07 julio, 2013

14º domingo t.o.


Lect.: Is 66: 10 – 14 c; Gál 6: 14 – 18; Lc 10: 1 – 12 . 17 – 20.

  1. El envío de los setenta y dos, como antes el envío de los doce o la elección de los primeros cuatro discípulos, representa en el texto de hoy, la conciencia que adquirieron las primeras comunidades, después de la Pascua, de la necesidad de compartir con otros su descubrimiento de la Buena Noticia. Jesús les había hecho ver una nueva manera de relacionarse con Dios, una relación de ternura, de misericordia, de amor, de gratuidad, que se manifestaba en su preferencia por los pobres, los enfermos, los excluidos, los necesitados. Esa era la buena noticia, que así era el Dios de Jesús y que ese Dios estaba cerca, en medio de ellos. Esa era la que llamaron Buena Noticia del Reino de Dios. El reinado de Dios era esa nueva forma de vivir las relaciones humanas. Cuando se ha oído una noticia semejante, cuando se la ha visto como posible y realizable, materializada en la vida de Jesús, lo normal es querer compartir tan espléndida noticia.
  2. Por eso el envío de los doce o de los setenta y dos, no es un envío proselitista. No se puede entender jamás como si fuera una campaña publicitaria, un reclutamiento de vendedores a los que se les encarga colocar un producto en el mercado. No se trata tampoco de matricular adeptos para la iglesia como institución, como si se tratara de un partido político u otra organización que quiere posicionarse en la sociedad. Es simplemente el impulso que surge de una nueva experiencia de Dios que se descubre primero en Jesús, se vive luego en sus discípulos y de ahí surge la necesidad de anunciar a los demás que todos pueden también vivir esa experiencia. Esa es la experiencia de la que habla Pablo hoy al decir que más que ser creyente judío o no creyente, lo que cuenta es ser, experimentarse como criatura nueva.  Tan importante es ese anuncio del Reino, del encuentro con Dios, que los enviados no deben distraerse con nada en el camino que los aparte de su tarea. Y deben caminar libres de ataduras, de posesiones, de todo lo que les impida vivir esa nueva experiencia o que no haga creíble su anuncio.
  3. Puede llamarnos la atención que Jesús haga la advertencia de que este anuncio lo tendrán que hacer como corderos en medio de lobos. Puede sonar raro que una buena noticia como esta genere peligros. Pero la vida nos ha enseñado que en este mundo siempre hay peligro de contaminación y que lo religioso también se contamina de apego al poder, de codicia, de prácticas de dominación. Quienes están así contaminados, no es extraño que se conviertan en lobos voraces que amenacen a quienes anuncian una buena nueva que propone  el servicio, la libertad y la gratuidad como rasgos del encuentro con el Dios de Jesús. Todos nosotros nos hemos dado cuenta, por ejemplo, de cómo los buenos ejemplos del Papa Francisco, de sencillez, de acercamiento a las necesidades del pueblo, de invitación a convertir la Iglesia en una iglesia de los pobres, todo esto, que a nosotros nos motiva, ha encontrado reacciones negativas en algunos grupos religiosos, católicos que están más apegados a una imagen de lujo y poder de la iglesia.
  4. Ante estos peligros, La invitación que Lucas pone en boca de Jesús es clara,  ¡Pónganse en camino! Es el mismo camino de subida de Jesús a Jerusalén en el que la primera comunidad vio un símbolo del propio camino a seguir, como discípulos, para llegar a la plenitud alcanzada por el hijo del hombre.Ω

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