28 octubre, 2012

30 domingo t. o., 28 de octubre 2012


Lect.: Jer 31:7-9; Hebr 5: 3-6; Mc 10: 46-52

  1. Con todas las diferencias que podamos tener los que nos encontramos aquí esta tarde y muchos otros de nuestros vecinos y conocidos, todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos preguntado cómo hacer para vivir una vida que valga la pena. No simplemente a qué oficio o profesión dedicarnos, qué empleo buscar, sino cuál camino seguir. Es decir, cómo orientar nuestra vida, nuestro trabajo, nuestro mundo de relaciones, hacia adónde apuntar de tal manera que podamos construir una vida plena, realizadora de nuestras mejores capacidades.
  2. Llevamos unos seis domingos en que Marcos viene mostrando un Jesús que ofrece un camino. Simbólicamente lo plantea como un camino de subida a Jerusalén porque va a terminar con un conflicto, una confrontación y el asesinato del propio  Jesús por parte de los líderes religiosos y políticos. Es el camino de una vida dedicada a llevar pan para todos, en una mesa compartida, dentro de una comunidad universal de la que nadie es excluido y en la que los niños, los débiles, los pobres tienen un puesto central. Pero es un camino tan distinto del que planteaban los ideales religiosos de su tiempo, que genera actitudes de rechazo, ya antes de llegar al conflicto final de Jerusalén. Rechazo de Pedro, que está pensando en seguir a un líder exitoso como Mesías; rechazo del joven rico, que no puede despegarse de todas sus posesiones para construir su vida; rechazo de los propios discípulos cercanos, como Santiago y Juan, que solo andan pensando en trepar para ocupar puestos de relevancia.
  3. Y con estos antecedentes, a Marcos le parece clave destacar en el texto de hoy una figura  que, a diferencia de los demás, él sí va a decidirse por el seguimiento del camino de Jesús. Este hombre no es ni un discípulo oficial, ni un sacerdote, ni nadie importante. Es un mendigo ciego, Bartimeo, que está  "sentado al borde del camino". Todo un símbolo: es alguien que no camina hacia ningún lado,  y que ni siquiera puede ver cuál camino seguir, hacia dónde llevar su vida. Sin embargo, en cuanto oye hablar de Jesús y de que se le acerca, empieza a llamarlo a gritos. Cuando Jesús le pregunta lo que quiere, su respuesta es contundente: Maestro, que pueda ver.   Va más allá de pedir la vista. Pide poder ver un camino para su vida. Y entonces, cuando su propia fe lo cura, hace lo que ni Pedro, ni el joven rico, ni los apóstoles fueron capaces de hacer, despojarse de lo poco que tenía, y de un salto, hacer del camino de Jesús su propio camino.
  4. No resulta nada fácil para nosotros repetir el gesto de este Bartimeo. Primero, porque hay que empezar por reconocer que estamos ciegos sobre cuál es el camino que vale la pena.  Segundo, porque con todo y todo, seguir sentados donde hemos estado sentados por años, resulta más cómodo que decidirse a aceptar un cambio de pensamiento y de prácticas. Y, en fin, porque aceptar un camino que exige descubrir esperanza en medio del fracaso y de la muerte, nos parece ir contra las ideas de éxito que tiene la sociedad de hoy. Quisiera pensar que estas eucaristías  nos ayudan a reconocer, al menos, para empezar, que necesitamos aprender a ver de manera  diferente lo que vale la pena en la vida.

21 octubre, 2012

29o domingo t.o., 21 de octubre 2012.


Lect.:    Is  53, 10-11;  Hebr 4, 14-16  Mc 10, 35-45
  1. En el mundo en que vivimos, en el tipo de vida social humana que hemos ido desarrollando el poder ocupa un lugar  central. El poder político, el económico y financiero, -que casi siempre está detrás del político determinándolo-, pero también el poder moral, religioso, eclesiástico. Es un "poder" que entendemos como "fuerza", como capacidad de imponer lo que entendemos como correcto o lo que nos interesa. Aunque lo llamemos "autoridad", como palabra más suave,  es muy  parecido, en el orden de las relaciones, a la potencia  que tenemos para transformar la naturaleza, el mundo material, a veces para mejorarlo y, a menudo hoy, por desgracia, para destruirlo. El deseo y el ejercicio del poder se nos cuela en todas las rendijas de nuestras relaciones sociales, incluyendo las familiares y eclesiales. Así ha sido por siglos. Y por eso no es de extrañar que dos discípulos cercanos y queridos de Jesús, Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, mientras el Maestro les está invitando a remontarse a nuevos horizontes, ellos en lo único que piensan es  en llegar  a sentarse en dos tronos, es decir, en llegar a trepar bien alto en la escala de poder. Quizás la buena intención de transformar las cosas para mejor. Pero, en todo caso, su lógica es la lograr el poder.
  2. Por contraste, el camino del que Jesús les viene hablando, que vienen recorriendo en su subida a Jerusalén, es muy otro. No es el camino del poder sino el de la propia autodonación, de la entrega, de la ofrenda de la propia vida, que se traduce en concreto en el servicio. Esta propuesta de Jesús conlleva un completo y radical cambio de onda, de perspectiva. Supone un cambio radical de actitud ante la vida. Tan radical que no es fácil entenderlo y a menudo se mal entiende y confunde con una actitud de autodestrucción, de sacrificar al ser humano en el altar de un dios exigente. O se confunde con  una actitud débil y cobarde que se somete y conforma con las estructuras injustas de poder existentes en la sociedad, en las Iglesias, en grupos e incluso en la familia.
  3. Pero la propuesta de Jesús no tiene nada de eso, como lo muestra su vida entera. Es una propuesta valiente y libre. Libre, porque no está amarrada a ninguna esclavitud, ninguna ansia de poder propio, a ninguna obsesión por tener riquezas y fuerza como si la carencia de éstas le impidieran ser plenamente él mismo. Al contrario, es así de libre porque sabe que no carece de nada en su ser profundo y auténtico donde es un solo ser con Dios. Es, al mismo tiempo, una propuesta, un modo de vivir valiente, porque al plantear tan distinta manera de vivir no teme enfrentarse a las autoridades, los poderes políticos y religiosos que terminarán por asesinarlo, porque les resulta incómodo, amenazante.
  4. Seguir el camino de Jesús nos pide también esa valentía y libertad, No pensar que la vida espiritual, que el evangelio, se realizan en juegos de poder, de competencia y rivalidad, eso equivale, en términos de Jesús, a perder el alma, creyendo salvarla. en cambio, seguir el camino de Jesús es tener la confianza de que por esa vía no perdemos nuestra vida, nuestra identidad, sino que más bien la redescubrimos y la redimensionamos, como algo que ya tenemos y por lo que no tenemos que pelear, sino como una identidad no individualista sino compartida, con todos los demás, en la divinidadΩ 


14 octubre, 2012

28o domingo t.o. 14 de octubre 2012

Lect.: Sab 7: 7-11; Hebr 4: 12-13; Mc 10: 17 - 31

  1. Después de pasar unos meses en otro país, en el que se pueden apreciar serios impactos de la crisis económica sobre la vida de la gente, es inevitable que uno se sienta cada vez más preocupado por el presente y el futuro de nuestra propia  patria. No estamos vacunados, lamentablemente, contra los efectos negativos de  la dinámica de la economía internacional. Incluso países como España, que ya habían alcanzado un alto nivel de bienestar en las últimas décadas , sufre hoy un alta tasa de desempleo, sobre todo en los jóvenes, familias en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo, ingreso insuficiente que no pueden enfrentar los recortes en servicios de educación y salud, un creciente número de personas que tienen que recurrir a los locales de Cáritas para pedir ayuda para el sustento diario. No hemos llegado en Costa Rica a esos extremos, pero es un hecho que con la economía que se está construyendo el país no solo no logra doblegar las cifras  de pobreza, sino que ocupamos un primer puesto nada halagador en la región, en cuanto a aumento de la desigualdad. Se ensancha la brecha entre los que obtienen beneficios de la economía y entre los que no pueden apenas disfrutarlos. Si mencionamos esto aquí, es porque constituye un serio problema humano y porque su solución no depende tan solo de medidas técnicas económicas.
  2. Durante los domingos anteriores hemos venido escuchando al evangelista Marcos que nos dice que el deseo, la propuesta de Jesús es la de construir una comunidad universal, una gran mesa compartida, donde los niños, los débiles, los pobres, los marginados, sean el centro, la principal prioridad. Un nuevo tipo de comunidad en la que las mujeres, sean liberadas de toda forma de dominación, y ayuden a construir una iglesia maternal y no machista, para ponerla al servicio de esa nueva humanidad que nos propone Jesús. Y en el texto de hoy, Marcos nos da una clave para caminar hacia esa sociedad nueva.
  3. Este episodio del joven rico que se ve incapacitado de seguir a Jesús no es un pasaje para animar a la lucha de clases, ni para condenar los bienes materiales, ni para atacar a los que gozan de buena posición económica. Pero sí es un texto clave en el que Marcos ve a Jesús trazando una línea divisoria clara entre dos formas de usar los bienes y riquezas de este mundo y, por tanto, entre dos formas de vivir. Una forma, la de Jesús, es la que hemos venido describiendo estos domingos anteriores y que se compromete en la construcción de una sociedad en la que se superan las viejas formas de entender la familia y la convivencia humana, infectadas de prácticas de dominación y desigualdad. La forma nueva de vida, a la que invita Jesús, sigue su senda de desprendimiento y de servicio alimentados en el amor y en la conciencia de que todos tenemos una identidad compartida en Dios. La otra forma, la que simboliza hoy el joven rico es la que nos atrapa y amarra cuando anteponemos nuestros intereses y ambiciones personales a todo lo demás y nos empuja a ver a los demás solo como extraños y competidores.
  4. Es lamentable que esta segunda vía parece hoy tener mas adherentes y, peor aún, que a veces creamos que esa segunda vía es compatible con confesarnos supuestamente cristianos. La participación en esta eucaristía, vivida a fondo, debería sacarnos de ese engaño y ayudarnos a replantear lo que significa seguir a Jesús en épocas difíciles para la supervivencia de todos.

07 octubre, 2012

27º domingo t.o., 7 de oct. de 12


Lect.: Gén 2, 18-24, Hebr 2, 9-11, Mc 10, 2-16

  1. Algunos amigos se han sorprendido al escuchar, en la inspiración del evangelio de Marcos, la invitación a construir una iglesia más “maternal” y menos patriarcal, en la que sí  puedan los niños —los débiles, los pobres, los excluidos— ser y sentirse el centro de la comunidad. Cierto que suele hablarse de una “Iglesia madre”, pero la expresión puede no pasar de un discurso retórico mientras no se respalde con una práctica en la que quienes tienen la experiencia de la maternidad, —las mujeres, evidentemente— recuperen todo el papel determinante que les corresponde dentro de las comunidades cristianas. El evangelista Marcos concluye la reflexión que venía haciendo estos domingos precisamente con este punto central.
  2. Este texto de hoy ha sufrido el impacto del tiempo con la inevitable lectura parcializada en que no se entra al fondo de lo que quería el Jesús que presenta Marcos. Al usar el texto como un argumento de defensa de la indisolubilidad del matrimonio, en un contexto más bien moderno, se reduce el sentido de valores evangélicos originales. En el contexto en que el evangelista sitúa la discusión de los fariseos con Jesús lo que está en juego principalmente es la concepción del contrato matrimonial como una relación establecida desde la perspectiva masculina, por la cual la mujer está por completo sometida a la voluntad de varones, —el esposo, su padre que decide y aprueba la unión—, y la que, por lo tanto, el varón puede terminar conforme a sus interés y criterios.   Era la práctica del legalismo judío de la época, y que podía remontarse a Moisés.
  3. Y aquí quiebra Jesús, una vez más, la línea de razonamiento imperante. Ubicando a Moisés en su momento histórico, relativizando sus enseñanzas que son parte de una época patriarcal, va “más atrás” a lo que considera las fuentes originales, las “intenciones” del Creador. “Al principio” no era así, sino que el ser humano fue creado “hombre y mujer”, una realidad sin distinción, sin subordinaciones. Es más, es el varón el que tendrá que dejar todo, incluso a sus padres, por unirse a su mujer, —no por incorporarla a sus propiedades— y ser con ella “una sola carne”.
  4. Dentro de la línea de pensamiento que vienen poniendo estos capítulos de Marcos en la boca y en la práctica de Jesús, faltaba esta oposición a la concepción machista del contrato matrimonial. Para ser coherente  con la invitación del Maestro a formar parte de una “comunidad universal abierta”, de una “mesa compartida”, de una inclusión de los pobres, los humildes, los débiles y los niños como centro de la nueva comunidad, del Reino, faltaba aún una reivindicación jurídica, si cabe decirlo así, del lugar de la mujer .  No bastaba con el papel de una mujer, María, en la obra de Jesús; era importante, sin duda, como también importante destacar las discípulas de Jesús que lo seguían, o a Magdalena, como la primera predicadora de la resurrección.   Pero hacía falta, además, curar de raíz la relación fundamental  varón – hembra, que se institucionaliza en el matrimonio, liberarla del dominio machista, de la época de los patriarcas, para liberar de esa pesada carga deshumanizante la familia y la educación de los niños.
  5. Vale la pena en el contexto de nuestra problemática actual que los cristianos hagamos esta relectura del texto de Marcos, llamado comúnmente del “divorcio”, y descubramos más bien que se refiere a esta otra reivindicación más radical, la de de la mujer como verdadera “pareja” del varón y gestora de un nuevo tipo de relaciones no solo en las familias, sino también en la Iglesia.Ω