Ir al contenido principal

28º domingo t.o.


28o domingo, t.o., 9 octubre de 2011
Lect.: Is 25: 6-10 a; Flp 4:12-14;19-20; Mt 22:1-14

1.   Para Mt (4:17), como para los demás evangelistas, está claro que el reino de Dios ya ha llegado, ya está en medio de nosotros. Eso quiere decir que si nos lo representamos, como hace el texto de hoy, como un gran banquete de bodas, estamos hablando, no de la promesa de algo que sucederá al final de los tiempos, sino de una realidad de la que YA formamos parte. Ya, aquí y ahora hemos sido todos invitados a sentarnos en una mesa común. A formar parte de una gran comunidad única, de una realidad unitaria, sumergidos en la realidad divina en la que somos, nos movemos y existimos. Sin negar que, por nuestra condición humana, puede que estemos ciegos ante esa maravillosa realidad; o puede que la veamos, pero que pretendamos acercarnos a esa mesa persiguiendo los mejores puestos, sin conciencia de lo que acontece a los demás comensales, conservando una manera egoísta, apegada a nuestros pequeños apetitos, que nos impide participar en la alegría y el disfrute que proporciona la fraternidad de la mesa.
2.   Descubrir esta realidad de la que ya formamos parte es la tarea fundamental de nuestro crecimiento espiritual. Si de algo sirven las religiones es para apoyarnos en esa tarea. Por eso, no es casualidad que en el centro de las prácticas y tradiciones cristianas se encuentre la celebración eucarística, como una forma simbólica de recordarnos que lo esencial de nuestra vida en el mundo es descubrirnos formando parte de una gran mesa común, fraterna, en la que superamos nuestro aislamiento individualista, nuestras discriminaciones y todos aquellos comportamientos que generan brechas de desigualdad y enemistad entre nosotros.
3.   Cuando Pablo dice, en la 2a lectura de hoy, que sabe vivir en la pobreza y en la abundancia, que está entrenado en todo y para todo, parece sugerirnos cuál es la actitud básica requerida, cual es el "vestido de bodas" exigido para tomar parte en la mesa común de todos los bienes materiales y espirituales del Reino. Esa actitud es la del desapego. Un desapego al que se puede llegar sin buscarlo, en la medida en que vamos creciendo progresivamente en la conciencia y experiencia de ser un solo cuerpo, miembros unos de otros, inmersos en la realidad de un Dios que es todo en todos.

Comentarios

  1. Lástima que nuestras eucaristías católicas hayan dejado de simbolizar, para nosotros, lo que debieran simbolizar y mucha gente va a ellas sólo por cumplir. La misma forma de la liturgia no hace que se parezcan a un banquete. Ni siquiera parece haber algo que se parezca a la solidaridad. Habrá que repensarlas, creo

    ResponderBorrar
  2. Sí Anabelle, quizás la cosa empieza por asumir la visión de Mateo de lo que era la iglesia. En la medida en que se construya como pequeña comunidad, para hacer la memoria de Jesús, en todo sentido, la celebración eucarística que brote de esa vivencia será necesariamente muy distinto de lo que mencionás (esos ritos rígidos, acartonados, que no expresan la vida de una comunidad, sino una serie de reglas que hay que cumplir, …). Es, por eso, un reto demasiado grande. El hipercrecimiento institucional eclesiástico se ha tornado hegemónico al punto de que para la mayoría de los cristianos, probablemente, ligarse a ello y vivir su dinámica es equivalente al seguimiento de Jesús. Con esa perspectiva no habría mayor diferencia entre una liturgia como la actual, o reformada, con o sin guitarras, en lengua vernácula o latín.

    ResponderBorrar
  3. Sí, es terrible. Yo me sigo confesando católica. Pero sé que lo que pasa actualmente dentro de las iglesias, y de la católica en particular, no es la respuesta que el ser humano de hoy necesita. Gracias a Dios también sé que hay personas muy valiosas, como Ustedes, que tienen el coraje de orientar a unas "ovejas descarriadas", como nosotros sacarlas de la cárcel del redil con una oferta liberadora. Ojalá a largo plazo eso genere un cambio.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué). Domingo de Pascua, marzo 27, 2005. Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8 1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muer...