20 septiembre, 2015

25º domingo t.o.


Lect.: Sabiduría 2, 12. 17-20; Santiago 3, 16-4, 3; Marcos 9, 30-37


1.    Para entender el texto del evangelio de hoy debemos hacer memoria, o repasar todo lo que nos ha contado Marcos en los ocho capítulos anteriores de su libro. Casi desde el mismo inicio la predicación de Jesús estuvo rodeada de conflictos con maestros de la ley y con fariseos. Recordemos las críticas que le hacen porque los discípulos no ayunan y porque no se purifican las manos antes de comer. Y porque come con los pecadores, lo que lo colocaba en situación de impureza.  De manera más radical y amenazadora lo acusan de blasfemia porque da su perdón al paralítico  siendo así que para ellos solo Dios puede perdonar los pecados. También lo acusan de romper la Ley al hacer curaciones en sábado. Jesús no solo no hace caso de sus críticas sino que públicamente  advierte al pueblo que abran los ojos y se guarden de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. Para colmos, todos estos conflictos se dan incluso sobre un trasfondo de incomprensión de vecinos y familiares suyos, al punto de que el mismo Jesús llega a decir que «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.». 
2.    Repasemos estos hechos, y entendamos que Jesús estaba con su acción transgrediendo los  pilares más sagrados de la religión existente y de la identidad del pueblo judío: el respeto a la Ley, el guardar el Sábado y el mantener la distancia entre Dios y los seres humanos, que no permitía atribuir a ningún hombre lo que solo era propio de Dios. Jesús no solo rompe esas tradiciones sagradas sino que justifica lo que hace. De manera contundente, cuando los fariseos le preguntan: «¿por qué tus discípulos hacen en sábado lo que no es lícito?»Jesús responde: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre también es señor del sábado.» Y les devuelve la crítica con otra pregunta que los deja callados: "¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» En otras palabras, por encima de tradiciones y estructuras religiosas está el valor que tiene la vida de las personas.
3.    Se comprende entonces que empezara a ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y que incluso  pensaran ya en matarlo. También se comprende que algunas personas le  rogaran que no los visitara, que  se alejara de sus lugares. Y con todo esto Jesús va dándose cuenta de que su misión puede terminar en la cruz, es decir, en la muerte, como en efecto ocurrió, porque se había vuelto incómodo para el orden político y religioso establecidos.  Paradójicamente, mientras Jesús empieza a cobrar conciencia de lo arriesgado de su misión, los discípulos, como nos lo dice el texto evangélico, ni soñaban ni querían ese tipo de final para su Maestro. En lo que estaban pensando era en quién era el más importante entre ellos, es decir, en el fondo, quien lograría más éxito y renombre por acompañar a Jesús en su proyecto del Reino, que todavía no entendían.
4.    Veintiún siglos después, en las Iglesias cristianas todavía quedan ecos de aquella actitud de los discípulos que se apuntan como cristianos, no por seguir un camino de servicio sino buscando ganancias, aquí o en la otra vida; incluso  poder social y económico y prestigio, como muchos de los eclesiásticos que se han enfrentado al testimonio de sencillez y servicio del Papa Francisco. Quizás ese no sea el mayor peligro para la mayoría de nosotros. Pienso que nuestro mayor peligro es el de distorsionar la imagen de Jesús, debilitar y desdibujar el perfil de su misión y entrega y el del evangelio. Creer que la muerte de Jesús viene como una sentencia de Dios que reclamaba derramamiento de sangre por nuestros pecados, como en los sacrificios paganos. Nuestro error en ese caso es olvidar que la muerte de Jesús es más bien la conclusión de esa serie de conflictos que levantaron sus palabras y sus acciones, el contenido de su Buena Noticia sobre la vida humana.  Marcos hoy, una vez más, nos da ocasión para revisar el contenido de nuestras creencias.Ω

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