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Mostrando las entradas con la etiqueta riquezas

28º domingo t.o.

--> Lect.: Sab 7, 7-11; Hebr 4, 12-13; Mc 10, 17 - 30 1.     Seria afirmación de Mc: “ Difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero ”. Pero, ¿Por qué nos interesa reflexionar sobre esta afirmación evangélica si al fin y al cabo ninguno de nosotros es millonario, pero ni de lejos? El texto del evangelista Marcos que acabamos de escuchar, habitualmente ha generado discusiones en la Iglesia , y ha llevado a algunos a considerar que son palabras inaceptables si se trata de una condena de las riquezas materiales, necesarias para satisfacer las necesidades humanas. Pero, sin duda, el tema de la pobreza y la riqueza es clave en el mensaje de Jesús y contiene varios aspectos de gran importancia para nuestra vida espiritual. 2.     Por limitaciones de tiempo solo quiero referirme a un punto : Aunque para la visión evangélica los bienes materiales   han salido de la mano de Dios y la actividad económic...

18º domingo t.o.

Lect.: : Ecles 1, 2; 2, 21-23; : Col 3, 1-5. 9-11;  Lc 12, 13-21 Un renombrado economista norteamericano actual, escribe en su último libro lo siguiente:   "El 1 % de la población [estadounidense ] disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida, pero hay una cosa que su dinero no puede comprar: la comprensión de que su destino esta ligado a cómo vive el otro 99 %. A lo largo de la historia esto es algo que esa minoría solo ha logrado entender… cuando ya era demasiado tarde" (Stiglitz, El precio de la desigualdad, introducción) . Esa trágica polarización y brecha que divide radicalmente a los EE.UU., y que uno, desde aquí, no se puede imaginar, no es todavía la situación de Costa Rica, pero la tendencia de la economía en nuestro país lleva, desgraciadamente, el mismo camino . La desigualdad, durante los últimos quince años va profundizándose, dejando aquella sociedad de "hermaniticos" demo...

29o domingo t.o., 21 de octubre 2012.

Lect.:    Is  53, 10-11;  Hebr 4, 14-16  Mc 10, 35-45 En el mundo en que vivimos, en el tipo de vida social humana que hemos ido desarrollando el poder ocupa un lugar  central. El poder político, el económico y financiero, -que casi siempre está detrás del político determinándolo-, pero también el poder moral, religioso, eclesiástico. Es un "poder" que entendemos como "fuerza", como capacidad de imponer lo que entendemos como correcto o lo que nos interesa. Aunque lo llamemos "autoridad", como palabra más suave,  es muy  parecido, en el orden de las relaciones, a la potencia  que tenemos para transformar la naturaleza, el mundo material, a veces para mejorarlo y, a menudo hoy, por desgracia, para destruirlo. El deseo y el ejercicio del poder se nos cuela en todas las rendijas de nuestras relaciones sociales, incluyendo las familiares y eclesiales. Así ha sido por siglos. Y por eso no es de extrañar que dos discípulos...