos de predicación, curaciones, e incluso la pasión y muerte de Jesús, todo ello no es más que el comienzo de la Buena Noticia, cuya realización no se termina con la última página del libro, sino que ahí apenas comienza y continúa realizándose  en la vida de los discípulos, los de entonces y en nosotros los que descubrimos esa Buena Noticia veintiún siglos después.
  2. El segundo mensaje ya se adentra en el contenido de esa Noticia. Desde Juan el Bautista en adelante hay mensajeros preparando el camino del Señor. Y la expresión “el camino”, al ser referida al desierto, está evocando claramente dos cosas. Por una parte, al camino del éxodo, de salida de la prisión en Egipto, hacia la libertad. La profecía de Isaías anuncia un nuevo éxodo, una nueva salida, de otras formas de opresión y aprisionamiento que se presentan a lo largo de la historia y en las que ha caído el pueblo. Por otra parte, la imagen del desierto simboliza la actitud de desapego, la renuncia a comodidades rutinarias, el desprendimiento de intereses mezquinos individuales y de grupo, para caminar hacia una realidad nueva en la que todo el pueblo, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes sean plenamente libres.
  3. El tercer mensaje es la invitación a preparar, y prepararse por tanto, para emprender ese camino nuevo. Se trata de una preparación que podrán realizar con lo que indica el versículo 6, la inmersión en el Espíritu Santo, —lo que llama “bautizo”— , que se la va a proporcionar aquel que es el más fuerte.
  4. Cuando, en este segundo domingo de adviento, escuchamos este anuncio del inicio de la Buena Noticia, no estamos, pues, escuchando una mera referencia al pasado. Cierto, es un acontecimiento que inició con Jesús, pero que continúa con nosotros. Es a través de nuestra manos, nuestro cerebro, nuestros trabajos de mutuo apoyo, consuelo, curaciones,… como se va haciendo realidad hoy mismo el avance en ese camino hacia una sociedad de libertad y justicia, de fraternidad y  amor para todos por igual. Pero, podemos todavía preguntarnos, ¿cuándo va a llegar esto? Cuando hablamos de que el adviento nos invita y motiva a la espera de ese mundo nuevo —“esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia—, dice san Pedro en la segunda lectura de la liturgia de hoy—,  debemos estar claros de que no se trata de una  espera pasiva, estática, como la del que está aburrido, sentado en una sala de espera del Seguro o de un Banco, “esperando” que le llegue el número de la ficha. La “espera” nuestra, la que alienta este período de Adviento, es una esperanza activa de quien cobra conciencia de que es a través de nosotros mismos, de nuestra acción comprometida, que continúa haciéndose real la Buena Noticia de Jesucristo, la Buena Noticia del Reino de Dios que nos exige una nueva forma de relaciones entre nosotros y con nuestro entorno natural.
  5. Sin embargo, hay que estar alerta, vigilantes porque, ante un panorama tan esperanzador pero también tan exigente, la comunidad de los discípulos de Cristo, las iglesias actuales, también en Costa Rica, estamos sometidos a fuertes tentaciones que nos empujan a no emprender ese nuevo camino hacia una sociedad nueva. La tentación peor y frecuente que nos puede acechar,  es parecida a la sintieron los judíos en el desierto: echar de menos los viejos tiempos en Egipto, cuando a pesar de ser un pueblo prisionero, gozaban de seguridades y reconocimientos, de comida y vivienda aseguradas.  Es elocuente la lamentación del pueblo peregrinando en el desierto, que reproduce el libro de los Números: ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos!”, (Números 11:5). Ante las seguridades y comodidades de décadas atrás, sobre todo en el caso costarricense a partir del hecho de ser —la católica— una Iglesia reconocida constitucionalmente como “iglesia (o religión) oficial”, los cristianos corremos el riesgo de dejarnos arrastrar  por “La turba de los advenedizos que se habían mezclado con el pueblo” (como los llama también el libro de los Números  11: 4), quienes, desde intereses más o menos oscuros, solapados, desean utilizar la autoridad moral de la Iglesia para instrumentalizarla en función de sus objetivos. Así intentan crearnos la nostalgia de privilegios políticos, de gozar de poder en el ámbito legislativo, en la educación y en los medios públicos, traicionando el llamado a escuchar y proclamar la palabra de Dios en el desierto del desapego y  de la sencillez, simbolizado en el testimonio del Bautista. Quieren, —vestidos con piel de oveja—, desviarnos así del único camino de Jesús quien no vino a ser servido sino a servir. Pero solo este camino nos permitirá colaborar en la construcción de una Costa Rica más plenamente humana.Ω

03 diciembre, 2017

1er domingo de Adviento: para vivir con esperanza

1er domingo de adviento
Lect.:  Isaías 63:16-17, 19; 64:2-7 ; I Corintios 1:3-9; Marcos 13:33-37


  1. El texto del evangelio de Marcos que leemos hoy en la liturgia, está escrito para unas comunidades cristianas que se veían interpeladas por situaciones muy duras. No solo los conflictos con sectores judíos. Aunque las comunidades propiamente ligadas al evangelio de Marcos, se encontraban en Roma, también mantenían relación con las de Palestina y por el origen de muchos de ellos, los afectaban las noticias sobre las amenazas de guerra y de invasión de los romanos a Jerusalén. Podían caer en la tentación de creer que esas catástrofes eran anuncio del fin del mundo. Para superar esa tentación y esos miedos el evangelista escribe este capítulo 13, del que es  parte el pasaje de hoy.  Este capítulo es llamado hoy día “el pequeño apocalipsis de Marcos”, porque “Apocalipsis” significa “revelación, descubrimiento” y en estos párrafos el autor, utilizando ese estilo literario “apocalíptico” ayuda a descubrir e interpretar el sentido del tiempo presente que estaban viviendo.  Marcos mira los acontecimientos que estaban afectando a su comunidad, y los  interpreta a la luz de lo que él sí considera el final de los tiempos: el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Cristo. Está convencido de que con la venida de Dios en Jesús de Nazaret, con su nacimiento en Belén, con la cruz y la resurrección, no hay nada que temer, porque se había inaugurado un tiempo nuevo que cambia el sentido de los acontecimientos. Por eso para el evangelista, esas guerras y catástrofes no representan un final trágico de la historia. Hay una nueva dirección posible para la historia que empieza con Jesús. Ya no hay que pensar en un final de destrucción, sino en otro tipo de final que, desde su fe,  ya tuvo lugar, no un final del mundo material sino del tiempo, de la dirección que llevaba la historia humana. Ahora, la Buena Noticia del Reino, anuncia el final de interpretaciones pesimistas del destino de la humanidad, y es comienzo de una vida nueva, plena, en el Dios manifestado en Cristo. La etapa que se inaugura, además, es la de la misión de los cristianos y cristianas anunciando esa Buena Noticia a todos los pueblos. Solamente con esto, se puede ver, en la perspectiva de Marcos, el sinsentido de los profetas de desgracias, los “falsos profetas” que se empeñan en presentar, con un ropaje religioso, un futuro amenazador por parte de un Dios que pareciera arrepentido de su creación. El horizonte de Marcos es un horizonte luminoso.
  2. Esta mañana, el Papa Francisco, en su reflexión acostumbrada a la hora del Angelus, aclaraba lo que significa el Adviento, período litúrgico que empezamos hoy, explicando que “es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo.”  También es esta una visión que configura un horizonte luminoso, donde el énfasis se pone en las continuas oportunidades de encontrarnos con Dios en nuestra vida ordinaria.
  3. Ya estamos, pues, según la revelación de Marcos, viviendo en los últimos tiempos nuevos de la humanidad, en los que el reino de Dios se ha manifestado como una experiencia  de relaciones transformadas con los hermanos y con el Padre, tal y como las vivió Jesús de Nazaret.  Por eso tiene mucho sentido el llamado de Francisco a tomar este período del año, anterior a Navidad, para prepararnos a acoger al Señor que sale a nuestro encuentro en los acontecimientos que nos toca vivir y en las personas que nos rodean.  En esta fecha Marcos y Francisco nos llaman a estar atentos, vigilantes, capaces de descubrir esos espacios y momentos de encuentro con Dios. Hace un par de domingos, hablamos desde aquí mismo indicando que un tema clave para la espiritualidad evangélica, es el tema de la vigilancia. “En los evangelios y en las cartas de Pablo, —decíamos— a veces se usa el término vigilar y, a veces, estar en vela, o estar despierto. Sea cual sea la palabra de entonces, se refiere a un tema central, básico para vivir la vida cristiana, que hoy podríamos enunciar como: “la actitud de vivir con plena conciencia cada momento de nuestra vida, no vivir superficialmente, dejando que los acontecimientos nos caigan encima o nos pasen por delante.” Es la actitud básica que nos permite descubrir nuestra vida ordinaria, por decirlo así “preñada” de la presencia de Dios, en la medida en que descubrimos nuestra propia identidad, porque “en ese encuentro en el que nos encontramos con Dios, fuente de nuestro ser, llegamos también a conocer nuestra verdadera identidad y misión en este mundo, lo que somos realmente a los ojos de Dios”.  Esta perspectiva cristiana coincide, por cierto, con otras grandes tradiciones espirituales. En los próximos domingos los textos litúrgicos nos ayudarán a prepararnos para realizar ese descubrimiento o para fortalecerlo, si es que ya lo hemos alcanzado.Ω

26 noviembre, 2017

34º domingo t.o.: Un Juicio Final que se se realiza a diario

34º domingo t.o. Fiesta de “Cristo rey del universo”
Lect.: Ezequiel 34:11-12, 15-17; I Corintios 15:20-26, 28; Mateo 25:31-46

  1. La liturgia de este domingo hace balancear nuestra reflexión entre la idea del juicio, central en todo el evangelio de Mateo y, en particular, en este final del capítulo 25, y el título de una fiesta —la de “Jesucristo rey del universo”— que fue instituida en los años treinta del siglo pasado, en circunstancias políticas muy específicas. La transición del título “pastor” al Hijo del Hombre, al inicio del pasaje de hoy, a la de rey, no cambia la constante de que este título fue siempre rechazado por Jesús de Nazaret. Obviamente es prioritario dirigirse a la idea mateana del juicio.
  2. Mateo no es original en introducir esta idea de juicio en el mensaje evangélico. Está muy influido por toda la tradición judía que presenta a Dios como juez del mundo. Lo que son aportes originales de Mateo, y vamos a subrayar dos, son la reinterpretación de ese carácter de Juez dentro del sentido que le da la historia entera de Jesús, y los criterios según los cuales tiene lugar ese juicio. Pero, antes de ver esos aportes valiosos para nuestra vida espiritual, relacionemos ese concepto judío con creencias posteriores e incluso actuales sobre un “juicio final”. Pienso, por experiencia y también porque lo muestra la historia, que muchas personas tendemos a imaginar en la “necesidad” de que exista un juicio final, —una gran “rendición de cuentas” al final de la vida de cada uno—, por dos razones. Para unos, porque es tal el nivel de injusticias en este mundo que quedan impunes, que nos repugna la idea de que esa impunidad no encuentre en Dios alguna forma de compensación. Para otros, porque pareciera que la idea de juicio final es lo único que sirve para amedrentar y disuadir de comportamientos radicalmente destructivos. No me consta que la primera idea estuviera también presente en el ámbito judío del que formaba parte Mateo. En cambio sí sabemos que, al menos desde la Edad Media, descripciones tremendas, sobre todo de un castigo eterno, servían a predicadores y catequistas pera tratar de meter miedo, en especial, a la gente sencilla. No era, sin duda, ejemplo de una religiosidad basada en la convicción.
  3. Veamos cómo, sin embargo, a pesar de todo, Mateo le da un giro doble que puede  cambiar la actitud del cristiano ante la idea del juicio. En primer lugar, presentar a Jesús como “juez” de nuestras vidas, debe leerse dentro del contexto de toda la historia de Jesús que relata el propio Mateo. Ya desde el cap 1, v.23 el evangelista lo presenta como “el Emanuel, que traducido significa ‘Dios con nosotros’ ”.  Presencia de Dios, en todo momento y situación, acompañándonos en nuestras decisiones, dando un sentido distinto a nuestra presencia dentro de su presencia en el mundo. No se trata de un Dios alienante, de un “big Brother” que todo lo observa para castigar, que nos causa angustia, sino más bien de una garantía que inspira esperanza y nos dice que vale la pena trabajar para combatir las estructuras injustas que nos rodean. Ese Juez es quien más estrechamente unido a nosotros nos anima a trabajar por la construcción del mundo desde la perspectiva del Reino.  Presencia de Dios, además, en aquellos prójimos necesitados, con hambre, con sed, desnudos… a quienes damos de comer y beber y ayudamos a que tengan abrigo.
  4. En segundo lugar, este texto de Mt 25, es una clara enseñanza de cuáles son las prioridades de la vida humana para la Buena Noticia del Reino. Cuando especifica los criterios conforme a los cuales todos los humanos rendiremos cuentas de nuestras vidas, queda claro que esos criterios no están ligados al apego y confesión de dogmas, o de creencias de diverso tipo (los que oyen de labios del Juez la invitación “vengan benditos de mi Padre…” ni siquiera entienden qué es lo que los ha hecho merecedores a esa invitación, ni fueron conscientes cuando practicaron misericordia que lo hacían con el mismo Cristo). El único  criterio es la práctica del amor al prójimo, expresado en obras de misericordia.  Es por eso que, inspirados en este texto mateano, teólogos de la liberación latinoamericanos (como Gustavo Gutiérrez)  pueden decir que “al margen del ‘sacramento del prójimo’ no hay camino hacia Dios pues el amor a Dios no puede expresarse sino en el amor al prójimo”. Y teólogos europeos (como Moltmann) no dudan en decir que “Los más pequeños pueden decirnos dónde está la Iglesia”.
  5. Este capítulo 25 de Mateo, con el que concluimos este año litúrgico es, sin duda, una extraordinaria síntesis de su mensaje sobre lo esencial de la vida cristiana, un principio esclarecedor sobre lo que constituye el punto de referencia para juzgarnos nosotros mismos, —y dejarnos juzgar por el Dios presente en nuestros semejantes—, sobre la realización de nuestra vocación personal humana y de nuestra relación con Dios. Al fin y al cabo, no es solo Mateo, es también Juan quien resumió la misma enseñanza diciendo, “el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor” y “El que dice ‘amo a Dios’ y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano al que ve”? (1 carta de Juan 4: 8 y 20).
  6. También desde este capítulo 25 podemos replantearnos lo que entendemos por Cristo, por Dios y por la misión de la Iglesia. pero esto ya es materia para otras reflexiones.Ω

19 noviembre, 2017

33º domingo t.o.:Ser productivo según el evangelio

Lect.: Proverbios 31:10-13, 19-20, 30-31; I Tesalonicenses 5:1-6; Mateo 25:14-30

  1. De nuevo tenemos delante, en el evangelio de hoy, una parábola que ha generado múltiples interpretaciones y ha desatado controversias entre estas. Pienso que si su lectura no nos sorprende es porque estamos muy influidos, y quizás hasta “formateados”, para entenderla de manera superficial, desde el punto de vista de predicadores que, sin ahondar en ella, se limitan a hablar de lo que parece obvio: que todos tenemos diversas dotes y que de lo que se trata es de que las pongamos a producir, independientemente de la cantidad y calidad de nuestra dotación. Pero, leída con más atención, la parábola transmitida por Mateo, y su variante por Lucas, plantea problemas que no han sido históricamente fáciles de responder. Vale la pena, para nuestra formación en la fe, que consideremos y reflexionemos sobre algunos de esos problemas, —solo mencionaremos dos o tres de los principales—, aunque no podamos dar solución a todos ellos.
  2. Una de las controversias gira en torno a la comparación utilizada por el evangelista. ¿Está legitimando la parábola el afán de lucro, a toda costa? Los premiados son los que multiplicaron el dinero solamente. Y no solo eso, se reafirma y legitima que “ ¡a todo el que tiene se le dará y le sobrará ¡Pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará!” Por añadidura, pudiera interpretarse que si lo importante era la ganancia, se estaría pasando por alto el cómo se obtuvo esa ganancia: quizás con intereses abusivos, e incluso con explotación de personas. No solo estudiosos bíblicos han levantado este cuestionamiento. Es famosa la crítica de un gran escritor y dramaturgo alemán, Bertolt Brecht quien, en una de sus obras más conocidas, pone a uno de sus personajes acusando a Jesús por haber permitido que desde los púlpitos se predicara por muchos siglos  esta parábola  dando lugar a que “ Si la codicia de un capitalista y los métodos -presumiblemente poco amables- de sus agentes para multiplicar por cinco o por diez las ganancias se convierten en parábola del reino de Dios, la consecuencia puede ser que estos métodos y la idea de lucro subyacente quedan minimizados y justificados por ser el símil de la actuación de Dios. Dios degenera así en un Dios de los ricos y los avisados, porque hace como ellos”.  Uno de los actores de la obra se pregunta desde la perspectiva de los pobres, ante la enseñanza de Mateo, “por qué multiplican los unos sus talentos y los otros su miseria.”
  3. Otro problema surge en torno a la imagen de Dios representada por el Señor de aquellos siervos o esclavos, según lo ve el que había enterrado su talento. Lo presenta como un amo de los que buscan ganancias abusivas, al que hay que temer, severo, que  «siegas donde no sembraste» o «recoges donde no esparciste». Lo serio del caso es que el texto no intenta modificar esa imagen del Señor. Unido a lo anterior, se estaría transmitiendo una imagen de Dios que está en el extremo opuesto del Padre misericordioso de Jesús.
  4. Las protestas, pues, contra esta parábola, van dirigidas tanto contra el relato en sí como también contra su aplIcación a Dios. Vale la pena poner atención a estas críticas, al menos, por dos razones: para que sigamos acostumbrándonos a una lectura inteligente de la Sagrada Escritura, alejada de todo fundamentalismo que meramente repite lo escrito y, más en concreto, para que no dejemos de esforzarnos por buscar el sentido original que Jesús intentaba con sus comparaciones. De hecho, como observan algunos estudiosos, así leían los evangelios en las primeras comunidades. En este mismo caso, se pueden descubrir indicios de que ya la narración generaba malestar en algunos de los oyentes de aquella época. En la versión de Lucas, alguien protesta de que al que no había producido ganancias se le quitara lo poco que tenía y se le diera al que más había producido.
  5. Sin simplificar la seriedad de las críticas, sin embargo, hay observaciones que se pueden y debemos hacer, y que también son pedagógicas. En primer lugar, recordemos otras parábolas que pueden resultar problemáticas si nos quedamos meramente en las imágenes utilizadas. Así por ejemplo, la del mayordomo o administrador sagaz,  (Lc 16, 1 - 8), lo que Jesús valora es su sagacidad en un trance difícil, y no sus trampas. También en el caso del juez inicuo, o incluso en el de quien encuentra un tesoro en el campo (Mt 13: 44), de quien alaba su perspicacia para valorar lo descubierto, y no el que pudiera quedarse con el tesoro, al margen de lo que la ley establecía.  Jesús es capaz de discernir también en los comportamientos, el “trigo” de la “cizaña”, rescatando la conducta valiosa aunque fuera en alguien no tan ejemplar.
  6. En el caso de este relato de los “talentos”, o de las “minas”, como lo pone Lucas, es probable que Jesús estuviera tratando de infundir a la comunidad el “coraje para tomar riesgos” y no solo tomar decisiones por miedo. Y vio en ese comportamiento de los siervos en el manejo de los dineros, un buen ejemplo de enfrentar riesgos, aplicable luego, en otro plano, a quienes  se les plantean dificultades y no se animan a trabajar por el Reino de Dios, por las seguridades que pueden perder.
  7. Finalmente, reconociendo que la parábola ha dado lugar a malos entendidos a lo largo de la historia, una exégesis crítica plantea la necesidad de señalar como marco indispensable para su correcta interpretación lo que Jesús compartió como experiencia suya de Dios, un Padre que nos ha dado la vida y nos ha regalado todo lo que somos y tenemos. Al mismo tiempo, como parte de ese marco, la referencia al amor como mandamiento supremo: los “talentos” o “minas” han de utilizarse siempre al servicio de ese amor y de la comunidad que de ahí surge, y es solo dentro de esa perspectiva como puede considerarse “productiva” la vida de cualquiera de nosotros.Ω