Ir al contenido principal

31º domingo t.o.

Lect.: Sab 11, 22-12,2; 2Tesal 1, 11 - 2, 2;   Lc 19, 1-10

  1. Los estudiosos bíblicos nos dicen que Lc escribió esta narración sobre el encuentro de Jesús con Zaqueo, probablemente, para cortar ciertas actitudes discriminatorias y elitistas que empezaban a aparecer en las primeras comunidades cristianas. Ya el domingo pasado veíamos otro ejemplo de un texto de Lc también escrito para enfrentar ese tipo de problemas. Comentábamos cómo con el ejemplo de la oración del fariseo y el publicano se hacía una llamada de atención radical ante el problema que se estaba extendiendo entre los mismos cristianos de las primeras comunidades: el de la autosuficiencia, la arrogancia, el sentirse superiores moral y religiosamente a los demás. Un problema tan serio, tan profundamente enraizado que se manifestaba en la oración misma y distorsionaba su sentido. 
  2. Hoy, la figura de Zaqueo le permite a Lc continuar advirtiendo a su comunidad y a los que venimos detrás el peligro de convertirnos los cristianos en una secta, en un ghetto que se preocupa tanto de su propia reputación que por eso no quiere las cercanías de pecadores públicos ni de nadie que ni de lejos manche nuestra imagen. Citando la última encíclica del Papa Benedicto, publicada luego por el Papa Francisco, un amigo, de entre Uds., me decía que la fe nos debería hacer humildes. Sin duda. Pero la debilidad humana nos acompaña siempre y está visto, que desde las primeras comunidades, como la de Lc, hasta las nuestras hoy día, brota siempre el peligro de colocarnos varios escalones por encima de los que no tienen nuestra misma fe, de los que tienen convicciones y valores distintos de los nuestros y a los que, casi sin darnos cuenta, acabamos considerando como extraviados, fuera de la mano de Dios y que no están como nosotros creemos estar, en el único camino de salvación.
  3. El escenario de la narración de hoy es bien ilustrativo. Los discípulos y la multitud  que siguen a Jesús, no le dejan el menor espacio a aquel pecador público, encima desfavorecido por su baja estatura. Y cuando luego Jesús es quien le llama y se va a hospedar en su casa, los mismos seguidores de Jesús se deshacen en críticas. Hay otras escenas parecidas en los evangelios que denuncian este tipo de actitudes tan poco cristianas en supuestos discípulos de Jesús. El ciego que grita pidiendo curación y a quien quieren hacer callar. O la murmuración por la cercanía de la mujer de mala fama. En todos estos episodios se refleja lo mismo, una actitud cerrada, centrada más en la buena apariencia de la Iglesia que en el impulso de ir a encontrarse con el ser humano que puede estar herido, lesionado, pero que todavía es persona digna de respeto y aprecio.
  4. Cuando hace unos meses, en Brasil, el Papa Francisco habló a los representantes de los obispos latinoamericanos, les pidió estar alerta ante el peligro muy real de que la Iglesia  se ponga como en “centro”,  se funcionalice y poco a poco se transforme en una ONG, que pretende tener luz. Una Iglesia así se vuelve cada vez más autorreferencial, autocentrada, y se debilita su necesidad de ser misionera. El camino para superar estas distorsiones es el que sigue el mismo Dios. Él es el “Dios cercano”, el Dios que sale al encuentro de su pueblo, de su comunidad. Para ello, no debemos estar centrados en nuestras propias virtudes o necesidades personales o de Iglesia, sino, como lo recuerda también Francisco,  citando al Concilio Vaticano II,   Partir siempre de que  “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los seres humanos de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). A partir de aquí nos abrimos al diálogo con el mundo actual, incluyendo a los Zaqueos, y a todos los otros distintos de nosotros.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué). Domingo de Pascua, marzo 27, 2005. Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8 1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muer...