25 noviembre, 2012

34º domingo t.o., Cristo Rey


Lect.: Dan 7: 13 -  14; Apoc 1: 5 – 8, jn 18. 33 - 37

  1. Una de las tentaciones más profundas que nos obstaculizan nuestro crecimiento espiritual es la tentación  de dominar y oprimir a los demás. Tan profunda que casi nunca caemos en la cuenta de que tenemos esa tentación y de que nos dejamos vencer por ella.  Por eso ni siquiera aparece en nuestros exámenes de conciencia y en nuestras confesiones. Es una tentación que se nos aparece disfrazada. Se disfraza de deseos legítimos:  Cuando somos padres de familia, o profesores, o funcionarios públicos, se disfraza del deseo de colaborar con el orden y la disciplina. Cuando somos ministros religiosos se disfraza del afán de ayudar a que se cumpla la voluntad de Dios. Y, seamos lo que seamos, suele disfrazarse del legítimo deseo de crecer, de llegar a descubrir y a ocupar el puesto que nos corresponde en la vida.
  2. Todos esos deseos legítimos se ven distorsionados por la tentación de dominar y oprimir, cuando pretendemos realizarlos a costa de los demás o, peor aún, trepándonos sobre los demás. Cuando creemos que para lograr cosas importantes en la vida, tenemos que excluir a los demás, o ser superiores a ellos y ponerlos al servicio de nuestros intereses particulares. Es por esta tentación que se distorsiona a menudo la función política, la policial  e incluso la religiosa y la de la autoridad familiar.
  3. A lo largo del evangelio de Marcos este año hemos visto cómo varias veces los apóstoles más cercanos a Jesús caían en la tentación de buscar primeros puestos, de ser más que los demás discípulos, de gozar de privilegios y mando sobre los otros. Y de manera contundente hemos oído las palabras de Jesús en Marcos diciendo con claridad: los que son tenidos por jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes los oprimen con su poder; no sea así entre Uds., el que quiera llegar a ser grande entre Uds. sea servidor de todos. Es decir, el deseo de ser grande, de destacar, es legítimo pero entendido de una manera distinta a como se interpreta habitualmente. Para Jesús la grandeza está en el servicio, en el amor fraterno, en la entrega de la vida por los demás. Y esto, abre el camino a un nuevo modelo de sociedad, un nuevo tipo de relaciones humanas a todo nivel. Por eso es que cuando Pilato le pregunta a Jesús si es rey, la respuesta en parte es con el silencio, porque Jesús sabe que ni Pilato, ni los jefes judíos van a entenderle esta manera de ver las cosas. Ellos manejan la idea rey, de jefe, de autoridad existente, que es el que domina y oprime y no el que sirve.
  4. Nuestra sociedad costarricense atraviesa en estos días momentos en los que se muestran casos de ejercicio de poder político, de poder policial y de autoridad familiar no solo muy distantes, sino antagónicos del ideal de servicio que propone Jesús. Cuando en medio de esa situación la Iglesia propone la imagen de Cristo Rey como ideal, hay que cuidarse mucho de la ambigüedad de ese título y no olvidar que ese “reinado” no es como entiende el poder el mundo, sino que es un reinado de servicio y entrega para construir justicia, paz y solidaridad entre todos. Para colaborar en esa construcción quienes formamos parte de la Iglesia, de la comunidad de Jesús, tenemos que cuidarnos mucho para que la tentación del poder distorsionado del mundo no se nos siga colando dentro de la propia organización eclesial.Ω

18 noviembre, 2012

33º domingo t.o.


Lect.: Dan  12, 1-3 ; Hebr 10, 11-14. 18   ; Mc 13: 24-32

  1. Hay un tango, cantado por Juan Manuel Serrat, por título "Cambalache", que empieza  con una frase bien fuerte y pareciera pesimista. Dice así, Que el mundo fue y será una porquería  ya lo sé...  (¡En el quinientos seis y en el dos mil también!). Lo llamativo es que el resto de la canción no habla ni de las guerras, ni de la violencia y destrucción a gran escala, de las que nuestro mundo está plagado de ejemplos. Lo que más presenta el tango como "porquería" es que en nuestro tiempo se ha dado un despliegue de "maldá insolente", lo peor que está pasando dice es que "¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!...  ¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador!¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! " No hace falta irse muy lejos para entender estas frases. En las últimas semanas, en nuestro país, nos ha tocado ser testigos de acontecimientos lamentables en los que, como lo muestra el tango, se han invertido los papeles: los que vapulean son los buenos, y ciudadanos indefensos, que simplemente quieren manifestarse, los malos. Los jueces justos y honrados son los destituidos y expulsados de sus puestos, e individuos sin principios, y de intereses dudosos, los que conservan su poder político. Las cosas parecen confundirse, la desesperanza y frustración crece al no saber cómo enfrentar este mundo tan patas arriba. Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?, como decía aquel conocido programa humorístico.
  2. Cuando los evangelios y, en concreto, Marcos nos hablan de un tiempo de Ngustia y tribulación por el que hay que atravesar antes de llegar al final de la historia presente,  se están refiriendo a ese mundo "de porquería" como lo llama "Cambalache". Un mundo marcado por huellas de violencia, de distorsiones, de finitud, de limitaciones grandes.  Y la respuesta de Marcos a esa crisis no es la desesperación, ni la guerra santa, ni el juicio inmisericorde. Nada de eso. Lo que puede crear esperanza en medio de tanta porquería es el Hijo del Hombre, dice Marcos.  Son los hijos e hijas de ese Hijo del Hombre, de ese ser humano pleno, personificado en Jesús de Nazaret. Él , y los que se atreven a vivir como él, destierra el temor a la venganza divina, aniquila el pecado, e introduce el perdón. Supera la vieja Ley del Antiguo Testamento y muestra en su entrega libre a favor de los demás, la manera de crecer y de hacer pleno el don de la vida que tenemos. Es el hijo del hombre el que realiza esta entrega libre, ya prefigurada en la viuda pobre que vimos el domingo pasado.
  3. Por mucho más tiempo nos tocará seguir viviendo en ese mundo de "Cambalache" pero lo que va a derrotar a los que el tango llamar estafadores, ignorantes, traidores,... no van a ser otros que participen de ese juego repitiendo sus malas prácticas. Lo que va a conducir a la victoria es el sumarse a  los gestos creativos de amor liberador de ese Hijo del Hombre que ya ha venido y que nos revela, sobre todo, que ese amor liberador es el sustrato de nuestra historia y lo único que permanece, cuando todo lo demás, los diversos escenarios de pacotilla en los que nos quieren forzar a actuar, desaparezcan. Ese sustrato, ese amor, que es el fondo de lo que somos, es lo que llamamos Dios, y Jesús, que lo experimentó como un papá cariñoso y cercano

11 noviembre, 2012

32º domingo t.o.


Lect.:  I Reyes 17, 10-16;  Hebreos 9, 24-28; Marcos 12, 38-44
  1. En el mundo de la economía es normal y corriente que los empresarios, los propietarios de capital busquen  invertir en proyectos de alta rentabilidad. Es normal también que el ciudadano que tiene unos ahorros, busque colocarlos ahí donde  ganen más intereses, donde le vayan produciendo más beneficios para gastos futuros.
  2. Pero lo que es normal en la vida económica presenta un problema cuando lo trasladamos al nivel del resto de las relaciones sociales, de amistad, familiares, e incluso religiosas. Cuando en esos otros planos nuestras motivaciones y acciones son dirigidas prioritariamente por interés,  por el beneficio que espero sacar de algo que hago. Cuando ayudo a alguien pensando en que quizás esa persona en otra situación me devolverá el favor. Como dice el dicho popular, "hoy por ti y mañana por mí". O cuando hago un donativo pensando en que esa cantidad se deducirá de impuestos. O, los más piadosos, con la expectativa de que "arriba" me la tomarán en cuenta, para tener más gloria en el cielo, o menos sufrimiento al purgar por los pecados. Estas actitudes interesadas, egocentradas, se nos cuelan por todas partes y acabamos mercantilizando nuestra vida social, nuestra política y nuestras prácticas religiosas. Y acaban construyendo una sociedad como la actual, donde no solo predominan las relaciones puramente interesadas, sino que se pierde el aprecio por las instituciones, políticas y actitudes que apuntan a crear servicios y bienestar  para  todos, independientemente de su capacidad de retribución. Se llega a perder aprecio incluso por la educación pública, por la seguridad social en la salud, porque tanto usuarios como empleados consciente o inconscientemente van destruyendo esos espacios de servicio público, imbuidos en una mentalidad que solo ve en la ganancia monetaria una aspiración que vale le pena.
  3. En el evangelio de Marcos se nos presenta un Jesús que más que teorizar sobre el Reino de Dios, sobre esa forma plena de vida humana que predica y anuncia, ilustra este ideal con las actitudes y prácticas de  personas concretas, cercanas a  sus oyentes. En  el texto de hoy lo hace con una de las figuras más emblemáticas del evangelio, la de la insignificante viuda que da todo lo que tiene, necesario para su supervivencia, como limosna. Y de manera chocante para nosotros, el ejemplo de su generosidad llega a límites insospechados porque su limosna va a parar a la alcancía, al tesoro de un templo que es cueva de quienes la explotan a ella y a otros muchos como ella. Si observamos con atención descubriremos en hechos recientes, ejemplos de desprendimiento en medio de nosotros, que van en la línea de la viuda (los donativos de los jugadores de un equipo a otro en mayor necesidad, las luchas por defender las instituciones de salud pública, etc.).
  4. La viuda contrasta con los mismos apóstoles que siguiendo a Jesús, buscaban colocarse bien, tener puestos importantes; contrasta con el joven rico que andaba detrás de la recompensa de la vida eterna. Esta viuda, aunque no se nos dice lo que la motiva, de manera sencilla, sin alharacas, es un testimonio de desprendimiento, de desinterés, que demuestra que la vida para ella es un don gratuito que gratuitamente se comparte. "Lo que han recibido gratis, denlo gratis", Mt 10, dice Jesús en otra ocasión. En la perspectiva de Jesús ese comportamiento gratuito es lo que permite entrar en comunión con la vida de Dios que es también y ante todo gratuidad, generosidad, bondad incondicionalmente compartida. La gratuidad es el eje que estructura todo el proyecto de Jesús.
  5. Participar en la eucaristía de cada domingo no puede ser una práctica que se hace para no cometer pecado, ni para ganar méritos e indulgencias. Como su nombre lo indica es un momento intenso de "acción de gracias" al tomar conciencia de que todo lo que somos y tenemos es don y regalo de Dios. Es un momento intenso de experiencia de la gratuidad de la vida, que excluye la competencia y rivalidad violentas, y que genera de continuo actitudes de servicio, de solidaridad, haciendo valiosos los dos reales, las dos moneditas que representan la vida de cada uno de nosotros.Ω

04 noviembre, 2012

31o domingo t.o., 4 de noviembre 2012

Lect, Dt. 6:2-6; Hb. 7:23-28  Mc 12:28b-34


  1. El tema del respeto a los sentimientos religiosos ha estado en boca de muchos en tiempos recientes. Se pide ese respeto a un ministro de gobierno, porque toma iniciativas con implicaciones éticas en el campo de la educación,  a organizaciones civiles que defienden la diversidad de identidad sexual, a grupos de ciudadanos que promueven un estado no confesional...  Los "sentimientos religiosos" de los costarricenses parecen presentarse como argumento definitivo para juzgar como aceptables o no, iniciativas que implican cambios importantes en la vida de nuestra sociedad. Pero, ¿Son realmente una razón de peso, son lo más importante incluso en lo que se refiere al campo de la religión o de las buenas costumbres para construir de manera sana las relaciones de convivencia entre los costarricenses.
  2. En el escenario que presenta el evangelista Marcos hoy aparece un escriba, un teólogo judío de la época interrogando a Jesús sobre lo que era más importante para la vida de un israelita, expresado términos de obligaciones o mandatos. No hay que extrañarse que ese fuera el tema de discusión escogido por el teólogo. Por una parte, porque el pueblo de Israel tenía su vida cotidiana regulada por más de 600 mandamientos o reglas y era clave saber jerarquizarlos. por otra parte, porque el comportamiento de Jesús resultaba para muchos bastante desconcertante. Era admirable en sus enseñanzas y en su calidad humana, de eso no había duda, pero aparecía al mismo tiempo irrespetuoso de lo que los sentimientos religiosos de la mayoría juzgaban esencial. Por ejemplo, de la obligación de guardar el sábado, que el Maestro rompía al realizar curaciones ese día. O al permitir que sus discípulos comieran sin lavarse las manos o que rompieran el ayuno. O al permitirse tocar o dejar que lo tocaran personas consideradas impuras. Y la lista podría seguir. Era inevitable entonces que el escriba, y muchos con él, quisiera salir de dudas: cuál era el mandamiento esencial para la visión religiosa de Jesús si parecía romper muchos preceptos considerados claves para los sentimientos religiosos de la época.
  3. En la respuesta y siguiente conversación que Marcos nos describe quedan claras varias cosas. Ante todo, que el principal mandamiento no es, en realidad, un mandamiento, porque el amor no se puede mandar, ni menos aún imponer. Sería una contradicción. El amor es lo nos sale de dentro cuando vivimos la vida a plenitud, con todas nuestras fuerzas, toda nuestra mente y todo nuestro corazón. El amor es la realidad última, profunda de lo que somos, es lo que compartimos con la vida de Dios y que nos une en el ser con todos los demás, con todo lo que existe. Por eso, lo que llamamos "mandamiento del amor" es, más bien un llamado a tomar conciencia de la fuente de donde brota nuestro ser más real y profundo y el de cada uno de los demás hombres y mujeres. Y, en el fondo, del dinamismo que nos une con todo lo creado.
  4. Por eso, el amor como lo interpreta y lo vive Jesús si no es un precepto legal, tampoco es un mero sentimiento, una actitud emocional. Es la forma de vivir efectiva, concreta, que se da de manera fluida cuando nos percibimos, a nivel experiencial y no teórico, como una sola unidad con todos los demás y participando de la vida de la única divinidad. Es lo que se traduce en compromisos tangibles de construir comunidad en la diversidad de  personas humanas maduras, adultas.  Lo que no es esto, aunque se le dé el nombre de "sentimientos religiosos", en la perspectiva evangélica no pasa de ser una expresión ideológica más, doctrinal, que divide y separa, mientras que el amor, concretado en servicio y acciones solidarias, unifica y, en lo cotidiano, construye personas integrales y comunidades, superando barreras étnicas, nacionales, confesionales e ideológicas. Creo que si buscamos en esta dirección no andaremos lejos del Reino de Dios, como le dijo Jesús al escriba.