28 julio, 2013

17o domingo t.o.

Lect: Gén 18: 20 – 32; Col 2: 12 – 14;  Lc 11: 1 - 13

  1.  Quizás, atraídos por ese maravilloso y sencillo contenido del "padrenuestro" hemos pasado por alto las circunstancias de este relato. Los discípulos están observando a Jesús que se ha apartado a orar y, posiblemente impresionados por lo que ven, se atreven a pedirle "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". Es curioso, todos ellos eran judíos piadosos. Todos visitaban el Templo y participaban del culto en la sinagoga. Entonces, habrían recitado oraciones y salmos muchísimas veces. ¿A qué viene, entonces,  eso de pedir ahora a Jesús que les enseñe a orar?
  2. Tal pareciera que la cercanía de Jesús, y de Jesús orando, les hace ver que "orar" es una cosa distinta de la habitual recitación de plegarias, peticiones y alabanzas, a la que estaban acostumbrados. Algo que incluso se puede hacer, como lo hace Jesús,  sin necesidad de estar en el Templo o en otro espacio sagrado. Si de esa inquietud proviene la petición de los discípulos, estamos seguros de que Jesús les entendió y, entonces, su respuesta no puede entenderse como la enseñanza de una plegaria más. La respuesta tiene que entenderse más bien como una manera de describir lo que es una persona de oración; una forma de expresar las cualidades, los rasgos que debía tener cada uno de ellos si quieren tener una actitud orante, para estar en comunión con la divinidad. Y lo que llamamos las "peticiones" del padrenuestro, probablemente, pueden entenderse, más bien como expresiones de ese estado personal de oración, de interioridad y compromiso que nos permite ser y vivir dentro de la realidad misma de Dios, ser y vivir dentro de nuestra realidad personal más auténtica y plena.
  3. Fijémonos solo en dos rasgos. Al referirse a Dios como Padre, por una parte, y reconocer su santidad al mismo tiempo, pareciera apuntar Jesús al reconocimiento y vivencia que debemos tener permanentemente de que lo divino es la fuente de nuestra vida y de la de todos los demás, es el origen y raíz actual de todo lo que existe y que, por tanto, nos unifica con todos los demás seres. Pero esa fuente de vida, es santa, es trascendente, no es simplemente un mecanismo químico o biológico material. No es algo que podamos expresar o nombrar  como nombramos los objetos de nuestro mundo material. Es una presencia cercana, íntima y, al mismo tiempo mayor que nosotros mismos. Nos da origen y nos crea continuamente y, al mismo tiempo, existe en nosotros mismos. Este reconocimiento no es lo único que expresa la oración de Jesús, pero es quizás, la cualidad fundamental que permite que cada momento de nuestra vida lo descubramos como un encuentro con la divinidad y con todos los que son hijos de ese único Padre - Madre, porque están y brotan de esa única fuente de vida y de ser.
  4. Tantas veces a lo largo de nuestra existencia hemos rezado el Padrenuestro como si fuera una plegaria más, junto con otro montón de plegarias, peticiones y alabanzas, al punto que puede que hayamos perdido su sentido. Y quizás estamos necesitados de volver a repetir la frase de los primeros discípulos, "Señor, enséñanos a orar". Y seguramente se nos abriría así un camino de descubrimiento de lo que es la oración como encuentro con lo que somos en profundidad, en ese nivel donde nos entrelazamos en una Realidad del Ser que supera todas las limitaciones que nos impiden amar sin medida, identificarnos sin restricción con todos los demás hermanos. En ese nivel donde la interioridad y el compromiso de solidaridad, servicio y entrega se hacen una sola cosa.Ω

21 julio, 2013

16º domingo t.o.


Lect. Gén.   18: 1-10 a; Col  1:24-28; Lc 10: 38 -42

  1. El pasado 7 de julio, tuvo lugar en la sede de las NN.UU un acontecimiento  completamente extraordinario. Una niña pakistaní, Malala Yousafzai, que cumplía ese día 16 años, tenía la palabra en un acto especial organizado por la ONU.  "Estoy aquí, dijo, para hablar por el derecho a la educación de todos los niños y niñas del mundo". Y explicó que estaba luchando por los derechos de las mujeres, porque son quienes más sufren. Por llevar a cabo esta campaña Malala, en octubre pasado, recibió un balazo que le disparó un militar talibán. "Los terroristas pensaron que cambiarían mis propósitos y detendrían mis ambiciones, dijo Malala en N.Y., pero nada ha cambiado en mi vida, excepto que la debilidad, el temor y la desesperanza murieron. Nacieron en mí la fuerza, el poder y el coraje." "Los extremistas tienen miedo de los libros y de las plumas. Tienen miedo de las mujeres."
  2. Hace 21 siglos, en una aldea de Galilea, en la casa de Marta y María, mientras Marta sirve la mesa, María se sienta a los pies de Jesús, en la posición y actitud  propias del discípulo delante del Maestro. Y Jesús alaba y valora como lo más importante este deseo de María de escuchar y asimilar la Palabra. Dicho de otra manera,  Jesús  la declara "discípula". Solo la fuerza de la costumbre nos impide captar lo sorprendente de las actitudes de Jesús y de esta María. En aquella época y en aquellos pueblos era inaceptable considerar que las mujeres pudieran estudiar, pudieran ser discípulas. Tradiciones rabínicas preferían quemar los libros sagrados antes que entregárselos a las mujeres para que estudiaran. Con este episodio Lc destaca cómo Jesús rompe radicalmente con las costumbres patriarcales machistas de su entorno y valora igualmente a hombres y mujeres entre los discípulos que envía a continuar su misión. Unos y otras capaces por igual de asimilar la Palabra de Dios y de anunciarla. No es solo el reconocimiento social y cultural de la dignidad femenina, ya de por sí importante. Es también una ruptura del marco religioso de entonces. Es también liberar a la mujer del sometimiento religioso a los varones que enseñaban la Ley, y que se les imponía.  Es la apertura al descubrimiento que podemos hacer todos, mujeres igual que los varones, del Dios, del Maestro interior que nos habla desde nuestro ser más auténtico.
  3. Desde esa María de Galilea hasta Malala de Pakistán han transcurrido más de 2000 años. Sorprendentemente encontramos entonces y ahora parecida opresión, discriminación, marginación violenta de las mujeres en el ejercicio de derechos educacionales, laborales, profesionales. Las enseñanzas y prácticas de Jesús no dan lugar a estas aberraciones, sino a todo lo contrario. Basándonos en el Evangelio, las Iglesias deberíamos constituirnos en apoyo firme para las luchas de las mujeres por el pleno ejercicio de sus derechos en todos los ámbitos. Por supuesto, este apoyo debería incluir el reconocimiento al interior de las mismas iglesias de la mujer como escucha y portadora plena de la Palabra, como realizadora de la misión de Jesús. En otro conocido texto de Lc, en el que alguien de la multitud bendice el vientre del que nació Jesús y los pechos que lo amamantaron, (Lc 11; 27-28) el evangelista hace ver que no es la mera función reproductora la que hace grande a la mujer, sin negar la dignidad que esto supone, sino el asimilar la Palabra de Dios y transformarla en vida. Todo un camino se nos traza de reivindicación del papel espiritual y cultural de lo femenino en la sociedad y en la Iglesia.Ω


Por el tema y el texto, esta vez la la pena añadir unas breves notas de referencia al lector de esta homilía.-

Nota 1ª.- Por costumbre suele interpretarse este texto de Marta y María como contraposición de la vida activa y la vida contemplativa en la Iglesia. Los estudiosos del Nuevo Testamento muestran que propiamente no hay base en los textos para ello. Esa interpretación, teológica, se desarrolló muy posteriormente, en apariencia a partir de un comentario de un Padre de la Iglesia, Orígenes.

Nota 2ª.- En el evangelio de Lucas hay un buen número de textos relativos a la importancia de las mujeres entre los y las seguidoras de Jesús. Esto ha hecho pensar a varios analistas que el evangelista Lucas tuvo una fuente propia de sus ecritos que aglutinaba una colección de textos sobre ese particular, lo que da la impresión de que en la comunidad cristiana primitiva ya se interesaron en destacar la originalidad de las prácticas y enseñanzas de Jesús sobre el papel de la mujer en la Iglesia.

Nota 3ª.- Un comandante talibán le escribió una carta a Malala diciéndole que el disparo se le había hecho porque usaba “sus armas” (la pluma y el discurso) contra la tradición islámica. Y la invita a poner esas “armas” más bien al servicio de esa tradición y, además, a volver a recibir educación pero dentro de las escuelas islámicas reservadas a las mujeres. Claramente no acepta ni respeta la libertad e igualdad de las mujeres dentro del Islam.

14 julio, 2013

15o domingo t.o.


Lect:  Deut 30, 10-14;    Colosenses 1, 15-20   : Lc 10, 25-37

  1. Esta maravillosa parábola de Lc, sintetiza lo esencial del Evangelio, confrontado con equivocadas maneras de vivir la religión. Presenta a Jesús, una vez más, peleando con la religión, con los religiosos de su pueblo. Con los que priorizan la religión como un  conocimiento especializado, sobre Dios y sobre la Ley de Dios. Y utilizan ese conocimiento como instrumento para auto encumbrarse y, de esa manera, dominar a los demás, ponerse por encima de ellos. En esta maravillosa parábola del buen samaritano queda clara esa manera distorsionada de entender y vivir la religión. Se ve claramente la mala intención del especialista de la Ley, que utiliza sus conocimientos para intentar tender una trampa a Jesús y, al mismo tiempo, para escaparse él mismo de las exigencias que esa Ley le plantea y que le pone en situación incómoda.
  2. Pero queda clara también la manera en que Jesús rectifica lo que es verdaderamente religioso. No se trata de mucho conocimiento ortodoxo, sino de comportamiento compasivo, que brota del corazón, es decir, de lo más profundo y auténtico que hay en cada uno, ahí donde somos una sola cosa todos en el Dios que nos sustenta a todos. No se trata entonces de sobresalir de entre los demás, por ser un gran teólogo o especialista en derecho canónico, sino de reconocerse uno mismo en el otro, y de poner lo poco o mucho que sabemos y lo que somos, al servicio del prójimo herido, despojado de sus bienes y de su dignidad, de las minorías atropelladas en sus derechos, de las personas discriminadas de cualquier manera, por condición social, racial, o por identidad sexual.
  3. Como el doctor de la ley del texto de hoy, siempre podemos tratar de escapar de las exigencias de la com - pasión, con pretextos legalistas o teológicos e inventar nuevas preguntas diciendo, por ejemplo,  de acuerdo, debo de amar a mi prójimos, pero ¿es prójimo mío solo el extranjero que por su origen social y buena educación sabe colocarse en el país, o también el nica pobre, que no tuvo acceso a una buena educación y que no sabe comportarse en el vecindario? ¿Es prójimo mío cualquier persona que lucha por sus derechos laborales, y por la calidad de los  servicios públicos, o solo los que lo hacen sin recurrir a protestas en la calle, o a participaciones enérgicas en las redes sociales criticando a los políticos y empresarios?¿Es prójimo mío cualquier persona gay o lesbiana, discriminado por su identidad sexual o solo los que siguen las enseñanzas oficiales de la Iglesia en materia de sexo? Ante esas dudas, el interrogante evangélico: ¿No es más bien mi prójimo todo el que descubro como semejante  cuando yo me comporto como prójimo de  mi semejante, no por paternalismo sino por identificación  con las mismas heridas y con sus mismos gozos ? 
  4. La lista de preguntas no termina nunca, porque nuestra astucia para no oír la voz de nuestro corazón con sus exigencias de com - pasión también es infinita. Y Lucas nos hace ver claramente que discutir con quienes esgrimen esas preguntas astutas es una pérdida de tiempo. No se trata de discutir, sino de vivir la religión de forma auténtica. Uno se comporta como prójimo, haciendo lo mismo que el samaritano, dejándose conmover desde dentro, reconociéndose con sinceridad, tan malherido como el que está en la cuneta, descubriendo que ambos se unen en el amor que es Dios. Abriéndose a escuchar como dirigida a uno mismo, personalmente, esa frase final de Lc: Anda y haz tú lo mismo, que es una invitación a tener la misma experiencia de Jesús en las relaciones con todos los demás.Ω

07 julio, 2013

14º domingo t.o.


Lect.: Is 66: 10 – 14 c; Gál 6: 14 – 18; Lc 10: 1 – 12 . 17 – 20.

  1. El envío de los setenta y dos, como antes el envío de los doce o la elección de los primeros cuatro discípulos, representa en el texto de hoy, la conciencia que adquirieron las primeras comunidades, después de la Pascua, de la necesidad de compartir con otros su descubrimiento de la Buena Noticia. Jesús les había hecho ver una nueva manera de relacionarse con Dios, una relación de ternura, de misericordia, de amor, de gratuidad, que se manifestaba en su preferencia por los pobres, los enfermos, los excluidos, los necesitados. Esa era la buena noticia, que así era el Dios de Jesús y que ese Dios estaba cerca, en medio de ellos. Esa era la que llamaron Buena Noticia del Reino de Dios. El reinado de Dios era esa nueva forma de vivir las relaciones humanas. Cuando se ha oído una noticia semejante, cuando se la ha visto como posible y realizable, materializada en la vida de Jesús, lo normal es querer compartir tan espléndida noticia.
  2. Por eso el envío de los doce o de los setenta y dos, no es un envío proselitista. No se puede entender jamás como si fuera una campaña publicitaria, un reclutamiento de vendedores a los que se les encarga colocar un producto en el mercado. No se trata tampoco de matricular adeptos para la iglesia como institución, como si se tratara de un partido político u otra organización que quiere posicionarse en la sociedad. Es simplemente el impulso que surge de una nueva experiencia de Dios que se descubre primero en Jesús, se vive luego en sus discípulos y de ahí surge la necesidad de anunciar a los demás que todos pueden también vivir esa experiencia. Esa es la experiencia de la que habla Pablo hoy al decir que más que ser creyente judío o no creyente, lo que cuenta es ser, experimentarse como criatura nueva.  Tan importante es ese anuncio del Reino, del encuentro con Dios, que los enviados no deben distraerse con nada en el camino que los aparte de su tarea. Y deben caminar libres de ataduras, de posesiones, de todo lo que les impida vivir esa nueva experiencia o que no haga creíble su anuncio.
  3. Puede llamarnos la atención que Jesús haga la advertencia de que este anuncio lo tendrán que hacer como corderos en medio de lobos. Puede sonar raro que una buena noticia como esta genere peligros. Pero la vida nos ha enseñado que en este mundo siempre hay peligro de contaminación y que lo religioso también se contamina de apego al poder, de codicia, de prácticas de dominación. Quienes están así contaminados, no es extraño que se conviertan en lobos voraces que amenacen a quienes anuncian una buena nueva que propone  el servicio, la libertad y la gratuidad como rasgos del encuentro con el Dios de Jesús. Todos nosotros nos hemos dado cuenta, por ejemplo, de cómo los buenos ejemplos del Papa Francisco, de sencillez, de acercamiento a las necesidades del pueblo, de invitación a convertir la Iglesia en una iglesia de los pobres, todo esto, que a nosotros nos motiva, ha encontrado reacciones negativas en algunos grupos religiosos, católicos que están más apegados a una imagen de lujo y poder de la iglesia.
  4. Ante estos peligros, La invitación que Lucas pone en boca de Jesús es clara,  ¡Pónganse en camino! Es el mismo camino de subida de Jesús a Jerusalén en el que la primera comunidad vio un símbolo del propio camino a seguir, como discípulos, para llegar a la plenitud alcanzada por el hijo del hombre.Ω