08 diciembre, 2013

2º domingo de Adviento


Lect.: Is 11: 1 - 10; Rom 15: 4 - 13;  Mt 3: 1 - 12

  1. ¿Cómo se mide hoy día el crecimiento de un bebé? Cualquier mamá, sobre todo joven, que se encuentre aquí en estos momentos, sabe mucho mejor que yo cuáles son las medidas que al pediatra le interesan para poder decir que el crecimiento del chiquito o chiquita está dentro del rango de lo normal y que va para adelante como bebé sana. Entiendo que en esto la medicina ha ido mejorando, como en muchos otros campos, y no solo evalúan el peso y la estatura, sino también la circunferencia cefálica, todo esto en relación a la edad. Y hay otros indicadores. Pocas cosas de estas, me parece, que se hacían cuando los de mi generación éramos bebés. Y es necesario, muy importante, repito, para tener idea de que la salud de esa chiquilla preciosa (como mi sobrina nieta de dos meses) está empezando su recorrido por buen camino.  Y, en otro orden de cosas, ¿cómo sabemos que nuestros primeros o segundos pasos en la vida espiritual van por buen camino? La predicación tajante de Juan el Bautista empezaba por hacer una distinción bien importante: una cosa es estar solo en el ámbito del “bautismo de agua”, y otra, la de encontrarnos en el campo del “bautismo en Espíritu y fuego”.  Este último es el que nos traía Jesús y que va más allá del “bautismo en agua”. Este primero tiene el valor de significar, ser un símbolo, del otro. Un signo de que, cuando nos bautizamos en agua queremos, de verdad, sumergirnos en el Espíritu de Jesús, participar del fuego de su pasión transformadora. Este tipo de transformación y crecimiento es lo que realmente nos debe importar.
  2. Cada año, en esta época que llamamos de “adviento”, un poco como hacen los jóvenes papás con la bebé, repetimos nuestro período de “toma de medidas”, escuchando en este tiempo de adviento la fuerte invitación del Bautista. Coincide el tiempo con la preparación de la Navidad, fecha hermosa que evoca también nuestro propio nacimiento a la vida en el Espíritu. Y coincide  con esta época de cambio del año en el calendario civil que también parece pedirnos naturalmente que midamos un poco cómo anduvieron nuestros avances personales en los pasados doce meses. Hablando desde el evangelio, lo que se nos pide es que no nos hayamos quedado en el nivel del "bautismo de agua”. Esto significa básicamente que no nos hayamos mantenido haciendo “más de lo mismo”, apenas preocupados por cumplir ritualmente con la Iglesia, con ir a misa los domingos, complementado con algunas de las muchas devociones que continuamente aparecen entre los cristianos. O  preocupados adicionalmente por cumplir moralmente con las  reglas y mandamientos, cumplimiento que a veces, como dice el papa Francisco, puede expresar una recta apariencia externa pero no una transformación interior. 
  3. Crecer “en el Espíritu y fuego” en que nos sumerge el seguimiento de Jesús, es crecer en profundidad humana, crecer en cualidades y capacidades de lo mejor que puede tener un ser humano. Es crecer no meramente en prácticas externas por mera rutina sino en actitudes y valores auténticas. De alguna manera, y aunque es anterior a Jesús, en esto también nos enseña el mensaje del Bautista. No con un mensaje hablado sino con todos sus gestos y su estilo de vida.Cuando el texto nos habla de que "Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre” es obvio de que no nos está recetando una nueva fórmula macrobiótica ni una moda minimalista a imitar. Nos está hablando de ciertas cualidades esenciales de la vida espiritual: de la sencillez de vida, del desapego de todo tipo de bienes que podemos encontrar en nuestro camino, del interés pero no por la propia imagen o reputación o posicionamiento social y económico, sino del interés por el hermano y hermana, por todos los otros seres vivientes que nos necesitan. Es una figura, la de Juan que nos convoca a pensar en la importancia de “ser más que de tener”, como se dice ahora. Esto es lo que tenemos que medir de nuestro crecimiento cada año, en este tiempo, para acercarnos a la estatura y a la madurez de Cristo.
  4. La figura de Jesús, es vista idealmente con los ojos proféticos de Isaías cuando en la 1ª lectura nos dice que "Sobre él se posará el espíritu del Señor, espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.” Sin duda que es un ideal a largo plazo pero que ya, aquí y ahora, nos sirve para ir calibrando nuestro caminar como seres humanos.Ω

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