Lect.: II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Rom 16,25-27; Lc 1,26-38 Decía un gran estudioso y profesor de Biblia (Carlos Mesters) que estos libros sagrados son como el coco —en Costa Rica diríamos como la pipa— que tiene una corteza muy dura, pero que si logramos abrirle agujeros y penetrarla, podremos beber un agua muy fresca y reconstituyente. Si nos quedamos leyendo la pura letra de los evangelios, por ejemplo, sin penetrar en el sentido profundo de sus símbolos, jamás podremos beber de su agua de vida. Vale la pena repetir esta idea cuando ya tenemos la Navidad a las puertas y corremos el riesgo de leer los evangelios de la infancia sin penetrar en sus símbolos. Los convertiríamos así en una especie de cuentos bonitos y tiernos, parecidos a los que nos contaban de niños antes de dormir, o a los que vemos en el cine y la TV hoy día para entretenernos. Cuando se nos habla hoy de la virginidad de María, al recibir el anuncio del ángel, ¿cuál puede ser el sentido prof...
Reflexiones a partir del texto evangélico de la celebración eucarística de cada domingo, considerando su estudio exegético y leído desde algunos de los retos del entorno de nuestra vida actual. Bienvenidos los comentarios.