01 julio, 2012

13 domingo t.o.

13 domingo t.o. 
Lect.: Sáb. 1: 13-15.2:23-24;2 Cor  8:7-9.13-15; Mc 5, 21-43


1. Jesús está de vuelta en "la orilla" de los judíos. En medio de los "suyos". Pero se destaca su encuentro con personajes representativos de determinados grupos sociales. Jairo es un funcionario público, no estrictamente religioso,  que está con su hija, representan los sometidos a la institución religiosa y política, pero que únicamente se toma la libertad de acercarse a alguien no aceptado por la institución para buscar la salud de su hija.  En ese sentido, está violando formalmente la ley. Y la mujer que padecía flujos de sangre que representa a los marginados y excluidos de la institución, por una interpretación ultra legalista de la Religión, que la consideraba impura. También viola la ley, y lo hace literalmente, al acercarse y tocar a Jesús. Ambos necesitan tomar esos riesgos buscando de alguna manera, salvación, la liberación en Jesús.
2. Importante mirar lo que Jesús les ofrece y cómo lo hace.  Como de costumbre, al leer a Marcos, nos fijamos en los rasgos que quiere destacaren Jesús  y que el propio evangelista ha experimentado en Jesús y quiere que también nosotros experimentemos. No es un Jesús protagónico. No se parece en nada a muchos dirigentes religiosos y políticos de nuestra época que quieren atraer la atención sobre sí mismos. No se presenta como alguien que trae poderes especiales y que hace promesas de salvación y, menos aún, poniendo su seguimiento como condición para darles beneficios. Tampoco se presenta como un curandero milagroso, con poderes cuasi mágicos, poseedor de rituales  esotéricos, exclusivos en efectividad.

3.  Llamativamente, este Jesús de Marcos pone como protagonistas a los propios Jairo y a esa mujer anónima. En los dos casos, Jesús destaca una cualidad de ambas personas: la fe. Lo que podríamos llamar "fe - seguridad", "fe - convicción", "fe-confianza", pero en un sentido distinto de la palabra "confianza". Es esa cualidad, esa actitud de ambos personajes, lo que se convierte en motor que pone en marcha la curación-salvación, de la enfermedad y de la muerte. En "la otra orilla" la de los paganos, Jesús había mostrado la fe ligada al poder sobre "espíritus negativos" y sobre peligros de tribulaciones simbolizadas en la tormenta. Ahora muestra la posibilidad del poder sobre el sometimiento a la institución y de la exclusión de esta, que son los peores obstáculos para sentirse sano, vivo y liberado. Y, de nuevo, se trata de un "poder" que no tienen los de "poca fe" como recriminó a los apóstoles en el lago. 

4. ¿A qué se refiere esa fe? La mujer enferma, al acercarse a tocar a Jesús, cosa que tenía prohibida, no solo muestra su  confianza en Jesús, sino en sí misma,  al punto que actúa con valentía y se siente segura como para quebrantar los legalizamos religiosos del Templo. Jairo también muestra seguridad al decidir que la salud de su hija es prioritaria, sobre la posible condena por acercarse a un mal visto por el Templo; Jairo, símbolo de alguien sometido la institución, no encuentra salida en la propia religión y la busca en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes.  Ambos se liberan porque tienen en sí esa "fe" que les da poder sobre  fuerzas negativas que los dominan. Pero repitamos la pregunta, ¿En qué consiste esa fe? Es, simultáneamente una fe en sí mismos y en el Dios que les da poder dentro de ellos mismos. Para decirlo como lo desarrolla el pensamiento de un gran espiritual del siglo XX, es una fe en sí mismo que no es lo mismo que "confianza en sí mismo". Esta última es de orden psicológico y se refiere al ánimo que uno tiene sobre sus propias fuerzas en un momento dado. Puede ser objetiva, acertada o no.  A veces responde meramente a una actitud optimista frente a la vida. La fe en sí mismo, en cambio, va al orden profundo de mi ser, de lo que soy, en mi identidad auténtica, no importa por cuáles momentos esté atravesando.  No se trata de creencias, sobre supuestos más o menos mágicos o esotéricos acerca de mi persona. Es fe que "ve" , que experimenta, en lo profundo del propio ser, ahí donde se une con Dios, con "aquél que está en mí y solo puedo encontrarlo en mí pero que es más grande que yo."
5. Aquí topamos con "milagros" en un sentido distinto del usual. No se ven como acciones extraordinarias que vayan en contra de las leyes de la naturaleza, sino como un dejar, un  facilitar que actúe  libre nuestro ser más auténtico para desarrollar su potencialidad sin las trabas que ordinariamente le ponemos los humanos con todos los obstáculos que surgen del egocentrismo, de nuestro falso yo, de eso que llamamos "pecado". La fe - seguridad en sí mismo desata  procesos que quitan lo que obstruye nuestras  fuerzas y las fuerzas que nos rodean y que están a nuestro favor. 
6. Marcos, en resumen, nos presenta a un Jesús del que "sale" una gran fuerza, la fuerza que al revelarla en él nos  la revela presente en cada uno de nosotros, puesto que estamos en él y él en el padre, formando una "realidad mayor" que nuestro pequeño yo. Es significativo que el evangelista muestre que  es la mujer la que pone en marcha esa energía que "sale" de la humanidad de Jesús al que ella físicamente toca. Y es significativo también que a la hija de Jairo Jesús no la levanta, sino que le dice que se levante. Jairo y la mujer anónima muestran cuál es el resultado de una vida de fe porque, como lo dice un comentarista, nos muestran a personas humanas "liberadas de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana". Podemos añadir, de toda forma de opresión. Un tipo de persona  humana "que puede empezar a ser lo que es en sí misma, que aprende  a valorarse porque se siente valorada. (fray Marcos).  Qué mayor milagro que ese.

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