27 septiembre, 2015

26º domingo t.o


Lect.: Núm 11, 25-29; Sant 5, 1-6; Mc 9, 38-43. 45. 47-48

1.    El domingo pasado veíamos el gran contraste entre Jesús y sus discípulos. Mientras Jesús va dándose cuenta de que su misión puede terminar en la cruz, es decir, en la muerte,  porque se había vuelto incómodo para el orden político y religioso establecidos, paradójicamente, los discípulos, en lo que estaban pensando era en quién era el más importante entre ellos, es decir, en el fondo, quien lograría más éxito y renombre por acompañar a Jesús en su proyecto del Reino, que todavía no entendían. Esta ambición de poder la une Marcos en el texto de hoy con otra gran tentación de las iglesias: la tentación del exclusivismo, del monopolio de la verdad y el monopolio del mensaje de Jesús. Es la tendencia a impedir que otros hablen o hagan milagros en nombre de Jesús, si "no son los de nuestros". Es decir, de nuestro grupo, de nuestra Iglesia. Ambas tentaciones no son nuevas entre nosotros los cristianos. No olvidemos que Marcos escribe su evangelio más o menos 40 años después de la muerte de Jesús. Y los temas que escoge para relatar, son una catequesis motivada por los problemas que vivían las comunidades de su entorno, lo que quiere decir que esa tentación del poder y la del monopolio de la verdad ya la padecían aquellas primeras comunidades. Incluso, si vamos más atrás, la primera lectura nos muestra que los mismos que rodeaban a Moisés estaban contaminados por esas actitudes.
2.    Parece que es un comportamiento muy humano, muy de debilidad e inseguridad humanas, el creerse que nuestra verdad es toda la verdad y la única verdad y que todos los que piensan distinto están equivocados. Peor aun, como les pasó a esos primeros discípulos, llegar a negar la evidencia de los hechos: veían que otros hacían el bien, curaciones posiblemente, en el nombre de Jesús, y en vez de alegrarse porque cada vez la Buena Nueva se expandiera más para beneficio del pueblo, en lo único que piensan es que estas acciones están afectando lo que creían su derecho a monopolizar el mensaje y el nombre de Jesús. Hoy en día hay alrededor de 500 denominaciones, confesiones o iglesias distintas que se consideran cristianas. Entre ellas la Católica es la más numerosa, pero esto no puede conducir a negar o a borrar el bien que otras hagan en nombre del Evangelio. O lo que hagan otros de otras tradiciones no cristianas. En vez de rivalizar, la invitación fiel a Jesús, es a vivir con honestidad el seguimiento de Jesús, y unir esfuerzos con todas las personas de buena voluntad, frente a los problemas de violencia, intolerancia e injusticia que afectan a la humanidad.
3.    Para contrastar con esas distorsiones del mensaje evangélico, el autor del evangelio de Marcos reúne en este texto varios rasgos de lo que tiene que ser una comunidad cristiana. El poner a los niños en un puesto privilegiado es un símbolo poderoso de que las iglesias deben priorizar el servicio a los pequeños y a lo débiles. E incluso aprender de los niños, de los insignificantes, para desarrollar la actitud espiritual que supera el egocentramiento, el darse demasiada importancia a uno mismo. Otro ejemplo que pone Marcos es la importancia de los pequeños gestos de servicio, gestos tan sencillos como dar a beber un vaso de agua. Es ilustrativo que en su carta encíclica Laudato si, el papa Francisco, enfrentando los grandes problemas que afectan el medio ambiente y la vida en el planeta, además de trazar grandes líneas de acción para buscar soluciones, valora el poder y la fecundidad de los pequeños aportes y los pequeños gestos. De hecho, el propio Francisco es un continuo ejemplo del poder  que tienen los gestos de sencillez y de humanidad para impactar a muchísima gente, religiosa y no religiosa. Todas esas pequeñas acciones contribuyen a la transformación de nuestras actitudes y eventualmente a generar una sociedad nueva, más humana y un planeta más seguro. Estos días, al escuchar a Francisco en Cuba, en Washington, en las Naciones Unidas, …, mucha gente se ha sentido atraída por el poder de la sencillez del Papa, así como por su apertura fraterna a muchos que piensan de forma distinta, que tienen otras creencias o ninguna y que incluso sienten rechazo por comportamientos eclesiásticos tradicionales. Esta manera de Francisco de ser y de hacer Iglesia, al servicio de la humanidad sin distinciones, y de la vida en el planeta, nos traza, junto con el texto de hoy de Marcos, nuevos caminos para vivir el evangelio.Ω

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