Ir al contenido principal

15º domingo t.o. un modo de sembrar que desconcierta


Lect.: 55:10-11; Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23

  1. Este domingo y los dos siguientes la liturgia dominical católica incluye textos evangélicos del capítulo 13 de Mateo. Se introduce así en el rico mundo de las parábolas de Jesús. Populares, muy conocidas y leídas por los creyentes que asisten regularmente a la eucaristía pero, no por eso, leídas siempre de manera adecuada  Por ejemplo, no es raro, al leer esta parábola del sembrador, que caigamos en la tentación de tomarla como una clasificación moral de personas, pensando en  que la maleza, el pedregal, o el polvo de la superficie del camino se refieren  a diversas categorías morales de personas opuestas o cerradas a vivir una vida conforme a la palabra de Dios. Diversos tipos de “mala gente”, por así decirlo. Una tentación peor, en la lectura de este texto, es pensar que la “tierra buena” somos los católicos o cristianos y que todos los demás  son “tierra mala”, encharralada o llena de piedras. En fin, desde el otro polo de los protagonistas de la narración, se da otra tentación, que conduce a una mala lectura, la de pensar que se apunta aquí a malos predicadores que no saben esparcir la palabra adecuadamente.  Ambas me parece que se pierden el sentido profundo del mensaje. Pero, ¿cuál sería, entonces, una manera más adecuada de leer esta parábola?
  2. Recordemos que las parábolas propiamente no pueden propiamente “traducirse” nunca, porque son formas literarias utilizadas por Jesús para hablar “de lo que no se puede hablar”, para dar un pellizco en el corazón a quien escucha y que el conjunto de las imágenes usadas en la pequeña historieta nos muevan a pensar en algo que supera la superficie de la realidad, que quiebra nuestra manera habitual de ver las cosas. Aunque no se las pueda “traducir”,  propiamente, como sí sucede con el lenguaje alegórico, considerando el contexto más amplio de los evangelios y de la predicación de Jesús, del evangelio, podemos atrevernos a compartir algunas líneas de interpretación del mensaje de cada una. Con esa salvedad, podemos  sugerir, unos criterios para captar el sentido de esta parábola que nos toca hoy. Así, lo podemos entender, en primer lugar, como un recordatorio de la universalidad de la presencia de Dios en toda la humanidad. Esa imagen del sembrador lanzando “despreocupadamente” la semilla, “al voleo”, es decir,  arrojando la semilla a puñados y esparciéndola al aire no es tan torpe como puede aparecer de primera entrada. Sin meternos en la práctica agrícola correspondiente, la parábola evoca que el sembrador, que es el propio Dios, “lanza” —deja— su semilla en todos sin excepción. No solo en un grupo de selectos, no solo en cristianos, sino en todos. Por parte de él, su presencia queda así asegurada en  nosotros, para acompañarnos e impulsar nuestra aspiración a vivir la vida humana plenamente, independientemente si se expone al pedregal, a la superficie del camino o al charral. Como lo recuerda la primera lectura, la palabra, la presencia de Dios que empapa toda la tierra, es fecunda y nunca vuelve vacía, sin haber realizado lo que pretende Dios en nosotros; siempre hace germinar para producir alimento.
  3. En segundo lugar, podemos entender que la parábola nos empuja a descubrir en el interior de cada uno, tanto lo que tenemos de tierra buena, las potencialidades  o capacidades que tenemos para alcanzar esa aspiración, como los obstáculos para lograrlo: los pedregales, los matorrales, las arideces que también podemos tener dentro de nosotros y con los que nos ponemos nosotros mismos zancadillas en nuestro camino. Los diversos tipos de terreno no aluden a diversas categorías de personas, sino a diversas “zonas” o facetas de nuestro interior.
  4. Leída de esa manera la parábola, como todas las parábolas, es una invitación, a entrar en nosotros mismos, conocernos mejor y atrevernos a asumir, con ese mejor conocimiento de lo que uno es, una toma de posición ante el mundo que nos rodea, ante las relaciones con las demás personas y, en particular, ante nosotros mismos, aceptándonos con nuestras limitaciones y nuestras cualidades.  Un cambio de visión y una toma de posición para decidirnos a avanzar haciendo crecer el Reino de Dios con todo lo que somos y hacemos, con la garantía de la fuerza de la divinidad que nos habita. Esos son los frutos o el fruto a los que se refiere la parábola y no una acumulación de “buenas obras”.Ω

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué). Domingo de Pascua, marzo 27, 2005. Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8 1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muer...