29 septiembre, 2013

26º domingo t.o.


Lect.: Amós 6: 1 a. 4 – 7; 1 Tim 6: 11 – 16; Lc 16: 19 - 31

Hace cuatro días, el Papa Francisco, en su visita a la isla de Cerdeña, en Italia, habló con palabras que le salieron del corazón a los trabajadores y a la gente de empresa. Estas palabras de Francisco nos sirven de marco para leer desde nuestra época el sentido de la parábola de Lc que acabamos de escuchar. El desempleo, les dice el Papa a los trabajadores, les quita la dignidad; donde no hay trabajo, no hay dignidad. Pero no permitan que les roben la esperanza.  El desempleo no es solo un problema de Italia o de algunos países europeos, es el resultado de una decisión global, de un sistema económico que conduce a esta tragedia, una economía que está centrada en un ídolo llamado dinero. Y luego añadió: Dios no quiere un ídolo en el centro del mundo, sino al ser humano, al hombre y a la mujer que mantienen al mundo caminando con su trabajo. Pero esta economía esta vacía de ética, y en su centro hay un ídolo y el mundo se ha hecho idólatra de ese dios - dinero. Y por defender a ese ídolo... se bota a los que están en los extremos: a los ancianos, que no son tomados en cuenta, —en una especie de disimulada eutanasia—, y a los jóvenes que, al  no encontrar trabajo, colapsan y su dignidad con ellos.
Sabemos que Lucas, en su evangelio, como el profeta Amós (1ª lect), arremete con frecuencia con el tema de la acumulación de las riquezas como gran peligro para la vida humana. No encontraremos que hable obsesivamente de temas sexuales, ni litúrgicos, pero sí insiste en varios momentos en el tema del uso de las riquezas. Es algo, por lo visto, que preocupaba en su comunidad. Pero no son las riquezas en sí mismas, los bienes de este mundo, los que critica. No es la vida económica la que condena. Lucas, al igual que Francisco, aunque con otras palabras, lo que enjuicia severamente son las actitudes ambiciosas de quienes han construido una economía que no pone en su centro a la comunidad humana, a las personas humanas. Lo que critica es un modo de vida egoísta creado por actitudes egoístas. Lc no habla de un rico concreto, de un caso particular, ni siquiera le da nombre. En la figura del rico esta representando al estilo de vida de toda una clase social de su tiempo, que en medio de la enorme pobreza de los pueblos de Galilea, vivían con lujos descarados, copiando el nivel de vida de las ciudades romanas y de espaldas a los pobres Lázaros que estaban a las puertas de sus mansiones. En situación paralela hoy, Francisco, se enfrenta también a una economía que funciona  creando sueños irrealizables en mucha gente que jamás podrá alcanzar ese nivel de vida. Que funciona, pero no para el enriquecimiento y plenitud de la vida humana de todos, sino solo para el beneficio de grupos obsesionados con especular con las finanzas para hacerse cada vez más ricos, de espaldas a las necesidades vitales de  multitud de Lázaros cubiertos de heridas, despojados de su dignidad, de su empleo y de la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas. 
Lc está llamando la atención de su comunidad y la nuestra, en especial de quienes disfrutan de bienes en mayor cantidad, para que revisemos nuestras actitudes en el manejo de los bienes que caen bajo nuestro cuidado. Quiere que nos preguntemos si todo lo que tenemos es para ayudar a realizarnos y ayudar a que los demás se realicen más como seres humanos? O si es, más bien, para desperdiciar lo que nos sobra en lujos y bienes innecesarios. Francisco denuncia también lo que llama una cultura del desperdicio que ha sido creada para defender esta economía idolátrica. Y ante esa cultura y ese sistema, dice el Papa, debemos gritar ¡no!, ¡no queremos un sistema globalizado que hace tanto daño, queremos una economía que tenga como centro el bien de todos los hombres y mujeres!
Como cristianos no tenemos que esperar a morir para que las cosas cambien. Ni tampoco hace falta que un muerto resucite para que nos demos cuenta de cuál es el camino que conduce a la plenitud de vida. Tenemos suficientes enseñanzas en la vida de Jesús que nos motivan a unirnos con todas las personas de buena voluntad en el esfuerzo por cambiar el actual modo de vida de nuestra sociedad.Ω


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