Ir al contenido principal

29o domingo t.o., 21 de octubre 2012.


Lect.:    Is  53, 10-11;  Hebr 4, 14-16  Mc 10, 35-45
  1. En el mundo en que vivimos, en el tipo de vida social humana que hemos ido desarrollando el poder ocupa un lugar  central. El poder político, el económico y financiero, -que casi siempre está detrás del político determinándolo-, pero también el poder moral, religioso, eclesiástico. Es un "poder" que entendemos como "fuerza", como capacidad de imponer lo que entendemos como correcto o lo que nos interesa. Aunque lo llamemos "autoridad", como palabra más suave,  es muy  parecido, en el orden de las relaciones, a la potencia  que tenemos para transformar la naturaleza, el mundo material, a veces para mejorarlo y, a menudo hoy, por desgracia, para destruirlo. El deseo y el ejercicio del poder se nos cuela en todas las rendijas de nuestras relaciones sociales, incluyendo las familiares y eclesiales. Así ha sido por siglos. Y por eso no es de extrañar que dos discípulos cercanos y queridos de Jesús, Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, mientras el Maestro les está invitando a remontarse a nuevos horizontes, ellos en lo único que piensan es  en llegar  a sentarse en dos tronos, es decir, en llegar a trepar bien alto en la escala de poder. Quizás la buena intención de transformar las cosas para mejor. Pero, en todo caso, su lógica es la lograr el poder.
  2. Por contraste, el camino del que Jesús les viene hablando, que vienen recorriendo en su subida a Jerusalén, es muy otro. No es el camino del poder sino el de la propia autodonación, de la entrega, de la ofrenda de la propia vida, que se traduce en concreto en el servicio. Esta propuesta de Jesús conlleva un completo y radical cambio de onda, de perspectiva. Supone un cambio radical de actitud ante la vida. Tan radical que no es fácil entenderlo y a menudo se mal entiende y confunde con una actitud de autodestrucción, de sacrificar al ser humano en el altar de un dios exigente. O se confunde con  una actitud débil y cobarde que se somete y conforma con las estructuras injustas de poder existentes en la sociedad, en las Iglesias, en grupos e incluso en la familia.
  3. Pero la propuesta de Jesús no tiene nada de eso, como lo muestra su vida entera. Es una propuesta valiente y libre. Libre, porque no está amarrada a ninguna esclavitud, ninguna ansia de poder propio, a ninguna obsesión por tener riquezas y fuerza como si la carencia de éstas le impidieran ser plenamente él mismo. Al contrario, es así de libre porque sabe que no carece de nada en su ser profundo y auténtico donde es un solo ser con Dios. Es, al mismo tiempo, una propuesta, un modo de vivir valiente, porque al plantear tan distinta manera de vivir no teme enfrentarse a las autoridades, los poderes políticos y religiosos que terminarán por asesinarlo, porque les resulta incómodo, amenazante.
  4. Seguir el camino de Jesús nos pide también esa valentía y libertad, No pensar que la vida espiritual, que el evangelio, se realizan en juegos de poder, de competencia y rivalidad, eso equivale, en términos de Jesús, a perder el alma, creyendo salvarla. en cambio, seguir el camino de Jesús es tener la confianza de que por esa vía no perdemos nuestra vida, nuestra identidad, sino que más bien la redescubrimos y la redimensionamos, como algo que ya tenemos y por lo que no tenemos que pelear, sino como una identidad no individualista sino compartida, con todos los demás, en la divinidadΩ 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

Domingo de Pentecostés: LA VIDA EN EL ESPÍRITU

Lect.: ; 1Cor 12, 3-7. 12-13 ; Hech 2, 1-11; Jn 14: 15 - 16; Hay algo que conviene aclarar de entrada sobre esta “fiesta de pentecostés”. A veces los cristianos y cristianas hablamos de ella como la "fiesta del Espíritu Santo". Un poco en la misma línea de como hablamos de la fiesta de tal o cual santo o santa. En esa línea hemos llegado a hablar incluso de la Navidad. (Por una actitud piadosa y sentimental algunas personas han llegado incluso a hablar de la "fiesta del cumpleaños de Jesús”). En realidad no se trata de ese tipo de fiestas. Tanto cuando hablamos de la Navidad, o cuando hablamos de la resurrección, o de Pentecostés no estamos hablando de "fiestas en honor de", sino de momentos celebrativos de la experiencia de Dios en nosotros. Son momentos en que cobramos conciencia de lo que ha significado para nosotros la experiencia de la Pascua, de la Resurrección de Jesús, como forma de revelarnos lo que llamamos la "vida nueva", la "nueva cr...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...