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Domingo de Ramos: la inevitable confrontación de Jesús con quienes le matarán.

Lect.:  Isaías 50:4-7; Filipenses 2:6-11; Lc 19:28 -40


  1. Lo importante de cada Semana Santa, para los cristianos, es que nos da la oportunidad de repensar en qué consiste lo esencial de la vida y muerte de ese Jesús al que todos nosotros decimos seguir. Y lo importante de este primer día de Semana Santa, que llamamos “Domingo de Ramos” es que hoy se nos da la clave para entender los acontecimientos del resto de la Semana. En la memoria que hacemos de la entrada o subida de Jesús a la ciudad de Jerusalén, —este debería ser el nombre más apropiado para este domingo— se produce la confrontación abierta entre Jesús y las autoridades políticas y religiosas. Sin esta confrontación, que ya se venía incubando durante los años de predicación y acción de Jesús, no se puede entender correctamente el sentido del apresamiento, el juicio, la condena, la crucifixión y muerte de Jesús. En esta procesión de subida  de Jesús a Jerusalén, montado en un burrito, acompañado de sus seguidores campesinos pobres de Galilea, como una marcha de una gente pacífica, es el cumplimiento simbólico de la profecía de Zacarías (9: 9 - 10): “Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna. El suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones. Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra.” Se expresa simbólicamente con la proclamación de una fe en un Reinado de Dios —una nueva forma de convivencia humana—que va a construirse desterrando las armas, los carros de combate,  la ambición por el poder, estableciendo la paz, nueva comunidad - reino en el que los pobres ven augurar también el fin de la injusticia y la opresión que, incluso dentro de la Tierra Prometida para todos, les mantiene en su pobreza y desposesión. 
  2. Si los enemigos de Jesús, hasta ese momento, tenían alguna duda sobre el sentido de lo que él venía enseñando y sobre el movimiento que se venía formando a su alrededor, ahora ya todo les queda claro y lo ven como un peligro para la manera como está organizada la sociedad judía en ese momento; un peligro para el esquema de dominación política y económica del que un pequeño grupo lucra y saca partido. Y esa organización injusta de la sociedad queda amenazada no porque Jesús movilice a los pobres para tomar las armas y empezar una rebelión, ni porque hable de expropiar la tierra de los grandes latifundistas, muchos de los cuales estaban entre los sacerdotes del Templo. Simplemente porque el ideal de convivencia humana que Jesús promueve, en nombre del reinado de Dios, quita toda legitimidad al sistema de injusticia, desigualdad y opresión que existía en esa época. Podrán seguir practicando la injusticia, pero no podrán hacerlo más en nombre de Dios.
  3. La procesión que sube a Jerusalén encabezada por Jesús puede ser vista como una provocación o una inevitable confrontación con quienes monopolizan el poder político y económico existentes. Desde aquí hay que entender los eventos  que vamos a recordar y a reflexionar los próximos días, y a entender, entonces, por qué matan a Jesús.   No se trata, como si fuera un culto primitivo, de un “dios” que exige sacrificios de sangre para “calmar su ira contra la humanidad”, contra su propias criaturas.  No se trata de un “dios” cruel, que entrega a su propio hijo a los malvados para que se ensañen con él. No es una religión  que glorifica el sufrimiento por el sufrimiento, como si el mero hecho de sufrir fuera un medio de santificación. Se trata de una vida de servicio al prójimo, de compromiso con los más pobres, excluidos y abandonados, de anunciar como voluntad de Dios una comunidad fraterna que excluya la opresión de unos sobre otros, pero que si es sincera y coherente está dispuesta a llegar hasta muerte, para no traicionar esos compromisos. Es en este sentido, porque Jesús no da ni un paso atrás en  los valores y principios en los que cree, es por eso que lo asesinan. Es, en este sentido, que puede decirse que “muere por nosotros”, por nuestra liberación y humanización plena. 
  4. Entendiendo la confrontación planteada y su desenlace podremos entender mejor a qué nos comprometemos cuando nos hacemos seguidores de Jesús y nos unimos a la marcha que lo acompaña en su subida a Jerusalén. Quizá el encuentro con este Jesús histórico, el Jesús de los evangelios nos ayude a cambiar otras formas que teníamos de entender la pasión y muerte de Jesús, aparentemente muy piadosas, pero que no corresponden a la Buena Noticia del Reino.Ω
Pueden verse otros aspectos simbólicos en la Subida a Jerusalén, en reflexiones previas de domingos de Ramos de años anteriores, de este mismo blog:
https://losquequeremosser.blogspot.com/2018/03/domingo-de-ramos-dos-subidas-jerusalen.html
https://losquequeremosser.blogspot.com/2017/04/domingo-de-ramos-una-pasion-por-la-cual.html
https://losquequeremosser.blogspot.com/2016/03/domingo-de-ramos.html

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