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2º Domingo de Cuaresma: COMENTARIO PERSONAL 1/3/21

 1. Cuando sale un relato como este en la celebración litúrgica, me pregunto si todavía habrá en las comunidades de la Iglesia quienes lo tomen literalmente. Pienso que no, pero no sé qué dirán Uds. que leen este comentario. Pienso más bien, —y me gustaría que Uds. me comenten si tengo o no razón—, en que quienes lo toman más literalmente están entre aquellas personas con menos formación bíblica que siguen con la expectativa de que en el ámbito religioso se presentan "espectáculos de luz y sonido" como esta "transfiguración". Les fascina lo maravilloso, lo "milagroso" sobre todo ligado a lo que consideran el "mundo de la fe" creyendo que pensar así es una forma de respeto al poder de Dios. Pero puede que haya otros, que se han ido apartando de la Iglesia, precisamente porque no pueden digerir este tipo de narraciones y siguen pensando que la iglesia las enseña como reales Sigue siendo difícil, sobre todo con el primer grupo el proporcionarles acceso a una mirada inteligente, con estudios básicos para saber leer los Evangelios y la Biblia en general. Es una pena, porque estar atrapados por esa manera de "creer" impide el acceso al sentido profundo de los mensajes de la espiritualidad de la Buena Nueva.

2. Precisamente mi segundo interrogante, —incluso preocupación— me surge al pensar que si a uno se le escapa el carácter simbólico del relato se le escapa la comprensión de lo que está detrás del mismo: la afirmación de que nuestra fe en la resurrección de Jesús, conlleva la fe en que ya en nuestra vida humana histórica participamos de la misma vida de Dios. En el Monte del relato, se permite que los tres discípulos tengan una vivencia profunda de esa presencia de la divinidad manifestada en signos exteriores —ropa brillante, rostro resplandeciente, como Moisés al bajar del Sinaí, después de haber recibido las Tablas de la Ley. En nuestra vida humana normal no tendremos ese tipo de "epifanías", ni tenemos por qué pensar en la posibilidad de que podamos experimentar fenómenos para-normales, estados alterados que manifiesten la presencia de la divinidad. No es ese el sentido de la Buena Noticia, para la cual, más bien, es en el comportamiento cotidiano de cualquier hombre o mujer que viven lo que vivió Jesús, sus manifestaciones de amor y de compromiso, es ahí donde debemos darnos cuenta que se "transfigura" quien eso vive y se transparenta la presencia de lo divino.

3. No estoy seguro de que cuando uno vive de esa manera va a poder identificarse a sí mismo como portador de algo extraordinario. Más bien me inclino a creer que no es conveniente. La reacción de Pedro en el relato de hoy, y el comentario del evangelista "bajándole un poco el piso", hace ver que es erróneo nuestro comportamiento cuando nos entusiasmamos con lo que pensamos puede relacionarse con una vivencia espiritual. Un biblista que comenta el pasaje de hoy dice que "que es posible para todos los cristianos experimentar la presencia divina «del cielo», en la unión con Jesús y con sus hermanos. Sigue la consecuencia: cuando se experimenta esto, la persona debe dejarse tocar por la felicidad que irradia profundamente la comunión con Dios y con Jesús."  Lo que debe excluirse es  confundir la vivencia de la unión con lo divino con la tentación solapada de fenómenos extraordinarios, que impiden reconocer la "divinización" de lo humano que viene en nuestra fe en lo que llamamos el misterio de la Encarnación. Mi Maestro de Novicios nos decía que no debemos andar "tomándonos el pulso" para descubrir  si esa vida en el Espíritu está ahí, si crece o disminuye, al tiempo que nos enseñaba a creer con convicción en la presencia del Espíritu de Dios en cada uno,Ω


Comentarios

  1. Para seguir con el asunto del evangelio como construcción teológica y literaria, habría que analizar el paralelismo entre este relato de la transfiguración y el relato del bautismo de Jesús, en medio de un contexto (Reino de Dios) en el que suceden cosas maravillosas e inexplicables que el evangelista llama milagros.
    En los dos relatos hay una visión. En el relato del bautismo Jesús ve que los cielos se rasgan y ve al Espíritu que bajaba hacia él. En el relato de la transfiguración, los discípulos ven resplandecer las vestiduras de Jesús.
    Al cielo se le aplica una característica que podría ser de las vestiduras: rasgarse. A las vestiduras se les aplica una característica que podría ser del cielo: resplandecer.
    Luego hay una voz en los dos relatos. En el relato del bautismo sólo escucha Jesús. Jesús escucha directamente a Dios. En el relato de la transfiguración, los discípulos escuchan la voz de Dios, pero deben escucharla a través de Jesús, es lo que la voz les ordena.
    Los discípulos ven a Moisés y a Elías en Jesús. El primero, el líder que los sacó de la esclavitud, el segundo, el profeta que fue arrebatado al cielo.
    En ambos relatos están involucrados dos sentidos: la vista y el oído (ver explicación de "la estructura de los seres humanos: un modelo de tres zonas" en Bruce Malina, El Mundo del Nuevo Testamento", p. 96 y siguientes). Ver es parte de la zona del pensamiento emotivo de los seres humanos y está directamente relacionado con el corazón. "en nuestra cultura, esta zona cubriría las áreas a las que nos referimos al hablar del intelecto, voluntad, juicio, conciencia, dinamismo de la personalidad..." Oír, es parte de la zona del lenguaje autoexpresivo y está directamente relacionado con la boca "En nuestra cultura, esta zona cubriría el área a la que nos referimos al hablar de autorrevelación a través del lenguaje, de comunicación con los demás, de la persona humana que dialoga con los demás en forma de mutuo autodesvelamiento, "
    Es decir, se trata de entender a Jesús de otra manera, y en este entendimiento autodesvelarse, es decir, entenderse a sí mismos de otra manera. Es simplemente fascinante

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