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2o domingo de Cuaresma


Lect.: Gén 22:1-2.9 a.15-18; Rom 8:31b-34; Mc 9: 1-9

  1. Habitualmente, el descubrimiento del lenguaje simbólico en los evangelistas nos resulta muy rico para captar el mensaje que nos transmiten las primeras comunidades. En el texto de hoy esto es notable. Probablemente el grupo de discípulos de Mc encontró en fuentes religiosas judías y no judías el uso de ese hermoso símbolo de las vestiduras blancas relucientes y en el del cielo que se rasga para dejar oír una voz, una forma de expresar el proceso de maduración espiritual que iba recorriendo Jesús, un proceso de profundización en su interioridad que iba marcando un proceso de descubrimiento y transformación de su identidad más profunda.
  2. Como auténticamente humano Jesús va creciendo, en gracia y sabiduría, según lo anunciaban ya los evangelios de infancia. Y con los símbolos de este episodio de la que llamamos "transfiguración" , la comunidad de Mc parece evocar aquellos momentos del proceso de Jesús en que él dio pasos adelante en el conocimiento de sí mismo, de su vocación, de la misión por la que estaba optando. Pasos que le permiten trascender las limitaciones  que todos los humanos encontramos al querer avanzar hacia nuestra propia realización. Las vestiduras luminosas y el cielo que se abre para dejar oír la voz, simbolizan esa profunda realidad personal de Jesús , que no es apagada ni por el sufrimiento, ni por la muerte.
  3. El autor de este evangelio  incluye  en este cuadro a unos de los discípulos cercanos. Es como si nos recordara que esa experiencia espiritual de Jesús no es para él solo, sino que es para todos los que queremos seguir este camino de descubrimiento y transformación para realizar lo que somos auténticamente. A todos se nos invita a un camino de interioridad desde el cual vivamos todas nuestras experiencias de vida. Como decíamos el domingo pasado, se Trata de superar la falsa imagen egocéntrica, interesada, que tenemos de nosotros mismos y de descubrirnos en una maravillosa comunión con los demás, con todo el universo incluso, y en lo que consiste nuestra experiencia y encuentro con Dios. Ese es nuestro ser profundo expresado hoy con esos símbolos de las vestiduras luminosas y del cielo que se abre para proclamarnos hijos de Dios, lo que se da aquí y ahora, en nuestra realidad material y espiritual sin diferencia, sin fronteras que separen lo divino de lo humano.
  4. Este avance en nuestra interiorización es el que queremos apoyar con nuestro entrenamiento cuaresmal.


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