16 febrero, 2014

6º domingo t.o.

Lect.: Ecles 15,16-21;  I Cor 2,6-10; Mt 5,17-37

  1. Podemos imaginarnos la sorpresa de las primeras comunidades al escuchar como palabras de Jesús esos contrastes que acabamos de oír en Mateo: “Han oído que se dijo a los antiguos… pero yo les digo”.  Y en cada uno de esos contrastes, se contraponen a modo de ejemplo, dos maneras distintas de entender el pecado contra la vida, contra la relación matrimonial y contra la fidelidad a los juramentos.
  2. De manera parecida pensemos en nuestra reacción cuando hoy oímos la predicación del Papa Francisco que nos evoca los contrastes de que habla Mateo. Perfectamente podemos entender que Francisco nos dice: “Han oído hasta ahora que la Iglesia dijo a nuestros padres y abuelos…, pero yo les digo ahora…. “ Por ejemplo, que el pecado contra la vida no es solo el asesinato directo, sino también las prácticas y políticas  que generan desempleo, bajos salarios y bajos ingresos y que, por tanto generan hambre y al fin, muerte. No se si nos llevamos un susto al oír estas afirmaciones. O si también nos asusta oír a Francisco diciendo que “Todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la misma fe, pero algunas de ellas son más importantes que otras por expresar más directamente el corazón del Evangelio” y que esto vale tanto para los dogmas de fe como para el conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral. (EG 36).  
  3. El Papa ha añadido, a nivel práctico, que “Por ejemplo, si un párroco a lo largo de un año litúrgico habla diez veces sobre la templanza [es decir, la moderación en el sexo y otras tendencias corporales] y sólo dos o tres veces sobre la caridad o la justicia, se produce una desproporción donde las que se ensombrecen son precisamente aquellas virtudes que deberían estar más presentes en la predicación y en la catequesis”. Es decir, que todos los preceptos morales son importantes, pero que hay que priorizar y poner los más importantes ante todo.
  4. ¿Cuál es la razón por la que podemos asustarnos o al menos a extrañarnos de esos contrastes que establece Jesús y que actualiza Francisco?  Por decirlo de forma breve, la razón se encuentra en nuestras limitaciones a la hora de leer y entender las enseñanzas del Evangelio. Mencionemos solo dos o tres de las principales limitaciones que nos pueden afectar. La primera, lo que se llama el literalismo bíblico. Es decir, tomar al pie de la letra las Escrituras sin entender su sentido o usarlas como un conjunto de recetas que aprendemos de memoria y simplemente aplicamos a situaciones nuevas, aunque no tengan ver con el marco cultural de hace veinte y más siglos,… La segunda limitación es el legalismo, es decir, valorar el cumplimiento externo de preceptos o leyes, en vez de valorar la formación de las actitudes internas, de convicciones profundas.  Y la tercera es quedarnos solo en la moral aprendida hace años o que hemos heredado de nuestros mayores, en vez de abrirnos a eso que Pablo menciona hoy en la 2ª lectura, esa “sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria” , esa sabiduría es con la que Dios nos permite descubrir la vida en toda su plenitud, a entender que cosas que se pueden “amputar” sin perder esa plenitud, y cuáles las que nos hacen realizar lo divino en nosotros aquí y ahora, sin esperar a un futuro.
  5. Los textos de hoy nos invitan a repensar y revisar  nuestras prácticas morales y nuestro cumplimiento de leyes. Nos invitan a descubrir en qué consiste el Programa de vida presentado por las Bienaventuranzas, caer en la cuenta que no es más de lo mismo, no es simplemente “ser buena gente” o tener un “comportamiento correcto”, sino que es un modo nuevo de vida  de hombres y mujeres nuevos, que participan ya de la vida misma de Dios

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