Lect.: Hechos 4,32-35; I Juan 5,1-6; Juan 20,19-31 Si queremos que nuestra vida cristiana sea madura, hay preguntas básicas que nos deberíamos hacer con honestidad Por ejemplo, preguntarnos, ¿Para qué nos reunimos cada domingo en el templo? ¿Para qué hemos celebrado con tanta solemnidad la Semana Santa y ahora prolongamos por cincuenta días la celebración de la Pascua? ¿para qué seguimos, en definitiva, leyendo una y otra vez los evangelios? Como si le hubiéramos planteado a él mismo estas preguntas, el autor del evangelio de Juan, nos da hoy una respuesta categórica: "Éstos (signos) se han escrito para que Uds. crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre” . Queda por completo claro lo que el evangelista implica: no se nos dan estos textos, ni venimos a meditarlos al templo, para que construyamos y aprendamos una serie de doctrinas; ni para que armemos un conjunto de prácticas rituale...
Reflexiones a partir del texto evangélico de la celebración eucarística de cada domingo, considerando su estudio exegético y leído desde algunos de los retos del entorno de nuestra vida actual. Bienvenidos los comentarios.