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3er domingo tiempo ordinario

1. Dentro de dos semanas los costarricenses estaremos yendo a las urnas electorales. Se supone o más bien, es deseable que cada uno emita su voto consciente de cuál es el programa del partido o partidos por los que va a votar. Lamentablemente esto es un buen deseo que será muy difícil de hacer realidad. Porque la preparación que los partidos nos dan a los votantes para decidir, en su mayor parte no está fundada en un conocimiento más profundo y en una reflexión sobre sus programas, sobre los valores ético – sociales que los inspiran. Por desgracia, lo que ha predominado en la campaña es un inmenso marketing, el uso de las técnicas de mercadeo, para vender una imagen, un producto, como si se tratara de cualquier otro producto comercial que a las empresas y a las agencias publicitarias les conviene que compremos sin pensar mucho, porque beneficia sus intereses. Y por desgracia, también, en esta campaña, —en la que escandalosamente se han gastado a la fecha casi $ 5 millones— los contenidos serios son escasos, lo que abunda son promesas y juego de imágenes que apuntan a manipular nuestra credulidad de que alguna tajada o tajadita nos va a tocar si votamos por tal o cual candidato.
2. Frente a esta situación pienso que es providencial que hoy nos haya presentado la liturgia este texto de Lc, que se considera tradicionalmente como el programa de la misión de Jesús. En la sinagoga de su pueblo Jesús intencionalmente escoge el texto de Isaías para proclamar en voz muy alta para qué ha venido él, para qué vive y trabaja. Nos está diciendo, entonces, cuál ha de ser el programa de vida y misión de las iglesias cristianas, de los que queremos seguir a Jesús, y también por tanto de los cristianos cuando participamos en política, o como candidatos o como electores. En este programa de vida y acción de Jesús se nos dice claramente qué es lo que él prioriza y cuáles son las actitudes que debemos asumir para alcanzar esa prioridad. Para Jesús la preocupación principal son los pobres, los cautivos, los oprimidos, los que sufren. Por eso se ve a sí mismo como ungido, consagrado —es lo que quiere decir “cristo”— para anunciar un año de gracia, con lo que evoca lo que los judíos llamaban el año de jubileo: cuando las deudas se condonaban, se volvía a distribuir las tierras, se liberaban a los esclavos, en fin, se enmendaban los errores cometidos con los años y que se habían traducido en una sociedad injusta, opresiva.
3. Por supuesto que el evangelio no es un recetario, ni un manual para gobernar un país, una municipalidad, o una empresa. Pero este programa de vida y acción de Jesús establece sin lugar a dudas cuáles han de ser los valores que deben orientar cualquier acción social o política. Frente a una sociedad egoísta obsesionada solo por la ganancia individual privada a como haya lugar, la opción por los pobres, los excluidos, los oprimidos; la aspiración a prácticas que realicen mayor justicia, mayor equidad y solidaridad, para un cristiano deben de ser los puntos de referencia que luego sirvan para escoger luego las acciones y las medidas políticas técnicamente más convenientes. Para Jesús solo este camino nos conduce a eso que llamaba el Reino: una sociedad donde la vivencia de Dios como Padre nos lleve a ser verdaderamente hermanos.Ω

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