14 julio, 2013

15o domingo t.o.


Lect:  Deut 30, 10-14;    Colosenses 1, 15-20   : Lc 10, 25-37

  1. Esta maravillosa parábola de Lc, sintetiza lo esencial del Evangelio, confrontado con equivocadas maneras de vivir la religión. Presenta a Jesús, una vez más, peleando con la religión, con los religiosos de su pueblo. Con los que priorizan la religión como un  conocimiento especializado, sobre Dios y sobre la Ley de Dios. Y utilizan ese conocimiento como instrumento para auto encumbrarse y, de esa manera, dominar a los demás, ponerse por encima de ellos. En esta maravillosa parábola del buen samaritano queda clara esa manera distorsionada de entender y vivir la religión. Se ve claramente la mala intención del especialista de la Ley, que utiliza sus conocimientos para intentar tender una trampa a Jesús y, al mismo tiempo, para escaparse él mismo de las exigencias que esa Ley le plantea y que le pone en situación incómoda.
  2. Pero queda clara también la manera en que Jesús rectifica lo que es verdaderamente religioso. No se trata de mucho conocimiento ortodoxo, sino de comportamiento compasivo, que brota del corazón, es decir, de lo más profundo y auténtico que hay en cada uno, ahí donde somos una sola cosa todos en el Dios que nos sustenta a todos. No se trata entonces de sobresalir de entre los demás, por ser un gran teólogo o especialista en derecho canónico, sino de reconocerse uno mismo en el otro, y de poner lo poco o mucho que sabemos y lo que somos, al servicio del prójimo herido, despojado de sus bienes y de su dignidad, de las minorías atropelladas en sus derechos, de las personas discriminadas de cualquier manera, por condición social, racial, o por identidad sexual.
  3. Como el doctor de la ley del texto de hoy, siempre podemos tratar de escapar de las exigencias de la com - pasión, con pretextos legalistas o teológicos e inventar nuevas preguntas diciendo, por ejemplo,  de acuerdo, debo de amar a mi prójimos, pero ¿es prójimo mío solo el extranjero que por su origen social y buena educación sabe colocarse en el país, o también el nica pobre, que no tuvo acceso a una buena educación y que no sabe comportarse en el vecindario? ¿Es prójimo mío cualquier persona que lucha por sus derechos laborales, y por la calidad de los  servicios públicos, o solo los que lo hacen sin recurrir a protestas en la calle, o a participaciones enérgicas en las redes sociales criticando a los políticos y empresarios?¿Es prójimo mío cualquier persona gay o lesbiana, discriminado por su identidad sexual o solo los que siguen las enseñanzas oficiales de la Iglesia en materia de sexo? Ante esas dudas, el interrogante evangélico: ¿No es más bien mi prójimo todo el que descubro como semejante  cuando yo me comporto como prójimo de  mi semejante, no por paternalismo sino por identificación  con las mismas heridas y con sus mismos gozos ? 
  4. La lista de preguntas no termina nunca, porque nuestra astucia para no oír la voz de nuestro corazón con sus exigencias de com - pasión también es infinita. Y Lucas nos hace ver claramente que discutir con quienes esgrimen esas preguntas astutas es una pérdida de tiempo. No se trata de discutir, sino de vivir la religión de forma auténtica. Uno se comporta como prójimo, haciendo lo mismo que el samaritano, dejándose conmover desde dentro, reconociéndose con sinceridad, tan malherido como el que está en la cuneta, descubriendo que ambos se unen en el amor que es Dios. Abriéndose a escuchar como dirigida a uno mismo, personalmente, esa frase final de Lc: Anda y haz tú lo mismo, que es una invitación a tener la misma experiencia de Jesús en las relaciones con todos los demás.Ω

2 comentarios:

  1. Excelente interpretación de la lectura, con la realidad.Muchas gracias por mostrarnos esta panorámica.

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  2. Una vez más el amor de Dios en todo su esplendor. Un Dios que lo único que hace es mantener los brazos abiertos para acorgernos a todos. Esta visión debe ser viral; urge un cambio de ver el entorno. A veces siento que las cosas se escapan de las manos, pero a la vez mantengo la fe de que es posible un cambio de mentalidad en la juventud, en la que Dios sea concebido como Amor Puro, y no como obstáculo.
    Fijo compartiré el mensaje con mis estudiantes, Padre.

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