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La presentación de Jesús en el templo

Lect.: Malaquías 3,1-4; Hebreos 2,14-18; Lc 2: 22 - 40

  1. Como hemos comentado otras veces, los encargados de organizar las lecturas de la liturgia siguen unas reglas que no siempre coinciden con las necesidades de nuestras comunidades hoy día. Cuando, después de los domingos anteriores, ya estábamos dispuestos a empezar la actividad apostólica de Jesús, en Galilea, al otro lado del Jordán, este domingo los liturgistas nos echan para atrás hacia la infancia de Jesús, al episodio de la presentación en el Templo y al rito de la purificación de María, probablemente por la antigua devoción que existía a esta fiesta del dos de febrero. Como hemos explicado recientemente, las narraciones de la infancia de Jesús no son crónicas históricas, sino reflexiones teológicas. La comunidad de Lucas, por ejemplo, lo que quiere es contarnos quién era para ellos la persona de Jesús, cómo lo ven, cómo lo interpretan. Y en el texto de hoy, lo quieren destacar como judío cumplidor, —a pesar de que este evangelio se escribió probablemente en Siria y en un ambiente de judíos disperdigados fuera de Palestina, así como de nuevos cristianos venidos de ambientes no judíos. Es decir, de gentes ya no tan apegadas rígidamente a las tradiciones judías. Pero lo que quieren es subrayar, y lo repite como tres veces, que Jesús y sus padres cumplen la Ley de Dios. Y que ancianos judíos aparecen dándole reconocimiento.
  2. Para nuestra propia comprensión de la persona de Jesús esta insistencia en la ubicación étnica, cultural y religiosa de Jesús es importante. Como también lo son las frases de los evangelistas y de Pablo que insisten en que Jesús fue “nacido de mujer, nacido bajo la ley” o, como dice hoy la carta a los Hebreos, que “de nuestra carne y sangre participó también Jesús”.  No es superfluo que se nos recuerde que Jesús no era ningún extraterrestre, ni ningún dios disfrazado de apariencia humana. Era plenamente humano, con todos los condicionamientos históricos y culturales de cualquier ser humano
  3. Esto nos permite también comprender mejor esa otra idea que subraya el texto de Lc cuando dice que el anciano Simeón da gracias a Dios porque le ha permitido ver “la salvación” en aquel niño. La carta a los hebreos nos dice  que “porque comparte nuestra carne y nuestra sangre es que puede y tiene que morir, pero que así aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y libera a todos los que por miedo a la muerte pasan la vida entera como esclavos”. Y añade, “tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a quienes ahora pasan por ella.”  
  4. Ese reconocimiento de la verdadera y profunda humanidad de Jesús nos abre dos ventanas importantes. Una, para que nos demos cuenta de que todo esfuerzo de salvación, de servicio de salvación a los demás, pasa necesariamente por una radical identificación con los hermanos y hermanas. No se debe ejercer un ministerio en la iglesia, sea de clérigos o laicos, si no es porque se tiene una gran cercanía e identificación con aquellos a quienes se pretende servir. (Es lo que el Papa Francisco insiste de continuo a sacerdotes y obispos, para que no pretendamos ponernos por encima del nivel del pueblo). En sentido más amplio puede aplicarse a cualquier intento de servicio, aun no religioso, como en el de los políticos, por ejemplo, que tampoco podrán ser capaces de ejercer como se debe, si no parten de una experiencia cercana de los dolores del pueblo. Y la otra ventana que nos abre es profundamente esperanzadora, al dejarnos descubrir que  desde la propia condición humana, que ya es portadora del Espíritu de Dios, con todas las las limitaciones culturales, psicológicas, materiales que tiene, es que se logra la victoria sobre las tendencias del mal.  No tenemos que esperar que llueva desde fuera de este mundo, o de fuera de nuestro país, o de nuestro barrio o lugar de trabajo, la salvación de todos nuestros problemas.Ω

Comentarios

  1. Buenos dias. Que bueno que nos aclara que en los evangelios no encontramos crónicas históricas sino meditaciones teológicas. Como que no me cuadraba este evangelio y la edad del niño Jesus con la huida a Egipto y su vida en ese país....Entonces, pensaba yo, como es que apenas son 40 dias de su Nacimiento y luego de la presentación al templo regresan a Nazareth... ¿Y Egipto?.... Saludos. Silvia Rodriguez Cervantes

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