18 noviembre, 2012

33º domingo t.o.


Lect.: Dan  12, 1-3 ; Hebr 10, 11-14. 18   ; Mc 13: 24-32

  1. Hay un tango, cantado por Juan Manuel Serrat, por título "Cambalache", que empieza  con una frase bien fuerte y pareciera pesimista. Dice así, Que el mundo fue y será una porquería  ya lo sé...  (¡En el quinientos seis y en el dos mil también!). Lo llamativo es que el resto de la canción no habla ni de las guerras, ni de la violencia y destrucción a gran escala, de las que nuestro mundo está plagado de ejemplos. Lo que más presenta el tango como "porquería" es que en nuestro tiempo se ha dado un despliegue de "maldá insolente", lo peor que está pasando dice es que "¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!...  ¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador!¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! " No hace falta irse muy lejos para entender estas frases. En las últimas semanas, en nuestro país, nos ha tocado ser testigos de acontecimientos lamentables en los que, como lo muestra el tango, se han invertido los papeles: los que vapulean son los buenos, y ciudadanos indefensos, que simplemente quieren manifestarse, los malos. Los jueces justos y honrados son los destituidos y expulsados de sus puestos, e individuos sin principios, y de intereses dudosos, los que conservan su poder político. Las cosas parecen confundirse, la desesperanza y frustración crece al no saber cómo enfrentar este mundo tan patas arriba. Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?, como decía aquel conocido programa humorístico.
  2. Cuando los evangelios y, en concreto, Marcos nos hablan de un tiempo de Ngustia y tribulación por el que hay que atravesar antes de llegar al final de la historia presente,  se están refiriendo a ese mundo "de porquería" como lo llama "Cambalache". Un mundo marcado por huellas de violencia, de distorsiones, de finitud, de limitaciones grandes.  Y la respuesta de Marcos a esa crisis no es la desesperación, ni la guerra santa, ni el juicio inmisericorde. Nada de eso. Lo que puede crear esperanza en medio de tanta porquería es el Hijo del Hombre, dice Marcos.  Son los hijos e hijas de ese Hijo del Hombre, de ese ser humano pleno, personificado en Jesús de Nazaret. Él , y los que se atreven a vivir como él, destierra el temor a la venganza divina, aniquila el pecado, e introduce el perdón. Supera la vieja Ley del Antiguo Testamento y muestra en su entrega libre a favor de los demás, la manera de crecer y de hacer pleno el don de la vida que tenemos. Es el hijo del hombre el que realiza esta entrega libre, ya prefigurada en la viuda pobre que vimos el domingo pasado.
  3. Por mucho más tiempo nos tocará seguir viviendo en ese mundo de "Cambalache" pero lo que va a derrotar a los que el tango llamar estafadores, ignorantes, traidores,... no van a ser otros que participen de ese juego repitiendo sus malas prácticas. Lo que va a conducir a la victoria es el sumarse a  los gestos creativos de amor liberador de ese Hijo del Hombre que ya ha venido y que nos revela, sobre todo, que ese amor liberador es el sustrato de nuestra historia y lo único que permanece, cuando todo lo demás, los diversos escenarios de pacotilla en los que nos quieren forzar a actuar, desaparezcan. Ese sustrato, ese amor, que es el fondo de lo que somos, es lo que llamamos Dios, y Jesús, que lo experimentó como un papá cariñoso y cercano

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