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DOMINGO DE RAMOS, EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Comentario personal

DOMINGO DE RAMOS, en la Pasión del Señor

Lect.: Is 50, 4-7; Flp 2,6-11; Marcos 11: 1 -10

 

 ¿DE QUÉ SIRVE UNA SEMANA SANTA SIN PROCESIONES NI GRANDES CELEBRACIONES LITÚRGICAS?


  1. Esa puede ser la pregunta formulada con frustración por bastantes creyentes en este segundo año en que las restricciones a causa de la pandemia han impedido que la gente se congregue en aglomeraciones para estas fechas. No hace falta ser de Sevilla o de La Antigua Guatemala, aunque las tradiciones en ambos lugares, por la preparación de las cofradías, la exposición de artísticas y centenarias imágenes en pasos a hombros de cargadores, destacan en esta Semana Mayor. Para una gran cantidad de católicas y católicos esta ha sido la forma de vivir estas fechas. Y, entonces, ¿de qué sirve una Semana Santa si todo esto falta?
  2. La pregunta es válida y muy útil entonces para formularnos interrogantes sobre lo que  ha sido, por décadas, “nuestra” Semana Santa. ¿De qué nos ha servido antes? ¿Cuál significado le hemos dado? ¿Cómo interpretamos las narraciones de los evangelistas sobre estos últimos días de la vida de Jesús de Nazaret y en qué medida esas interpretaciones se traducen en los ritos y prácticas utilizados en la Iglesia por estas fechas? Puede que al formularnos y tratar de responder honestamente estas preguntas, podamos descubrir que lo que hemos venido haciendo por tradición o rutina, aunque valioso, sea muy parcial y no corresponda a lo esencial del mensaje de los evangelios. 
  3. Limitémonos, en estos breves párrafos,  a lo que nos transmite Marcos, que es el evangelista que leemos este año. Fijémonos, en primer lugar, en qué punto de la narración coloca la entrada de Jesús a Jerusalén el Domingo de Ramos. La pone antecedida por algo más de dos capítulos en los que por tres veces (8:31; 9:31: 10:32-34), en diferentes momentos, pone en labios de Jesús el anuncio de su muerte. En todos los casos, este anuncio se entrelaza con la invitación a quienes quieren ser sus discípulos, a  seguir su camino y a cargar con la cruz. Hay que notar que por “cruz” no se refiere, como muchos siglos después lo utilizó la piedad popular, para llamar a cualquier tipo de sufrimiento que caiga sobre uno en la vida. “Cruz”, aquí,  significaba la pena de muerte por el crimen de negación de la autoridad imperial. Es a eso a lo que se expuso Jesús con su predicación apasionada de un Reino de Dios que enfrenta al régimen de injusticia existente.  Y esa pena le sería impuesta por las autoridades del Templo.
  4. Esa confrontación culmina, por decirlo así, el Domingo de Ramos al subir hasta el Templo de Jerusalén, rodeado de simpatizantes que proclamaban que con Jesús llegaba el Reino anunciado. “Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!».
  5. De hecho, él mismo acaba de aclararle a los discípulos que este Reino desplaza el sistema de dominación existente. «Ustedes saben —les dice— que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” (Mc 10: 42 - 44).
  6. Estos acontecimientos del Domingo de Ramos, por tanto, están cargados de un significado bien explícito: Ante todo, aclara de manera definitiva en qué consiste la misión de Jesús y qué significa asumir el camino de su seguimiento como discípulos. Es abrazar el Reino de vida y fraternidad, confrontando todo sistema de dominación y muerte. Los eventos que tendrán lugar los siguientes días de esta semana, simplemente confirman y llevan al extremo lo que este Domingo se anuncia. 
  7. Veintiún siglos después la conmemoración de estos hechos, por parte de comunidades cristianas, debe fortalecer esta adhesión al seguimiento de esta misión de Jesús con todas sus consecuencias. Hay mucha base para pensar que este no ha sido el énfasis que ha dirigido  las predicaciones, las celebraciones litúrgicas y, sobre todo, las populares centradas en las procesiones tradicionales. Puede descubrirse, más bien, en muchas de ellas, un predominio de un sentimentalismo alimentado por imágenes de un Jesús sufriente “por nuestros pecados personales” y no por su compromiso con un Reino que es Buena Noticia para los pobres y desheredados de la tierra. 
  8. La pausa en las formas tradicionales de celebrar la Semana Santa que nos imponen las restricciones a raíz de la pandemia, puede darnos la oportunidad única y valiosa de redescubrir el mensaje entero de los evangelios que nos abre al horizonte de la Pascua.Ω


 

Comentarios

  1. Considero que en esta Semana Santa podemos ser más introspectivos y mirar a a Jesús en el sufrimiento, pero con una mirada de amor hacia nosotros. Que su sacrificio signifique en nosotros una respuesta positiva y que nos mueva a ser mejores seres humanos, el morir de Cristo debe simbolizar en nosotros que debemos morir a una vida de comodidad, para convertirnos en fieles de Cristo debemos seguir sus pasos aún en la cruz y afrontar los problemas y dificultades que se presentan con la esperanza de que hay un mañana mejor, que podemos ser empáticos con el hermano y podemos perdonar las ofensas. Es una oportunidad para crecer en la Fe.

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