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12º domingo t.o.

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Lect.: Job 38,1.8-11; II Cor 5,14-17; Mc 4,35-40

  1. Lo que se nos presenta hoy en el texto de Marcos con la apariencia de un relato de milagro es, en realidad, una catequesis con la que el evangelista cierra su colección de parábolas del cap. 4. Y es una catequesis sobre la confianza o, por decirlo de otra forma, sobre la fe entendida como confianza. Hace pocos días, en una actividad que tuvimos en el Centro de Formación de mi Comunidad religiosa, el profesor invitado sorprendió a los participantes insistiendo en una llamativa idea: lo contrario de la fe —dijo— no es el ateísmo o la increencia. Lo contrario de la fe es el miedo. Y hoy vemos confirmada esta afirmación en esta catequesis de Marcos. Jesús regaña a sus discípulos asustados ante la tormenta diciéndoles: ¿Por qué son tan cobardes? ¿por qué tienen miedo? ¿Es que aún no tienen fe?”
  2. Está claro que, una vez más, esta catequesis nos está hablando con símbolos. No se está refiriendo a una tempestad concreta en el mar de Galilea. Como buenos pescadores los primeros discípulos se conocían al detalle los peligros de ese Lago, igual que conocían bien los lugares de buena pesca, y los momentos de mayor tranquilidad de las aguas. No se iban a asustar por una tormenta más. De lo que esta hablando el evangelista, entonces, es de los diversos momentos de preocupación que normalmente afectan a los discípulos en la vida diaria y, en particular, en los intentos de vivir y anunciar la Buena Nueva. El primer símbolo del relato está en la primera frase de Jesús: "Vamos a la otra orilla.”  Evoca varias cosas: la invitación a pasar el Mar Rojo, a ir a tierra de paganos, es decir, de poblaciones no judías, o, más metafóricamente todavía, a tomarse riesgos en la vida y a no quedarse en la orilla de la cómoda rutina de vida a la que estamos acostumbrados. Crecer como humanos y como cristianos siempre supone disponerse a pasar a nuevas orillas, a aprender cosas nuevas, también en materia religiosa, que puede que cuestionen nuestras maneras de pensar tradicionales; a relacionarnos con gente nueva que puede no ver las cosas como nosotros; a vivir situaciones novedosas de los tiempos actuales, con nuevas dificultades que no sabemos resolver de antemano,  y esto siempre conlleva riesgos. Y los riesgos es normal que nos produzcan miedo.
  3. De ahí el recordatorio que el catequista Marcos nos hace: tener fe es ser capaces de tener confianza cada día, a pesar de los riesgos, para manejar y vencer el miedo. Fe en nosotros mismos, no por arrogancia, sino por nuestra convicción de que nuestra vida está enraizada en la misma vida de Dios. Fe en que el Espíritu de Cristo está fortaleciendo nuestra capacidad de discernimiento para resolver las dificultades y está fortaleciendo nuestra capacidad para actuar con coraje, con vigor, con constancia ante los retos que plantea nuestro compromiso de papás, de mamás, de hijos, de hermanos, de ciudadanos que queremos dar lo mejor de nosotros mismos.Ω

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