11 marzo, 2012

3er domingo de Cuaresma


Éx 20:1-7; 1 Cor 1:22-25; Jn 2:13-25

1.    El fondo del mensaje de este texto evangélico de hoy está ligado a esa frase explicativa de Jn cuando, al preguntarle por lo que estaba haciendo y diciendo, Jesús dice que estaba refiriéndose a su cuerpo. Es decir, que sus actos al enfrentarse a los mercaderes y sus palabras relativas a la destrucción del templo los hace y dice con la autoridad de quien está convencido de que el verdadero templo, el verdadero lugar del encuentro con Dios está en su persona.
2.    Para entender el alcance de esta afirmación hay que recordar otros textos de este mismo evangelista, donde habla de ver a Dios y de dar culto a Dios. Empecemos  por el prólogo cuando dice que la palabra de Dios se ha hecho carne y que si a Dios nadie lo ha visto jamás, el hijo lo ha dado a conocer. Luego, cuando le dice a Nicodemo que los que han nacido de lo alto son los que pueden ver el reino de Dios. Y de manera contundente le responde a la samaritana que los adoradores verdaderos son los que adoran en espíritu y en verdad y que no hay un lugar específico para adorar a Dios. Todos estos textos podríamos calificarlos de revolucionarios para el lugar y la época, porque para el pueblo de Jesús el Templo, junto con la Ley y el sábado eran tres cosas sagradas, intocables, signos de la presencia de Dios. Demasiado innovador y valiente Jesús no solo para enfrentar esa creencia, sino, además, para atreverse a poner ahora la presencia de Dios en el ser humano.
3.     Me pregunto si para nosotros, para nuestra vida religiosa, esta actitud y este mensaje hoy resultan igualmente revolucionarios. Para nosotros que no somos judíos y vivimos en una época y un ambiente muy distintos de la de entonces. Pero yo no puedo responder estas preguntas en nombre de Uds. Cada uno debe respondérselas. Por mi parte, sí pienso que estos textos siguen siendo innovadores y que pueden representar una fuerte sacudida a nuestra manera de vivir lo que consideramos nuestra religión. Porque queda claro que la respuesta a dónde y cómo encontrar a Dios no tiene respuesta geográfica o de confesionalidad religiosa. Hay detrás de estos textos una invitación a cambiar de enfoque, a relacionar nuestro encuentro con Dios con el proceso de búsqueda de nuestra propia identidad, de lo que cada uno es. Una invitación a desarrollar como Jesús, toda la potencialidad de lo que humanamente somos y en ese desarrollo encontrar a Dios, al encontrarnos a nosotros mismos. Les invito entonces esta semana a profundizar estas enseñanzas y a preguntarse si también cada uno se siente sacudido por estos textos. Por supuesto que no hay costumbre ni forma para que Uds. Puedan luego compartir aquí los resultados de su reflexión. Pero será bueno si los comparten entre Uds., con su familia o amigos. Y los que tienen la dirección de mi blog en internet o mi correo electrónico son bienvenidos a enviarme sus reflexiones, que me enriquecerán mucho, sin duda. Lo importante es que en esta 3a semana de Cuaresma, nos preguntemos con seriedad cómo interpretamos y cómo nos afecta personalmente esta sustitución que hace Jesús del Templo, como lugar de encuentro con Dios.Ω

No hay comentarios.:

Publicar un comentario