Ir al contenido principal

Domingo de Ramos, 1 abril 2012


Lect.: Is 50,4-7 ; Sal 21 ; Flp 2,6-11 ; Mt 26,14-27,66

1.   No sobra preguntarse qué es lo que conmemoramos esta semana  que iniciamos hoy. Podría decirse que la respuesta es obvia, que celebramos la pasión y muerte de Jesús, como lo han hecho los cristianos por siglos, y nosotros mismos por años. Pero la pregunta importante no es sobre los eventos que recordamos, en sí mismos, sino sobre lo que significan. Hay que preguntárselo otra vez, si es que ya lo hemos hecho antes, para poder vivir estos días de manera consciente y madura. Y no rutinariamente, por simple repetición. Y hay que preguntárselo porque, como mínimo, llama la atención celebrar un sufrimiento y una muerte presentadas, por lo demás, a menudo, de manera tan cruenta y hasta morbosa.
2.   Evidentemente no podemos poner la muerte y el dolor como objeto de fiesta. Resultaría muy extraño, contradictorio, sobre todo para quienes creemos en un Dios autor de la vida, del amor, de la alegría. Y, sobre todo, si cabe, tratándose del maestro de nuestra espiritualidad. Qué es, entonces, lo que conmemoramos y celebramos? Podemos responder diciendo que celebramos la culminación de una vida de amor y fidelidad, vivida de tal manera que se puede llegar hasta el dolor y la muerte sin claudicar, sin echar para atrás. Toda la vida de Jesús, como lo muestran los evangelistas, se traduce en inagotables actos de amor, solidaridad y servicio, en fidelidad no a una religión formalista y superficial, corrompida por el apego al poder, sino en fidelidad al Dios que privilegia a la persona humana, hecha a su imagen y semejanza, por encima del templo material. Esto es lo que vivió Jesús hasta el final y que se ganó el odio de los sacerdotes y dirigentes políticos que se veían amenazados por el testimonio y mensaje de Jesús.
3.   Este es modelo de vida que celebramos esta semana. Y que lo celebramos porque, obviamente, queremos abrazarlo con lo mejor de nuestras capacidades y del espíritu que habita en nuestros corazones.Ω

Comentarios

  1. ¡Y lo difícil que resulta abrazar esa manera de vivir! Vivimos tan adheridos a las estructuras de poder. Nadie quiere soltarse de ellas, porque soltarse es casi un suicidio social... Por eso tu homilía nos viene perfecta en este tiempo, porque nos invita a una reflexión madura y profunda de lo que realmente significa esta fiesta y nos reta a preguntarnos a nosotros mismos si realmente somos capaces de tan siquiera intentarlo. Muchas gracias.

    ResponderBorrar
  2. Gracias, Anabelle. De acuerdo. Lo más doloroso, claro está, en la Iglesia, que debería ser una comunidad de servicio fraterno. Como dice el viejo dicho, las estructuras de poder en la iglesia le pegan "como a un santo un par de pistolas".

    ResponderBorrar
  3. La homilía compartida este domingo, resulta de gran interés, en razón de que nos ilumina un camino profundo de conocimiento, y no sencillamente una formalidad cargada de ritos,muchas gracias, por compartir con nosotros, e intentaremos vivir esta semana santa, con este pensamiento.

    ResponderBorrar
  4. Rosario, qué bueno que sigues compartiendo incluso a la distancia. Ese reto de descubrir y seguir ese camino de conocimiento es clave. Hasta el templo y los ritos podrían ayudar instrumentalmente pero, lamentablemente, no lo hacen cuando sustituyen lo que realmente importa, las personas, los seres vivos.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Fiesta del Corpus Christi

Lect.:  Exodo 24,3-8; Hebr 9,11-15; Mc 14,12-16.22-26 El domingo pasado hicimos un esfuerzo por releer el texto de la gran misión que Jesús encarga a sus discípulos. Hicimos ese esfuerzo porque a pesar de tratarse de un texto tan importante no siempre, a lo largo de la historia, los cristianos lo hemos leído correctamente. Hoy, escuchando el texto de Mc sobre la última Cena, también podemos preguntarnos, ¿será que entendemos bien el sentido de la Eucaristía como Jesús deseaba que lo entendiéramos? ¿será posible que algo tan central en la vida de nuestra comunidad no lo estemos comprendiendo de manera adecuada o completa? Una celebración como la de hoy es, precisamente, la oportunidad para tratar de entender mejor lo que creemos entender de la Eucaristía. Como siempre, no hay que extrañarse de nuestras limitaciones de comprensión . El texto de Mc nos muestra que los mismos discípulos no estaban preparados para entender lo que Jesús quería comunicarles....