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31o domingo t.o., 4 de noviembre 2012

Lect, Dt. 6:2-6; Hb. 7:23-28  Mc 12:28b-34


  1. El tema del respeto a los sentimientos religiosos ha estado en boca de muchos en tiempos recientes. Se pide ese respeto a un ministro de gobierno, porque toma iniciativas con implicaciones éticas en el campo de la educación,  a organizaciones civiles que defienden la diversidad de identidad sexual, a grupos de ciudadanos que promueven un estado no confesional...  Los "sentimientos religiosos" de los costarricenses parecen presentarse como argumento definitivo para juzgar como aceptables o no, iniciativas que implican cambios importantes en la vida de nuestra sociedad. Pero, ¿Son realmente una razón de peso, son lo más importante incluso en lo que se refiere al campo de la religión o de las buenas costumbres para construir de manera sana las relaciones de convivencia entre los costarricenses.
  2. En el escenario que presenta el evangelista Marcos hoy aparece un escriba, un teólogo judío de la época interrogando a Jesús sobre lo que era más importante para la vida de un israelita, expresado términos de obligaciones o mandatos. No hay que extrañarse que ese fuera el tema de discusión escogido por el teólogo. Por una parte, porque el pueblo de Israel tenía su vida cotidiana regulada por más de 600 mandamientos o reglas y era clave saber jerarquizarlos. por otra parte, porque el comportamiento de Jesús resultaba para muchos bastante desconcertante. Era admirable en sus enseñanzas y en su calidad humana, de eso no había duda, pero aparecía al mismo tiempo irrespetuoso de lo que los sentimientos religiosos de la mayoría juzgaban esencial. Por ejemplo, de la obligación de guardar el sábado, que el Maestro rompía al realizar curaciones ese día. O al permitir que sus discípulos comieran sin lavarse las manos o que rompieran el ayuno. O al permitirse tocar o dejar que lo tocaran personas consideradas impuras. Y la lista podría seguir. Era inevitable entonces que el escriba, y muchos con él, quisiera salir de dudas: cuál era el mandamiento esencial para la visión religiosa de Jesús si parecía romper muchos preceptos considerados claves para los sentimientos religiosos de la época.
  3. En la respuesta y siguiente conversación que Marcos nos describe quedan claras varias cosas. Ante todo, que el principal mandamiento no es, en realidad, un mandamiento, porque el amor no se puede mandar, ni menos aún imponer. Sería una contradicción. El amor es lo nos sale de dentro cuando vivimos la vida a plenitud, con todas nuestras fuerzas, toda nuestra mente y todo nuestro corazón. El amor es la realidad última, profunda de lo que somos, es lo que compartimos con la vida de Dios y que nos une en el ser con todos los demás, con todo lo que existe. Por eso, lo que llamamos "mandamiento del amor" es, más bien un llamado a tomar conciencia de la fuente de donde brota nuestro ser más real y profundo y el de cada uno de los demás hombres y mujeres. Y, en el fondo, del dinamismo que nos une con todo lo creado.
  4. Por eso, el amor como lo interpreta y lo vive Jesús si no es un precepto legal, tampoco es un mero sentimiento, una actitud emocional. Es la forma de vivir efectiva, concreta, que se da de manera fluida cuando nos percibimos, a nivel experiencial y no teórico, como una sola unidad con todos los demás y participando de la vida de la única divinidad. Es lo que se traduce en compromisos tangibles de construir comunidad en la diversidad de  personas humanas maduras, adultas.  Lo que no es esto, aunque se le dé el nombre de "sentimientos religiosos", en la perspectiva evangélica no pasa de ser una expresión ideológica más, doctrinal, que divide y separa, mientras que el amor, concretado en servicio y acciones solidarias, unifica y, en lo cotidiano, construye personas integrales y comunidades, superando barreras étnicas, nacionales, confesionales e ideológicas. Creo que si buscamos en esta dirección no andaremos lejos del Reino de Dios, como le dijo Jesús al escriba.

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